Ralf König, rey de los cómics

Con la mano izquierda Por Fernando Solla

“¿Cómo es el plural de clítoris?”Waltrina en El hombre nuevo (Der bewegte Mann, Ralf König, 1987)

Después de proyectarse en diversos festivales como el de Berlín, Buenos Aires o San Sebastián, llega a nuestras pantallas Ralf König, rey de los cómics, documental dirigido por el veteranísimo director de origen lituano Rosa von Praunheim, que a punto de cumplir siete décadas, nos ofrece una interesante aproximación al mundo del historietista, centrándose, a modo de narrador ausente, tanto en la vida como en la obra del alemán, mostrando las influencias personales en sus viñetas y viceversa. El resultado es un reivindicable ejercicio cinematográfico, que escapa del convencionalismo formal que suele atribuírsele al género y navega hacia buen puerto para mostrar la universalidad de lenguaje de los cómics y sus relaciones con otras manifestaciones artísticas como son el cine, pero también el teatro.

No es la primera vez que el mundo del cine se interesa por la obra de Ralf König aunque sí por su figura. El hombre deseado (Der bewegte Mann, Sönke Wortmann, 1994), a pesar de traicionar el espíritu del cómic y mostrar una muy visión reduccionista e irrisoria del mundo homosexual (o quizá gracias a ello), se convirtió en la segunda película más taquillera de la historia del cine alemán, se distribuyó en cuarenta y siete países, obtuvo el Premio Nacional de Cinematografía Alemana y sirvió de modelo para futuras comedias nacionales, algo no muy frecuente hasta el momento (a propósito del descontento de König, vemos en el documental cómo uno de los productores de UFA Cinema intenta justificar la adecuación de la película en función de los espectadores y la recaudación conseguida). Poco después llegaría El condón asesino (Kondom des Grauens, Martin Walz, 1996), que recordamos nos dejó horrorizados (y no precisamente por el miedo que nos causó) a nuestros tiernos doce años en una sala de un cine de barrio totalmente vacía. Aunque los valores cinematográficos fueron más bien escasos, aún celebramos algunos gags desternillantes (gracias al guión del propio König) y seguimos profiriendo cierta simpatía hacia Udo Samel, que encarnó a un, a pesar de todo, convincente Luigi Mackeroni. El autor alemán dejó constancia de la proyección y repercusión internacional de sus novelas gráficas y en España también realizamos nuestra adaptación cinematográfica con Lisístrata (Francesc Bellmunt, 2002). La mismísima Maribel Verdú se dejó convencer por el director de la recordada La quinta del porro (1981) y de la estimable Gràcies per la propina (1997) y se embarcó junto con Juan Luis Galiardo, Javier Gurruchaga, Santi Millán, José Corbacho y un largo etcétera en la surrealista aventura, que (no queremos ser agoreros) ha sido la última para la gran pantalla del realizador catalán. Finalmente, y aunque no ha traspasado las fronteras alemanas, Wie die Karnickel (Sven Unterwaldt Jr., 2002), adaptación de Como conejos, divertidísima historieta con la que König demostró su heterogeneidad, o al menos la de su público, y situó a dos vecinos, Horst y Sigi, homo y heterosexual respectivamente, a compartir penurias tras haber sido abandonados por sus parejas. En el documental que nos ocupa vemos cómo el mundo del cine sigue demostrando interés por adaptar los libros de Ralf König y, aunque no desvelaremos títulos, celebramos desde ya mismo el salto del alemán al mundo de la animación (cinematográfica), sin renunciar a más aportaciones con actores de carne y hueso.

La extensísima obra de Ralf König, nacido en 1960, se puede enfocar a través de prismas muy variados.

