Ahora me ves

Nada por aquí, nada por allá... ¿abracadabra? Por Arantxa Acosta

“That’s entertainment”Toro Salvaje (Raging Bull, Martin Scorsese, 1980)

Seamos claros: Ahora me ves no es una gran película. Con un guión tan increíble como los trucos de magia que se suceden ante nuestros ojos y las razones que supuestamente se esconden tras ellos, y unos actores que parece se han tomado la película como un paseo que no requiere demasiada atención, la desilusión puede ser mayúscula. Pero eso nos pasa si la miramos demasiado de cerca… La repetida frase que se nos va recordando varias veces durante todo el metraje funciona exactamente igual con el conjunto de la película:

“Acércate. Porque mientras más cerca creas que estás, menos es lo que verás”.

Alejémonos, entonces, y nos daremos cuenta de que tras un año (o más) de hypes que han acabado siendo toda una desilusión, Ahora me ves puede considerarse incluso un soplo de aire fresco. Porque en ningún momento quiere engañar (aunque su argumento pretenda todo lo contrario), consiguiendo exactamente lo que busca: entretener. Mantenernos atentos durante sus casi dos horas. El cine como puro espectáculo, pasatiempo que aísle nuestra mente de los problemas del día a día.

Ahora me ves

Así que tenemos ante nosotros un film que, consciente o inconscientemente, es un homenaje no exclusivamente al arte de la prestidigitación, sino al cine en sí. El cine, pura magia. Hace poco fue Martin Scorsese quién nos lo recordó con la imprescindible La invención de Hugo (Hugo, 2011). George Méliès, el mago del cine, demostró que el ilusionismo podía hacer evolucionar al séptimo arte hasta límites inconcebibles en su momento. El padre del cine fantástico era también un gran mago, como no podía ser menos.

Magia y contemporaneidad. Dejando a un lado películas del género fantástico como la saga de Harry Potter, la olvidable El aprendiz de brujo (The sorcerer’s aprendicce, Jon Turtlebau, 2010) o la muy recomendable Woochi (Dong-Hoon Choi, 2009), en las últimas dos décadas los films más destacables centrados en la prestidigitación como tema principal se habían puesto de moda, pero siempre recordando a magos reales (un buen ejemplo es la fallida El último gran magoDeath Defying Acts, Gillian Armstrong, 2009) o situando la acción en la época victoriana (El truco final, The Prestige, Christopher Nolan, 2006; El ilusionista, The illusionist, Leil Burger, 2006).

Así que con Ahora me ves, la verdadera novedad la encontramos en traer el ilusionismo a nuestros días (no contamos aquí, quizá mal hecho, con Luces Rojas - Rodrigo Cortés, 2012, que centraba su trama en el intento de desenmascarar a un vidente).

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La película funciona bien en su conjunto, sin preponderar ninguno de los papeles clave por encima de otro, y con una dirección volcada en dotar de grandiosidad la historia de los magos, fascinándonos con sus hazañas. Destaca el acierto a la hora de mover la cámara alrededor de personas y paisajes – básicamente la cámara sobrevolando edificios de grandes ciudades hasta caer en el cuarteto estrella – pero también manteniendo esa majestuosidad incluso en los escenarios cerrados, pasando de un protagonista a otro, buscando como decíamos antes el equilibrio entre todos ellos (de hecho, las escenas de las actuaciones son lo más destacable del film). A partir de aquí, luces y color, rápidos desplazamientos de la cámara y montaje de planos que duran apenas segundos para desorientar al espectador, especialmente en las escenas de magia y de acción (peleas y, cómo no, típicas persecuciones de coches recorriendo media ciudad) son las bazas que envuelven al simple guión.

Porque sí, el guión es simple, y no se esconde: una película sobre robos, incluyendo el elemento ¿diferenciador? de que hacerse con el dinero no  es el fin que justifica los medios sino que, cual Robin Hood, nuestros héroes esconden en realidad una noble causa. Esto permite que el espectador sienta empatía por ellos desde el minuto cero, y rechazo hacía quienes les persiguen, en este caso, el FBI y la Interpol… El ilusionista no será la única referencia que rápidamente nos evoca la trama y supuestos giros argumentales de Ahora me ves, ya que Ocean’s eleven (Lewis Milestone – 1960, Steven Soderbergh, 2001) parece ser la verdadera inspiración de los guionistas. Incluso por la presentación del reclutamiento de los que finalmente formarán “Los cuatro jinetes”, nombre escogido para el grupo que también nos recuerda un momento temporal pasado, el de Robín de los bosques, sí, pero también el de las bandas de los típicos westerns, como si nuestros protagonistas fuesen a contracorriente, siempre escapando, sin un destino claro pero arrasando con lo que se les pone a tiro. Si le añadimos algo de misticismo, en este caso “The eye”, el grupo al que todo ilusionista quiere pertenecer donde se enseña la verdadera magia, pues ya tenemos un cóctel que da el pego.

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Para ensalzar el enrevesado guión (confuso no por su complejidad, sino más bien por aclarar los trucos de magia con explicaciones incluso más estrambóticas, sin mencionar su poco convincente resolución), se ha contado con actores de excepción, cuyo trabajo también funciona a nivel grupal, y es que un personaje no es nada sin el resto. En caso contrario, podríamos decir que la altanería a la que dota Jesse Eisenberg a su personaje nos hace creer en cada fotograma en el que aparece que estamos presenciando la vida oculta de Mark Zuckerberg; que el que podría haber sido un gran duelo interpretativo entre Morgan Freeman y Michael Caine se queda en un par de escenas juntos a las que no se les ha sabido sacar ningún provecho; que Mark Ruffalo es incapaz de transmitir los cambios que necesitaría su personaje; o que Woody Harrelson, a pesar de parecer que está de paso, es el que pone el mejor contrapunto a todo el film, comiéndose a Eisenberg tal y como ya hacía en Zombieland (Ruben Fleischer, 2009)… Pero, repetimos: el resultado en equipo, como siempre, mejora el individual.

Por tanto, la selección de Louis Leterrier para la dirección ahora no nos sorprende en absoluto. Se necesitaba un hombre de acción, y eso es lo que ha sabido aportar a un flojo guión. Junto con una música tan espectacular como los trucos de magia firmada por Brian Tyler, el resultado no podría ser más comercial: seguro es un gran éxito de taquilla. Y disfrutable, además. Que no es poco.

TRAILER:

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