Blade Runner

El progreso es mentira Por Christian G. Carlos

"Lo mejor de todo es totalmente inalcanzable para ti: no haber nacido; no ser; ser nada. Y lo mejor, en segundo lugar, es para ti - morir pronto."El sabio Sileno al Rey Midas ("El Nacimiento de la Tragedia en el espíritu de la música", Friedrich Nietzche, 1972)

Uno de los muchos artículos que se han escrito sobre la tercera película de Ridley Scott se centraba en lo que la BBC llamó las predicciones cumplidas de Blade Runner. Fue a propósito del trigésimo aniversario de su estreno, y la red enseguida respondió con interés. La lengua mezclada, la inteligencia y moral artificial, el espacio exterior, los coches voladores… todo ello sigue generando una gran atracción entre el público, siempre curioso ante los relatos futuristas. La curiosidad llega hasta tal punto que, tras el resbalón obtenido en taquilla y entre la crítica en un primer momento, su distribuidora asegura que sólo con las ventas posteriores de dvd’s el film ya es un éxito. La explicación que la Warner da a este fenómeno, en el que el formato dvd supera al de las salas de exhibición, es que el espectador quiere poder volver a ver una y otra vez las imágenes, poder detenerse en ellas.

Blade Runner

Y es que, dentro de los muchos aspectos destacables, la innovadora estética es sin duda uno de ellos. El guión es una adaptación de la novela de Philip K. Dick, pero pocos son los ejemplos audiovisuales anteriores que pudieron ayudar al director, siendo Metrópolis (Metropolis, Fritz Lang, 1927) uno de los más probables. El termitero en el que convierte a la ciudad como referencia, pero con acabados muy distintos por la presencia constante de la noche. Scott ha contado en más de una ocasión que el motivo por el que el film es tan oscuro y lluvioso no es otro que el intentar disimular que todo se estaba rodando en un estudio. Aunque fuera una solución más que una motivación, el ambiente marcó y llego a influír en muchas obras posteriores, tanto en cine, como en vídeoclips o incluso en los cómics y los mangas japoneses.

Blade Runner también sobresale por su banda sonora, obra del compositor griego Vangelis, un músico pionero en los trabajos realizados a partir de sonido sintéticos, relacionándose con el New Age, la electrónica o el rock progresivo.

El año anterior se daba a conocer mundialmente gracias al Oscar conseguido por Carros de fuego (Chariots of Fire, Hugh Hudson, 1981). En constante contacto con la vanguardia y lo global, Vangelis siempre se mantuvo cercano a lo clásico y a las raíces de su Grecia. Un trabajo para la representación teatral de Elektra en 1983, justo un año después de los dos grandes reconocimientos en Estados Unidos, ejemplifican el contacto constante que mantiene con la composición clásica. Es lógico que fuera el elegido para realizar la banda sonora de esta obra que, aún siendo futurista, se aferra a lo clásico.

No es sólo que la música combine composiciones clásicas con sonidos más modernos o que parte de los edificios de Blade Runner presenten varios detalles de arquitectura clásica, la nostalgia y el apego al clásico va mucho más allá de lo contingente, especialmente por las dos grandes cuestiones tratadas: la memoria y el miedo a morir, temas primitivos. Los replicantes, unos robots de aspecto e inteligencia idéntica a la humana, sólo viven cuatro años. Ese es el elemento de seguridad que garantiza su destrucción en caso de que su avanzada tecnología les convierta en elementos peligrosos. Pero ni esto ni el control que les mantiene en un planeta lejos de la Tierra han impedido que algunos replicantes se escapen y amenacen con volver. Y lo harán para encontrar a su creador, el poderoso Dr. Eldon Tyrell contra el que se rebelarán, como ocurre en el clásico mito de Prometeo, en una historia que es, de nuevo, tan antigua como los siglos.

Con el poderoso doctor vive Rachael (interpretada por Sean Young), una preciosa y frágil replicante que tiene una diferencia respecto a los otros: no es consciente de su identidad. Sólo cuando Deckard (Harrison Ford) -encargado de dar caza a los replicantes que han llegado a la tierra- le hace uno de los reconocidos tests para identificar a los robots, toma consciencia de que nunca tuvo una madre o una infancia, de que toda su memoria ha sido construída de manera artificial por su creador y está jugando el papel de otra persona. Su nostalgia, su anhelo, es mucho más pesado que el de aquellos que extrañan vivir en el momento de sus recuerdos; Rachel anhela algo que nunca tuvo, algo que nunca tendrá, un vacío.

