La culpa

La venganza como trampa Por Christian G. Carlos

"¿Quién crees que ha ganado, Soo-hyun?"Kyung-chul, en Encontré al diablo (I saw the devil)

Entre la crítica siempre ha existido un gran problema a la hora de valorar lo que viene de fuera. Juzgado siempre a partir de esa condición, ya sea para bien o para mal, lo de fuera no suele encontrar un juicio justo, exclusivo y centrado en sus méritos. Sobra decir que, en España, esta condición es también aplicable a los trabajos propios. Es difícil encontrar un juicio que no dependa de la banderita que lo acompaña, fruto de la pasión que, a favor o en contra, nos sitúa en los extremos sin permitirnos ver lo que realmente hay debajo de cada cine.

Los dos grandes perjudicados son, a mi entender, el frecuentemente infravalorado cine español, y el habitualmente sobrevalorado cine asiático. Desde luego que, según el contexto y entorno, el juicio varía y se pueden encontrar en posiciones contrarias, pero difícilmente se las reconoce exclusivamente por su trabajo.

El riesgo de que un director español de cine decida hacer un cortometraje como La culpa cogiendo lo mejor de ese actual cine de acción asiático para hacerlo desde aquí, es de un alto atrevimiento y por ello merecedor de ser tenido muy en cuenta.

Más todavía cuando el género al que se acude es el de acción. El lenguaje asiático de acción es desconocido y, contrariamente a lo que muchos repiten, ampliamente distinto al que nos ha acostumbrado la gran industria cinematográfica.

En ningún caso se trata del mismo producto con etiqueta distinta, especialmente por el buen trato y atención que se da a la fotografía.

Nombres como Johnnie To, Park Chan-wook o Kim Ji-woon, entre muchos otros, nos siguen mostrando un camino que inició en norteamérica David Fincher con Seven, (íd, 1995), el camino de un cine de acción en el que la violencia sigue siendo el eje de la película, pero en ningún caso es convertida en atracción. Lo violento, aún siendo más estetizado que nunca –especialmente en varios ejemplos asiáticos- no es el objeto que nos atrae, sino que le sirve al director para remarcar y ponerlo al servicio del conflicto interno de su película. El impacto de lo violento, por sí solo, generaría simple atracción por sus espectaculares imágenes. En estos casos, el género es tratado de manera diferente a como se suele tratar. Podríamos incluso inventarnos un subgénero de acción psicológica para describirlo, en tanto que profundiza más allá del impacto, siendo capaz de controlarlo y generar una atención constante a lo que nos está diciendo, enlazando algo más que una serie de booms.

Eso es lo que nos emociona en este trabajo de David Victori, un mensaje directo que invita a la reflexión sobre las venganzas, agitándolo con escenas de acción, mimadas con una estética en la fotografía de lo más elegante. En este caso, la propuesta se aleja ligeramente del camino norteamericano de Fincher y se acerca más al que parece ser el leitmotiv coreano –principalmente, aunque también con muchos ejemplos en Hong-Kong y Japón- en los últimos años: la venganza, que no  se trata de manera tan directa en el mundo del estadounidense como sí lo hace en el de los directores asiáticos. Desde luego que Chan-wook o Ji-woon no han sido los primeros en tratar este tema, pero nos hacen notar su predilección. Además, tenemos también grandes ejemplos en Europa, como la obra de Olivier Marchal, Asuntos pendientes (36, Quai des Orfèvres, 2004) pero a pesar de su buena propuesta y  contar con un gran reparto no obtuvo excesivos méritos, muestra del poco arraigo que tienen aquí estas formas.

A todo esto nos sabe La culpa, donde encontraremos un juego entre dos personajes a los que el destino les ha llevado a enfrentarse. El inevitable destino será el que sirva el conflicto: un desafortunado suceso pone a ambos en una situación límite. El motivo es como el que movía a los directores citados en sus obras sobre la venganza. Pero mientras que en los anteriores ejemplos los dos personajes antagonistas acababan perdiendo, la mano de Victori ha hecho que en esta ocasión uno de los dos principales de su cortometraje sea el ganador.

Desde Cine Divergente os animamos a votar este interesante trabajo de Victori, actualmente semifinalista en el Your Film Festival organizado de Youtube, tras obtener el Placido al mejor cortometraje de la edición del Fecinema, Festival Internacional de Cine Negro de Manresa, en el 2010, junto su paso por el Festival de Sitges. Los finalistas serán pasados durante el Festival de Venecia y ahí un jurado decidirá quién es el director emergente que rodará su primera película ayudado por Ridley Scott y Michael Fassbender con un presupuesto de 500.000 dólares.

Cortometraje:

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Comentarios sobre este artículo

  1. Pedro dice:

    ¿Y este corto es el finalista? Pues mal esta el cine, porque de originalidad y creatividad, muy poco o nada, aparte del aspecto técnico visual. Es un refrito de situaciones del cine de género sobre el tema DE LA VENGANZA.

  2. Pedro dice:

    No he entendido nada. ¿Qué se propone el homicida accidental, asesinar al visitante? Pues esto no es coherente.

  3. hombrehombre dice:

    Hombre, hombre, porDios. Eso de que la venganza no se trata de manera tan directa en el mundo del estadounidense… ¿Qué es Kill Bill sino la venganza épica de un personaje? ¿Qué es Inglorious Basterds sino la venganza de todo un pueblo? Django Unchained promete ser otra gran venganza. Y no sólo es Tarantino. Véase La Abiding Citizen, Gran Torino, Savages… Las que me vienen a la mente ahora mismo.

    1. Christian G. Carlos dice:

      Toda la razón del mundo, HOMBREHOMBRE, encantado de recibir el primer y merecido palo, ¡aunque tengo defensa! Una mención a Kill Bill habría podido completar mejor el texto. Sobre los otros títulos ya tengo mis dudas, porque aún tratando la venganza, no se convierte en el motivo central y casi exclusivo como sucede en el resto de títulos y en este trabajo de Victori.

      Considerar que el cine estadounidense tiene alguna deuda con cualquier tema imaginable, es lanzarse a la piscina sin agua. Con la mega-producción que se da en USA, seguro que encontraríamos títulos para este tema y todos los que nos propusiéramos, sólo sería cuestión de buscar en los miles de trabajos que se hacen anualmente. Lo que pretendía afirmar no es tanto que los estadounidenses tengan pocos ejemplos en esta línea, sino que no lo asociamos tan claramente con ellos como sí lo hacemos con los cines asiáticos. Aunque sea por los pocos títulos que nos llegan desde allí, el porcentaje de dedicación al tema es una característica que es más fácil ligarla a ellos.

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