El gran día

A cara o cruz Por Ignasi Ferrer

La primera impresión que tuve con Camino a la escuela (Sur le chemin de l’école, 2012) fue de respeto por Pascal Plisson por el interés en poner cara a niños de países del Tercer Mundo que tienen que recorrer grandes distancias para llegar a su escuela. Pero a medida que iba avanzando la narración, algo me empezó a chirriar. No estaba convencido de la intención del director francés. El documental está construido desde una perspectiva occidental y parece una recreación de los trayectos que deben hacer estos niños. Parece todo tan milimétrico que es fácil adivinar que ahí hay una trampa. ¿Es normal sentir compasión por estos niños por su condición social o me está manipulando el director?

En El gran día, Plisson repite los mismos temas, sólo que esta vez se centra en cuatro niños, también del Tercer Mundo, que se enfrentan a un examen que determinará su futuro. De la misma manera que sucedía en su anterior filme, el mensaje es convincente por obvio: sin aprendizaje ni disciplina no se pueden conseguir los objetivos. Da igual que la especialidad sea más práctica o más teórica, que queramos ser deportistas profesionales o grandes ingenieros, para conseguir nuestros sueños es necesario el conocimiento y la disciplina. Unas obligaciones que tiene tanto un niño del Tercer Mundo como del primero. Y aquí es donde se estropean los relatos de Plisson porque, a pesar del componente inusual de las historias que cuenta, no identifico el valor diferencial que da importancia a este relato.

el gran día 1

El gran día me genera muchas dudas porque los niños que retrata, a pesar de formar parte de entornos humildes, no tienen mayores dificultades que superar un examen. ¿Acaso no se enfrentan los niños occidentales a pruebas y exámenes para acceder a prestigiosos clubes deportivos o conseguir becas? Es difícil percibir la intención del director en este documental más allá de alimentar la compasión por estos pobres niños del Tercer Mundo. Es cierto que con este casting mantiene el espíritu argumental que inició con Camino a la escuela completando un díptico de cuán complicado es acceder a la educación en el seno de una familia humilde en el Tercer Mundo, pero sus intenciones se diluyen entre un relato tramposo, vacío y superficial. Convierte lo anecdótico en algo extraordinario cuando la realidad es que el documental no es representativo de nada. Se centra en unos casos concretos que despiertan poco interés, sobre todo por la ausencia de conflicto. Resulta increíble, por ejemplo, que todos los niños reciban apoyo incondicional de su familia y entorno. Además, que las historias que retrata en esta ocasión no destacan por ninguna heroicidad.

Un relato avanza gracias a los conflictos que se vayan generando y Plisson es incapaz de encontrar apenas dificultades entre cuatro historias.

Cierto es que el arco narrativo de El gran día es más elaborado, entremezclando inteligentemente la realidad con referentes cinematográficos bastante evidentes.

Es inevitable imaginar a Albert, un niño cubano que quiere ser boxeador, como el Rocky Balboa caribeño mientras entrena al lado de unas escaleras. Esta mezcla ayuda a disimular los mismos errores que se hacían presentes en Camino a la escuela. La narración sigue siendo fría y distante y la empatía con los niños inexistente, más allá de la compasión que puedan despertar. El gran día podría ser un relato de superación, pero no lo es. Es una película tramposa que, como sucedía con su antecesora, pretende apelar a los sentimientos más primarios de una manera bastante burda. Plana y previsible, el final es decepcionante, construido con una intención épica, pero que termina pareciendo una caricatura. Es difícil entrar en la historia, demasiado fragmentada, y la distancia que toma el director a la hora de retratarla es exagerada.

Es una lástima que El gran día se quede en esta superficialidad previsible. No hay mucha historia más allá de su premisa inicial y aporta poco al imaginario de la realidad que retrata. Sólo sirve para poner cara a cuatro de los muchos niños alrededor del mundo que se juegan su futuro en un día a cara o cruz. Tristemente, uno siente la misma emoción por ello como si los niños se estuvieran examinando del carné práctico de conducir.

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  1. […] Ignasi Ferrer en Cine Divergente  […]

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