Días Extraños

Distopía incomprendida Por Arantxa Acosta

"Siempre nos quedará París"Casablanca (Michael Curtiz, 1942)

Con Le llaman Bodhi (Point Break, 1991) Kathryn Bigelow demostró que el género de acción no está en absoluto reñido con la dirección femenina. Y es que si por algo será recordada esta película (a parte de por el uso de la técnica “noche americana” en las escenas de surf…) es por la escena del atraco de los presidentes americanos, que nada le tiene que envidiar a un, por ejemplo, Michael Mann. Poco después Bigelow, ayudada en el que por aquél entonces era su marido, James Cameron (que firma el guión y montaje), se embarca en la que para muchos es la mejor película de su filmografía: Días Extraños. Ahora es sin duda película de culto, y de cabecera, para cualquier amante del cine distópico, pero sigue sorprendiendo el hecho de que mucho aficionado al cine fantástico descozca aún la existencia de este film.

29 de Diciembre de 1999. Una sociedad corrupta, más preocupada de disfrutar de los preparativos para la llegada del nuevo milenio que del asesinato de Jeriko One, un rapero comprometido con las minorías. Una sociedad basada en el individualismo, en la que la droga de moda es poder disfrutar sintiendo las sensaciones de otros, a través de sus recuerdos. Los hombres quieren saber qué siente una mujer, aunque sea en un momento tan inocente como el de tomar una ducha. Pero también quieren sentirse asesinos, violadores. Experimentar cosas que no serían capaces de hacer nunca por ellos mismos. Y Lenny Nero es el Santa Claus del subconsciente. El hombre que hará realidad sus sueños. El hombre que ha perdido cualquier aliciente en su vida, después de ser expulsado de la policía y de haber perdido al amor de su vida… amor que puede recordar gracias a la droga con la que él mismo trafica. Realidad virtual, enchufada directamente a tu cerebro.

Una sociedad en la que la droga da trabajo a miles de personas, editores, actores, traficantes. Una droga que puede ser el desencadenante de un mundo pre-apocalíptico, en el que Lenny Nero se alzará como héroe involuntario para hacernos pensar, finalmente, que no todo está perdido.

¿Por qué tuvo tan poco éxito Días Extraños? Por hablarnos de un mundo tan real como el nuestro.

Un mundo enmascarado en una distopía cyberpunk tan asimilable a nuestros propios días que da miedo. No olvidemos que el emplazamiento temporal se situaba sólo cuatro años más adelante a la fecha actual. A nadie le gusta ver de forma tan directa el horror de la especie humana.

Como decíamos, la directora nos introduce en un film del subgénero cyberpunk (ese año se produciría también otro con irregular resultado pero también original en su concepción, Johnny Mnemonic – Robert Longo; 1995, no en vano la historia la firma William Gibson), combinado con el mejor thriller de acción policíaco (aunque sus ganas de explotar esta vertiente, más conocida por ella, hacen que el resultado final decante demasiado la balanza), proponiendo al espectador que se emplace en un mundo distópico demasiado parecido al actual, cosa que nos remueve y, a muchos, nos horroriza. Una temática que bien nos recuerda a Proyecto Brainstorm (Douglas Trumbull, 1983), en la que dos doctores inventan una máquina que puede leer las ondas cerebrales, y en la que se cuestiona el uso de la ciencia.

Y es que es inevitable pensar que Bigelow retrata sin tapujos a nuestra sociedad actual, más preocupada en la satisfacción individual que en el bien común, donde la corrupción de políticos, policías y demás autoridad está, lamentablemente, a la orden del día. Estamos vacíos, vivimos de experiencias pasadas, necesitamos recordar momentos mejores. No, no podemos gozar a través de los recuerdos. Pero sí estamos tan solitarios como para drogarnos así. Evadirnos en nuestros propios recuerdos, o vivir las experiencias de otro, como ¿cuando vamos al cine a ver una película?

Un mundo en el que los héroes pasan desapercibidos incluso para ellos mismos, ya que la presión que ejerce la masa es tan elevada que si no quieres formar parte de ella, o simplemente no se te quiere considerar uno más porque tienes ideas que pueden suponer un peligro, eres apartado, desterrado. El caso de Lenny es claro: es demasiado fiel a sus principios, no puede ser corrompido… por lo que se le margina y se le aboca a hacer lo que más odia.

Bigelow centra todo el peso de la historia en Lenny, interpretado magistralmente por un omnipresente Ralph Fiennes, que inevitablemente nos recuerda al solitario Deckard de Blade Runner (Ridley Scott, 1982). Fiennes, sabedor de que sólo con una mirada es capaz de transmitir los sentimientos del protagonista, es el encargado de que sintamos la rabia, e impotencia que él mismo experimenta al tener que visionar los clips de los asesinatos.  Le acompañan un siempre correcto Tom Sizemore (el papel de amigo “fiel” le va como anillo al dedo), una irregular Juliette Lewis, demasiado centrada en exhibirse que en pronunciar creíblemente las líneas del guión, y Angela Bassett, exagareda también en su papel de camarera convertida en pseudo-gorila, aunque mucho más centrada que Lewis.

