Elysium

Un superficial golpe a nuestras conciencias Por Arantxa Acosta

“Tal y como lo veía mi madre, su piel seca y escamada era la oportunidad vocacional de alguna inmigrante. Además, hacerle daño ofrecía a los inmigrantes una ingeniosa terapia de catarsis para sacarse la rabia de encima. Sus labios cuarteados y las puntas rotas de su pelo constituían los peldaños de la escalera socioeconómica que alguien iba a usar para escapar de la pobreza. (...) Si alguna vez decidía descuidar su aspecto, no había duda de que fallecerían docenas de miles de individuos”.Fragmento de la novela Condenada (Chuck Palahniuk, 2011; Literatura Mondadori, 2013)

La búsqueda de la libertad, de un mundo mejor para nuestra familia, para nosotros mismos. La superación personal y social, cueste lo que cueste. La evolución tecnológica y su aportación al Globo… ¿nos aunará o acentuará las diferencias actuales?

La inmigración ilegal es el tema seleccionado esta vez por Neill Blomkamp para disfrazar su esperado nuevo film de acción y ciencia ficción. Como todos recordamos, su primer largometraje, District 9 (2009), sorprendió a medio mundo no exclusivamente por la originalidad en aquel momento de su formato (un falso documental) sino también por saber enmascarar su reivindicación acerca del racismo en una película de acción y ciencia ficción. Así que no, no nos hemos equivocado al escribir que, esta vez, parece que la máscara sea la temática política, y no al revés, como en su anterior film. Quizá por el elevado presupuesto, quizá por la presión de los estudios, o quizá simplemente por un guión excesivamente centrado en querer entretener, la verdad es que Elysium no llega a sacudirnos como hizo District 9. No obstante vale la pena analizar la visión de este futuro con tintes apocalípticos que el director nos presenta para remover, aunque sea un poco, nuestras conciencias:

El irónico fragmento introductorio del escritor Chuck Palahniuk de su novela ‘Condenada‘ es una mordaz mirada a la inmigración de nuestros días, desde el punto de vista de una multimillonaria actriz, cuyos pensamientos básicamente se traducen en algo así como “mi existencia es necesaria. Soy solidaria con esta gente(uza) porque les ayudo a prosperar. Deben estarme agradecidos”. Siguiendo esta argumentación, para nada lejos de la realidad por mucho que nos pese (que no que nos asombre), Blomkamp va más allá: qué pasará cuando la tecnología del futuro permita la existencia de robots, incluso de máquinas regeneradoras que nos permitan la vida eterna. Cómo afectará esto a la existencia de millones de personas… Si seguimos siendo egoístas, creyéndonos superiores a otros, lo que ocurrirá es que el odio hacia la pobreza se acentuará potencialmente, al igual que las diferencias sociales. Ya no hará falta el tráfico de órganos, ya no harán falta sirvientes. Los millonarios podrán vivir en su burbuja particular de luz y color, en pequeñas islas que les permitan incluso no tener contacto con otros millonarios si no quieren. El racismo, por tanto (y de nuevo tema principal para el director), aflorará como nunca lo haya hecho antes…. Y nosotros, clase baja – porque ya no existirá media en un mundo en el que no hace falta más mano de obra que la que la que se dedica a fabricar robots en una cadena de montaje, a lo único que podremos aspirar es a migrar a ese paraíso prohibido, cueste lo que cueste. Blomkamp no solamente ofrece una visión pesimista para el futuro, sino para el de toda la raza humana.

