Arrugas

La magdalena de Proust Por Manu Argüelles

Esta crítica fue escrita expresamente para formar parte de:

Arrugas. De la Viñeta a la Pantalla.

Un viaje audiovisual por la adaptación fílmica del cómic de Paco Roca.

Una exposición organizada por Flash-Back Producciones, que, comisariada por Antonio Busquets, pudo verse por primera vez desde el 3 al 11 de Febrero de 2012 en la Casa de la Cultura de Alzira (Valencia).

Jorge Guillén dejó escrito en su poema Más allá 1:

Y sobre los instantes que pasan de continuo voy salvando el presente: eternidad en vilo.

A Emilio, en el ocaso de su vida,  se le escurre el hoy entre sus dedos. Se fragua una lucha encarnizada en una residencia de ancianos, lugar al que acaba destinado. El film se ubica en ese microcosmos, antes de que la enfermedad neurodegenerativa que padece, el alzhéimer, acabe por desdibujar todo un itinerario vital sustentado por el recuerdo y la memoria. Pero, previamente a la bajada de telón, habrá oportunidad para la amistad, las peripecias y puntuales bocanadas de diversión. Pueden parecer pequeñas e insignificantes partículas en un tiempo vacío y una hora lenta, pero devienen auténticos impulsos para no negarse a perder su dignidad. Arrugas tiene la valentía de colocarnos delante de ese espejo incómodo en el que algún día tendremos que mirarnos y ataca uno de los miedos atávicos del hombre: la pérdida de nuestro yo. Cuando perdamos nuestro tiempo interno psicológico y nos fallen nuestras capacidades, seremos conscientes de que estamos ante un proceso de desaparición. Se trata de un horror vacui del que no podremos escapar. Estamos ante un tramo final, el largo adiós -en palabras de Miguel-, regido por un acuciante desajuste en nuestra relación con el mundo, la demencia, hasta llegar a la definitiva clausura de esa comunicación con el entorno: el autismo del alma. Y entonces, siguiendo el símbolo del 2º piso, el de los asistidos, ya no seremos nadie.

Este nudo gordiano toma forma a través de la animación, mediante la adaptación del cómic homónimo de Paco Roca, editado en España por la editorial Astiberri y ganador del II Premio Nacional de Cómic en 2008, entre otros premios. Además, supera la cifra de más de 40.000 copias vendidas en nuestro país. Tales credenciales, como sucede muchas veces, pueden convertirse en una losa para la traslación cinematográfica y, a su vez, imponen unas directrices basadas en el respeto y la fidelidad. Manuel Cristóbal, quien se hizo con los derechos de la adaptación en 2009, ha conseguido materializarla a través de su productora afincada en Galicia, Perro Verde Films, junto con Elephant in the Black Box Cinema, Cromosoma y TVG. Y en este sentido, el film de Ignacio Ferreras consigue esquivar con sumo acierto los escollos que se derivan de una excesiva literalidad (una insidiosa dependencia que podría haber ahogado la autonomía del largometraje) así como legitima las modificaciones que se han realizado. Se añaden nuevas situaciones que no desvirtúan el espíritu de la fuente original, sino al contrario, la enriquecen. No nos olvidemos de que hablamos de dos soportes diferentes, emparentados en su forma de articular el lenguaje mediante la imagen, pero con particularidades distintas.

Arrugas

No obstante, en acertada y coherente decisión, el film asienta las bases de su sistema estético según el dibujo ya presente en la obra gráfica. Ello aboca a que se opte por la cinética tradicional en 2D y se preserve la línea clara sobre la que estaba asentado el cómic (incluido un guiño a Hergé con el perro Milú). Así pues, nos encontramos con la ausencia de puntos de vista insólitos, un dibujo acabado y puro, donde las siluetas aparecen bien definidas y trazadas, para dar preponderancia al personaje por encima del fondo. Ello produce un cierto flou artístico, que dota a la fisonomía del espacio de un énfasis lírico, pero sin nunca estilizarlo en exceso. Se consigue con ello, que no se desvanezca el tono costumbrista, aspecto que conjuga bien con la modulación melancólica de la obra. En concordancia, estas bases asientan una narración y secuenciación clásica de cara a una diáfana accesibilidad para  permitir la conexión con todo tipo de audiencias. Como vemos, Arrugas establece un fértil diálogo con su fuente de inspiración, delimitando una comunicación horizontal que resulta fructífera para ambos medios. Tal efecto es aportado por la contribución al guión del propio Paco Roca, co-escrito junto con Ángel de la Cruz, Ignacio Ferreras y Rosanna Cecchini.

