Deadpool

Delirante e impredecible antihéroe Por Fernando Solla

"See? Once again our explosive personality wins the day!"Deadpool (Keith Arem y Sam Miller, videojuego de 2013)

La premisa de Deadpool es insólita. En el cómic, criminal juvenil. Mercenario y homicida, después de abandonar el ejército. Madre muerta de cáncer y padre violento, militar asesinado por un compañero. Enamorado de una prostituta y diagnosticado con un cáncer terminal. Por otro lado, tenemos a Tim Miller. El realizador, que proviene del terreno del cortometraje de animación, rodó Iron Man, Hulk & Spider Man (2006), influyendo en la recreación del temperamento de los personajes de la primera entrega de Iron Man (Jon Favreau, 2008), así como en Los Vengadores (The Avengers, Joss Whedon, 2012). En tercer lugar, la presencia de Ryan Reynolds, como protagonista (y coproductor del filme) interpretando a un personaje que no le es del todo extraño. Aunque con un planteamiento opuesto y muy discutido, el canadiense ya fue Wade Wilson (alter ego de Deadpool) en X-Men orígenes: Lobezno (X-Men Origins: Wolverine, Gavin Hood, 2009) y, aunque el verde no pareció sentarle tan bien, asumió la identidad en la gran pantalla de otro superhéroe (esta vez de DC Comics) en Linterna Verde (The Green Lantern, Martin Campbell, 2011).

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No se trata tanto de analizar la bibliografía previa como de apuntar algunos detalles sobre los que se bromeará durante todo el largometraje. Sin abandonar el contexto del mainstream cinematográfico sí que nos acercamos, desde un escenario más ligero y antes gamberro que anárquico, a la iconoclastia del Tyler Durden personificado por Brad Pitt en El club de la lucha (Fight Club, David Fincher, 1999). El vestuario del Wilson pre-conversión parece sacado del armario del primero, así como la caracterización chulesca y macarra. En una escena del largometraje, el protagonista acudirá a un club de similares características buscando a su rival. Por si esto fuera poco, la narrativa del filme de Fincher será evocada en la conversación de Deadpool mantendrá con su peculiar compañera de piso Blind Al sobre qué opción es la mejor (de entre todos los muebles de Ikea) para su cochambrosa casa. El momento extradiegético en el que el catálogo de la marca aparecía sobreexpuesto sobre la imagen, con gráficos informativos en realidad aumentada, servirá de base para la secuencia inicial en la que el mismo Deadpool dinamita el lenguaje narrativo y los lugares y personajes comunes propios en las adaptaciones cinematográficas de cómics. Voz en off y stop motion para situarnos en plena secuencia de acción.

Esta opción queda plenamente justificada por la voluntad de Miller de filmar una viñeta tras otra.

Teniendo en cuenta los indicadores que anuncian con Deadpool el inicio de una nueva franquicia, el realizador renuncia a utilizar esta primera entrega a modo de presentación del personaje y como libro de estilo.

Todo esto sucederá, por supuesto, pero no de la manera habitual. Conoceremos antes a Deadpool que a Wade Wilson para luego, a modo de flashback, descubrir sus orígenes y su condición de mutante, no superhéroe. El cómo ha llegado hasta aquí y la verdadera motivación para luchar contra el malvado Ajax, tampoco será el habitual. Sin querer desvelar más de lo necesario, el porqué de Wilson para convertirse en mutante y el de Deadpool para perseguir a Ajax, cáncer de por medio, tampoco tendrán la magnitud moral a la que estamos acostumbrados. Y por último, el tratamiento de la violencia. Explícita e hiperrealista como no veíamos desde la apabullante Watchmen (Zack Snyder, 2009). Como decíamos, viñetas cinematográficas con toda la fuerza expresiva que una imagen pueda contener y como texto el chascarrillo de turno. El humor grueso y su desmesura será uno de los grandes logros del filme.

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El guión de Rhett Reese y Paul Wernick ha sabido trasladar la esencia del personaje del papel a la gran pantalla sin perder ningún detalle de su carácter y adaptándose al estilo narrativo de la película. Como protagonistas principales, además de Wilson, han seleccionado a una muestra más que representativa de los personajes de los cómics. Vanessa Carlysle (Morena Baccarin) será la novia de Wade Wilson antes de su transformación, si bien no se muestra toda la evolución del personaje en esta primera entrega. Weasel (T. J. Miller), el colega del protagonista (del que no conoceremos el pasado como en el cómic) y que siempre está dispuesto a echarle una mano, propiciará algunas de las bromas y chistes más ocurrentes, así como participará de la ruptura constante de la cuarta pared, interpelación que también encontramos en el material original. Blind Al (Leslie Uggams) como anciana compañera de piso (prisionera en los cómics) del protagonista es el ejemplo más claro de la voluntad de no recrear cronológicamente el desarrollo de los personajes. Parece como si se nos mostrara el presente de todos ellos, después de lo que ya han vivido en las distintas entregas sobre el papel. Más un complemento entre formatos que una traslación prototípica. En el lado de los mutantes, tendremos dos bandos. Colossus (Stefan Kapicic y Greg LaSalle) y Negasonic Teenage Warhead (Brianna Hildebrand) como “amigos” y el ya nombrado Ajax (Ed Skrein) y Angel Dust (Gina Carano) como enemigos.

Todos estos personajes se usarán para bromear sobre su aparición en otros títulos de la casa, así como para evidenciar y cuestionar la moda actual del reboot. Colossus protagonizará uno de las inocentadas más incisivas cuando Deadpool muestre su desconcierto ante la continuidad de las dos sagas de X-Men. Desternillante la referencia al profesor Charles Xavier y a los dos actores que le han dado vida: Patrick Stewart y James McAvoy. Del mismo modo, Ryan Reynolds se parafraseará a sí mismo como actor desde su personaje: “¿Acaso creéis que R. R. ha llegado donde está por ser buen actor?” o “…vestido verde no, que no me sienta bien” es lo más amable que se dirá. La elección del actor para el personaje protagonista ha sido un gran acierto para llegar a conseguir el tono irreverente del resultado final. Bromas a costa de Hugh Jackman, cuyo Lobezno fue enemigo de Wilson, Sinead O’Connor (por su parecido con Negasonic) y un sinfín de referencias a la cultura popular de las últimas décadas hacen de Deadpool un homenaje no tanto hacia un personaje como hacia toda una época y unos referentes culturales (que quizá por estos lares no han llegado con la misma fuerza). ¡Hasta se recupera a Bernadette Peters como mito erótico de décadas atrás!

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Finalmente, y más allá de la fidelidad (que la hay) o no hacia el material original Deadpool supone un triunfo considerable por seguir indagando en un discurso narrativo que parecía empezar a agotarse. Reflexionando sobre la codificación genérica, los reboots, precuelas y secuelas a través de un ejercicio metacinematográfico insólito, se colarán constantemente referencias cinematográficas a títulos más o menos icónicos de las últimas décadas, de este o cualquier género. Por la constante y divertidísima ruptura de la cuarta pared, su sentido del humor salpicado con altas dosis de ultraviolencia y la interpretación de Reynolds el visionado ya es prácticamente forzoso. Y como dice el protagonista en el planteamiento inicial, “los verdaderos héroes son los guionistas…”.

 

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