El profesor

La deconstrucción del yo. De todos nosotros Por Arantxa Acosta

"Pero seres malvados, con ropajes de luto,
asaltaron la elevada posición del monarca;
(¡ah, lloremos, pues nunca el alba
despuntará sobre él, el desolado!)
Y en torno a su mansión, la gloria
que rojeaba y florecía
es sólo una historia oscuramente recordada
de las viejas edades sepultadas"El palacio hechizado, poema incluido en La caída de la casa Usher (Edgar Allan Poe, 1839)

Dura y melancólica. Intimista e intimidante. Pura y amarga poesía en imágenes. A nadie le gusta ver pasar su propia vida en pantalla grande, escondida tras las palabras un profesor sustituto. ¿Exagerado? Para nada. En mayor o menor medida, Adrien Brody consigue alejarse, y alejarnos, de su personaje, conviertiéndose verdaderamente en el hombre sin rostro, sentado en un aula vacía, en un espacio vacío, que podría ser el escenario que cualquiera de nosotros quisiésemos representar. Tony Kaye consigue sacudir de nuevo al público, tras haber filmado largos que no han llegado ni tan siquiera a exhibirse, tal y como ya demostró con la excelente American History X (1998).

Antes de los títulos de crédito un primer plano del desaliñado Mr. Barthes/Brody llena la pantalla. Algo ha pasado en su vida que está mal. Algo que quiere explicarnos, pero le vienen a la cabeza tantas reflexiones relacionadas que lo único que en ese momento consigue es confundirnos, y adentrarnos en un sentimiento de impotencia desolador. Un primer plano cálido por sus tonos, como la cercanía que pretende transmitir. Como la confesión en voz alta que se recita a sí mismo. Porque no sólo es la mirada franca de un hombre que se dirige a la cámara, terriblemente emocionado. Se trata de un hombre que habla desde el fondo de su corazón, desde el fondo de su alma. La representación de la conciencia, de los pensamientos de alguien que le está dando vueltas a su vida. ¿Acaso no lo hemos hecho nosotros nunca?

El desconcertante inicio da paso a unos títulos de crédito que nos sitúan en lo que vamos a presenciar. Intercaladas entre la presentación del elenco de actores y equipo técnico (escritos a tiza blanca en una pizarra), se nos presentan los testimonios reales de personas que han decidido ser profesores de escuela. Algunos narran su historia con ilusión. La mayoría, con amargura. Un riguroso blanco y negro que, a diferencia de la ya mencionada American History X, en la que el blanco y negro nos transportaba al oscuro pasado de su protagonista, Kaye lo utilizará ahora durante el film para hablarnos de la realidad de la enseñanza actual. Así que no sólo lo encontraremos en los testimonios iniciales: lo hará servir para mostrarnos aulas vacías, largos pasillos sin alumnos, o decadentes fachadas de edificios que han perdido todo el sentido. Incluso lo utilizará para mostrar retazos de la vida en la escuela o privada de algunos profesores y alumnos que, aunque  se trate de pasajes de personajes de ficción, sabemos perfectamente pueden darse en la vida de nuestros amigos, o hijos. O en la propia. Grabada en nuestra retina se nos queda, sin duda, la imagen de Mr. Wiatt,  profesor que, hastiado, día tras día se agarra con fuerza a la verja del colegio, su cárcel particular, viendo como también día tras día su clamo al cielo es ignorado. Él es invisible, como el resto de profesores. Como, incluso, el resto de los alumnos.