Resulta destacable mencionar, cómo a un nivel local son escasos los filmes que beben de las historietas, a diferencia de otros mercados, como el americano, el japonés o el mismo francés. Por otra parte, también resulta bastante inédito que un film de animación de producción española consiga superar aquellas barreras que lo han confinado a un área de escasa visibilidad dentro de nuestro territorio, y que además reclame para sí mismo la misma consideración que se guarda a largometrajes con personajes de carne y hueso. Son prejuicios y asentamientos culturales que poco a poco se van rompiendo. No nos parecía descabellado considerar que Arrugas se hubiese merecido su participación dentro de la Sección Oficial en el Festival de San Sebastián, lugar donde tuvo su presentación oficial ubicada en la Sección Zabaltegi-Nuevos Directores. Recordemos el hito de El viaje de Chihiro (Sen to Chihiro no kamikakushi, Hayao Miyazaki, 2001) en el Festival de Berlín, alzándose con el León de Oro en la edición de 2001, hecho que por desgracia sigue siendo un caso aislado.

Arrugas 2

De cualquier modo, este año, junto con Chico y Rita (Fernando Trueba y Javier Mariscal, 2010), film que ha logrado una nominación a los Oscars como mejor film de animación, (Arrugas también entró en la preselección final), se está produciendo una grieta dentro de la cinematografía española que deseamos tenga continuidad.

Ambas aluden a una concurrencia adulta, para legitimar así un terreno todavía virgen para films de estas características.

El trabajo de Ignacio Ferreras, con su reflexión sobre la senectud y la inclusión en la trama de una patología degenerativa, sigue la estela de anteriores aproximaciones occidentales como Vals con Bashir (Waltz with Bashir, Ari Folman, 2008) o Persépolis (Persepolis, Marjane Satrapi, Vincent Paronnaud, 2008), cintas que abordan temáticas dramáticas y sociales que no acostumbran a ser tratadas desde los dibujos animados.

En ese sentido, el crédito previo de Ignacio Ferreras como animador de El ilusionista (L’illusionniste, Sylvain Chomet, 2010) nos puede dar una pista de las intencionalidades expresivas de Arrugas. Como la película francesa, esta también está gobernada por un estado de tristeza nostálgica, algo que se reafirma al optar por una técnica en desuso, una vez que la animación ha optado mayoritariamente por el 3d digital. Se constituye así una puesta en escena prioritariamente frontal, fundamentada en la ausencia y en la configuración de una existencia narcotizada. Unos efectos expresivos que se materializan a través de un dinamismo limitado y con sedosos movimientos (reinados por sosegados travellings frontales de aproximación y retroceso).  No se trata de pobreza de medios, sino de establecer una voluntad artística que estreche los lazos con la obra de Paco Roca. Por consiguiente, se evoca una topografía del tiempo fantasmático, donde la profundidad queda reducida a un destello, salvo en la visión de esos pasillos desiertos que dejan indefenso a Emilio en su desorientación.

Arrugas 3

Huelga remarcar cómo el film atempera su carga dramática. Primero, al optar por el dibujo que otorga una mayor dosis simbólica y de distanciamiento. Y después, con el carácter de aventura y la inclusión de pequeñas set pieces humorísticas (cífrese la clase de gimnasia), que tratan de recuperar la esencia de películas como Cocoon (Ron Howard, 1985). O, a través de la secuencia donde los ancianos tienen su noche de escapada, tal vez nos vengan reminiscencias de Alguien voló sobre el nido del cuco (One Flew Over the Cuckoo’s Nest, Milos Forman, 1975), pero aquí despolitizada y sustraída su carga alegórica como crítica social e institucional.  Porque la propuesta española, antes que la dureza y la acritud de aquella, apuesta por el humanismo de Umberto D (Vittorio de Sica, 1952), en cuanto es un retrato de la vejez y la soledad. Y como en aquella, se evita el sentimentalismo fácil.

