Baratometrajes 2.0

Hacer cine en España: metarealidad 2.0 Por Arantxa Acosta

"Abandonarte la Fuerza no puede. Constante ella es. Si encontrarla no puedes, en tu interior y no fuera deberás mirar."La guerra de las galaxias (Star Wars, George Lucas, 1977)

Hace unos meses el Atlantida Film Fest programaba Rescatando Sombras (Julián Franco Lorenzana, 2012), un documental que aunque no nos convenció cien por cien trata de descubrir el cine y su futuro para el gran público, a través de la historia y sus géneros, formato de proyección y cuestionamiento de su evolución y consumición. Aunque interesante, dejaba mal sabor de boca: tal y como escribíamos entonces, “al poco tiempo de empezar pretende reivindicar la falta de ayudas al cine  (y no se menciona una única vez), sin las cuales no se podría hacer nada en España…”. Nos preguntábamos por aquél entonces si esa fatalista visión podía ser cierta… y Baratometrajes 2.0 nos da la respuesta.

Fresco, dinámico y dirigido a un público joven (ese que no puede perder la esperanza aunque sólo sea porque no ha tenido tiempo de probar todas las posibilidades), el documental se presenta con el ánimo de captar la atención de aquellos más perdidos a la hora de llevar a cabo su sueño: hacer cine.

Baratometrajes 2.0 está lleno de aciertos, empezando porque centra la película no en una reivindicación al gobierno sobre la falta de ayudas (lamentablemente ya sabemos que este formato no funciona) sino que, muy al contrario, asume esa falta y se dirige directamente al emprendedor. 

Y le zarandea, le demuestra que es posible aun sin contactos, recursos o becas… y lo hace apostando por centrar su discurso en testimonios de directores que contra viento y marea han llevado a cabo su proyecto. Así que plantea respuestas claras a las grandes incógnitas del espectador de forma objetiva, buscando la fuente, y recurriendo a un formato dividido en cortos fascículos, como si de un instructivo libro se tratase, separados exclusivamente y a modo de recordatorio por la irrupción de las reacciones de los entrevistados ante la misma traicionera – e incluso hiriente – pregunta (tanto para los realizadores como para el espectador): 

¿Seríamos capaces de concebir un mundo sin cine? 

Baratometrajes 2.0 1

El cine es tan fascinante que siempre que le pregunto a los jóvenes ¿por qué estáis haciendo cine? Todos me remiten en parte a ese prodigio que es La guerra de las galaxias.” 

El metraje evoluciona desde el planteamiento principal, por qué rodar el film de tus sueños, hasta el cómo hacerlo (considerando los recursos económicos para su producción, con empresas, propios o a través de crowdfunding), y cómo distribuirlo y exhibirlo, con el único fin de insuflar positivismo – muy al contrario de la visión más bien derrotista que rezuma el documental de Franco Lorenzana – al joven cuya ilusión, a veces, se ve superada por la cruel premonición: las deudas, la imposibilidad de hacer llegar al público el resultado esperado (o, simplemente, un resultado final).

Pero eso, como el documental no deja de recordarnos, son simplemente excusas. 

De esta forma, Barometrajes 2.0 deja en evidencia y lucha contra los que les falta darse cuenta de que no son los únicos que tienen los mismos problemas. Contra los no se atreven a usar su imaginación en un momento tan delicado en España. Contra los que les falta el valor o, sencillamente, se creen que son suficientemente buenos para perder el tiempo haciendo una película barata. Para todos ellos, el documental estructura su discurso, intercalando entre las entrevistas a profesionales y público también escenas de películas resultado de una producción barata (apoyadas incluso por actores y directores españoles con suficiente repercusión mediática, como pueden ser Fernando Tejero o David Trueba), y en concreto de las que denuncian, en clave de comedia (cómo si no), las dificultades que han tenido para llevar a la pantalla (de ordenador, en el mejor de los casos) su idea.

Cine dentro del cine. Metarealidad.

Así, se habla de la necesidad o no de “invitar” a productores ajenos a la obra del autor, ya que querrán, con todo el derecho, tomar decisiones al respecto del producto final; de utilizar las redes sociales para dar a conocer tu película si no tienes, como es más que seguro, dinero para carteles publicitarios… De forma completamente desenfada y aportando una visión simple y simplista del hasta ahora opaco mundillo en España, saca a la luz muchos de los trucos, recursos y verdades del sector a través de la experiencia de otros que, igual que su público, buscan una vía alternativa tanto para realizar como para visionar nuevas propuestas. Y, por supuesto, tampoco se olvida de ensalzar las alegrías que acaba proporcionado que el film salga a la luz, aunque sea descargada ilegalmente de internet (acto que también será ampliamente discutido en el documental). 

Si quieres hacer cine, debes hacerlo. No hay excusas. “Haríamos cómics en las paredes de las iglesias”, dice uno de los entrevistados respondiendo a qué sería de nosotros sin el séptimo arte. Y es lo que debe ser. Así que la llanera explicación que se da sobre los tipos de subvenciones existentes, los consejos de pasar de intentar pedir unas e ir directamente a otras, el sentido que tiene pensar en puestas en escena que no impliquen sobrecostes innecesarios… es imposible no se agradezca por parte de cualquier cineasta.

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Evidentemente nada es sencillo. De hecho, da mucha pena ver a la productora de El cosmonauta (Nicolás Alcalá, 2013), financiada completamente a través del crowdfunding, hablar con la ilusión de alguien que está viendo hecho su sueño realidad, el rodar el film, y que después, por la presión del sector, por la falta de apoyo pero sobre todo por el desconocimiento del espectador, por todos es sabido que el resultado de la película y su productora ha sido, lo menos, caótico. Estos son los casos a los que nosotros, como espectadores, podemos contribuir a evitar (eso si, por supuesto, el producto es de calidad).

Un mundo sin cine es un mundo sin sueños.

Como decíamos más arriba, el documental está dirigido también a un público que no siente la necesidad de realizar una película, sino que puede, precisamente, comportarse como mecenas del aspirante a director. Y es que sin cine, barato o no, nadie podría disfrutar del arte. 

Apelando a las emociones del espectador, los pocos minutos de Baratometrajes dedicados a #unmundosincine parecen más dirigidos al “consumidor de films” que a los futuros realizadores, protagonistas absolutos de cada uno de los capítulos intermedios. 

Es por esto que da mucha pena se hable de las ventajas del  crowdfunding en el documental y sean los propios realizadores los que no crean en él, tal y como queda patente en la película. El crowdfunding funciona, pero se debe ser profesional a la hora de trabajar con él. Un crowdfunder contento lo será más veces, sin dudarlo (¿de verdad no somos todos suficientemente orgullosos como para contentarnos con sólo ver nuestros nombres en los títulos finales de agradecimiento?). Pero, en cualquier caso, si esto no es posible, si no se consigue conmover al cinéfilo, tampoco hay excusa para el emprendedor. Autofinanciación puede ser la respuesta. Eres el primero que debe creer en tu proyecto, si no lo haces, ¿por qué consideras van a hacerlo los demás?

Quizá lo único que no encaja en el documental, pero asumo puede variar según la percepción del que lo está viendo, es la impersonal voz en off elegida para encadenar conceptos y explicaciones. Tras tanta cercanía, este recurso se nos revela erróneo. Pero su poco acertado uso se nos olvida con la última gran sorpresa del documental: el incluir la ficha profesional de cada uno de los entrevistados, incluyendo foto, dirección de email… ¿#unmundosincine? Que la fuerza no abandone a los nuevos realizadores… porque no hay excusa que valga.

TRAILER:

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