Five days to Dance

El documental del mes: Noviembre 2014 Por Arantxa Acosta

" (Donnie Darko) - I promise that one day, everything's gonna be better for you.
(Cherita Chen) - Shut up!"Donnie Darko (Richard Kelly, 2001)

Cherita Chen estudia en un colegio estadounidense. Atractiva pero regordeta, enamorada del más guapo de la clase, el protagonista Donnie Darko, sin amigos y acosada por esos que siempre se consideran mejor que los demás, seguramente por sus propios miedos a no ser aceptados, a no llegar a ser nada en la vida…

¿Qué se supone que tenemos que llegar a ser, en la vida?

Cherita es uno de los personajes conductores de toda la trama de Donnie Darko porque siempre, siempre, está ahí. En segundo plano, pero en las escenas más importantes. Porque Cherita representa la inocencia, es el contrapunto a la maldad del mundo, a la locura de Donnie, a la ceguera de los adultos. Cherita es la pureza entre tanta mezquindad, entre una sociedad que olvidamos formamos nosotros mismos.

“La sociedad piensa que… ¿Quién decide qué es bueno y malo?”

Cherita se hará presente ante muchos de nosotros gracias al baile que ejecuta en su instituto, titulado “Ángel de Otoño”. Su baile nos cautivará, veremos quién es ella realmente. Hasta que desde el público oigamos los imperdonables improperios “¡Baja del escenario, Cherita! ¡Das asco!”.

Pero el baile, su baile, es el que nos ha descubierto a la persona.

Bailar para librarnos de nuestros miedos. Bailar para presentarnos ante los demás, y ante nosotros mismos, como los que realmente somos. Bailar como antídoto a nuestros problemas, pero también como catalizador para hacerlos desaparecer. Para demostrar que no estamos solos. Para conseguir, entre todos, que las cosas cambien. Que nuestro futuro, y el de nuestros hijos, sea mejor.

Esa es la premisa de Five days to dance.

five days to dance 1

En una escuela de San Sebastián se requiere la ayuda de dos bailarines dedicados a hacer pequeños proyectos con los adolescentes. No conoceremos en ningún momento el caso, las circunstancias reales que han hecho existan graves problemas entre los distintos grupos de niños, pero poco importa. En realidad, esta decisión de no revelar el pasado es un gran acierto: al fin y al cabo, el entorno escolar es esa microreproducción de lo que nos encontramos en nuestro mundo adulto. Un mundo que complicamos nosotros mismos por los detalles más nimios.

Así que primero conoceremos a los dos bailarines, Wilfried Van Poppel y Amaya Lubeigt, y su concepto sobre qué es el baile y qué demuestra de nosotros y para nosotros mismos, pasando posteriormente a presentarnos a la directora de la escuela, o al menos la que es la impulsora de la iniciativa en el colegio: que durante cinco días los estudiantes se olviden de su rutina y se vean inmersos en la creación de una coreografía y su representación final ante sus familias.

Nada más fácil, nada más difícil.

Porque, empezando por intentar convencer a tus escépticos compañeros de que el proyecto, el “experimento”, no es una pérdida de tiempo, luego hay que conseguir que unos alumnos que hemos conseguido ni vayan a clase, se interesen por la propuesta…

… porque bailar en grupo significa, por un lado, desligarse de tus propios miedos. Superar el “qué dirán”, difícil cuando tu día a día es intentar pasar desapercibido para el grupo de acosadores, o tener que bajar esa barrera autoprotectora y dejar de actuar como el que más mola de todo el colegio, para que no se den cuenta de que tú también tienes problemas. Pero, por otro, darte cuenta de que ellos, pertenezcas al “bando” que pertenezcas, son iguales que tú. De que todos estáis en el mismo bando: el de vivir vuestra vida, en comunión. En definitiva, enfrentarse a uno mismo y a los compañeros, para comprender que no tenemos límites, que “si la gente puede bailar junta, puede vivir junta”.

De esta forma se inicia la segunda parte de la película: a modo de capítulos, pasaremos del lunes al viernes, los cinco días durante los cuáles los niños deberán trabajar juntos y revueltos. Les veremos trabajar sobre el escenario, pero también escucharemos con sus propias palabras los problemas que tienen en casa, en la escuela, el por qué creen que la danza les va a ayudar y finalmente cuál es su experiencia final.

Pero también tendremos la oportunidad de conocer a aquellos que no querrán integrarse en el grupo. Y nos dará pena, porque, como espectadores objetivos, el documental nos enseña, también, el tremendo beneficio que todos pueden sacarle. Y en cierto modo sentiremos envidia.

Porque con “todos pueden sacarle beneficio” nos referimos a niños, padres y profesores. Cada uno a un nivel, claro. De hecho, acaba siendo desgarradora la declaración de uno de los adultos involucrados: “entre adultos [el proyecto] es ya más difícil (…). Eso de las caretas lo tenemos todos ya muy establecido”.

Los adultos ya estamos dentro de la imaginaria rueda. Pero podemos ayudar a nuestros descendientes a que ni tan siquiera entren en ella.

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Five Days to Dance es un canto a la esperanza, pero también una ácida crítica más o menos encubierta hacia nuestro poco eficaz sistema educativo.

Y es que no hay más que un profesor pronuncie lo que todos pensamos: desde el bachillerato, los niños se sientan tras el pupitre para tomar notas y pasar los exámenes. Ya. Les cortamos su creatividad, su necesaria capacidad para equivocarse y aprender de los errores. Creamos autómatas que, en función de su innato carácter, se convertirán en matones o en simples supervivientes, ya en sus años de estudiante. No les explicamos qué significa estar fuera, en el mundo laboral, en la caótica sociedad. No les decimos que no pasa nada si no estudian una carrera, mientras sean felices y hagan felices a los demás. Que vida sólo hay una, y que haya que disfrutarla día a día.

Esta es la potente ‘subtrama’ de Five Days to Dance y, al igual que la bailarina declara acerca de que el proyecto en la escuela no es revolucionario pero sí trata de plantar una semilla, el inicio de algo, lo mismo se intenta hacer con la alusión, aparentemente poco importante, hacia cómo estamos programando a nuestros adolescentes. Démonos cuenta de que todo debería ser mucho más sencillo. Permitamos que todos, ancianos y niños, se expresen. Bailemos, y dejémonos llevar hacia otros límites, mucho mas lejanos, mucho menos restrictivos. Porque la restricción está en nosotros, y de eso no hay ninguna duda.

TRAILER:

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