El productor, en el coloquio posterior a la presentación del film en el Festival de Gijón, comentaba que nunca se plantearon adaptar el cómic de otra forma. Porque hay muchos sobre el alzhéimer, pero como animación sería el único. Algo que es totalmente cierto, aunque, en relación a la enfermedad que cobra protagonismo, hay que remarcar que el área queda circunscrita a producciones contemporáneas. A tal respecto, merece destacarse el documental reciente, también visto en San Sebastián, Bicicleta, cuchara, manzana (Bicicleta, cullera, poma, Carles Bosch, 2010), ilustrador, valiente y plenamente didáctico en su voluntad de sensibilizar a la población sobre la enfermedad, a través del relato en primera persona de Pasqual Maragall. Dichas voluntades  también pueden encontrarse en el film que nos ocupa, ya que, se sortean los estereotipos en torno al trastorno y consigue ceñirse a la veracidad del proceso de degeneración.

Los verdaderos paraísos son los paraísos perdidos, suscribiría el pícaro Miguel;  y ese es uno de los sentimientos más elocuentes que pueden percibirse a través de la sensibilidad del film. No hay ocasión para técnicas pictóricas ni para profundizar en el movimiento. Porque, como decía Víctor Hugo, la melancolía es la felicidad de estar triste. En esa ambivalencia se mueve majestuosamente Arrugas: un canto a la captura de lo efímero, al respeto por la última edad y a la forja de valores como la amistad, en la lucha contra el olvido.

 Muchas gracias a Antonio Busquets y a Isabel Verdú

TRAILER:

  1. GUILLÉN, Jorge (2000): Cántico. Biblioteca Nueva, Madrid.
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Comentarios sobre este artículo

  1. […] de este tipo de cine. Hace dos años se consiguió dar un gran paso artístico hacia adelante con Arrugas (Ignacio Ferreras, 2011). El año pasado, con Las aventuras de Tadeo Jones (Enrique Gato, 2012), se […]

  2. Serendipia dice:

    No faltaba más, te leo siempre con agrado. Lo que comenta Paco Roca es habitual cuando se adapta un cómic. Pasaba también en Kick Ass, si lo recuerdas (en el cómic el padre le daba droga a la niña para aumentar su fuerza), y todo y con ello, parte del público seguía criticando el uso de la violencia en una cría. Gajes de lo políticamente correcto, cuyo peaje pagamos.

  3. Serendipia dice:

    Excelente crítica, como siempre. Muy bien vista la autonomía de la película respecto al cómic, al que sin embargo, no deja de ser fiel. En mi opinión, ese es el camino por el que se realizan las buenas adaptaciones. Escribí una breve comparación entre tebeo y película, ¿estás de acuerdo conmigo en que en algunos aspectos es más adulto el cómic que la película?

    Enhorabuena por esta página, os merecéis lo mejor.

    1. Manu Argüelles dice:

      Sí, ciertamente. Paco Roca comentaba que algunos aspectos de su cómic se habían suavizado en el film. Entiendo que el film, de cara a su venta internacional y su pretensión de ser para todos los públicos, haya limado aspectos “duros” del cómic. Porque, ya de por sí, por su temática sobre la vejez y el alzhéimer, no es un film “vendible”. Eso hace que el largometraje sea más cándido que el cómic, lo cual se refuerza también por las partes de música sinfónica (algo que la historieta no puede contar). Porque son dos soportes diferentes, y en consecuencia, dos mercados diferentes. En todo caso, pecata minuta. Muchas gracias por el comentario y por haberte atrevido a llegar hasta el final del texto. Un saludo

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