Pixels

Destruyendo el mundo cubo a cubo Por Ignasi Ferrer

Una de las paradojas del mundo del videojuego es que apenas ha dado buenas adaptaciones para el cine y la televisión. Algo que con la maduración del medio y el avance de las nuevas tecnologías se ha ido paliando, pero no deja de sorprender que un arte nacido directamente para la pantalla, con historias realmente potentes como podrían ser las de la primera parte de Bioshock o la saga Halo, tenga tan complicado generar buenas películas. Por ese motivo hemos tenido que presenciar cintas insufribles como Super Mario Bros (Annabel Jankel y Rocky Morton, 1993), Mortal Kombat (Paul W. S. Anderson, 1995), las discretas Tomb Raider (Simon West, 2001) o la saga Resident Evil (VV. DD., 2002- 2012).

Siguiendo con las paradojas, parece que las mejores propuestas sobre videojuegos son las que se aproximan más a la experiencia del jugador en vez de producciones con un planteamiento a priori más cinematográfico. De ahí que producciones como Dan the Man (Joe Brumm, 2010), Scott Pilgrim contra el mundo (Scott Pilgrim vs. the World, Edgar Wright, 2010), Gamer (Mark Neveldine y Brian Taylor, 2009) ó ¡Rompe Ralph! (Wreck-it Ralph!, Rich Moore, 2012) sean productos más satisfactorios. Parece que la identificación del espectador con la jugabilidad de la historia es un factor determinante para generar buenos productos en esta subcategoría.

Pixels es otra propuesta que se acerca a la experiencia del jugador, pues un montón de pixeles que han adoptado la forma de videojuegos clásicos atacan la ciudad de Nueva York siguiendo sus míticas expresiones.

Así pues, Donkey Kong imita a King Kong arrojando barriles desde lo alto del Empire State, Pac-Man va devorando estaciones de metro usando como ruta los túneles subterráneos, gigantescas figuras de Tetris se agrupan alrededor de rascacielos eliminándolos por niveles o grandes tablas de Arkanoids destruyen un puente rebotando unas grandes bolas contra la estructura. En apenas dos minutos, Patrick Jean completa una narración rellena de referentes del imaginario popular del cine y los videojuegos. Empezando por la ciudad de Nueva York como escenario, un clásico del cine de catástrofes, y terminando por los títulos de crédito, que recuerdan la tabla de puntuaciones de las máquinas arcade, Jean reflexiona sobre el fin del mundo de una manera simpática y desenfadada. Una temática, la del fin del mundo, a la que parece haberse aficionado. Si en Pixels son un montón de personajes de videojuego los que se encargan de destruirlo, en Motorville (2013) es el mapa de una ciudad con forma humana que termina provocando que todo el planeta quede contaminado de petróleo.

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Mientras que en Motorville, Jean se preocupa por la dependencia y consumo de combustibles fósiles y su impacto en nuestro ecosistema, en Pixels su gran preocupación es la omnipresencia de la tecnología. Una tecnología que se ha ido convirtiendo en un agente más de nuestra vida diaria, filtrando la mayoría de relaciones sociales y laborales a través de las pantallas de ordenadores y dispositivos móviles. La popularización de smartphones y tablets, acompañada de las videoconsolas portátiles, ha cambiado los hábitos de consumo de productos audiovisuales y ha dado una nueva vida a los videojuegos clásicos que han gozado de actualizaciones adaptadas a las nuevas tecnologías y han inspirado otros juegos que los han tomado como referentes.

Sin embargo, resulta curioso que ante esta omnipresencia de las nuevas tecnologías, el desastre lo produzca una pequeña televisión de tubo, tan obsoleta hoy en día, que libera un montón de pixeles cuando una bomba en 8-bits explota en la pantalla reventando el cristal y liberando esta amenaza vintage en que la tecnología se rebela contra sus creadores. Unos creadores que como Atari, cuyo logo aparece en la fachada de un edificio, han visto como sus creaciones se les escapaban de las manos y han terminado por girarse en su contra.

Pixels funciona gracias al factor nostalgia, pero también gracias a una factura técnica excelente y un ritmo trepidante en el que no dejan de suceder cosas tanto en primer como en segundo plano. No es la primera vez que las máquinas se rebelan contra la humanidad, siendo Terminator uno de los ejemplos más paradigmáticos, pero probablemente esta sea la más simpática. Una rebelión que llega tan sorpresiva y contundentemente que ni Billy Mitchell sería capaz de salvarnos.

CORTOMETRAJE:

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Comentarios sobre este artículo

  1. […] el cortometraje homónimo de Patrick Jean (2010), Chris Columbus, Tim Herlihy, Tim Dowling y Adam Sandler han reinventado el Mensaje de […]

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