I Am Not Your Negro

El lugar más seguro Por Samuel Lagunas

Por tanto, nosotros también, teniendo en derredor nuestro tan grande nube de testigos, despojémonos de todo peso y del pecado que nos asedia, Hebreos 12:1. Verso citado en I am not your negro

James Baldwin nació en 1924 en el Harlem en Nueva York. Cuando cumplió 24 años decidió mudarse a París para tener un lugar más seguro desde donde poder escribir. Allí terminó y publicó su primera novela Ve y dilo en la montaña (1953), título que importó de un famoso coro góspel. La novela, que exploraba autobiográficamente las relaciones complejas entre la identidad negra y el cristianismo en suelo norteamericano, fue celebrada de inmediato y lo convirtió en un escritor a tener en cuenta en el vasto campo literario de Estados Unidos. Cuando dejó París y regresó a casa, Baldwin tenía una visión y un compromiso claro con la lucha contra la segregación racial que quedaría patente en sus novelas, sus ensayos y todas sus intervenciones públicas. Baldwin no tardó en entrar en contacto con otros activistas y militantes tanto del medio artístico y cultural como de la arena política. Entre estos últimos, hubo tres que marcaron su vida: Medgar Evers, Malcolm X y Martin Luther King Jr. I Am Not Your Negro, documental más reciente del haitiano Raoul Peck, recupera el libro que Baldwin dejara inconcluso a causa de su muerte en 1987 debido a un cáncer estomacal donde enfrentaba las tres biografías de estos hombres a fin de encontrar un hilo que contribuyera a la interpretación de la actualidad norteamericana al mismo tiempo que revitalizaba una memoria a punto de ser cooptada y domeñada por la industria y el mercado. De Remeber this house (así se llamaría el libro) sólo conocemos 30 páginas, mismas que, en inconfundible y efectiva voz de Samuel L. Jackson, enhebran las imágenes del documental (grabaciones de conferencias, noticieros, fotografías y entrevistas).

I Am Not Your Negro

I Am Not Your Negro entabla un fecundo y poderoso diálogo con Enmienda XIII (13th, Ava DuVernay, 2016), ambos nominados a los premios Óscar en su edición 2017. Los dos documentales dan un peso grande al papel que las imágenes cinematográficas han desempeñado en la construcción del imaginario norteamericano. Mientras que DuVernay responsabiliza a El nacimiento de una nación (The birth of a nation, D. W. Griffith, 1915) por implantar en la audiencia la imagen del negro como inclemente violador de mujeres blancas, Peck/Baldwin enfatizan la compleja, desigual y sesgada interacción entre negros y blancos tal y como se representa en La cabaña del tío Tom (Uncle Tom’s Cabin, Harry A. Pollard, 1927). Hay que admitir que el texto de Baldwin, repleto de referencias cinematográficas, facilita el trabajo de Peck quien consigue que el espectador se sienta envuelto en ese imbricado mundo donde el cine y la realidad se afectan y condicionan mutuamente. De John Ford a Sidney Poitier, el diagnóstico de Baldwin es lúcido y contundente: hay que desconfiar de la imagen y de todo lo que está alrededor de ella. Es ésa la mayor distancia que asume respecto a Enmienda XIII, documental que apuesta por la sobreexplotación de la imagen para visibilizar formas de violencia que perversamente tratan de ocultarse.

Baldwin es un sobreviviente. Cabe preguntarse por qué. Mientras que en ese tríptico que lo obsesiona, Malcolm X es el musulmán radical —«racista», dirá Baldwin de él en algún momento— y Luther King es el cristiano, Baldwin admite la imposibilidad de identificarse con uno o con otro. No puede simpatizar con una iglesia que en su mayoría defiende y reproduce la segregación, pero tampoco puede estar de acuerdo con una postura que abandona la posibilidad de reconciliación. Baldwin es un humanista, sus argumentos son los de un intelectual: un intelectual negro. El trabajo de Peck es certero en la transparencia que provoca y en la forma en que consigue que una prosa en sí misma magnífica se enriquezca con las imágenes que la acompañan al mismo tiempo que detona un diálogo entre pasado, presente y futuro. Ésa es la dolorosa paradoja de documentales como I Am Not Your Negro y Enmienda XIII: es muy fácil superponer palabras escritas hace más de 50 años con imágenes de hace unos meses. Y viceversa.

I Am Not Your Negro (2016) James Baldwin

I Am Not Your Negro es una grata anomalía en su propuesta estética dentro del género documental ya que va más allá del mero testimonio gracias a su cuidadoso montaje. Sin embargo, cae en un escollo harto frecuente: la ilusión de que el tiempo —¡la historia!— se repite casi sin variación. El racismo está vigente, por supuesto. No obstante, un cuidadoso examen del presente nos obliga a desentrañar sus particularidades; de lo contario, puede concluirse que las soluciones tienen que ser idénticas a las de hace 60 años. Quizá ésa sea tarea exclusiva del espectador, pero Peck no da siquiera alguna pista; en cambio, se queda embotado en un bucle temporal con un diagnóstico tan ominoso como vago: el problema está en nosotros, en nuestra mente y en nuestro lenguaje, y puede llevarnos a la ruina como sociedad y como país. La propuesta de DuVernay quien se adscribe sin cortapisa al movimiento social Black lives matter, estemos o no de acuerdo con ella, es mucho más arriesgada.

Baldwin salió de Nueva York rumbo a París buscando un lugar más seguro en el que pudiera ejercer su carrera como escritor. En el Harlem su vida estaba constantemente amenazada. Cuando regresó a Estados Unidos, conscientemente o no, encontró en la figura del Intelectual un baluarte desde el cual podía sostener su posición sin exponer demasiado su integridad física. No hay que desestimar, por ello, su trabajo literario y discursivo. Pero hoy, con un campo cultural mucho más fragmentado e individualizado, apremia una pregunta: ¿basta con ser artista?, ¿basta con ser intelectual? Peck elige en I Am Not Your Negro la posición más fácil: no responder. Porque, no hay que negarlo, la Academia y el Arte continúan siendo trincheras desde donde la militancia se puede ejercer sin tanto riesgo, veladamente incluso. Para la mayoría de nosotros, quienes vemos y escribimos sobre películas, vivir es todavía una opción. Pero el tiempo se agota y la seguridad tal vez degenere en complicidad. Baldwin/Peck pueden ser testigos, pero no hay que olvidar que un testigo, etimológicamente, es también un mártir. De lo contrario, sólo somos espectadores. Y de espectadores están llenas las salas de cine que, sobra decirlo, son cada vez más cómodas.

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