Así que Kaye selecciona un variado elenco de personajes que representan fielmente el mundo de la enseñanza. Junto a Barthes y Mr. Wiatt, encontramos a Ms. Madison, la profesora que aún cree en el programa estudiantil, o a la Dra. Parker, consejera, que un día explota ante una alumna al darse cuenta que todos y cada uno de los escolares se están abocando ellos mismos al fracaso de su vida adulta.  Respecto a los alumnos, el director escoge presentarnos desde los más aplicados hasta los matones que se creen saben más que los profesores, pasando por las promesas que son apartadas del mundo por culpa de su carácter, o su físico. Pero lo más importante es que Kaye consigue sacar lo mejor de los actores, entrelazando a la perfección la interacción entre sus personajes, dotando de una profundidad exquisita a cada uno de ellos aunque aparezcan escasos diez minutos en pantalla, como puede ser el caso de Lucy Liu, o James Caan. Y todo ello dejando avanzar las en todo momento pálidas imágenes (Kaye también se encarga de la fotografía), como si de un río se tratase, un río que fluye inexorable hacia el desenlace de unas vidas que parecen, ya, condenadas.

Unas escenas en las que los símbolos o el juego a las adivinanzas salpican todo el metraje. Ejemplos claros los encontramos en los dibujos en movimiento que se intercalan con algunas escenas: en un momento del film Ms. Madison está cenando con Barthes, coqueteando mientras le explica su vida, lo que le gustaba de joven, etc. La romántica escena se ve interrumpida por una pizarra en la que se construye un muro de piedra. El mensaje está claro: ella se ha alejado de su realidad, de la dureza de su trabajo, e incluso fuera de las paredes del aula, que es ya incapaz de abrirse a los demás, continuando con su farsa y alejando a cualquiera que quiera, y pueda, compartir su dolor. Este recurso lo utilizará Kaye varias veces y en varias y distintas situaciones, sin perder un ápice de efectividad.

Más: el rojo. El rojo como elemento discordante ante tanta palidez, como continuo recordatorio de que algo está mal, de que debemos fijarnos en lo que está pasando en nuestros colegios, en nuestras vidas.  Rojo en la cintura de la estudiante que padece el bullying de sus compañeros; rojo en la pared en la que se apoyan los principales protagonistas en el momento que superan su encontronazo inicial y comienzan a conocerse; rojo en la boca del profesor y la prostituta, en el mismo lugar, por motivos distintos, pero en el fondo por el mismo: por no saber despertar y abrazar una nueva vida. Y el anillo de Mr. Barthes como elemento crucial para mostrarnos que el distanciamiento, la indiferencia  que éste persigue en su vida (esta es la traducción literal del título original del film, Detachment) finalmente es, para bien o para mal, imposible de conseguir.

Mr. Barthes. El profesor sustituto que ha conseguido hacer con trabajo lo mismo que con su vida privada: en cuanto las situaciones empiezan a comprometerle, en cuanto peligra el pasar de puntillas por el dolor de su vida, se deshace de él y huye hacia adelante.  El personaje de Brody se nos antoja exactamente igual que el Brandon de Fassbender en Shame (Steve McQueen, 2011): el miedo a creer, a compartir sus sentimientos, gobierna sus actos. Aunque si bien McQueen no nos dejaba entrar en la mente de Brandon, mostrándonos desde la distancia su soledad y pudiendo exclusivamente interpretarla, aquí, Henry, Mr. Barthes, nos habla directamente, nos introduce en sus dudas, en sus reacciones ante lo que acabamos, o estamos a punto, de presenciar.  Kaye, entonces, muy al contrario que McQueen y siguiendo el tenso y frágil hilo de esperanza de American History X, quiere mostrar que un cambio es posible, con ese plano final en el que los protagonistas se abrazan, tan cálidamente como el sol que se pone tras ellos. Un rayo de esperanza es posible, sí. Pero sólo si nosotros, los espectadores, no dejamos caer en el olvido la clara reivindicación al cambio que es El profesor.

La forma de manejar la cámara de Kaye también es admirable, como absolutamente todo en este film. Encuadres con imágenes ligeramente deformadas y decorados casi imposibles (por ejemplo el de la casa de la directora de instituto con su marido… una escena tan absurda en su conjunto como imprescindible para encajar piezas), o continuos contrapicados que consiguen el asombroso efecto contrario: en lugar de sentirnos nosotros inferiores frente al sujeto enfocado, les convierte en parodias de ellos mismos, ridiculizando su existencia, y sus actos.

