Frank

Luces y sombras Por Arantxa Acosta

"- Why, Mr. Merrick, you're not an elephant man at all.
- Oh no?
- Oh no... no... you're a Romeo."El hombre elefante (The Elephant Man, David Lynch, 1980)

Hay personas que llenan un espacio con “la luz que emanan”, es decir, con la fuerza de sus palabras, de sus gestos, de sus acciones. Nos atraen sus rarezas, que esconden grandes verdades, o vemos en ellas algún aspecto que, simplemente, envidiamos. “¿Por qué no somos como ellos?”, nos preguntamos. O, una vez nos damos cuenta de que eso es imposible, porque son únicos… “¿qué hay que hacer para gustarles, para formar parte de su mundo?”.

Frank pertenece a este tipo de personas.

“[Frank, cuando es preguntado sobre el por qué lleva una cabeza de cartón] ¿Crees que es raro? Las caras normales también lo son. La forma que tienen, lisas, lisas, lisas. Y luego plaf, todo baches y agujeros. Como en una película de ciencia ficción”.

Y no le falta razón, no.

Alguien que admiras porque te empuja, como a sí mismo, a encontrar inspiración en cualquier sitio: desde el color de unos calcetines hasta la hebra descosida de una alfombra. Alguien que parece poseer la verdad absoluta, canalizándola a través de un sonido a caballo entre The Doors y Joy Division. Fascinante.

Pero Frank no es tan distinto a nosotros. Oculta tras esa misteriosa, atrayente y gran cabeza de papel maché se esconde una persona insegura, que necesita disfrazarse para atreverse a ser otro, que necesita de la aprobación de los demás, aunque sea un grupo de inadaptados sociales, igual que él mismo. Una verdad que compartirá, sin quererlo, con el que sí es el protagonista del film: Jon.

Frank es en el fondo una tragicomedia social clásica que sin embargo está llena de frescura, gracias a ser fiel a una historia simple que se va desvelando gradualmente. Sin engaños, sin prejuicios y sin grandes pretensiones, nos acaba atrapando.

Por la originalidad de su guión y por contar con distintas generaciones de actores estandartes, como son los consagrados Fassbender (grandioso en su papel, explotando la expresión corporal – que no facial, claro – y el tono de su voz) o Gylenhall, y el recién descubierto Glesson, en el que ya nos fijamos en la poco interesante Una cuestión de tiempoAbout Time, Richard Curtis, 2013, y que aporta la nota de humor tan intencionadamente “espontáneo” que necesita el film para que compremos su formato.

El guión, firmado por Jon Ronson, está basado en sus propias experiencias, cuando tuvo la oportunidad de unirse a la banda de Chris Sievey, creador del personaje Frank Sidebottom a mediados de los ochenta en el Reino Unido. Tratando aspectos tan conocidos por todos nosotros como el miedo a estar solo, a no encajar, a no tener éxito o la frustración de no llegar a ser lo que uno quiere, Ronson destaca también cómo afectan las nuevas tecnologías a la superación de estos sentimientos. Así, trae a nuestros días su autobiografía para cebarse, con una sutil burla hacia la sociedad en red, en el retrato de cómo nuestro comportamiento se ha visto afectado por las nuevas tecnologías. Igual que veíamos recientemente en #Chef (Chef, Jon Favreau, 2014), Frank utiliza la sobreimpresión de mensajes enviados vía tweet y trumblr, o los visionados en youtube, para mostrarnos la necesidad que las redes sociales han creado en nosotros para ser escuchados, compartir nuestras experiencias con otros tan solitarios como nosotros mismos y, quién sabe, llegar a conocer algún día a personas igual de autistas, si es lo que queremos.

Más seguidores, más fama. Más seguidores, más éxito. Pero no todos estamos preparados para soportar tanta presión.

frank 3

Así que conoceremos a Frank y Jon, y sus verdaderas pasiones – y obsesiones -, utilizando la música como vehículo principal. La música como método de expresión, pero también como escondite, o elemento unificador de la actual juventud tan perdida como con ganas de ser escuchada – y querida. Porque cualquiera de los miembros del impronunciable grupo retratan un exagerado aspecto “marca” de las nuevas generaciones.

Alejándoles del aburrido día a día, de las responsabilidades impuestas por nuestro gris entorno (trabaja, gana dinero… y sé feliz así), inicialmente la música será la excusa para concentrarles y grabar el que supuestamente será el revolucionario disco del grupo, en una perdida casa alejada de toda civilización, creando, tras un año sin salir de allá, una micro sociedad: el líder, al que todos admiran y siguen por ser el más extraño de todos; el emprendedor, que necesita ser aceptado pero quiere cambiar las cosas para salir del anonimato; los que se unen a la nueva corriente por convicción, pero desconfían siempre de los demás, cerrando el grupo y no admitiendo la entrada a nuevas personas; los envidiosos que son capaces incluso de imitar a los que sí demuestran su autenticidad, hasta las últimas consecuencias; y a los que todo les da igual. Como la vida misma… Pero la música también acabará siendo el reto para salir de sus ya queridos caparazones: ¿qué mejor que ponerse a prueba tocando en el South by Southwest de Austin?

Como un pequeño engranaje la película avanza agradablemente hacia la culminación del mensaje de su guión, mientras escuchamos las canciones cantadas por el propio Fassbender, empatizamos con el extremado papel de Gyllenhaal, o nos reímos con las meteduras de pata de Glesson, el Jon que sirve de casual pegamento entre todos ellos. Incluso el diseño de los títulos de crédito finales son dignos de disfrutar hasta que terminan (en realidad, siempre, pero bueno), porque han sabido captar a la perfección la filosofía de Frank.

Frank es un canto de esperanza para los que nos auto-anulamos, los que no conseguimos hacer encajar, ahora mismo, las piezas que conforman nuestra vida y decisiones.

Y es que no es oro todo lo que reluce. No hay que pensar que los demás son mejor que tú, porque cada uno destaca por algo único en él mismo. Lo importante es ayudarse, entre todos, a descubrirlo. Y, de esta forma, las mejores escenas de la película las encontramos en el bosque, o sobre el escenario: el grupo reunido, comienza a crear de la nada. Se inventa su propio sistema de notas musicales, construye sus propios instrumentos. Frank sigue inspirando, aunque hayamos visto aspectos de su vida tan oscuros que nos hayamos dado cuenta de que envidiarlo no fuese lo más acertado. Pero también lo hacen Jon, y Clara, y Lucas, y… nosotros. ¿Por qué no?

TRAILER:

 

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