Ex Machina

De dioses y seguidores Por Arantxa Acosta

"Cuando estoy 'dentro' de mi pintura, no soy consciente de lo que estoy haciendo. Tan solo después de un periodo de 'aclimatación' me doy cuenta de lo que ha pasado. No tengo miedo a hacer cambios, destruir la imagen, etc., porque la pintura tiene vida propia. Intento dejarla salir. Es sólo cuando pierdo contacto con la pintura cuando el resultado es un desastre. De lo contrario es armonía pura, un sencillo dar y recibir."Jackson Pollock, 1956

Demasiadas películas sobre el hombre jugando a ser Dios, construyendo androides a su imagen y semejanza, sobrepasando ya la apariencia física para centrarse en alcanzar el poder otorgarles independencia emocional.

O sobre la posibilidad de que llegue el día no existan diferencias entre humanos y sus máquinas, con todo, todo, lo que eso implica. O sobre el miedo a que nos acaben superando, cual reverso tenebroso de nuestra propia extinción, imaginando distintas opciones de su llegada al poder. Y, entre estas opciones, no podemos olvidar una de las más interesantes: la evolución natural, y pacífica, de “su propia especie”. En cualquier caso, tal y como se indica en la película que hoy nos ocupa, Ex Machina, tenemos bastante asumido eso de que “algún día las inteligencias artificiales nos mirarán de la misma forma que nosotros observamos a los fósiles”. Pero lo que en realidad tememos – y lo que más se ha explotado en el séptimo arte – es que este relevo, esta evolución del hombre en máquina (porque nuestras “criaturas” no dejan de ser una extensión de nosotros mismos, al menos mientras las controlemos), quiera imponer su mandato de forma violenta. Quiera expresar su necesidad de liberación, y de libertad, le cueste lo que le cueste. Como haría el hombre, sin ir más lejos. Y quizá por esa avalancha de films, que por otro lado a mi me entusiasman sobre manera (quien me conoce sabe que he escrito mucho ya al respecto), Ex Machina no me ha acabado de convencer. Porque la película, empezando por su trailer, quiere explotar de nuevo esta vertiente: el poder del ser humano, sus ansias de convertirse en deidad y las consecuencias que le puede acarrear ese deseo. Y me molesta.

Sobre todo, porque esa no es la verdadera baza de Ex Machina, la que la hace interesante…

Así que no repetiré un discurso similar a los que ya he escrito, y ya en varias ocasiones (por ejemplo, a colación del estreno de la ya citada Autómata (Gabe Ibáñez, 2014), o en el ensayo ‘De la herramienta al androide’ para Miradas de Cine). Me centraré en lo que es aquí más original: el retrato de las dos mentes humanas, en su opuesta postura ante un mismo problema: la existencia de Ava, la “mujer artificial”. La mujer deseada, física e intelectualmente.

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Jugando con el espectador: entre asimilarse a Pollock (Nathan el genio), y asumir ser Mr. Quotable (Caleb el inocente)