Elysium

El director divide Elysium en tres partes. En la primera, se nos introduce una ciudad de la Tierra en la que ya no existen diferencias sociales, y si las hay simplemente es entre quien tiene un trabajo y quien no lo tiene (un trabajo que no pueda ser sustituido de ninguna forma con robots,  claro. Ya no solo los policías, los agentes de la condicional también lo son. Todos ellos controlados desde Elysium). Chabolas, suciedad y escombros es lo que caracteriza a un planeta olvidado por los representantes máximos del poder, trasladados a Elysium, un satélite que orbita alrededor de la Tierra y al que puede accederse exclusivamente si se tiene el dinero suficiente para vivir en él. La luminosidad artificial de este aterrador (por lo de inalcanzable) “supermundo” contrasta con el polvoriento escenario creado para una Tierra gastada y sin recursos, e inconscientemente el espectador ansía conocer más de Elysium y de lo que allá podrá encontrar. Y es que está en la naturaleza humana la ambición y el querer aspirar a más, por lo que incluso sentados en la sala de cine priorizamos el querer conocer más de esa vida prohibida para nosotros. La burla de Blomkamp, tal y como él mismo ha descrito, está en describir un estrato social que se permite trasladar a millones de quilómetros de la tierra materiales para reproducir mansiones con jardines y piscinas… ¿descabellado? No más que algunas inversiones que actualmente ya se llevan a cabo.

En estos primeros veinte minutos la película nos atrapa completamente. Queremos saber más de Max (interpretado por Matt Damon), el otrora malhechor que ahora quiere llevar una vida decente. La identificación con el personaje es clara y rápida. Cómo no va a serlo si quiere viajar a Elysium, y nosotros también. Su indumentaria – el mono de trabajo, pero sobre todo las Adidas Originals ochenteras que “luce” el protagonista – es un gran acierto para llevar la historia a nuestros días y hacerla atemporal (aparte de la recaudación adicional por publicidad, claro): No estamos a mediados del siglo XXII, estamos en el 2013. Los inmigrantes que llegan a Elysium/país desarrollado son recibidos como criminales. El horror de las caras de los ricos al aterrizar en su perfecto mundo una nave ilegal debería aterrarnos, porque realmente es lo que está pasando ahora. Pobres familias que buscan un lugar mejor para que sus hijos tengan alguna oportunidad. Quien dice regeneración de células, dice prosperidad para los suyos/nuestros. No es casual, entonces, que los idiomas hablados en la Tierra, en la película, seas el inglés y el español, entendidos por todos, y en Elysium, el francés ofrezca la diferenciación de los cultivados que poblan el elíseo.

Elysium 2

La segunda parte, que se inicia en cuanto Max decide hacer todo lo que esté en su mano para llegar a Elysium, es la que no encaja con este espectacular inicio: la película se transforma en una cinta llena de persecuciones sin sentido, repetitivas y que no aportan en demasía a la narración central, que sin embargo no renuncia a querer seguir siendo trascendental, repitiendo hasta la saciedad lo que quieren ser frases y escenas con trasfondo (el niño con la monja, la foto de la Tierra, etc.) que acaban haciendo perder el foco de lo que se espera del film. Se le suma una falta considerable de guión inteligente, a diferencia de la idea original, que desemboca en un desenlace tan previsible como manido, en una tercera parte (la llegada a Elysium) que desilusiona por no aportar algún giro o novedad respecto a lo que ya sabemos va a pasar con la historia. Elysium, finalmente, no acaba de funcionar ni como film de ciencia ficción ni como reivindicación política y social, precisamente por no haber fusionado bien mensaje y entretenimiento, algo que sí encontrábamos en District 9.