Esto, combinado con distintos tipos de imágenes, iluminación y texturas, hacen que cada plano de El profesor sea digno de realizar un análisis fílmico.

Sólo una de las escenas finales ya lo corrobora: un Adrien Brody tan desenfocado mientras habla con Ms. Madison como lo está su vida hasta ese momento. Como ha sido retratado hace escasos minutos. Como lo estamos todos nosotros, en una sociedad que se preocupa más de echar las culpas a los demás que a uno mismo.

El personaje que crea Adrien Brody es digno de ser premiado. Y es que el actor saca lo mejor de él: en los momentos en los que nos habla desde su conciencia, se muestra cercano, melancólico. Sonríe, pese a lo terrible de las palabras que dirige a su estupefacta audiencia. Cuando le vemos actuar en su vida profesional, reconduce toda la rabia que ya nos ha demostrado siente, y la focaliza en ser severo con sus estudiantes, siempre que no sigan sus reglas. La clave está en parecer que le importa tan poco como a ellos. Y, no obstante, con una simple mirada, una mueca o un gesto, demuestra al espectador todo lo contrario. Su profesor, El profesor del título español, se revela como alguien frágil, una muy buena persona que debe esconderse bajo una apariencia dura y hostil para no hacerse daño a sí mismo, y mucho menos a los demás. Y Brody nos lo transmite magistralmente, demostrando una vez más (y aunque alguna vez lo hayamos podido dudar) que el Oscar no se lo llevó por casualidad.

Tras tanta alabanza, aún queda otra: la música creada por The Newton Brothers. Una música que aparece de forma continua a lo largo del film, y que no puede definirse de otra forma: es la co-protagonista indiscutible. Una banda sonora que puede escucharse días después de ver el film y te seguirá transportando a la tensión, y aflicción, sentida durante la hora y media de metraje.

Os dejamos con el trailer de esta abrumadora película que, por cierto, no le hace ningún tipo de justicia. Es increíble cómo puede deshonrarse un film con una publicidad que lo convierte en otra película del montón sobre el trabajado tema de la enseñanza, como en su día ya lo fueron las ya olvidadas Mentes Peligrosas (John N. Smith, 1995) o Diarios de la Calle (Freedom Writers, Richard LaGravenese, 2007). El profesor, sin duda alguna, se convertirá en film clave del género. Imprescindible para todo aquél que quiera sentir que el cine, al contrario de lo que nos ha querido hacer creer recientemente, no es puro entretenimiento.

TRAILER:

 

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Comentarios sobre este artículo

  1. Bárbara dice:

    Hola!

    Guauuuu…vaya críticas has escrito! Felicidades por ella y por la Web!!

    A mi también me ha gustado mucho la película. La vi ayer y aún la estoy procesando. Es como un bofetón en la cara que te intenta despertar. Igual que el toque de atención del personaje de Brody a sus alumnos, cuando les habla sobre el poder de la imaginación en la literatura, de que aprendan a leer, ect frente a las imágenes que cuentan “verdades”.
    Los temas que plantea sobre el sistema educativo, sobre la implicación, de padres, profesores, de nosotros mismos como personas…De que estar en el mundo implica herir y que nos hieran…
    Desde luego no sales del cine indiferente e invita a la reflexión.
    Espero que no pase desapercibida en la cartelera, ya que han tardado tanto en traerla a la cartelera y merece tanto la pena.

    Saludos de una vecina de butaca del Festival de Sitges!!

    1. Hola!!!! Muchísimas gracias!
      Hoy he vuelto a ir a verla. Da gusto encontrar joyitas así de vez en cuando, ¿verdad? :)

  2. [...] El profesor destacada por Samuel Sebastian y Arantxa Acosta [...]

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  4. […] cerca de películas de la misma temática como La clase (Entre les murs, Laurent Cantet, 2008) o El profesor (Detachment, Tony Kaye, 2011), a través de un hecho aislado donde se rompe el status quo, vira a […]

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