Vendrán tiempos mejores (Good things await)

El documental del mes: Marzo 2016 Por Ignasi Ferrer

En Speed: en busca del tiempo perdido (Speed. Auf der suche nach der verlorenen zeit, 2012) el documentalista Florian Opitz decidía realizar un experimento: dejar de lado su ordenador y teléfono móvil durante un mes. Opitz estaba convencido que esta tecnología era, en parte, la causante de su sensación de falta de tiempo, de no llegar a nada. Esta tecnología que tanto nos había acercado entre nosotros y facilitado nuestra comunicación era al mismo tiempo la razón de sentirse más presionado por culpa de cosas tan ágiles como responder mensajes, pero que a la vez habían supuesto una carga más a nuestro día a día por su inmediatez. El avance tecnológico se había convertido en un arma de doble filo que, terminado el mes de prueba, seguía ahí. El test no sirvió más que como un simple placebo porque hemos llegado a un punto que necesitamos esta tecnología. Parece que no disponer de ella nos complica la vida. Algo paradójico si tenemos en cuenta que hasta hace relativamente poco no la teníamos.

Es un hecho, no descubrimos nada nuevo si afirmamos que la tecnología ha invadido nuestras vidas. Ha alienado nuestra sociedad, dominada indirectamente por las máquinas, pero el debate no está aquí, sino en medir sus repercusiones. Voluntariamente, nos hemos prestado a una sumisión ante la máquina, convirtiéndola en una necesidad indispensable. Necesitamos estar conectados con el mundo, necesitamos tener el último modelo de teléfono, ordenador o gadget que sea para que nuestro contacto con el mundo virtual, nuestra segunda vida, sea completa. Nos hemos acomodado a una forma de vida en el que el aquí y ahora es indispensable. Lo queremos todo y lo queremos ahora. Y esto ha conllevado que lo hayamos industrializado todo y, como no podía ser de otra manera, el sector de la alimentación también. Terneras, cerdos, pollos… hacinados en naves industriales convertidos en un eslabón más de la cadena de consumo. Huertos e invernaderos cultivados a base de abonos químicos. La inmediatez con la tecnología no es nada nuevo porque ya habíamos colonizado otros campos con nuestra obsesión por manipular los tiempos.

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Florian Opitz estaba descontento con las conclusiones a las que había llegado con su experimento. Por este motivo, empezó a investigar qué era el tiempo y la percepción que tenía varia gente sobre ello. Su investigación le llevó, entre otros lugares, a Bután, donde descubrió una sociedad que prefería invertir en felicidad antes que en el crecimiento económico. Más adelante, llegaba a una cabaña en una montaña del centro de Europa en la que una familia vivía, cultivaba la tierra y cuidaba de su modesto ganado. Para ellos, el tiempo era un concepto ambiguo, algo natural que se iba sucediendo. Y de la misma manera entendían sus cultivos, que eran su medio de vida por otra parte. Así pues, respetaban los tiempos de la naturaleza y cuando tenían el producto listo, lo vendían en los mercados. No forzaban los procesos biológicos de los animales ni los tenían encerrados en corrales para forzar su producción. Ambos casos tenían algo en común: la ausencia de tecnología e industrialización en su modo de vida.

Aspectos que comparten con Niels Stokholm, el granjero protagonista de Vendrán tiempos mejores (Good things await). Antes de ser granjero, Niels era el jefe de investigación de la universidad técnica de Dinamarca. Ahora, dirige una granja biodinámica. La base de la agricultura biodinámica es que existe una conexión con el universo, una energía entre el hombre y la tierra. Es un tipo de agricultura ecológica y sostenible que no usa fertilizantes químicos y entiende que los animales son fuente de alimento, pero que deben ser tratados con respeto. Niels está convencido que vivimos en comunión con las fuerzas del universo y que debemos aprender a asimilar esta energía. De hecho, relaciona el color de algunas plantas con la influencia de ciertos planetas en ellas.

En la granja de Niels no veremos grandes naves concebidas como una cadena de producción de carne, sino que tiene unos pocos ejemplares de la vaca roja lechera danesa, animal que está ayudando a preservar pues quedan pocos de su especie, pastando libremente por sus terrenos y que encuentran refugio por la noche y del frío en un pequeño establo. La filosofía de la vida de este granjero danés entiende que todo tiene que ser lo más natural posible así que en vez de usar fertilizantes químicos, cría gusanos para que abonen las tierras. En vez de descornar las vacas, como manda la legislación, mantiene su cornamenta porque entiende que es una parte más de sus sistema digestivo.

Vendrán tiempos mejores (Good things await), elaborado como un documental de seguimiento y mostrándonos sólo un punto de vista, es un trabajo necesario para descubrir que otro modelo de explotación animal es posible.

Un modelo bastante desconocido porque se aleja de la versión oficial. Hay un conflicto, sobre todo moral, entre el capitalismo y la agricultura biodinámica. Y la primera se encuentra respaldada por el sistema, mientras que la segunda no recibe el mismo grado de comprensión.

Durante el documental, Niels se enfrenta a una inspección aleatoria. Una más de las muchas que recibe y que le hacen sentir perseguido. La trama judicial es importante porque añade un grado de suspense a la película, hasta el final no sabremos la resolución y si Niels podrá conservar sus animales. Además, ilustra el grado de conflicto que hay entre la postura “oficial” y la alternativa de Niels y como este es acusado, aparentemente, injustamente de no respetar el bienestar de los animales por la simple razón de no seguir las mismas normas.

Vendrán tiempos mejores (Good things await) plantea varias cuestiones. ¿Hasta qué punto vale la pena saltarse las normas por algo que uno cree que es un bien mayor? ¿Es la agricultura biodinámica la mejor forma de alimentar el mundo? ¿Es sostenible? Decíamos al principio del texto que debíamos medir la influencia de la tecnología en nuestra sociedad y la ganadería no se ha quedado al margen. Es bonito pensar que nos podemos alimentar a base de carne de animales que viven en libertad, vegetales cultivados sin productos químicos ni procesos acelerados para que los animales engorden antes y las plantas maduren más pronto. Sin embargo, se plantean ciertas dudas que esto no sea más que una utopía y que, por tanto, la mecanización de la industria alimentaria sea un bien indispensable para poder cubrir nuestras necesidades.

A pesar de contar con un sólo punto de vista, el favorable a este tipo de agricultura, no es un documental tendencioso. Niels no pretende convencer a nadie, sino seguir su camino haciendo lo que cree es más conveniente para la naturaleza y para su conciencia. Gracias a esta relativa objetividad que plantea el director se genera el debate interno en el espectador de unos interrogantes que no se llegan a responder de manera completa. Nos queda el material como herramienta de reflexión, aderezado con unas imágenes realmente bellas. El buen gusto del director a la hora de seleccionar los separadores, que podrían servir como un buen fondo de pantalla, aportan cierta tranquilidad y placer visual. Vendrán tiempos mejores (Good things await) es un agradable descubrimiento, tanto en el apartado técnico como narrativo.

 TRAILER:

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