Marie

Dime quién quieres ser y te diré quién eres Por Carlota Ezquiaga

Contiene spoilers

Aferrarse a cualquier cosa para esquivar la soledad es un rasgo bastante común de la naturaleza humana. La existencia es más llevadera con la idea de que, un día, mágica y repentinamente, nuestra vida tomará un rumbo completamente diferente. Por eso nos hacemos propósitos el día de año nuevo, los domingos por la tarde, todos los septiembres. Nos gustan los símbolos. Nos cortamos el pelo o nos mudamos cuando queremos un cambio drástico en nuestra vida.

Marie tiene un sencillo plan para cambiar la suya: va a someterse a una operación de cirugía estética para transformar su cara, y así obtendrá al hombre de sus sueños. Una simple relación causa-efecto. No puede salir mal.

El cortometraje Marie se presenta así: “Marie es una belleza clásica que desea al único hombre que no puede tener, y está dispuesta a darlo todo –incluso su identidad- para obtener su atención”.

Desde su camilla en un hospital, Marie mira una foto de su rostro, y no parece gustarle lo que ve. “No hay nada malo en tu cara”, le dice el médico, y le advierte de las escasas posibilidades de supervivencia. Pero ella está decidida.

Bajo los efectos delirantes de la anestesia, sueña con una fiesta (o tal vez la recuerde). Luces tenues, música de piano; Marie es la única que tiene rostro humano. El resto de los presentes, vestidos con trajes elegantes, tienen cara de caballo. Un hombre-caballo la saca a bailar, y Marie se confiesa: “no me interesa la gente como yo. No logro atraer la atención de hombres como tú”.

El hombre se va, y Marie se queda sola. Y sola se despierta en su camilla.

Tres semanas más tarde, está nerviosa por ver a su doctor. No le ha visto desde la cirugía, y ahora que es como él –con cabeza equina-, está segura de que podrá conquistarle. Pero aparece su hija. Y su mujer, que tiene rasgos humanos.

Frente a un cuadro de un caballo, Marie llora con la música de piano de su sueño de fondo. Pero esto no es un sueño. Estaba buscando lo que necesitaba en el lugar equivocado, y se dio cuenta demasiado tarde.

Marie 1

La estética bella y oscura, las melancólicas notas de piano que acompañan sus ensoñaciones y terminan por entrometerse en su vida real y el extraño ambiente que la rodea hacen que sintamos el dolor de Marie. Alfredo Tanaka logra una atmósfera perturbadora, bella y aparentemente irreal.

El de Marie es un mundo extraño, donde parece verosímil e incluso normal desear a –y desear ser como- elegantes hombres con cabezas de caballo. Marie es un poema: bello, sutil y con múltiples interpretaciones.

También es una fábula dentro de ese mundo (que, al final, no es otro que el nuestro) en el que la cirugía estética está igual de mal vista que la fealdad. En ese auto-Pigmalión que supone cambiarse a sí mismo para lograr a la persona amada, la moraleja es que, por muy de sección de consejos de la Cosmo o de libro de autoayuda que suene, lo primero es aceptarse a uno mismo. Es en el interior, y no en los demás, donde hay que buscar soluciones.

Marie es un canto a favor de lo único. El cine –las artes- tienden siempre a hablar de lo diferente. De la excepción, del error, de lo raro. Tal vez porque la vida real tiende siempre a la homogeneización, a ensalzar la normalidad, incluso lo mediocre. Hay que reivindicar la diferencia.

Marie, bella y desgarradora, nos rompe el corazón. Es el riesgo cuando lo apuestas todo a una única carta.

 

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