Ha nacido una estrella

Hollywood y el modelo de éxito Por Paula López Montero

La historia de Ha nacido una estrella (A star is born) comienza hace ya largo tiempo con la película original en technicolor de 1937 que lleva ese mismo nombre, que contó con la interpretación de Janet Gaynor y Fredric March (A star is born, William A. Wellman, 1937) y que versaba sobre una aspirante a actriz que consigue impulsar su carrera en Hollywood tras conocer y enamorarse de un consagrado actor. Un filme de los años 30 que congrega a la perfección el espíritu hollywoodiense de producción e historia –melodrama-. Después, en 1954 aparece un remake musical –que recogía el testigo de la era de los musicales por excelencia que va desde los años 30 a los 60- con las interpretaciones estelares de Judy Garland y James Mason (A star is born, Georg Cukor, 1954) y que seguía manteniendo el mismo argumento que la original. Y en la década de los setenta vuelve a aparecer con Barbra Streisand y Kris Kristofferson (A star is born, Frank Pierson, 1976) reactualizando su discurso al contexto social y musical de la época. Bajo mi punto de vista, Ha nacido una estrella es de esas películas que sirven de ejemplo para hablar y entrever el halo de las manufacturas de Hollywood, productos de éxito y donde el relato subyacente del éxito lo es todo, una adaptación y explotación de recursos y técnicas a lo largo de su reciente historia al que le acompañan grandes producciones y una puesta en escena despampanante. Es quizá la película donde mejor haya pervivido aquella quintaesencia del cine norteamericano clásico, el star system, del que además es un reflejo de los entresijos del relato moral que subyace al mismo, donde las clases más bajas –siempre y cuando sean blancas y físicamente agraciadas- también pueden llegar a ser esas estrellas y hacen de espejo de ese American dream, relato basado en la conquista del éxito, uniformando roles, donde el mayor espectro de la población puede identificarse.

 Ha nacido una estrella

En 2011 Clint Eastwood parecía recoger el testigo de Frank Pierson pero el guión y la producción, que tenía como estrella a Beyoncé, quedó parada durante muchos años. Tras varias conversaciones entre Eastwood y Bradley Cooper, es al final el actor el que se pone al mando en 2016 del proyecto y empieza a trabajar con la que considera mejor protagonistas para el papel: Lady Gaga. En el verano de 2017 graban en Coachela las primeras imágenes de lo que sería el filme. Sin duda alguna considero ampliamente mejor la elección de Lady Gaga para el filme a pesar de que habría sido tremendamente pertinente que por fin una mujer de portentoso talento y rasgos afroamericanos se pusiera a tirar del carro de un largometraje como este y diese una vuelta de tuerca a ese star system sistemáticamente blanco. No obstante, si digo que me parece mejor la aportación de Lady Gaga es por el enganche que tiene, por cubrir esos huecos donde el relato se queda escaso con una destreza brutal delante de la cámara, y por condensar en su biografía muchas de las premisas que contiene la película: para Gaga tampoco fue fácil abrirse camino en los escenarios dado su “físico” -quién duda hoy del sex-appeal de Gaga-, aunque de hecho, luego no necesitó enamorarse de nadie o que nadie se enamorara de ella –excepto el público- para realzar su talento y su carrera profesional. Hollywood, en este sentido, sigue anclado en una vieja temática de mujer blanca necesita a hombre blanco para triunfar. Por otra parte, todo hay que decirlo, muy bien aconsejado por Eastwood y por la filosofía actoral del propio Cooper, para ser su primer filme es de una pulcritud y una maestría en las decisiones que parece que ya llevara veinte años al frente de algunas producciones de Hollywood. Pero a decir verdad, que Cooper también sea fruto de ese star system le beneficia a la hora de entender las vicisitudes del relato.

 Ha nacido una estrella 2018

Entre esas virtuosas decisiones está el haber sabido marcar el equilibro (con su correspondiente reactualización musical a la era tecno-pop) entre nostalgia western y country-rock, y la nueva era de brillantina y acordes digitales. De hecho los diferentes estilos musicales que nos encontramos en los diferentes remakes de Ha nacido una estrella hablan muy bien de sus épocas (como aparece de una forma condensada y no por ello menos brillante en Cold War (Pawel Pawlikowski, 2018). Además acompañado de un montaje de planos mucho más dinámico y sincronizado a la música que refleja donde los primeros planos son de vital importancia para adentrarnos en la vida de los dos protagonistas, también a propósito de ese modelo de star system que ayuda a consagrar mitos a través de los primeros planos de la cámara. Y, desde luego, esta es una película para consagrar a Lady Gaga y cumple perfectamente su cometido. Además incluye alguno de los gestos que ya aparecían en la primera versión de la película como cuando él dice que se gire para mirarla otra vez o las escenas del road tour. Por otra parte, las interpretaciones de ambos, Cooper y Gaga, están de sobresaliente, y la química que se genera entre ellos –como ninguna de las otras parejas lo hace- hace del filme un continuo ensimismamiento en el que el espectador encuentra constantemente su lugar apelado por la fibra sensible y emocional a propósito del melodrama que toca el filme.

No obstante, por poner un pero a un largometreaje que atrapa, envuelve, y que está plagado de buenas decisiones de cámara y de una música que ya desde el inicio está hecha para enganchar al espectador, no hay que dejar de atisbar el trasfondo moral que contiene y que desconozco si es más una idea de Cooper o una imposición de la producción de una de las grandes: el relato del éxito que oculta Ha nacido una estrella – en todas sus versiones- es para ser considerado pues tiende a ser espejo de la filosofía espiritual –por su carácter magnético- que debe acompañar a la ciudadanía y que lleva implícito el modelo de Hollywood. En este caso Cooper nos habla de que la nostalgia y melancolía –enfrascada en alcoholismo y drogadicción- hunde y se lleva consigo por completo las narrativas más clásicas que apelan a ese imaginario de raíces western, y de que el optimismo y la adaptación al mercado nos hacen salir a flote. El éxito está ligado a una perversión del modelo o esencia, acorde a las imposiciones del mercado.

Ha nacido una estrella Lady Gaga

 

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