El destino de Júpiter

El nuevo y bienvenido cuento de los Wachowski Por Arantxa Acosta

"Salaga-doola, menchika-boola, Bibbidi-bobbidi-boo.
Put them together, and what have you got? Bibbidi-bobbidi-boo.
Salaga-doola, menchika-boola, Bibbidi-bobbidi-boo.
It will do magic, believe it or not, Bibbidi-bobbidi-boo.
Now, Salagadoola means, A-Menchika-boola-roo,
but the the thingamabob, that does the job, is Bibbidi-bobbidi-boo."La cenicienta (Cinderella, Clyde Geronimi, Wilfred Jackson, Hamilton Luske, 1950)

Una mujer que desconoce su poderoso destino, un guerrero que hará lo que sea para protegerla de un malvado villano. Ejércitos a favor de la recién llegada, y hordas de enemigos al servicio de sus detractores. Y el triunfo de un amor inocente por encima de todo, y todos.

¿Nos suena? Por supuesto. Pero:

Imaginemos un Universo interconectado, en el que el ser humano descubre que su planeta de origen no es la Tierra. Imaginemos al hombre traicionando a su propia especie con el fin de conseguir la vida eterna. Imaginemos un avance tecnológico que permite cruzar ADN para crear hombres, seres mejorados… Imaginemos al “hombre” gobernando al resto de las especies, al resto de planetas.

Imaginemos también que no dejan de existir las castas, y que la ingeniería genética tiene como único propósito el crear sirvientes que mantengan adecuadamente la pirámide social. Imaginemos que no dejamos de ser las “pilas” para la supervivencia de otros mucho más poderosos. Los que controlan el comercio, el Gobierno, el dinero. La inútil burocracia. Para seguir siendo los amos durante milenios.

Imaginemos que las ansias de poder por parte de unos pocos no son capaces de cambiar un destino predeterminado por las estrellas. Que una cosa es controlar el ADN, y otra muy distinta es controlar los sentimientos.

Para explicar todo esto en algo más de dos horas, hombre… quizá no sea tan mala idea potenciar las imágenes al máximo, crear todo un imaginario para el disfrute del espectador, para atraparle en un Universo lleno de belleza y verosimilitud. Ciudades oscuras como una futurista o alternativa Chicago, aldeas de otros mundos tan bellas como Rivendel, naves espaciales con tripulaciones multiplanetarias, sofisticados hombres-lobo o militares-dinosaurio. Todo cabe, y todo es necesario para comprender la propuesta de los Wachowski.

Si algo consigue El destino de Júpiter es abrumarnos con todo el espectáculo visual creado alrededor de la pareja protagonista. Y hacernos desear que todo ello sea posible.

Así que sí: echamos de menos que todo este imaginario no se nutra de un cuento menos básico, aunque modernizado, que el de La cenicienta o la Bella y la Bestia. De hecho, los propios directores aluden a estos dos clásicos en su propio guión, siendo conscientes de la base argumental que están presentando. Pero no dejemos que esa supuesta superficialidad argumental nos decante a denostar la película, sería muy irresponsable. El amor incondicional por la ciencia ficción de los Wachowski se palpa en cada fotograma. Si la película no es redonda, que no lo es, no es excusa para no aplaudir el arrojo de finalizar su producción: llevar a buen puerto una propuesta como la de El destino de Júpiter no debe tildarse de arrogancia, sino de genialidad. 

El destino de jupiter 3

La imaginación de los hermanos desborda la pantalla, y nos atrapa. Miremos hacia atrás en la filmografía de los Wachowski para confirmar la coherencia de su discurso (coherencia muy interesante, dicho sea de paso): hace años que la mejor película de los Wachowski dejó de ser Matrix (1999). Las aventuras que vivirá Júpiter son la excusa que encuentran los directores para exponer, de nuevo y ahora desde otro punto de vista, su obsesión acerca de la verdadera naturaleza del hombre, su lugar en el mundo, y la forma, más o menos moral, en la que se organizará si quiere sobrevivir.

