Green Room

Any more dogs? People? Por Fernando Solla

That’s how it works, man
The one with the gun gets to tell the truth
Blue Ruin (Jeremy Saulnier, 2013)

El nuevo largometraje de Jeremy Saulnier impacta directamente en el espectador obligándole a mantener un pulso contra su propio sistema nervioso. Nuestras neuronas serán incapaces de llevarnos a ningún lugar seguro de nuestro intelecto, esa zona de confort bajo la que solemos cobijarnos cuando asoma la desazón o el pánico en la gran pantalla. Durante hora y media. Al mismo tiempo, y como acto reflejo, justo después del visionado el poso empieza a sedimentar y el discernimiento de que nos encontramos ante a una obra magna se vivifica en nuestra conciencia cinematográfica.

Tras un bolo fallido, los integrantes de The Ain’t Rights, una errática banda de punk norteamericana, llegan a un pub de algún lugar cercano a Porland para resarcirse. El lugar resulta ser el punto de encuentro de una agrupación de skinheads neonazis. Testigos de un cruento incidente, los cuatro integrantes del grupo se convertirán en rehenes. Encerrados en una sala junto con otras presas militantes, deberán enfrentarse a una situación límite. Fuera de la sala (verde), el propietario del local (Patrick Stewart) lidera a las tropas para evitar que el acontecimiento trascienda puertas hacia fuera.

Green Room

Uno de los aspectos más interesantes al enfrentarse es título es comprobar las líneas de continuidad que el realizador establece con su anterior propuesta, Blue Ruin (2013). Más allá de la estética y el cromatismo, Saulnier parece establecer un patrón común de humanización de los personajes, independientemente de las acciones que lleven a cabo. Una vez planteados los conflictos, los protagonistas no se convertirán en héroes, sino que cometerán multitud de errores e, inesperadamente, serán tratados como seres corrientes. Cada uno, especialmente los más infames, asumirán exponencialmente una dimensión humana importante.

Hay tres grandes bloques temáticos que, hilvanados a través del argumento descrito y su desarrollo, trascienden las fronteras del ejercicio de estilo. La contextualización de la semiología e idiosincrasia punk y skinhead es precisa y detallada. Sin embargo, esta especificidad se utiliza para insinuar las similitudes entre los neonazis con los veteranos de la guerra contra Iraq. En segundo lugar, el descreimiento o ateísmo que desprenden algunos personajes de ambas facciones sobre su compromiso o adhesión a su grupo a medida que se desarrolla la acción nos hace ver que el fundamento sobre el cual basamos nuestra ratificación de una ideología suele tener más a ver con la estética que con las ideas. En este apartado, la funcionalidad de los personajes bisagra está francamente bien integrada para amplificar el impacto de las imágenes y su reflejo de la perpetuación de unas agrupaciones cuya motivación se ha perdido. En tercer lugar, esa magnífica y brutal muestra de afecto hacia la música punk o el garage rock y su actitud independiente, todo lo ruidosa que se quiera. Una característica reconocible para acérrimos y no es la predominancia de compases y tempos rápidos. La celeridad será un requisito para las acciones de los personajes de la película. Sin querer desvelar más de lo necesario, la conversión de un micrófono amplificado en el arma más efectiva de los jóvenes es hilarante y respetuosa a la vez. Any more dogs? People?

Música y color. Humanización de los personajes versus pérdida de ideales y cromatismo. Tanto los rostros de los protagonistas, llegado el momento dado, como el camino tomado por el desarrollo de la acción parece dirigirnos hacía una única pregunta: ¿por qué? Todo quedará explicado a través de la historia ficticia que ha orquestado Saulnier, sin duda el mayor triunfo del largometraje. No habrá demagogia ni ademanes panfletarios en ningún momento. Pero sí todos los porqués necesarios. Y el uso del verde será, además de un recurso estético muy elocuente, que también conecta con el anterior trabajo del autor, el codificador de algunas de estas respuestas. El verde que filtra las secuencias iniciales podría analizarse extensamente (desde los planos iniciales en exteriores a la dichosa habitación, etc.) pero la pigmentación es también conceptual.

Green Room 2015

El verde es el color que nos remite a la naturaleza, también a la de los seres humanos. Esta naturaleza la podemos asimilar con la pureza de corazón. Con esta característica no nos referimos a la bondad de la raza sino precisamente a la no domesticación social. El corazón o identidad sin manipular. Auténtico y puro. Teniendo en cuenta que la acción se desarrolla en el interior (del bosque, de Norteamérica…), también nos adentramos en esta pureza congénita de toda una nación. Neonazis, excombatientes, jóvenes perpetuadores de unos movimientos sociales convertidos en rebeldes sin causa, banalización de la violencia cuando defendemos nuestra causa… El hombre es un perro para el hombre, sí. Pero, finalmente, el perro es el más puro y noble de todos. El más fiel sin importar la ideología de su amo. ¿Y no son perros todos los que siguen al personaje interpretado por Stewart? ¿Entonces? Apasionante el análisis psicológico de este largometraje.

El trabajo de Saulnier como guionista es excepcional. Sin precipitarse en la puesta en marcha y mostrando cuidadosamente todas las piezas siempre en el momento preciso, el autor se transformará en eminente constructor de un thriller de suspense que juega constantemente con distintas vertientes del cine de explotación. Lejos de justificar ni la premisa ni el desarrollo argumental o de los personajes como elementos prototípicos del género, el artífice de Green Room consigue crear un clima en el que la verosimilitud lo envuelve todo hasta llegar a un desenlace tajante e irrebatible, tanto temática como ideológicamente. Previamente, la sabiduría y el pulso para tensar la cuerda afianzan la construcción de un atmosfera de violencia embrutecida al máximo en el que el gore estará muy presente y se convertirá en un insólito catalizador de la entidad geopolítica del largometraje.

Green Room Jeremy Saulnier

Finalmente, Green Room impacta por la radicalidad de sus imágenes pero también por la integridad de su propuesta. Detalles como el tratamiento cinematográfico (e ideológico) que se hace de los animales, en este caso los perros (brillante guiño eco-terror durante la secuencia final) nos hace caer en la cuenta de que nos encontramos a un largometraje inusual. Indispensable. El uso de la cámara lenta en algunos momentos propicia que nos detengamos a pensar sobre la verdadera naturaleza de esta propuesta. Sin circunscribirse en ningún subgénero del cine de explotación pero bebiendo y utilizando muchos para hacer avanzar las distintas premisas de la película (no tanto para el argumento como para el asentamiento y la contextualización ideológica y estética) asistimos a una sesión de cine francamente remarcable. Del gore pasando por el biker o la actualización de la nazi exploitation, el slasher, el stoner…. De la sencillez al apocalipsis del ser humano. Sinceramente, una de las propuestas más estimulantes de los últimos tiempos.

TRAILER:

 

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