Desafío Total (2012)

Kuato lives... hoy más que nunca Por Arantxa Acosta

"Fingimos lo que somos; seamos lo que fingimos"Pedro Calderón de la Barca

En una sociedad en la que la monotonía impera en nuestras vidas, ¿quién no ha ha tenido nunca la fantasía de ser alguien que no es? Amante, espía, héroe… Si existiese una forma de poder implantar en nuestra mente recuerdos artificiales de estas fantasías, tan reales que nunca nos cuestionásemos su veracidad, ¿lo haríamos? ¿Pagaríamos por engañarnos a nosotros mismos? Y, en caso de que fuera así, ¿cuáles serían las consecuencias? ¿Cómo reaccionarían nuestros allegados? O, lo que es peor… ¿Nos cuestionaríamos quienes somos nosotros realmente, si cabe la posibilidad de que todo lo que creemos saber, ser,  simplemente es un implante en nuestro cerebro?

Philip K. Dick nos invita en las escasas páginas de su Podemos recordarlo por usted, al por mayor, a plantearnos todas estas preguntas, siguiendo los pensamientos y acciones de Quaid. Adicionalmente, se trata de una excelente crítica al gobierno y una cruda reflexión acerca de las posibilidades de ser o no dueños de nosotros mismos y nuestras acciones. Una clara invitación a tomar las riendas de nuestra vida, que hace ya más de veinte años Paul Verhoeven supo potenciar otorgando a su Desafío Total (Total Recall, 1990) la ambigüedad que K. Dick ya nos dejaba entrever en su corto relato. ¿Es Quaid un verdadero héroe, o ha comprado su ilusión? La asombrosa escena inicial en el desierto de Marte no deja lugar a dudas, pero, en cualquier caso, ¿es cuestionable, por el resto de la humanidad, dejar que alguien se nutra de sus fantasías?

Un guión redondo, en el que no sólo se explota que Quaid viaje a Marte y sea capaz de salvar a sus habitantes, sino que hay cabida también para el repetido cuestionamiento de si todo lo que está pasando es o no real (escenas con clara influencia en la posterior Matrix – hermanos Wachoswski, 1999), sabiendo, además, coger todos los elementos básicos del cuento y darles cabida a lo largo del film (el rastreador en el cerebro, la fantasía de tener a otra mujer, el matar a alguien contrario a los ideales del Gobierno en el planeta rojo, el tener que someterse dos veces a las técnicas de Rekall Inc….), pero desde una perspectiva mucho más comercial. Y es que para enrolar al espectador no se podía explotar el sentimiento del Quaid del libro, cuando el recién descubierto espía se entrega de forma voluntaria para que manipulen de nuevo sus recuerdos y pueda pensar, creer, que sigue siendo un funcionario el resto de sus días. Curiosa reinterpretación, entonces, que convierte a Desafío Total, sin duda, en un film de culto de la ciencia ficción.

Y, entonces, llega Len Wiseman. El “sabio” al que se le da la oportunidad de reinterpretar Desafío Total. El resultado, sin duda, no puede ser más irregular.

En primer lugar, nos confunde el hecho de que se trate de un remake que abandona deliberadamente la esencia del primer film, entendiendo como tal el claro planteamiento de Verhoeven, y de K. Dick de querer confundir al espectador. Seguro que muchos no están de acuerdo con esta afirmación pero, seamos claros: el sueño inicial de Quaid en esta revisión no puede ser nunca interpretada como un sueño, sino como un recuerdo del protagonista. Un recuerdo que le hará descubrir finalmente el engaño del enemigo hacia el final del film, eliminando entonces, y aunque se intente lo contrario, dejar la semilla de duda al espectador. En algún momento podemos pensar que los reflejos en pantalla son una forma subliminal de demostrar que no se está en un plano real, pero a medida que avanza el metraje se nos antojan un truco estúpido para demostrar que los coches vuelan a la altura de las ventanas, y ya está. En fin… Así, los elementos que nos aporta el remake de Desafío Total están tan claramente balanceados hacia que todo es real que el espectador sólo puede limitarse a disfrutar de las (excesivas) carreras de coches y explosiones.

 

Podríamos pensar, también, que se trata de una adaptación libre del cuento de K. Dick… pero claramente tampoco lo es. Y aunque la idea, a priori, de centrar el planteamiento en la búsqueda del yo en lugar de la manipulación que uno mismo, los medios o el gobierno pueden ejercer sobre nosotros es loable, es una premisa que se diluye rápidamente por querer demostrar que tras veinte años los efectos especiales han mejorado, y mucho (aunque, para qué engañarnos, son mucho más impactantes los de la película inicial, aunque sólo sea por sacar el máximo partido a los pocos medios de los que se disponía. ¿Alguien será capaz de olvidar a Schwarzenegger con una toalla mojada enrollada en la cabeza sacándose por la nariz un enorme localizador rojo?).