La cuestión de la memoria artificial se amplía en películas como Ghost in the Shell (Kōkaku Kidōtai, Mamoru Oshii, 1995) o Johnny Mnemonic (Robert Longo, 1995), dedicándole todo el metraje, aunque de un modo mucho menos sentimental que en Blade Runner, donde la fragilidad de la nostálgica Rachael nos atrapa con sus brillantes ojos y por cómo mira a Deckard. Una mirada capaz de hacernos rememorar leyendas dramáticas como las de Tristán e Isolda.

Blade Runner 2

¿Podría ser Blade Runner un drama romántico? Advirtiendo el destino de Rachael, desde luego. Pero es que la peli de Scott es muchas cosas. Una de ciencia ficción, con un drama romántico que, para aderezarlo, también nos ofrece lo mejor del cine negro con la batalla de Roy Batty. El líder del grupo de replicantes es el responsable de ofrecernos ese segundo gran tema clásico de la película: el miedo a morir, la voluntad de perdurar. El cine nos ha dejado varios ejemplos de personajes afrontando su destino final, como Senderos de Gloria (Paths of Glory, Stanley Kubrick, 1957) o Ángeles con caras sucias (Angels with dirty faces, 1938, Michael Curtiz). Especialmente interesante esta última por cómo nos permite relacionar los géneros y el papel de James Cagney con el de Rutger Hauer. Dos de los tipos más duros que enfrentan serenamente su condena dejándonos un gran mensaje final. En el caso de Hauer, con la inolvidable intervención de Batty: “He visto cosas que jamás creeríais…”.

Es en esta intervención final de Hauer es donde termina de verdad la película, aunque después las diferentes -¡hasta 7!- ediciones de montaje muestren otro final a conveniencia del que edite. Nos quedamos con Batty, con todo aquello que ha visto, con su memoria, creada con la más alta tecnología futurista, que también desaparecerá. Scott nos lo deja claro: el futuro no sólo no ha vencido los miedos más primitivos del ser humano, sino que además ha empeorado su existencia. El progreso es mentira. Todo lo que nos espera será peor, las mismas atrocidades, la misma displicencia, sólo que a ritmo más veloz gracias a las nuevas tecnologías. Una película más nostálgica que futurista.

TRAILER:

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Comentarios sobre este artículo

  1. […] vamos más allá, vamos a pensar en el protagonista: recuerdos prefabricados no al estilo Blade Runner (Ridley Scott, 1982), Cypher (Vicenzo Natali, 2002) o Dark City (Alex Proyas, 1998). Mucho peor. […]

  2. […] Sin embargo, hoy en día, se encuentra entre las más influyentes de la historia del cine. Según Cine Divergente “…tras el resbalón obtenido en taquilla y entre la crítica en un primer momento, su […]

  3. […] cómo nos la nuestra. A agradecer ese alejamiento (apostamos que consciente) de la estética Blade Runner (Ridley Scott, 1982), siendo el único elemento visual referido al futuro la casi inapreciable […]

  4. […] humano? Roy pronunciaba aquellas inolvidables palabras (que, por cierto, no estaban en el guión de Blade Runner): “All those moments will be lost in time, like tears in rain”… mientras que […]

  5. […] chino realmente convence), no entendemos esa necesidad imperiosa de querer reproducir la ciudad de Blade Runner (Ridley Scott, 1982). Sí, el cuento también es de K. Dick… ¿y? Es tan evidente el intento […]

  6. […] por un omnipresente Ralph Fiennes, que inevitablemente nos recuerda al solitario Deckard de Blade Runner (Ridley Scott, 1982). Fiennes, sabedor de que sólo con una mirada es capaz de transmitir los […]

  7. […] los aciertos del director: el inicio, en la discoteca, personalmente me evoca al ambiente creado en Blade Runner (1982) por su hermano, Ridley Scott. Después, la mansión de Myriam y John, con una mezcla de […]

  8. […] Scott, tras haber filmado películas tan memorables como Alien (1979) y Blade Runner (1982), se embarcó en rodar una historia diametralmente opuesta: abandona la distopía futurista […]

  9. […] es la realidad sino lo que uno mismo percibe?) que os traslada a pensar en los replicantes de Blade Runner (Ridley Scott, 1982), la referencia más básica a la que nos podemos referir en cuanto a esta […]

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