El último encargo

Como ratones girando y girando en la rueda de su jaula. Ajenos a la realidad Por Arantxa Acosta

"¿Sabes lo peor de todo? El mundo sigue"The Company Men (John Wells, 2010)

Somos números. Por muchos años que dediquemos a la empresa. Por muchas fiestas de navidad a las que nos inviten. Por muchos elogios que recibamos a lo largo de nuestra trayectoria. Somos números. Personas, personajes, borrosos. Sin rostro definido ante “la autoridad”.  Y, por tanto, inservibles, llegado nuestro momento.

Pero, ¿quién nos sustituirá? Aunque no tendremos, nunca, derecho a opinar, está claro que lo harán las nuevas generaciones. Jóvenes recién salidos de la universidad, arrancados sin saberlo de la protección de sus hogares. Moldeables. Tan ávidos de ascender, de ganar dinero, de ser respetados, que harán lo necesario para conseguirlo. Perderán el savoir-faire del oficio, la calma que aporta la experiencia, y se agolparán en la línea de salida, con ganas de alcanzar la meta.

El último encargo

Lo que no saben es que, tras años de realizar su trabajo, pensarán exactamente igual que sus predecesores. Sentirán rabia, pero serán tan profesionales que dejarán su sitio sin rechistar. Y la rueda seguirá girando.

En un contexto económico como el actual, el corto El último encargo (2012) que tan amablemente nos ha avanzado su director Eduardo Carabaño es, sin duda, una provocación explícita.

Un interesante acercamiento a la sociedad en la que vivimos a través de un símil tan curioso como espeluznante, que no revelaremos, para explicar el empleo en la gran empresa: sucio, repetitivo y no obstante necesario para vivir.

Y, sin embargo, es un trabajo pilar para que el sistema, tal y como se ha estructurado por nosotros mismos, siga funcionando. La empresa como escaparate del horror en el que se ha convertido nuestra vida, una vida que somos incapaces de reivindicar.

Es evidente el cuidado con el que el equipo de Carabaño ha editado el cortometraje. tecnicamente notable, destaca el montaje y sonido que mantiene completamente atento (y horrorizado ante el plano final) al espectador durante sus cinco minutos de duración. Un interesante trabajo que  esperamos podáis disfrutar en festivales venideros.

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