Las interpretaciones se ven potenciadas por el buen saber hacer de la directora, que lejos de edulcorar el retrato social se centra en potenciar la cruda realidad y, lo que es peor para el espectador, rueda magistralmente unas imágenes donde la mirada subjetiva del protagonista se convierte en la mirada directa del espectador. Un formato que otros films han querido repetir, sin conseguir el impacto de Bigelow. Una visión que te obliga a sentir, a no apartar los ojos de unas imágenes que también está reviviendo junto al protagonista. El prólogo del film o el asesinato del rapero son planos secuencia memorables, pero sobretodo, la violación de la chica que es obligada a sentir lo que el asaltante siente al forzarla, a ver lo que él ve – ella misma siendo violada… es tan cruel como brillante. Pero no sólo estos planos secuencia son lo mejor técnicamente del film. Es más que destacable la secuencia con la cámara dando vueltas rápidamente alrededor de los tres protagonistas, yendo y viniendo de Fiennes, Bassett y Sizemore, en el momento crucial en el que Lenny hace aflorar la responsabilidad que hace años le definía, pensando en cómo atrapar al asesino y planeando la mejor forma de llegar a las autoridades.

La puesta en escena es también admirable: coches actuales, incluso de la década anterior, nos hacen emplazar rápidamente el momento temporal, consiguiendo no obstante hacerla atemporal, o como mínimo no relacionarla totalmente con nuestros días, por los trajes de los personajes (esas combinaciones imposibles camisa – corbata ancha de Lenny…). Un ciudad oscura, un piso destrozado, una discoteca decadente… igual que la decadente sociedad. El estilo que quiere conseguirse es sin duda el de las mejores del género, como pueden ser la ya citada Blade Runner, e incluso Terminator (James Cameron, 1984), y su temática ha influenciado a películas posteriores, entre ellas por ejemplo La memoria de los muertos (The final cut, Omar Naim, 2004) y más recientemente, el capítulo The entire history of you de Black Mirror (Brian Welsh, 2011).

Por supuesto, en un film de las características, imposible pensar en una banda sonora que no sea básicamente roquera y punk. Así, la música de la película es el resultado de una muy buena selección de canciones que podrían tildarse de “apocalípticas”, interpretadas por grupos que en su momento se dieron a conocer a un mayor público gracias a este film, entre ellos el fabuloso Skunk Anansie (“Selling Jesus” es el tema principal) o una de las primeras incursiones musicales de Juliette Lewis (que desde hace ya unos años ha decidido desarrollar su carrera no tanto en el cine como con su grupo Juliette and The Licks) versionando uno de los temas más conocidos de P.J. Harvey, “Hardly Wait”, y regalándonos una de las escenas más sensuales de Días Extraños, intercalando a un Ralph Fiennes que recuerda los momentos que no podrán repetirse… Completan la selección Peter Gabriel y Deep Foest, que, en su línea de experimentadores, aportan los temas más electrónicos, muy en línea con lo que esperamos de una sociedad futura que, a día de hoy, ya hemos dejado atrás. ¿O no?

Si bien es cierto que sus más de dos horas de duración no son de ayuda para llegar a más público (y más si claramente pueden verse reducidos), Días Extraños merece colarse en el top de películas más influenciables de la época dentro de su género, ya nos permite reflexionar sobre la soledad dentro de una sociedad que no permite rebeldía, sobre cómo utilizar los conocimientos que el hombre está adquiriendo a pasos agigantados sin que ello nos aboque inevitablemente a la autodestrucción y, sobre todo, sobre la necesidad de no ser engullido por la masa, y ser fiel a tus principios. Sin ellos, estás perdido.

TRAILER:

 

 

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Comentarios sobre este artículo

  1. [...] ya decía al escribir sobre Días Extraños (Strange Days, 1995), a Kathryn Bigelow no le hace falta demostrar que el género de acción no [...]

  2. […] Tron (Steven Lisberger, 1982),  El cortador de césped (The Lawnmower Man, Brett Leonard, 1992)y Días extraños (Strange Days, Kathryn Bigelow, 1995) pero que alcanzó su máxima expresión en la saga The […]

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  5. […] Fuente: http://cinedivergente.com/criticas/largometrajes/dias-extranos […]

  6. […] el que nos gusta recordar (con algo de masoquismo) cuando ya no existe, com hacía Lenny Nero en Días extraños (Strange Days, Kathryn Bigelow, 1995). Así que hacia el final del metraje Noé incluirá […]

  7. […] 3. “Paranoia is just reality on a finer scale” Philo Gant – Días extraños […]

  8. […] hablar de la experiencia de Lenny Nero y el (masoquista) disfrute de sus recuerdos en la de culto Días Extraños (Strange Days, Kathryn Bigelow, 1995). Así que escuchar que en apenas dos años esta tecnología […]

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