A pesar de que von Praunheim enfatiza el enfoque sexual por encima de cualquier otro (quizá el único reproche que podamos atribuir al punto de vista utilizado en el documental), también conocemos la opinión del alemán sobre temas tan divergentes, pero a la vez tan relacionados como la religión y su actitud de rechazo y condena, la aceptación, y sobretodo normalización, de la homosexualidad (por ambos bandos, algo muy presente en sus historias), una divertida visión sobre la mujer, que König caricaturiza como rival antes que amiga o alma gemela

Gracias al documental, y como suele pasar con la mayoría de celebridades, nos damos cuenta de la distancia abismal que hay entre la persona retratada y el papel que sus seguidores (y por extensión y desconocimiento, el resto de la sociedad) les atribuyen. La admiración y sacralización del ídolo es un arma de doble filo, y en este caso a König se le atribuye cierta normalización del colectivo homosexual, la defensa del uso del preservativo, la lucha contra el VIH… A través de sus declaraciones vemos que el alemán no se considera ni una autoridad ni responsable ante nadie, si no que expresa un deseo firme de ser fiel a sí mismo y plasmar en sus historias experiencias tal cual las ha vivido, eso sí, siempre a través del humor. De este modo, el realizador consigue un retrato sincero y humano de König a la vez que muestra cómo cualquier manifestación artística no es más que la sublimación de la experiencia vital del autor, y por extensión, y a través de las vivencias que cada uno de los lectores o espectadores pueda aportar, la asimilación paradigmática popular de ciertas corrientes de pensamiento o tendencias que algunos sectores de la sociedad adoptan como propias.

Rosa von Praunheim ha conseguido con éxito trasladar al formato cinematográfico la estética de los cómics de König. A simple vista, está descuidada. Los planos son neutros, simples, pero cuando nos adentramos en el contenido es cuando realmente nos enganchamos a la historia. Lo mismo ocurre cuando nos enfrentamos a cualquiera de las aventuras dibujadas por König: si no nos paramos a leer sus réplicas y nos quedamos con los dibujos quizá no comprendamos la repercusión del artista alemán, cuya magia se expande a través de unos personajes imperfectos y tiernos, ya sean hombres, mujeres o animales, que en una sola frase son capaces de concentrar (y concretar) más sabiduría, y mostrar con una cercanía, verosimilitud y empatía aplastantes la realidad social de hoy en día. Sin duda, von Praunheim se ha apoyado (modificando convenientemente algunos detalles, los más explícitos) en Con la mano izquierda (…und das mit links!, 1993), entrevista que König se hizo a sí mismo y publicó a modo de historieta. Otro acierto del realizador es mostrar la fascinación que le produce el alemán no a través de una entrevista al uso, si no a partir de una selección multidisciplinar de voces que interactuarán con König, y a su vez, realizan una doble función. Será a través de un fan que visita a su adorado escritor, de un par de amigas que jugaron un papel trascendental durante la juventud del protagonista, de un vendedor de cómics, etc… que iremos adentrándonos en la intimidad de Ralf König. A la vez, esta selección no es otra cosa que un reflejo del heterogéneo público que disfruta con cada historia que publica el autor. Muy inteligente, sí señor, esta sabiduría en el mostrar sin adoctrinar, sin militar en ningún bando ni reivindicar explícitamente nada en ningún momento.

El mayor acierto es, sin duda, incluir en el documental numerosos fragmentos de una lectura pública que König realizó en Colonia en 2011. Ya sabemos que la vida del autor ha influido en su obra de tal modo que a veces parece un simple reflejo de su realidad. Quién mejor, pues, que él mismo para leernos fragmentos destacados, dándonos a conocer, de este modo, partes de su vida, propiciando la duplicidad o doble direccionalidad narrativa del género que nos ocupa: el documental. Pura y doble semiótica: la literatura desde la Literatura y el enfoque que de ella ofrece el cine, hablando de Cine. Genial. Y, por cierto, divertidísimo se muestra König poniendo voces a todos sus personajes, recordando (como también se muestra en la película) los años en que empezaba a desplegar su creatividad más allá de la viñeta y se travestía en espectáculos de transformismo, donde se convirtió en la reina del playback, como si fuera un alter ego de Waltrina y sus amigas, protagonistas de la salvajemente tierna El hombre nuevo (Der bewegte Mann, 1997).

