El sacrificio de un ciervo sagrado

Ojo por ojo Por Paula López Montero

“Les dejaron elegir entre ser reyes o correos de los reyes. Como niños, todos quisieron ser correos. Por eso no hay más que correos por doquier que, dado que no existen reyes, corren por el mundo anunciándose los unos a los otros los mensajes, que han perdido todo su sentido. Bien quisieran poner fin a sus vidas miserables, pero no se atreven a causa de su juramento”. Franz Kafka, Aforismos

Creo que ninguna crítica ha reparado en lo cercano que es Yorgos Lanthimos a Franz Kafka. Desconozco si el director griego ha leído con ahínco En la colonia penitenciaria (1919), El Castillo (1926), El proceso (1925) o sus Aforismos (1931), pero su universo y las formas de proponernos un discurso (claro está en disciplinas tan dispares y a la vez tan simétricas como son el cine y la literatura) se estructuran de forma muy similar y obedecen a una misma atmósfera, a un mismo tipo de humor y si se quiere a los mismos fantasmas. He de decir con esto que no considero que Lanthimos sea -intencionadamente o no- una réplica del escritor checo, bajo mi humilde opinión que se parezcan o se inspire no deja de ser algo que sucede a menudo en el mundo de la cultura. Lanthimos bajo mi punto de vista, hay que leerlo con Kafka en la mano pero sin supeditar la comparación a la exigencia y excelencia que ya propuso en el siglo XX el gran Franz Kafka. Yorgos Lanthimos es uno de los grandes cineastas del siglo XXI.

No obstante, he de decir que fruto del azar –supongo- ha coincidido mi lectura de un pasaje de Kafka en la obra de David Foster Wallace cuando veía la última película de Lanthimos. El pasaje se titula “Algunos comentarios sobre lo gracioso que es Kafka, de los cuales probablemente no he quitado bastante” en su obra Hablemos de langostas 1 ¿Curioso título también, verdad? El caso es que no había reparado en su título y su otro pasaje sobre “Hablemos de langostas” en relación a la anterior película de Lanthimos: Langosta (The Lobster, 2015). No es obvio que tengan relación y más cuando el pasaje de David Foster Wallace habla más sobre el curioso y ridículo caso de que la langosta se haya colado en los restaurantes más lujosos cuando antiguamente era un marisco considerado de lo peor. Pero cuando lo vuelves a leer empiezas a entender que Foster Wallace además te propone una lectura moral sobre el acto de comer langosta. Esto unido al exquisito pasaje que habla sobre Kafka y que creo que apunta también al director griego me resulta de incentivo pensar que Lanthimos debió –o no- leer a Foster Wallace.

 El sacrificio de un ciervo sagrado

Pero ¿de dónde viene esta supuesta similitud con el universo kafkiano? Recordemos los films del director griego: Canino (2009) , Alps (2011), Langosta y su última obra El sacrificio de un ciervo sagrado (The Killing of a Sacred Deer, 2017) ¿Qué tienen en común todas ellas? Pues a simple vista puede parecer que son historias bien diferentes, sin embargo las une una estructura narrativa definida y el mismo aire o humor a medio camino entre la tragedia, la comedia y el absurdo. Estas películas esconden un profundo diagnóstico de nuestra sociedad y son llevadas al extremo a través del aniquilamiento de todo sentimentalismo (son característicos los zooms outs en toda su filmografía que nos sacan de la intensificación de la emoción frente a la imagen) y haciendo cada vez más evidente el plano espectatorial y voyeurístico eminentemente pasivo en el que nos sumergimos nosotros al acceder a sus historias, al igual que lo hacen los mismos personajes. Lanthimos es tremendamente habilidoso en generar cápsulas de tiempo y ficción delimitadas por un cristal-límite que los personajes no ven y que nosotros, conocedores de la barrera, desde nuestra butaca accedemos aparentemente cómodos. Pero el cine del director griego debería ser del todo menos cómodo. Los cristales dependiendo de la intensidad de luz que se arroje sobre ellos a veces se hacen de espejo. Y frente a esos cristales si hay una acción que define su cine son las escapatorias o las no-escapatorias o la imposibilidad de la escapatoria. Todo se basa en escapar del mundo en el que vivimos, una burbuja donde cada vez hace falta más aire sano y puro. Canino, AlpsLangosta y El sacrificio de un ciervo sagrado en el fondo no hacen más que hablar de ello. Sobre las salidas y entradas, es decir en última instancia las escapatorias, también Foster Wallace habla a propósito de Kafka:

“imaginen que sus relatos tratan todos de una especie de puerta. Que nos imaginemos acercándonos y llamando a esa puerta, cada vez más fuerte, llamando y llamando, no sólo deseando que nos dejen entrar sino también necesitándolo; no sabemos que es pero lo sentimos, esa desesperación total por entrar, por llamar y dar porrazos y patadas. Y que por fin esa puerta se abre…y se abre hacia fuera: que durante todo el tiempo ya estábamos dentro de lo que queríamos. Das ist Komisch.”2.

