El silencio es un cuerpo que cae

Privado, público, político Por Damián Bender

¿En qué punto se traza la línea entre lo privado y lo público? Esta pregunta de carácter crucial en estos tiempos de las redes sociales, pone cuestiones fundamentales sobre nuestra propia identidad sobre la mesa en consideración con el resto de las personas. Porque nosotros – en general- sabemos qué y cómo somos, el conflicto reside en nuestra transparencia en el momento en que entran otras personas en juego, que pueden poner en peligro la seguridad de lo interno, de lo privado. El qué dirán, las sanciones sociales de nuestros tiempos configuran un perfil público de las personas, una impronta característica cincelada por nosotros mismos en un intento de que nos definan tanto por lo que somos como por lo que queremos ser. Martillo y cincel para nuestro David aspiracional.

Este interrogante es uno de los tantos dilemas que Agustina Comedi nos plantea -y se plantea- en su documental titulado El silencio es un cuerpo que cae. La dualidad entre lo privado y lo público ocupa un rol transversal dentro de la narrativa del audiovisual, ya que afecta directamente tanto a la historia como a la realizadora en cuestión. La razón es sencilla: lo que se nos cuenta es una historia intrafamiliar. Comedi pone su vida privada en el ojo público, exponiéndose dos veces en el proceso. Por un lado, presentar una obra audiovisual en sociedad implica mostrar sus habilidades como artista creativa y por el otro, permitir que el espectador acceda a detalles familiares y personales la expone a ser indagada también como persona, variable que suele ser mucho más opaca en un audiovisual.

Sin embargo, es necesario despojarse si lo que vas a contar es tan íntimo como la vida de tu padre. Un padre que tenía un pasado oculto, un pasado del que ella no tenía idea hasta mucho tiempo después de que este falleciera. Ese caudal de sucesos que dieron forma a la vida de Jaime –el padre de Agustina- es reconstruido a través de testimonios pero sobre todo a través de material fílmico que él mismo grabó a lo largo de su vida. De esta manera el found footage estructura el documental y rememora a través de sus imágenes a una figura invisible, que cámara en mano se enfrascaba en encapsular los momentos sin percatarse de que también lo capturaban a él. La figura de Jaime prácticamente no aparece en las cintas de VHS, solo se percibe como la voz de fondo que interpela, comenta y se ríe. Es una presencia ausente que se percibe con la sutileza de un zoom o un paneo desprolijo, que nunca busca llamar la atención. Jaime, que fue homosexual en la Córdoba de los setenta, conocía las virtudes del silencio.

 El silencio es un cuerpo que cae

Es en este punto donde Comedi atraviesa nuevamente las fronteras de lo privado y lo público, porque transforma la historia de su padre en la de todo un colectivo. En la búsqueda de reconstruir los fragmentos del pasado de Jaime, se va encontrando con las historias de viejos amigos y amantes que permiten ampliar la mirada y ubicando la historia dentro de un contexto histórico, social y político. Porque si hay algo que define a la Argentina de los setenta es lo político. Las historias de vida se suceden y van poniendo en perspectiva los peligros de ser homosexual en plena dictadura militar, convirtiendo los horrores de uno en los de todo un colectivo de personas dejado a un lado tanto por la izquierda como por la derecha del espectro partidario. En la búsqueda de encontrar la verdad sobre su padre, Comedi le da voz a una generación que sufrió el horror por duplicado: el de la dictadura cívico-militar y el del SIDA.

De esta manera el binomio se vuelve trinomio. Pasamos del concepto inicial de dualidad privado-público a reflexionarlo dentro de una realidad política concreta. Las particularidades de la historia dan cuenta de lo entrelazado que se encuentra el contexto político dentro de las dos esferas. Las consecuencias de la proscripción y el abandono social tienen evidencia grupal debido al impacto que ejercen en lo personal. La retroalimentación de las dos esferas en esta situación genera ciclos que desintegran a los individuos, los reducen y los llaman a silencio. Así es como lo privado se vuelve político, al retratar una llaga que no es sólo de uno, sino de todos.

Y todo esto es realizado con maestría. El resultado final es el producto de un trabajado proceso de montaje en el cual Agustina abraza las dualidades y toma las riendas del relato. Su voz en off marca los tiempos, se oye en intercambios fluidos durante las entrevistas, manipula de forma ampulosa las cintas para señalarnos pequeños detalles que en retrospectiva dicen más de lo que se creía en un principio. Ella marca su presencia, nos recuerda su posición subjetiva como observadora. La distancia entre el realizador/investigador y el tema que quiere tratar –una de las reglas básicas del documentalista- se acorta drásticamente, pero eso no le resta integridad. Al tirar abajo los muros sobre los que estaba oculto el pasado de su padre, lo que también afloró fue el contexto de la época, el mundo externo que acompañaba al David verdadero refugiado tras el velo. Ese factor es el que le da sustento al conjunto y eleva su valor. Un valor que, para variar, se percibe en dos frentes: en el artístico debido a su propuesta estética y narrativa ágil, llena de matices, que conecta material de archivo de diferentes épocas con soltura y rescata fragmentos de vida errantes para cargarlos de poesía. Y también en el frente político, donde se planta con un grito y un mensaje de lucha, de no callarse.

El silencio es un cuerpo que cae BAFICI 2018

En definitiva, de lo que trata El silencio es un cuerpo que cae es de quitar esos velos. De romper el silencio, ese silencio que asumió Jaime al querer ser padre, que llevó por años como una carga, un peso y una culpa. Un silencio representativo de una época en la que las represalias podían ser fatales, donde los cuerpos caían sin que nadie dijera nada. Porque lo que debe caer es el silencio, no los cuerpos.

 

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Comentarios sobre este artículo

  1. […] Mención especial para El silencio es un cuerpo que cae, de Agustina […]

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