De esta forma, se muestran incrédulos ante la existencia de una vida ordinaria, dando crédito al nacimiento de personas con un destino marcado, personas que sí o sí tienen un lugar destacado en esta máquina que es el Universo. En Matrix se apoderaban de la creencia religiosa de la llegada de un Mesías capaz de sacrificarse por su pueblo; en la excelente adaptación del libro homónimo de David Mitchell, El atlas de las nubes (Cloud Atlas, 2012), introducían ya la espiritualidad, destacando a personas “marcadas” y a la existencia de la reencarnación del alma; ahora en El destino de Júpiter desarrollan ese mismo concepto en un guión propio, relacionándolo con la posibilidad de que esa reencarnación tenga más que ver con una segunda oportunidad para unos genes (¿reflejo del alma?) escogidos como mágicos por la red tejida por las nornas. Es decir, nos hablan de una continuidad física, y no mental o religiosa. De hecho, algo de lo que muchos retractores del anterior film se quejaban era precisamente que fuesen los mismos actores los que encarnasen a los distintos personajes. Ahora, se constata que era el preludio a la idea que tienen los Wachowski acerca de la importancia de la genética… espectacular.

El destino de Júpiter es utilizado también por los autores, igual que hacía Andrew Niccol en la infravalorada In Time (2011), como encubierta advertencia acerca de cómo los gobiernos y la economía están tratando al pueblo, priorizando las ganancias de unos pocos frente a la supervivencia de la especie.

El cuento de los directores es una clara llamada al derrocamiento de las instituciones capitalistas, no en vano encontramos también ese homenaje al Brazil – 1985 – de Terry Giliam (con participación estelar en El destino de Júpiter del director interpretando a un funcionario, impagable) y su visionaria relación de la burocracia para mantener ocupado al obrero, en pro de la llamada a una sublevación de los menos favorecidos. Si en In Time la relación dinero/tiempo era directa, los Wachowski revelan ahora que el tiempo será si no la moneda oficial, sí el bien más preciado que tendremos. Algo de lo que, de hecho, ya tendríamos que habernos dado cuenta.

 Jupiter ascending 2

Por otro lado, no dejarán de aprovechar esta oportunidad para ensalzar, de nuevo, a la mujer como heroína absoluta ya sea por su valentía o por su papel como madre, como unificadora (en Matrix se destacaba a la acompañante del Mesías, en El atlas de las nubes los papeles con más profundidad eran los interpretados por Halle Berry), y la importancia de la inmigración en la sociedad. En cuanto a la mujer encontramos aquí a una Júpiter inteligente, por eso “nunca encontrarás marido”, tal y como le espeta un familiar, frente a los personajes masculinos extremos que se acaban ridiculizando con un sutil tono cómico y que tanto nos recuerda a la forma de abordar el pasaje de Timothy Cavendish en El atlas de las nubes, como nos hace pensar en la buena conexión entre el mundo “real” de Júpiter y el universo “genético” del que proviene Caine, el licántropo. Se hace completamente creíble la existencia de ese supra-Universo y la conexión entre la sarcástica pero crédula protagonista y el que será su rescatador, algo que no podemos decir se salvase tan bien en Thor (Kenneth Brannagh, 2011), por ejemplo. Quizá sobretodo por una Natalie Portman que no acaba de encajar bien en ese papel de científica…

Tras todo esto, lo único que personalmente reprocharé a los directores son dos cosas: la primera, dejar el metraje a escasas dos horas, que no permiten desarrollan bien la multitud de ideas que proponen, algo de lo que se resiente, y mucho, el guión. ¿Se ha tenido miedo al fracaso en taquilla – que no actual – de El atlas de las nubes, filmando un argumento de lo más convencional?). La segunda, el no saber equilibrar las escenas de acción. Se hacen largas e incluso aburridas, sorprendente si atendemos al esfuerzo que seguro han puesto en que sean absolutamente trepidantes. Y no es que no lo sean, y tampoco es que sobren: es que llega un punto que una misma batalla ya no da más de sí. Hay que agradecerle a Michael Giacchino el haber compuesto una banda sonora bárbara, que aguanta estoicamente estos altibajos.

Robots, dinosaurios, hombre-lobo, ceninicentas, herederos de imperios intergalácticos, naves espaciales, parajes de ensueño, borradores de memoria, piscinas rejuvenecedoras, botas voladoras que permiten surfear por los cielos… Es digna de darle una oportunidad, si no dos. Si se es amante de la ciencia ficción, se disfruta sobremanera.

TRAILER:

 

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Comentarios sobre este artículo

  1. cince dice:

    Lo unico que genera es ir corriendo a ver las pelis de antaño al cual le hace cada guiño…..una hermosa y magnifica copia de otras peliculas del pasado remoto…..al final terminamos con ganas de rememorar otras pelis

  2. […] Arantxa Acosta en Cine Divergente  […]

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