Tanto en Kafka como en Lanthimos ese es el reverso que tiene su universo: ¿es esto posible?

El sacrificio de un ciervo sagrado Lanthimos

Por otra parte, si algo caracteriza el artículo de Foster Wallace es la propuesta de lectura en clave humorística de Kafka:

“Lo que afirmo es que la gracia de Kafka se basa en una especie de literalización radical de verdades que solemos tratar en forma de metáforas. (…) Lo que los relatos de Kafka tienen es más bien una grotesca, magnífica y completamente moderna complejidad, una ambivalencia que se convierte en la lógica multivalente inclusiva del, entrecomillas <<inconsciente>>, que yo personalmente creo que no es más que una forma sofisticada de llamar al alma. El humor de Kafka –que no solo no es neurótico sino que es antineurótico, heroicamente cuerdo- es, en última instancia, humor religioso, pero religioso al estilo de Kierkegaard y Rilke y los Salmos, una espiritualidad desgarradora contral la cual hasta la la gracia sanguinaria de la señora O’Connor parece un poco fácil, y las almas en juego prefabricadas. Y es esto, creo yo, lo que hace que el ingenio de Kafka sea inaccesible para unos niños a quienes nuestra cultura ha educado para que vean las bromas como entretenimiento y el entretenimiento como algo reconfortante.” 3

Bien me podría parecer que Foster Wallace a la vez está hablando del cine de Lanthimos, porque recordemos que las películas del director griego son confundidas a menudo en su exceso de frialdad con una tragedia nimia y vacía de sentido. No obstante el plano religioso creo que da de lleno sobre todo con su último film en el que lo sagrado es definitivo para descifrarlo. Si algo caracteriza El sacrificio de un ciervo sagrado es esta imbricación entre tragedia y comedia, y ese trasfondo de los mitos griegos a menudo suplantados por fábulas judeocristianas. El último film de Yorgos Lanthimos habla sobre el mito de Ifigenia, pero llevado al extremo en unas prácticas de sus personajes que a menudo se ven confundidas por el mesianismo y la figura del redentor que fue Jesucristo encarnada en un personaje frío, casi maquiavélico y a la vez triste y absurdo: Martin (interpretado por un excelente Barry Keoghan). Este replanteamiento de la tragedia griega no obstante es algo característico de la literatura de Kafka como bien anuncia David Sánchez Usanos en su último libro A tres versos del final:

A menudo, antes de desaparecer o transformarse en otra cosa, las relaciones, los fenómenos o las instituciones experimentan algún tipo de regresión, reproducen rasgos arcaicos, algo que podemos rastrear en la literatura a propósito de Kafka. Conjeturemos que quizá ese ambiente intrincado y fatal que gobierna sus narraciones cumple una función análoga a la de recursos primitivos como los de la moîra (destino), la anánké (necesidad) o esas fuerzas que, tras la violación de un tabú, perseguían al infractor y a sus descendientes durante generaciones, como una nube negra que acompañaba a su nombre y a su linaje, un esquema de maldición-castigo muy presente en la tragedia griega. Pero en los relatos de Kafka hay una diferencia que resulta fundamental: ni el lector ni desde luego los protagonistas terminan nunca por conocer cuál ha sido la transgresión concreta por la que sufren esas penalidades, no hay modo de localizar la hamartía, el error trágico que ha puesto en marcha el aparato vindicativo. Veíamos como Nietzsche desactivaba el protagonismo de lo individual desplazando el locus de control a lo que quedaba más allá (o más acá) del régimen de la acción consciente y libre: lo puramente corporal-fisiológico, lo instintivo, la voluntad de poder. En Kafka también se produce una neutralización del sujeto: la capacidad de acción y de compresión del individuo en cierto modo resultan parodiadas en su literatura. Esto podría entenderse como un retorno a patrones narrativos más antiguos en los que el individuo tampoco tenía ese peso, como algunas interpretaciones sostienen que sucedía en la Grecia arcaica o en las denominadas culturas primitivas. 4