Nathan. Natán. Hijo de David. Antepasado de María, madre de Jesús. Nathan, el inteligente empresario que deja entrar en su casa tras ganar un concurso a uno de los trabajadores de su imperio para hacerle partícipe de su último proyecto, conserva entre sus más preciadas posesiones un cuadro de Jackson Pollock. Caótico en su arte “irracional”, es el artista que más admira: tal y como le explica a su invitado, si el autor hubiese pensado en qué debía obtenerse de sus cuadros, seguramente no hubiese pintado absolutamente nada. Así que esa es la filosofía de Nathan: crea, e investiga después. Extrae toda la información posible de tu creación. Deja fluir en primer lugar las emociones, para luego encontrar la explicación a éstas. Y eso es lo que busca en su nuevo ayudante: un punto de apoyo para contrastar sus teorías. Celoso de su privacidad, de su ingenio, posiblemente su encierro voluntario le haya hecho perder la cordura. O todo lo contrario: puede que en realidad resulte ser el más cuerdo, tras analizar los actos, también, de Caleb. Caleb, descendiente de Judá. Ferviente seguidor de Dios. Caleb es un talentoso programador. En cuanto Nathan le explica el proyecto intenta extraer el máximo de información racional: qué algoritmos ha utilizado, cuál es la intención de su creación. Su (acertado) sentimiento de inferioridad le hace perder los papeles ante Nathan, amparándose tras frases hechas para demostrar su intelecto, cuando, en realidad, y a medida que avanza la complejidad de sus charlas, nos damos cuenta del vacío de su postura. “There you go again: Mr. Quoteable”, le esperará Nathan en un momento del film… Pero ¡ah! resulta que el aclamado guionista y ahora director novel utilizará esta falta de personalidad para intentar confundirnos. No nos dejaremos. Caleb, sin personalidad. Caleb, impresionable, tanto por la máquina como por su creador… que se convierte en la verdadera máquina sin conciencia. La que repite lo que se le pide sin tan siquiera plantearse las consecuencias de sus actos, o el origen de sus teóricamente analizadas emociones. Los primeros encuentros entre los dos protagonistas, la mayoría de veces con la cámara situada a una prudencial distancia, de forma que no rompamos el nexo existente entre ellos invadiendo su espacio, y estando emplazados en un entorno tan minimalista como perturbador (la ambientación, unida a la música de Geoff Barrow y Ben Salisbury, es básicamente lo que permite que el espectador se sumerja en el argumento), son lo más interesante del film.

El guión de Ex Machina acierta en los diálogos entre Nathan y Caleb, ya que nos muestra sus dudas, su sed de conocimiento (para uno racional, para el otro, emocional), su personalidad.

Hablar del test de Turing, insinuar la moralidad de que un androide pueda sentir placer con el sexo (y, por ende, el humano con el androide), cuestionarse el futuro del ser humano desde una doble perspectiva (la del creador, el “padre”, y la del seguidor, el “inocente” incapaz de darse cuenta de que la máquina puede ser perfectamente igual que el hombre y, por tanto, manipuladora, o cruel, a la vez que amorosa y facilitadora). Esa es la base de Ex Machina, la que sustenta todo el argumento y desarrollo posterior. Cuestiones que todos nos hemos planteado ya, y en varias ocasiones, pero ahora puestas en boca de dos personajes antagónicos, tanto por su personalidad com por sus creencias. Se desdibuja la línea entre estar a favor o en contra de permitir la evolución de la inteligencia artificial igual que, como se promociona en el film, se desdibuja entre Dios y el Hombre.

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No se nos escapa que esas diferencias no sean exclusivamente a nivel de carácter otorgado a los personajes. De hecho, es todo un acierto la absoluta disparidad física que existe entre los dos protagonistas: Nathan, corpulento, con rasgos maduros y duros, sobrios, que enmarcan una personaliza fuerte, arrolladora más bien, acorde a la de alguien convencido de que puede auto-denominarse dios porque todo lo que le rodea ha salido de su mente. Un Oscar Isaac que soporta gran parte de la tensión del film y que no deja de sorprendernos. Y Caleb: alto, delgado, frágil. Con una sonrisa que se contagia y que despierta ternura y un fuerte impulso de protección en el espectador. Se busca, claro, distraerle. Personificado por Domhnall Gleeson, convence en este thriller y se aleja parcialmente de esa imagen de niño bueno al cien por cien que ha interpretado en varias comedias anglosajonas. Es, por tanto, cuanto el film se aleja de la parafernalia efectista de la ciencia ficción, de intentar mostrar continuamente lo bien que ha quedado la post-producción del invento de Nathan (esos primeros planos continuos del cuerpo de la inteligencia artificial…), cuando concentra todo su poderío. Dos personas y un dilema que se comparte con un espectador ya familiarizado (y entre preocupado y fascinado) con el tema, o no.

Así que de forma absolutamente deliberada no voy a ilustrar este texto con fotogramas del invento. Porque Ava, aunque lo parezca y como ya he remarcado, no es lo más destacable de Ex Machina.