Eso sí: posiblemente uno de los pocos planos que tienen sentido en esta película y su notable viraje respecto el film de Verhoeven es el de Quaid en el metro leyendo a Ian Fleming. Un guiño a James Bond, al personaje que en el que el protagonista anhela convertirse. Y una clara demostración de principios: el protagonista de esta adaptación deberá enfrentarse a sus miedos en una Tierra post-apocalíptica tras la gran guerra química. Y sus enemigos serán terroristas y corruptos más vinculados la opresión de los humanos, que la de unos marcianos. Más realista, sí. Pero también menos convincente… por no saber urdir una trama que nos haga posicionarnos. Porque si algo era asfixiante en el film de Verhoeven era la incertidumbre, la tensión de saber si se iban a morir todos los marginados de Marte, de si Quaid iba a conseguir salvarles. Quaid somos nosotros. Pero aquí, en esta nueva versión, no se da en ningún momento esa situación limite, queriendo recordar que el peligro terrorista, y la política menos transparente, nos rodea. Imposible no pensar en el 11-S, en las guerras, en la política actual… pero, ¿es Desafío Total una película que deba centrarse en transmitir ese mensaje? Quizá sí, pero no se ha sabido manejar. El remake se queda en una sucesión de imágenes correspondientes a confusas persecuciones. Poco más. Y, finalmente, esta desviación realista de la trama se nos antoja más bien aburrida y, si te apuras, fuera de lugar.

El querer dotar a nuestro protagonista de una conciencia reflexiva sobre el por qué de su vida, que inicialmente nos interesa (ya hemos dicho que la búsqueda del yo es posiblemente otro de los mensajes del cuento de K. Dick), se queda en una repetición de escenas sin sentido en las que Quaid repite sin cesar que le gustaría ir a Marte, que quiere ascender en su trabajo, que no sabe quién es… y, otra vez, poco más. Escenas que aportan tan poco valor como las de él en el trabajo (por cierto: dos operarios con el mono de trabajo atornillando robots… ¿y de repente uno se saca la tarjeta de Recall del bosillo para dársela a Quaid y recomendarle visitar la empresa? Sobrepasa el límite de poco-creíble), él hablando con el jefe del por qué de no ascenderle, él en un bar diciendo que necesita algo en su vida… Escenas formalmente muy bien hechas, eso sí, pero cuyo conjunto aburre, y sobremanera, al no converger en un desenlace que ejemplifique la transformación del protagonista  (eso, claro, si no contamos el momento en el que, “solemnemente”, Quaid pronuncia las palabras de que él es quien es ahora, y no su pasado… una acertada pero precipitada conclusión). Con tanta escena de acción es imposible tener tiempo para hilar bien la “iluminación”: da igual que no sepas quien has sido, eres quien crees que eres: seamos lo que fingimos.

Continuamos. Hablando de escenas bien hechas, es imposible no comentar lo incongruente de sus imágenes e interpretación de la (¿necesaria?) puesta en escena. Aunque es evidente que debe romperse una lanza a favor de ella (la ciudad – colonia de los trabajadores está muy bien conseguida, la representación del barrio chino realmente convence), no entendemos esa necesidad imperiosa de querer reproducir la ciudad de Blade Runner (Ridley Scott, 1982). Sí, el cuento también es de K. Dick… ¿y? Es tan evidente el intento de copia que incluso aparecen personas de distintas nacionalidades… porque sí. Más: darle a Rekall Inc. un halo místico. ¿Por qué? Una empresa que se anuncia en las pantallas del metro… ¿es pseudo-clandestina, oculta entre los prostíbulos de Chinatown? No tiene ningún sentido. Unos efectos especiales fascinantes (los momentos de ingravidez, por ejemplo, son de lo mejor del film), cierto. Pero nos seguimos preguntando a qué viene tanto despliegue de medios. ¿No hubiese sido más “sabio” desarrollar un mejor guión?

 

Lo que me lleva a otra decepción: el intento de alargar innecesariamente el metraje con un guión que no lo sostiene. Eliminando la aventura de trasladarse a Marte y convertir a Quaid en un héroe, el hecho de situar la trama en una conspiración del Gobierno para poner al pueblo en contra de la resistencia no aguanta las casi dos horas de metraje. Por eso se recurre a demasiadas escenas de acción, a demasiadas escenas en la fábrica, a, incluso, hacer que el protagonista tenga que hablar dos veces consigo mismo (por supuesto, con una persecución en medio) para comprender qué está pasando. Aunque, claro, un guión en el que alguien queda suspendido en la boca del abismo aguantado sólo con una mano la friolera de hasta tres veces… no dice mucho de los hasta seis guionistas con los que ha contado el film. Y, ¡ah! La falta de malicia en la interpretación de un Colin Farrell al que le va más que grande un papel que, aunque no lo esperásemos en su momento, e incluso no nos hayamos dado cuenta hasta ahora, bordó Schwarzenegger. La doble moral de Hauser, escondida en su mente, se difumina aquí, presentando a un héroe tramposo sólo distinguible por la chupa de cuero y la barba sin afeitar. Como decíamos, un excesivo metraje que parece querer demostrar en qué se han gastado el dinero (¿un teléfono integrado en la palma de la mano? Dios…. ) en lugar de ahondar en el perfil del personaje principal. Y unos secundarios cuya poca presencia justifica seguramente la falta de desarrollo de su personalidad.

