La educación prohibida

La escuela tradicional, ¿a examen? Por Manuel Quaranta

Lo sabemos, la institución escolar, marcada por un paradigma antediluviano, no responde a las necesidades actuales y peor aún promueve, a través de una despiadada competencia, lo contrario de lo que son, al parecer, sus objetivos.

Su origen está signado por la búsqueda de la obediencia y la conformación de un individuo dócil que permita mantener la estructura jerárquica del orden social imperante. Sí, es un sistema de selección y exclusión que aniquila las potencialidades del niño. No, no fomenta la pregunta sino la respuesta única que permita aprobar los exámenes y pasar de año. Sí, rechaza la autonomía y descarta la libertad del individuo en pos de crear grupos que respondan a los intereses de los sectores dominantes.

Entre estas ideas que están permanentemente en acción emerge el recomendado documental La educación prohibida, estrenado recientemente, que intenta, al parecer, desde una posición crítica, feroz, mostrarnos cómo son de malas las cosas en la escuela tradicional y qué bien se vive en las instituciones que logran escapar a la lógica de la mera contención e inclusión.

Para tal fin utiliza recursos que a mi modo de ver no sólo carecen de efectividad sino que además, y por sobre todo, son lamentables.

Me explico: uno de los modos que tiene el documental para exponer la perversidad del plantel educativo es el empleo de horrorosos primeros planos de los docentes gruñendo enojados o pidiendo que se repita de memoria una frase. En estos ambientes la oscuridad o los tonos apagados dominan la situación. Es una imagen lúgubre, pesimista, esteriotipada a más no poder.

El reverso exacto son las entrevistas a los maestros que podríamos enmarcar dentro de la escuela nueva. Siempre, pero siempre, rodeados de espacios verdes, de un maravilloso sol luminoso, o en los dos o tres casos que esto no sucede, cerca de una mesa que estaría indicando el trabajo en conjunto que se realiza cotidianamente.

Los buenos docentes, al contrario de los malos, tienen una obsesión: que los niños sean capaces de desarrollar todas las potencialidades que les pertenecen y disfrutar así de una vida plena sin tristeza ni malestar. Los otros solamente son capaces de odiar. Los obligan a repetir hasta el hartazgo fórmulas químicas que van perdiendo paso a paso el sentido. Los castigan por no saber, por no poder, por no acordarse. Son tremendamente malos. Los otros, los buenos, muy buenos.

Y así transcurren dos horas y veinte de cinta sin que uno pueda levantar la mano o pensar las cosas de manera diferente. Dos horas de los lugares comunes más trillados que uno logre imaginar. Es inaudito, jóvenes que en el siglo XXI no sean capaces de correrse un milímetro del lugar asignado y se transformen en meros reproductores de lo que ellos mismos critican.

Una sola palabra me basta para decirlo, La educación prohibida es nefasta. Su crítica pretendidamente naturalista distorsiona tanto las cosas que si uno cree que hay modificar las estructuras escolares, luego de las dos horas veinte se vuelve el más ferviente defensor de la escuela tradicional. El documental fomenta el conservadurismo. Su inveterada forma de presentar las entrevistas no es más que una invitación al rechazo. Abruma el poco compromiso con la forma, lo que redunda en un escasísimo compromiso con el contenido. No es que se puedan separar. Si quienes estuvieron a cargo de La educación prohibida hubieran reflexionado acerca de la forma, el contenido hubiese sido literalmente diferente, provocando otras reacciones, por lo menos en el caso de quien escribe.

Sería posible por qué no definir al documental como patético: pathos, pasión, apasionado. Lo que no implica que genere en el espectador ningún sentimiento, o mejor dicho, el sentimiento que se pretende generar. Yo no concuerdo, pero dicen que para muestra vale un botón: ya en el epílogo de La educación prohibida, uno de los docentes entrevistados a lo largo de las más de dos horas, aparece emocionado, casi llorando, patético de verdad, y profiere una frase que es de antología: lo único que importa es amar a los niños. Mi carcajada fue incontenible. No era alegría sino más bien sorpresa, descubría en ese momento que La educación prohibida no era un documental, era una película cómica.

TRAILER:

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Comentarios sobre este artículo

  1. Christian Hernandez dice:

    Pues, se nota que el autor es hijo del sistema y está parcializado hacía este, cosas como esta hay que verlas mas allá de los recursos cinematográficos utilizados. La idea.
    Son horrorosos los primeros planos de los maestros gruñendo porque no se cumple con lo establecido. Son horrorosos primeros planos que vi a lo largo de toda mi vida escolar y que curiosamente hace dos dias me sucedió: un maestro gruñendome (en primer plano, pues yo estaba en la primera fila) por que el sistema dice una algo y yo opino distinto. Así que no me parece tan loca la idea. El documental tiene sus pro y sus contra, bien es cierto de todos modos lo descargaré y se lo regalaré a mi maestra. Saludos.

  2. Hola

    Según mi opinión “estas cosas” nunca deben ser vistas más allá de los recursos cinematográficos, justamente, porque estamos intentando pensaer el lenguaje cinematográfico y no otro.

    Luego es cierto que soy hijo del sistema aunque no es cierto que estoy parcializado hacia este, sino que me gustaría que una producción que tiene como meta un cambio en una estructura de poder como es la escuela utilice una forma cinematográfica diferente. El problema es que no quiere ningún cambio sino sólo PRIVATIZAR la educación.

    No hay demasiado para decir. Simplemente que si se lee entre líneas “la educación prohibida” queda en evidencia. Si, por el contrario se la ve con suma inocencia pasará como un producto que pretende una nueva educación.

    Saludos y gracias por el comentario.

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