Interesantísimo el momento en que König nos explica cómo canaliza su rabia a través de la escritura. Rabia por una relación de once años que se termina: respuesta Huevos de toro (Bullenklöten, 1992). Rabia ante una relación de amor-odio con un brasileño que le hizo perder la cabeza: respuesta Yago (Jago, 1998). Rabia ante la toma de consciencia de que el condón no es un simple método anticonceptivo y que es igualmente recomendable para mantener relaciones homosexuales: respuesta El condón asesino (Kondom des Grauens, 1987). Ante la impotencia causada por la muerte de sida de un amigo y la incertidumbre y desconcierto provocados por la aleatoriedad de su infección: Superparadise (1999). ¿Cómo caricaturizar a los fundamentalistas islámicos? Pues los convertimos en genios y los encerramos en una lámpara maravillosa en ¡Oh, genio! El hechizo de Shabbar (Dschinn Dschinn. Der Zauber des Shabbar, 2005) y ¡Oh, genio! El velo en el semillero del vicio (Dschinn Dschinn. Schleuerzwang im Sündenpfuhl, 2006). Contra las barreras culturales y lingüísticas impuestas (a veces autoimpuestas) hacia y por los inmigrantes (que no contra ellos) Suck my Duck (2004). Contra la homofobia que el apóstol Pablo cinceló en al Antiguo Testamento tres cómics bíblicos: Prototipo (Prototyp, 2008), Arquetipo (Archetyp, 2009) y Antitipo (Antytip, 2011).

Ralf König

Así podríamos seguir hasta completar una relación rabiosa de toda la obra de Ralf König. No lo haremos, pero sí que destacaremos cómo Rosa von Praunheim ha conseguido transmitir el humor, la ironía, mordacidad, capacidad de observación de la realidad, la huida (y a la vez condena) de cualquier prejuicio, fanatismo o síndrome intolerante que predomina en la obra del alemán, así como su reflejo de los estereotipos del mundo gay, la sensibilidad masculina, sus anhelos, deseos, y frustraciones. Todo ello ligado, del mismo modo que la obra (y la vida) de un escritor que se encuentra hace años en una prodigiosa cima creativa, a la comunidad homosexual alemana surgida a finales de la década de los setenta, que gracias a artistas como König (y a sus fieles seguidores) han logrado universalizar y normalizar su mensaje.

Para terminar, aseguramos el gozo de los seguidores del alemán, pero todavía más de los que lo descubrimos gracias a este documental. El que avisa no es traidor: el visionado de esta película crea una necesidad imperante e impaciente de asaltar la tienda de cómics más cercana y dotar a nuestra biblioteca de toda la bibliografía de Ralf König. Queremos los personajes dibujados por el alemán tomen nuestras estanterías y compartan sus/nuestras inquietudes. Queremos a Konrad & Paul (Konrad und Paul, 1993, 1994 y 1996), a Roy & Al (2004), a los Beach Boys (1989) y sus Retazos de la vida (Prall aus dem Leben, 1989). Queremos vivir La noche más loca (Safere Zeiten, 1989) en El diván de la psicóloga (Hempels Sofa, 2007), y además con Poppers (Poppers! Rimming! Tittentrimm!, 2001).

Lo queremos todo y, sobretodo, seguir sabiendo que ahí estará un artista como Ralf König, para dibujarnos en sus historias como esos hombres pequeñitos con enormes narizotas, cuya vida quizá sea imperfecta y absurda pero, a pesar de todo, feliz. Al fin y al cabo, ¿no lo es la de todos?

TRAILER:

 

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Comentarios sobre este artículo

  1. […] Una premisa. El Atlántida Film Festival selecciona películas que no han sido exhibidas en cines españoles. De la cosecha cuatro tienen contenido homosexual y tangencialmente podemos incluir dos más. El festival hikikomori, como lo denomina un amigo, ¿es gay-friendly o denota un déficit en la distribución convencional relacionado con todo aquello que verse con lo homosexual? Una certeza. La que comenta Iván Barredo en Número cero a propósito de Ralph König, rey de los cómics: […]

  2. [...] verse con lo homosexual? Una certeza. La que comenta Iván Barredo en Número cero a propósito de Ralph König, rey de los cómics: Cualquiera pensaría que la homosexualidad está más que aceptada y superada en nuestro país, [...]

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