Sara a la fuga

Huída circular Por Ignasi Ferrer

Ser aceptado, un deseo compartido por una gran mayoría. La ambición de amar y ser correspondido, de tener un apoyo cuando las cosas van mal y un estímulo, cuando van bien. Unas necesidades que, sobre todo cuando se es adolescente, se necesitan tener aseguradas.

Lamentablemente, Sara (Dunia Mourad) se encuentra en un limbo afectivo, atrapada entre las eternas promesas de un despreocupado padre (Eduard Fernández) y sus constantes huidas del centro de acogida para ir, precisamente, en su búsqueda.

sara a la fuga 1

Sara se muestra entre aburrida y frustrada, llegando incluso a estar cerca de autolesionarse. Su vida se ha convertido en un bucle de decepciones y huidas que resume claramente cuando afirma que “siempre acabo volviendo. Y si no vuelvo, me traen”. Sara vive una existencia dirigida. Sin entender muy bien por qué, la han desahuciado de su vida. Vive entre la ilusión de ver de nuevo a su padre y el miedo a una nueva decepción. Sus actos son, por ello, contradictorios. Por un lado, se escapa para volver a la que fue su casa; por otro, se muestra reticente a ir a la reunión con su padre.

El único contacto que tiene Sara con su progenitor es a través de una llamada de teléfono en la que Eduard Fernández viste, sólo con la voz, un personaje atento y despreocupado, interesado y cobarde. La tabla en medio del mar a la que agarrarse y el lastre que te hunde hacia las profundidades. El padre también está perdido, incapaz de controlar una situación que lo supera. De la madre no sabemos nada ni importa. Su papel lo ha adoptado Núria, la trabajadora social que está a cargo de Sara y que funciona como una madre postiza. En ella, Sara encontrará el único apoyo.

No se ahonda en los motivos de por qué Sara está ahí. Al principio es un poco confuso, no sabemos si está en un centro de acogida o en un reformatorio. Y aunque luego lo entendemos, tampoco importan las causas. Sara es una víctima más.

Inteligentemente, Belén Funes se olvida en Sara a la fuga de las razones de por qué Sara está ahí.

Y, aunque las insinúa, centra toda su atención en la niña, interpretada por una solvente Dunia Mourad. Lo que importa es la actitud de Sara ante esta situación. La narración adopta varios tiempos muertos en que los silencios y movimientos de Sara tienen un peso importante. Sin necesidad de verbalizar, apreciamos la ilusión, el miedo y la frustración de esta pobre niña ante una situación que escapa de sus manos. Y es en estos tiempos muertos en que somos capaces de sentir lo que es su vida en este momento: un gran punto muerto atrapada entre dos realidades que no desea.

Adoptando recursos cercanos al documental, Belén Funes opta por tomar cierta distancia de la narración, dejando que fluya como si de un reportaje televisivo se tratara. Sara a la fuga tiene la pretensión de mostrar la vida de un menor en un centro de acogida. Por ello, no se encuentran escenas edulcoradas o excesivamente dramatizadas. En apenas 15 minutos podemos apreciar una representación cruda y casi literal de una realidad desconocida por el público en general. Más allá de su valor cinematográfico, este cortometraje merece ser tenido en cuenta por descubrirnos un tema delicado y ser un recordatorio de los niños que viven bajo la tutela del estado y un homenaje a los funcionarios que se hacen cargo de ellos.

 

TRAILER:

Share on FacebookTweet about this on TwitterGoogle+Email to someone

Comenta este artículo

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.

Puedes usar las siguientes etiquetas y atributos HTML: <a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <cite> <code> <del datetime=""> <em> <i> <q cite=""> <strike> <strong>