Y es que al igual que consideramos District 9 como un “homenaje” que bebía de películas como La mosca (The fly, David Cronenberg, 1986), E.T. el extraterrestre (E.T., the extra-terrestrial, Steven Spielberg, 1982) o Encuentros en la tercera fase (Close encounters of the third kind, 1977) pero aportaba cierta originalidad según comentado, la inevitable comparación ahora con In Time (Andrew Niccol, 2011), en la que también se habla del poder del tiempo/dinero y la segregación en distritos de la población en función de su poder adquisitivo, o Johnny Mnemonic (Robert Longo, 1995), e incluso tangencialmente con las fallidas Repo men (Miguel Sapochnik, 2010) y Un amor entre de mundos (Upside Down, Juan Solanas, 2012) y además, por su estética – y nombre del protagonista – con Mad Max – Salvajes de autopista (Mad Max, George Miller, 1979), demuestra que un guión debe aportar algo más que la suma de ideas ya vistas recientemente. Igual que Guerra Mundial Z (World War Z, Marc Forster, 2013), con escenas muy trabajadas y visualmente impactantes pero un guión tan previsible que nos quita las ganas de seguir sentados en la butaca, Elysium adolece de no haber sabido profundizar en sus personajes. Ahí tenemos a la excelente Jodie Foster limitándose a poner cara de mala persona, mirando de reojo y con sonrisa de maliciosa cada vez que abandona, literalmente, una escena. Matt Damon tampoco tiene demasiado a hacer, su personaje es todo bondad aunque anteriormente se nos repita hasta la saciedad que ha sido un delincuente, pero tampoco se aclara de una forma concreta el por qué decidió dejar esa vida. La chica aporta también lo que puede, y el malo malísimo, que cómo no tiene que existir en una cinta de estas características que busca entretener – y en lo que lamentablemente se convierte finalmente Elysium, resulta que no es un político sino un sicario psicópata, vaya… que por otra parte nos resulta entrañable, simplemente porque Blomkamp ha recuperado a Sharito Copley, el Wicus Van De Merwe de District 9 (que sí evolucionaba en ésta, y de qué manera, por cierto). Por supuesto que los efectos especiales son espectaculares, con una total integración de las naves espaciales en el entorno, pero esto ya no es un elemento diferenciador en películas con estos presupuestos. En este sentido, este año Pacific Rim (Guillermo del Toro, 2013) supera a Elysium con creces: con un guión plano igual que sus personajes (más tópicos aún que los de Blomkamp), pero que no aspira a más que distraer con unos efectos especiales y monstruos sorprendentes.

Elysium 3

La trampa en la que cae Elysium está en la misma solución que presenta la película: la posibilidad de reinicar el sistema del paraíso para, por ejemplo, incluir a los habitantes de la Tierra como aptos para residir en el satélite.

La sensación que nos queda al finalizar la proyección es que los ricos siempre serán ricos, y los pobres siempre pobres. En In Time nos gustaba la inocencia de los protagonistas, que se convierten en modernos Robin Hood para dar tiempo a los más necesitados. No iban a salvar el mundo, pero sí iban a hacer de él un lugar mejor hasta que les fuese posible. Elysium, lamentablemente, es igual de finito, física y metafóricamente. El ser humano es codicioso por naturaleza, hará lo posible para ser y tener más que otro. Y, escribiendo estas líneas, aún seguimos con la duda de si el director busca que nosotros seamos conscientes de ello, o no.

TRAILER:

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Comentarios sobre este artículo

  1. […] Aún así, las fronteras son borrosas: no cabe duda de que películas como Distrito 9 (District 9) o Elysium (ídem, 2013), ambas dirigidas por un sudafricano, Neil Blomkamp, son productos destinados a un […]

  2. […] tiempos recientes, frente a distopías presentistas tan toscas como Hijos de los hombres, Elysium (Neill Blomkamp, 2013) o Snowpiercer (Bong Joon-ho, 2013), válidas menos como denuncias de un […]

  3. […] pero sobretodo espacios físicos donde reside el poder (sea el Congreso en V de Vendetta, o el Elysium en el film de Blomkamp) habitualmente representado por una única figura absolutamente dictatorial. […]

  4. […] nosotros mismos hacia superhombres híbridos gracias a injertos electrónicos (recordemos Elysium – Neill Blomkamp, 2013 – o RoboCop – Paul Verhoeben, 1987) o que sean los […]

  5. […] la fusión del género político y social con el de la ciencia ficción- lo echamos en falta en una Elysium (2013) que, aunque también intentaba mantener esa aproximación al cine con conciencia (el […]

  6. […] visto en visiones de corte realista como Cuando el destino nos alcance (Soylent Green, 1973) o Elysium (2013), y de corte más fantástico como 1997: Rescate en Nueva York (1997: Escape from NY, 1981) e […]

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