Ava: una historia ya contada, y una evolución demasiado previsible

Pero el efectismo es lo que engancha, teóricamente y desde una visión un tanto naïve, al espectador. Así que hay que meterlo. Y ese efectismo debe ir acompañado de una historia que lo potencie, no podemos quedarnos en las simples conjeturas, ¿verdad?

Es entonces cuando Ex Machina fragua: cuando, al encauzarse de lleno en el género (con tintes de thriller e incluso pinceladas de subgénero psicológico), el guionista pierde los papeles, y se posiciona.

Y, además, aparece el ‘Deus ex machina’, todavía no sé si intencionado (y como avance, el título), o no. Pero aparece, y molesta. Otra vez.

Ava, variante de Eve, Eva. “Madre de los vivientes”. Consciente del bien y del mal tras comer, engañada por la serpiente, de la fruta prohibida. O, en el caso que nos ocupa, de ser creada ya con esa conciencia por su “padre”, Nathan.

Eva, que ofrece la manzana al inocente Adán. Aquí, Caleb.

Eva, inteligencia artificial. Pero mujer al fin y al cabo.

El desarrollo del personaje de Eva se nos antoja tan previsible como descorazonador. Porque ya lo hemos visto. Lo peor es que esa evolución arrastra a los dos personajes masculinos, y sus actos, hacia una espiral de vaticinio a priori no intencionada que acaba aburriendo. Así que todo lo que se ha conseguido con la atmósfera opresiva y el avance de los distintos capítulos (los encuentros entre Caleb y Ava se separan por días) se destroza sobre todo en el último tercio del film. Y no sólo por no sorprender, sino por no saber resolver de mejor forma la propuesta. Eso sin hacer mención a varias de las licencias que se permite el film (tecnología avanzada sí, pero si pierdes la tarjeta que abre las puertas te quedas encerrado, aunque seas el dueño de todo el edificio… ejem…).

Pero no quiero ser fatalista: hay que reconocer que igualmente se mantiene bastante bien la tensión, por mucho que se intuya, acertadamente, todo lo que se va a suceder. Así que por mucho que no esté de acuerdo con el desenlace, se acepta que puede ser del agrado de una gran mayoría, más si no se consume mucha ciencia ficción de esta temática específica y se tienen menos referencias. Así que Ex Machina es un buen film, pero tampoco apto para todos los públicos: igual que a alguien con mi mismo perfil le puede aburrir la poco creíble (o más bien, poco innovadora) acción final, a los que busquen precisamente acción se aburrirán con toda la primera parte. En el pase hubo ronquidos. Verídico.

TRAILER:

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Comentarios sobre este artículo

  1. Matíz dice:

    Es un tanto curioso, pero la reacción de mi pareja (femenina) ante el film fue la misma que la que aquí se expone. Un final predecible, un comienzo muy bueno, etc … Aun así yo como hombre quedé absolutamente maravillado ante el largometraje. He preguntado a mas personas acerca de la crítica a esta película y tanto y la coincidencia se repite.

  2. Julian dice:

    Buenas noches quien me puede ayudar… Quisiera saber como se llama el canción o melodía que suena cuando caled se despierta a causa de que Nathan esta escuchando esa melodía que se encuentra el haciendo ejercicio gracias

  3. Gobernante del Mundo dice:

    Acá un hombre que sabe de ciencia ficción y que no tiene que preguntar a su pareja si fue buena o no.
    En resumen buen comienzo, buen desenlace y horrible final, ya que todo lo que construyeron se fue al desagüe en el final.
    Obvio que le gustara a los recién iniciados y a los que saben poco del tema de la IA que es la gran mayoría…

  4. Andrea dice:

    A mi la única parte que no me queda clara del todo es la escena donde se ve a Caleb revisando el ordenador, viendo éste una grabación de Nathan creando a las antecesoras a Ava, las cuales son plenamente conscientes y quieren salir, como Ava. No entiendo por que Nathan las destroza y crea nuevas (de aquí que las tenga en el armario) y que Caleb diga -”Oh My God”… Dios mío, ¿porque? ¿alguien me puede resolver esto? Muchas gracias :)

  5. […] Menciones especiales: Birdman, Puro vicio, Maps to the Stars, Ex Machina […]

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