The Propaganda Game

La guerra mediática Por Yago Paris

El periodista Jon Sistiaga (Irún, 1967) pasó a la Historia de la TV con su documental Amarás al líder sobre todas las cosas (2007). Este mediometraje de 51 minutos realizado para la cadena Cuatro se ocupaba de plasmar la situación de Corea del Norte en la actualidad. El reportero viajó hasta este país para diseñar un recorrido por la sociedad del país, las condiciones de vida de su población y reflejar la pasión con la que esta vive por y para su jefe de Estado, por aquel entonces Kim Jong-il. El documental se confeccionó como un elemento de denuncia, como un conjunto de pruebas con el que llamar la atención acerca de la flagrante violación de los Derechos Humanos que en esta dictadura asiática estaba teniendo lugar, un zarandeo para tomar conciencia acerca de una realidad tan lejana a nuestro país mediterráneo.

Pero, entre tomas de conciencia y denuncias, la realidad pasa por que este documental se sitúa en la línea oficialista occidental, decidida a desprestigiar a Corea del Norte.

Mentiras e información sacada de contexto componen una maquinaria de manipulación masiva, una campaña del terror que amenaza con el estallido atómico, pero que ella misma se convierte en un bombardeo mediático con el que incubar en la mente occidental un miedo irracional y desproporcionado frente a la nación líder de otra campaña de marketing militar que lleva por título El Eje del Mal.

Las supuestas buenas intenciones de la obra de Sistiaga esconden una estudiada manipulación de conciencias, pero sus costuras son de espino y no cuesta esquivar su incrustación en el subconsciente. Una mente con un mínimo de razonamiento crítico consumirá esta pieza audiovisual con sorna ante lo que se convierte en la cara opuesta del mismo martillo con el que el gobierno norcoreano aplasta a su gente. Qué duda cabe de que la intensidad de la maniobra no es comparable, pero tampoco estaría de más reseñar que el Estado asiático admite abiertamente que sus campañas son pura propaganda, mientras en occidente se vende la falsa idea de informar objetivamente a la población, que vive bien lejos de la realidad de un país del que nada sabe pero al que hay que atacar.

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Jon Sistiaga en un instante de la realización de su documental Amarás al Líder sobre todas las cosas

Pura propaganda, por tanto. ¿Qué ocurre en Corea del Norte? ¿Qué no ocurre? ¿Qué es verdad, qué es mentira? Pero, sobre todo, ¿por qué se le presta tanta atención? Para intentar resolver estas cuestiones, y por la fascinación que le genera este país, Álvaro Longoria ha viajado a esta hermética nación, en la que ha rodado el documental The Propaganda Game. El director, que profundiza en muchas de estas cuestiones en esta entrevista concedida a Cine Divergente, inicia su obra con la firme intención de romper todos los estereotipos y reflejar todo lo que observa. Palabras, que, como tales, de poco sirven si no se acompañan de un ejercicio de sobriedad narrativa, que, por suerte, se hace patente en cada fotograma.

Obviando la cuestión de que filmar implica seleccionar lo que se encuadra de lo que no, y que esta decisión lleva implícita la ausencia de objetividad total, existen múltiples maneras de realizar un documental, y la referencia inicial a Jon Sistiaga no funciona únicamente para introducir el tratamiento audiovisual de Corea del Norte. Ambos documentales funcionan como opuestos formales en lo que a encarar el proyecto se refiere. El primero es un mediometraje de 51 minutos, de los cuales 45 están narrados por la incansable voz de un Sistiaga que se vale de un lenguaje tan sensacionalista como las imágenes que inunda, las cuales, a su vez, tienen espacio para hablar por sí mismas. El periodista da su punto de vista en cada nuevo plano, para implantar en nuestra mente la idea que de cada imagen debemos sacar. En resumidas cuentas, una maniobra de manipulación burda y desvergonzada, que no considera necesaria la inclusión de testimonios extensos de otra gente que no sea él mismo. Un trabajo de sesgado de información, de tergiversación absoluta y que no se sostiene ni ante una humilde publicación como es la del blog De Pyongyang a La Habana, que en una de sus entradas se encarga de desmentir, o al menos poner en claro entredicho, lo expuesto en este documental.

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Al otro lado del ring se sitúa Longoria. Más bien, su documental, pues, en un ejercicio de humildad, el director se coloca en segundo plano y toma la sabia decisión de que las imágenes sean las que narren, maticen ideas. Planos diversos del país oriental que se complementan con declaraciones de todo tipo, cubriendo el amplio espectro de personas implicadas, tanto dentro como fuera del país, a favor y en contra del régimen.

La mejor decisión de Longoria está en no posicionarse, en ir a aprender, a descubrir y a que le cuenten todo lo posible para ampliar el campo de visión sobre la realidad, lo que no debe confundirse con un alegato en favor de la República Popular Democrática de Corea.

El realizador cántabro no duda en dejar claro que se trata de una dictadura represiva que manipula a su población y la contiene en una burbuja de realidad distorsionada, que va desde la ausencia de internet hasta la tergiversación de datos históricos que se estudian en las escuelas y universidades del país.

La postura es bien simple, pero es la más difícil de asumir. La posición que toma el documental es la de no posicionarse. El documental parte sin una idea clara y termina de igual manera. No hay conclusiones, sólo preguntas y una visión ampliada e inusual en los reportajes sobre este país. No existe la necesidad de alistarse en ninguno de los dos bandos, especialmente cuando la intención es la de dar a conocer realidades de las que nadie quiere hablar abiertamente, y más aun cuando existen intereses geoestratégicos de por medio. Una de las ideas más estimulantes que defiende el film es la de que sólo a las dos Coreas les interesa la reunificación. A su alrededor, una serie de países con demasiados intereses en juego como para que el partido finalice, de ahí la inmensa campaña mediática que se monta alrededor. Con tanta amenaza de guerra nuclear de por medio, al final resultó que la verdadera guerra es la propagandística.

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Comentarios sobre este artículo

  1. […] saber más acerca de la película, le he escrito una crítica en Cine Divergente, que puedes leer aquí. También he tenido la oportunidad de entrevistar al director, y puedes leer el resultado de mi […]

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