Personajes totalmente planos, menos, curiosamente, el de una Lori muy bien definida como mezcla de la esposa engañosamente tonta interpretada originalmente por la magnífica Sharon Stone y el implacable matón que en la primera era Ritcher/Michael Ironside. Es evidente que la actriz se apoya totalmente en la interpretación que éste hizo de su personaje, tanto que casi vemos la cara de Ironside… un personaje que podría haber dado muchísima fuerza a la nueva historia, y que se queda finalmente en la retina del espectador como una mera ilusión de lo que pudo ser, ya que sólo la vemos pasear de arriba abajo, continuamente, con cara de mala leche y rodeada de robots policía. Cohaagen queda en un lamentable segundo plano, y el nuevo líder de la resistencia, Matthias, tiene tan poca relevancia que se nos antoja más un pelele que el líder de la horda de insumisos que debe liberar al mundo de la opresión gubernamental. El hecho de que Hauser sea el que ha ayudado a Cohaagen a encontrar a los rebeldes sin verse en ningún momento que él ha participado en el plan deliberadamente, sólo nos hace pensar que el juego de Rekall se basa en ser un almacenador de memoria, y poco más, para Wiseman. Jugar con la mente de forma química, utilizando el cerebro como una biblioteca con estanterías, a lo Johnny Mnemonic (Robert Longo, 1995), y no como excusa para pensar sobre la manipulación de nuestra realidad. Y, ya que estamos: ¿Dónde está Kuato? Si con algo nos emocionamos fue con la muerte del peculiar líder de la resistencia… ah, ok, que no es un remake de la película…

Y, tras tanta desilusión, incluso sientan mal los guiños al film de los 90. ¿Qué hace una mujer con tres pechos en el barrio chino? ¡Es el único mutante que se muestra en el film!. Desentona, por mucho que sea un secundario/referente en la película de Verhoeven. Se agradece también la aparición de la mujer obesa en el control del transporte, pero se echan de menos elementos tan importantes como el robot-taxista, que también aparece en el cuento de K. Dick.

Entonces, ¿qué aporta esta adaptación? Absolutamente nada. Ni tan solo puede considerarse una forma de acercar el relato de K. Dick a la juventud cinéfila de hoy en día (eso sí, todos son guapos y esbeltos, cómo no). El título del cuento, Podemos recordarlo por usted, al por mayor, es la frase que se nos viene a la mente a cualquier persona de las generaciones de los 70 y principios de los 80 al ver cómo los más jóvenes van a perder el tiempo viendo esta falta de criterio a la hora de adaptar a K. Dick. Una desafornunada versión de Wiseman, que lamentablemente no da ejemplo a su apellido. Pero, ¡eh! ¿Qué podemos esperar si se escoge como director al creador de Underworld (2003)?

TRAILER:

Share on FacebookTweet about this on TwitterGoogle+Email to someone

Comentarios sobre este artículo

  1. [...] que se resumen a una única, y que el último caso en la cartelera lo hemos encontrado en  Desafío Total. Así que adicionalmente a elementos como la moto voladora, o la droga que se aplica a través de [...]

  2. Sofia Martínez dice:

    La propuesta es atractiva, si lo vemos desde el punto de vista gráfico, pues no puedo negar que visualmente se disfruta mucho por las escenas bien logradas y los efectos especiales. Por otro lado hace tiempo la vi por casualidad en HBO Go series y me llevé grandes sorpresas pues es muy atractiva y entretenida. Una excelente opción para tarde de películas con los amigos.

  3. […] (íd. Robert Longo, 1995), Cypher (íd. Vincenzo Natali, 2002), Metropia (Tarik Saleh, 2009), Desafío total (Total Recall. Len Wiseman, 2012) –afortunado remake del título homónimo dirigido en 1990 por […]

  4. […] que se resumen a una única, y que el último caso en la cartelera lo hemos encontrado en  Desafío Total. Así que adicionalmente a elementos como la moto voladora, o la droga que se aplica a través de […]

Comenta este artículo

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.

Puedes usar las siguientes etiquetas y atributos HTML: <a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <cite> <code> <del datetime=""> <em> <i> <q cite=""> <strike> <strong>