A primera vista

Dream a Little dream of me Por Manu Argüelles - Jose Cabello

¿Por qué soy tan raro?Beautiful Thing (Hettie MacDonald, 1996)

Cuando en los años ochenta eclosionó en el cine norteamericano el boom del cine teen, el adolescente gay, a grandes rasgos, todavía seguía siendo invisible dentro de los ejes temáticos que versaban sobre esa etapa de transición en la entrada a la edad adulta. Tuvieron que llegar los años noventa, justamente cuando una nueva ola emergía a mediados de aquella década, para que las cosas empezasen a cambiar. En este caso, desde el Reino Unido, una pequeña película como Beautiful Thing (Hettie MacDonald, 1996) empezó a fijar una nueva ruta. Quizás no fue la primera pero sí fue la más significativa para que dentro del arco de películas de temática gay, el coming of age fuese uno de los motivos favoritos dentro de la visibilidad de lo homosexual en el cine de ficción, una constante que dura hasta nuestros días. Su influencia sigue incólume y es algo que se palpa de forma notoria en una película como A primera vista, tal como nos confirma Daniel Ribeiro, su director, en la entrevista realizada por Jose Cabello que anexamos al final de este texto.

A primera vista

A primera vista (izquierda) y Beautiful Thing (derecha)

Aunque una temprana película como El último americano virgen (The Last American Virgin, Boaz Davidson, 1982) ya advertía, dentro de su tono jocoso sobre la revolución hormonal, que la adolescencia era una cosa seria, sin duda fue John Hughes el máximo artífice e impulsor para que el adolescente adquiriese un estatuto digno, más allá de condicionamientos comerciales y de tonos divertidos y distendidos. Es indudable que para una generación que crecía, aquellas películas han jugado un papel relevante dentro de su educación sentimental. A pesar de las diferencias de los rituales específicos de la cultura norteamericana, el cine proveía de referentes muy válidos con los que uno se podía hacer partícipe. En este marco, Beautiful Thing, dentro de su condición de película modesta, resulta un punto de inflexión fundamental porque no sólo se trata de exponer de forma clara la singularidad del joven gay sin obviar problemáticas comunes (la formación de los primeros sentimientos, la necesidad de encajar, etc.). También ofrecía un tratamiento bastante inédito en su carácter de drama social (la película es tanto de Jamie como de su madre y el factor del entorno de extracción humilde juega su papel en la narración) y de ahí que haya servido como modelo para futuras producciones. De la misma manera que John Hugues miraba a los ojos de sus personajes con gran respeto, cariño y complicidad, Hettie MacDonald hacía lo propio con Jamie y Steve. No niego que hubiese motivos para abordar el hecho gay con dramatismo, desesperanza y dolor, tónica general hasta la fecha. Y más teniendo presente la sombra traumática que había generado el SIDA en la comunidad gay. Pero también era cierto que se necesitaban plasmar las cosas de otra manera, sin tremendismos y sordidez, ni que sea para ofrecer un pequeño soplo de aire fresco aunque fuese a través de una pequeña fábula.

Dream a Little dream of me, canción que bailaban al final de la película Jamie y Steve, en la calle, delante de todo el mundo, mientras la madre miraba desafiante a todo el vecindario que desaprobaba a su hijo y su pareja. Y aunque el cine en ocasiones no es más que eso, un pequeño sueño del que nos gusta salir reconfortados, el chico gay, como cualquiera, también quiere verse reflejado en la pantalla. Y quizás él, más que ninguno, de vez en cuando, y más cuando todo se magnifica ante todo lo nuevo que se despliega ante sus ojos, también necesita que alguien le diga que hay esperanza, que se puede salir del atolladero, que los cabrones no le van a hundir, aunque sea ficción, aunque no sea lo real.

Beautiful Thing

Beautiful Thing, Dream a little dream of me

En el recuerdo de esa entrañable película, no se me ocurre mejor elogio para A primera vista que afirmar que el largometraje de Daniel Ribeiro me inspira la misma ternura que me provoca Beautiful Thing.

Y, a veces, no necesitamos más que eso. Que John Hugues y su forma de entender a sus personajes siga vivo, ramificándose y añadiendo nuevos matices a un mismo prisma. Ya sea que estemos hablando de la construcción de la identidad gay, ya sea que ahora incorporemos la ceguera al personaje para dotar de una dimensión diferencial frente a sus referentes, lo importante es que la llama mantenga su luz. Que una forma de comprender y acercarse a los adolescentes siga creando escuela para nuevos directores. Porque uno ya no espera grandes fuegos de artificio o enormes deslumbramientos pero sí quiere seguir afianzando la emoción a través de lo pequeño, del detalle, de la honestidad y de la mirada limpia. Me gusta decir eso de estas pequeñas (grandes) películas, que me limpian la mirada. Que aunque resulta fácil caer en el sentimentalismo y aunque a ojos de los demás suene cursi o ridículo, lo importante es que la película pueda devolverte cierta pureza, quizás perdida, quizás olvidada, quizás abandonada.

A primera vista 2

A primera vista

¿Cómo no encariñarse con Leonardo? Es posible que inicialmente pongamos barreras, porque eso nos lleva a cierto estado de vulnerabilidad. Y nosotros, claro, somos muy machos, claro, somos fuertes, también. Pero no viene nada mal plantarse ante A primera vista y olvidarse de tantas gilipolleces, esas con las que nos cargamos sin darnos cuenta. Intentemos dejarnos llevar por esta emotiva historia y olvidemos incluso que todo lo que ves te resulta extremadamente familiar, porque ya lo has visto en unas cuantas películas. También es una forma de reencontrarnos con nosotros mismos. Y quizás ahí encontremos cierta serenidad, en el goce al comprobar que podemos todavía sentirnos igual de frágil e igual de sensible que Leonardo. Porque en el fondo de nuestro ser todavía nos sentimos desamparados. Y en ese sentimiento, lo que deseas, aunque lo sepas, porque el tono suave y sereno ya te lo advierte, es que Leonardo sea correspondido y que se resuelva bien el conflicto a partir del triángulo formado por Leonardo, Gabriel y Giovana. No quieres la soledad de Leonardo como no la quieres para tí. Y Ribeiro te lo pone fácil, muy fácil, ese es su gran mérito, para que acabes conmovido e implicado. Después ya dependerá de tí. Porque las teclas están bien pulsadas, creo que no tienen que tener miedo los diabéticos ante una sobredosis de azúcar, los personajes están suficientemente bien delineados y construidos para que uno pueda ver algo más que unos simples arquetipos en su despertar al deseo y al amor mientras se consolidan auténticos lazos de amistad (los de Leonardo y Giovana). Es como ese gran momento de El club de los cinco (The Breakfast Club, John Hughes, 1985), cuando al final los chicos se sinceran entre ellos. Emerge la verdad, la de los personajes pero también la nuestra. A primera vista bebe de de esa esencia, la misma de Freeks and Geeks (Paul Feig, 1999), Supersalidos (Gregg Motola, 2007) o Adventureland (Greg Mottola, 2009). Entren, únanse a este baile y sueñen, aunque sea volver a un tiempo que ya pasó.

Entrevista realizada por Jose Cabello a Daniel Ribeiro, director de A primera vista

Daniel Ribeiro, director de A primera vista (Hoje eu quero voltar sozinho, 2014) from Cine Divergente on Vimeo.

 

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