 El sacrificio de un ciervo sagrado Colin Farrell

¿No es este párrafo también algo bastante alusivo a propósito de El Sacrificio de un ciervo sagrado con la idea del castigo, del ojo por ojo diente por diente, pero neutralizando la capacidad de comprensión y de acción de sus personajes? La parálisis de los personajes (que es también la parálisis del espectador) es evidente en todo el largometraje. Lanthimos en el fondo juega con la corporalidad, en ponernos delante imágenes como la primera secuencia de El sacrificio de un ciervo sagrado de un corazón abierto en plena operación que nos remueve internamente pero que no produce en nuestras butacas ningún sobresalto más que la pura quietud. La anulación de las capacidades motoras y de comprensión de los personajes frente a la violación del tabú, en este caso la supuesta muerte del padre de Martin, es una metáfora sobre la incapacidad de acción, de alternativa frente al castigo, frente a la deuda, frente a la culpa y frente al perdón.

Lanthimos lleva al extremo el comportamiento humano marcado profundamente por la tradición. En este caso la propuesta del mito de Ifigenia de la deuda frente a una fechoría, es algo que absorbió directamente el comportamiento judeocristiano con la ley del talión, una ley supuestamente justa y que tiene su expresión en “ojo por ojo, diente por diente” ¿El amor al prójimo en su “haz lo que tú harías”, en el fondo no es individualismo? El director nos conduce a las consecuencias sobreactuadas (como una cierta parodia del momento en que vivimos) de nuestra moralidad.

 El sacrificio de un ciervo sagrado Nicole Kidman

No obstante la última película de Lanthimos no se queda ahí. Es bastante sutil la simetría con planos del universo de Stanley Kubrick a medio camino entre Eyes Wide Shut (1999) y a veces con 2001: Odisea hacia el espacio (2001: A Space Odyssey, 1968). Ya la sola presencia de una gran Nicole Kidman que nos sigue regalando quizá de las mejores actuaciones del cine en general, recuerda temiblemente a Eyes Wide Shut. De hecho, la disposición de la casa, el cuarto del matrimonio, y la elección de los planos desde el principio nos recuerdan a algo que ya hemos visto. Una de las grandes elecciones de Lanthimos ha sido elegir para esto a Kidman. Por otra parte ya el cartel de promo del film está marcado tremendamente por esa estética kubrickiana ¿no son las cortinas verticalísimas una reencarnación del monolito que nos proponía Stanley en 2001: Odisea hacia el espacio ? Pero ¿qué nos quiere sugerir Lanthimos? En cierta medida la obra de Stanley Kubrick está también tremendamente marcada por esa tradición, por el tabú, por el eterno retorno, por la reflexión sobre la violencia en nuestra civilización. Me parece totalmente oportuno que Lanthimos haya querido en cierta medida homenajear a Kubrick.

Para terminar con uno de los mejores films de este 2017, creo que en el fondo hay varias películas que para mi han destacado sobre el resto –algunas premiadas, otras no- que tienen un hilo conductor: el replanteamiento de nuestra moralidad (sobre todo de raíz cristiana) con films como madre! (Darren Aronofsky, 2017) The Square (Ruben Östlund, 2017), Happy End (Michael Haneke, 2017), Loveless (Andrei Zvyagintsev, 2017) y la puesta en evidencia del final o de la saturación de un modo imperante en la tradición. Pero esto no es nada nuevo, simplemente la consumación de un modo que ha reinado durante veintiún siglos, nuestra obsesiva fijación en la dislocación entre pasado y futuro que obedece al ritmo de una moralidad cristiana que aún sigue creyendo y esperando la venida de ese futuro que nos salve de este presente angustiado y vacío. No hay nada que nos atraiga más que ese apocalipsis, lo estamos esperando con ansiada responsabilidad, sólo una pregunta más: ¿os hizo gracia El sacrificio de un ciervo sagrado? Creo que frente al apocalipsis cabe todavía el humor.

TRAILER:

  1.  Foster Wallace, David (2006): Hablemos de langostas. Editorial Debolsillo.
  2. Ibídem. Págs. Págs. 89-90
  3.  Ibídem. Págs. Págs. 82-93
  4.  Sánchez Usanos, David (2017): A tres versos del final. 2017, Editorial: Siglo XXI. Pág. 78.
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