Algo está pasando

Transnacionalidades Por Paula López Montero

He de decir que Algo está pasando (Il se passe quelque chose, Anne Alix, 2018) es la primera película que me ha sorprendido del SEFF, pero también he de alegar que tras leer la sinopsis no esperaba gran cosa del estreno de Anne Alix como directora. Siento ser tan directa pero todo tiene una explicación y es que la sencillez y recurrencia a tópicos de su argumento puede parecer, a priori, un melodrama de media tarde sobre la Provenza francesa. Eso, sin duda alguna habla mucho de mí, de mi relación con el melodrama y de mis bajas expectativas hacia un género codificado por tantos como para el público “femenino” –pienso en Laura Mulvey-. Sin embargo, ese encuentro fortuito entre Irma (Bojena Horackova), una mujer que ha perdido a su marido y su trabajo y que ante la desesperación y soledad intenta quitarse la vida, y Lola (Lola Dueñas) una española sin rumbo que se dedica a hacer guías turísticas gayfriendly, es mucho más profundo y emocional de lo esperado. Pero el filme no se explica y constituye en torno al exceso de diálogo -como suelen pecar los melodramas provenzales-, sino precisamente a su ausencia, al saber medir las secuencias por un tiempo pausado, por el silencio y la toma orgánica de la palabra de los personajes que van pasando por la vida de las dos protagonistas. En definitiva, con mucha sensibilidad y mimo. Qué bonito es equivocarse.

A decir verdad, a Algo está pasando como ópera prima se le podrían sacar muchos parecidos e inspiraciones. Bien se podría asemejar a una Thelma y Louise (Ridley Scott, 1991) a la francesa, o un Locas de alegría (La pazza gioia, Paolo Virzi, 2016) y es que dos mujeres, un coche y un viaje suena a recurrencia cinematográfica. Habríamos de preguntarnos por qué una secuencia tan sencilla como esa es fruto de una codificación y reducción iconográfica -por otra parte, de firma masculina- que más que un símbolo de autonomía y de rebeldía frente a lo establecido. Lo primero es precisamente por la falta de referentes que hagan del viaje de una mujer algo de lo que no valga la pena ni si quiera pararse a pensar –en términos cinematográficos parece que andamos como en Arabia Saudí-. De hecho no hace falta que recuerde que tuvo que venir Isabel Coixet a hablarnos de lo que significaba la experiencia de la conducción femenina como símbolo de autodeterminación cuando rodó Aprendiendo a conducir (Learning to Drive, Isabel Coixet, 2014). Lo segundo es porque la asociación mujer-coche-viaje –insisto, cinematográficamente hablando- como símbolo de rebeldía, en ese remarque del desvío de la norma, seguimos insistiendo en que lo normal de una mujer es precisamente no conducir, no viajar, quedarse en el lugar que marcaron para ella. Por lo tanto, hacen falta más referentes visuales que hagan de la experiencia del viaje femenino una imagen de autonomía y libertad. Ahí es donde entra en juego Anne Alix para romper la convención, el pulso del relato y aportar mucha sabiduría a ese fabuloso viaje, naufragio o búsqueda con la que se topan sus protagonistas.

 Algo está pasando (1)

Como decía, Algo está pasando versa sobre el encuentro y viaje de Irma y Lola, dos polos opuestos en cuanto a visión de la vida se refiere, por el que van pasando mucha gente. No se sabe que buscan, Irma acompaña a Lola mientras ella le ayuda y presta dinero para ropa hasta que encuentra un trabajo. Lola no encuentra el sentido a hacer una guía gay-friendly en un sitio donde no hay más que campos de lavanda. Por ese viaje, van sucediendo intersecciones de otras narraciones en las que Anne Alix cede el espacio concedido a Irma y Lola a otras historias que, aunque sencillas y cotidianas, merecen la pena ser escuchadas. No hay que irse muy lejos para encontrar grandeza, basta con escuchar atentamente la vida que pasa a nuestro alrededor, basta con escuchar a la gente. Irma consigue un trabajo en una fábrica, y también volverse a enamorar, recuperar el sentido y entusiasmo por la vida. Lola sigue sin rumbo, echándose las cartas del tarot que le anuncian que, contrariamente a lo que ella esperaba, pronto será madre. La vida siempre te sorprende. Y mientras tanto Anne Alix nos va enseñando los rostros de otra gente, los rostros de los migrantes, de las clases marginales, de los excluidos, de aquella gente a la que no queremos escuchar, ni ver, muy próxima a la sensibilidad de un Caras y lugares (Visages villages, 2017) de Agnès Varda y JR.

Algo está pasando, no sabemos qué está pasando, ¿necesitamos de sesiones de espiritismo, quizá de esa magia del tarot para explicarlo? El movimiento nos precede. Y la directora francesa nos ofrece una poderosa reflexión aunada con un tiempo y música en sintonía con lo expuesto sobre las migraciones, el empezar de cero, los impulsos que nos llevan a buscar una mejor vida. Todo ello como contrapunto al trabajo que desempeña Dolores, es decir, como la otra mirada del movimiento transnacional que no es el turismo. ¿Cuántas guías gayfriendly sin sentido existen? –sin ponerle peros a la conquista en derechos humanos que toca de cerca- sin embargo ¿cuántas personas no pueden moverse libremente por el mundo? Algo está pasando es un soplo de brisa del mar, aire fresco que viene desde lejos, y que viene –ojalá- para quedarse. Es otra cadencia, otro ritmo –contrario al ritmo del turismo exacerbado- el que pide el mundo a gritos. Un ritmo que también piden los temas y filmografías. Pensar, pensar y después, hablar. Algo está pasando invita a ello.

Algo está pasando 2018 (1)

 

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