La caza

Escenas de caza humana en la Europa civilizada Por Samuel Sebastian

Dos de las películas que más marcaron mi infancia trataban sobre el mismo tema: la caza humana. La primera de ellas, El malvado Zaroff (The most dangerous game, 1932) de Irving Pichel y Ernest B. Schoedsack, era una vieja película de aventuras de sábado por la tarde en blanco y negro, lo cual no importaba ya que la televisión de la casa en la que veraneaba también lo era. A pesar de la distancia del tiempo, la película me impresionó por la maldad del personaje principal, que trataba la caza humana como si fuera una cacería de animales salvajes o, más bien, un lúdico entretenimiento. ¿Era un juego? Podría serlo. Cuando me junté con los amigos de la pandilla, les expliqué esta historia y decidimos replicarla. Llegó el momento de escoger ¿Cazador o cazado? Cazado, escapar siempre es más divertido que perseguir. Y la caza se extendía por todo el pueblo y más allá, atravesando los lugares que aún teníamos prohibidos debido a nuestra edad. La caza no era solo un juego, era el juego que nos permitía imaginar que todo lo que nos rodeaba era una selva tropical o un desierto africano o un aterrador pueblo abandonado sumido en una noche interminable. Después apareció Caza humana (Figures in a landscape, 1970) de Joseph Losey, en la cual dos personas son perseguidas sin ninguna razón aparente por un helicóptero conducido por alguien a quien nunca vemos. Una caza humana sin motivos ya no era un juego, era algo más serio. Y mucho tiempo después, cuando nos hicimos adultos, nos dimos cuenta de ello.

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En una película injustamente olvidada, Escenas de caza en la baja Baviera (Jagdszenen aus Niederbayern, 1968) de Peter Fleischmann, de la cual tenía un vago recuerdo hasta que pude recuperarla recientemente, un joven regresa a su lugar de nacimiento, un pequeño pueblo del sur de Alemania. Allí, sus cualidades como chico para todo serán muy valoradas pero poco a poco se cernirá sobre él una amenaza, en principio intangible, que se hará realidad de la manera más cruel y violenta: la homofobia latente de la comunidad estallará con toda su furia contra el protagonista. La caza humana en las sociedades aparentemente civilizadas recibe el nombre de linchamiento y no se diferencia demasiado  de cualquier otra conducta homicida. La persecución no es necesario que sea física, basta con que toda la comunidad se encuentre de acuerdo en señalar a una víctima con independencia de cual sea su culpa. Este es el punto de partida de La caza de Thomas Vinterberg, un hombre de vida ejemplar, solidario con el resto de la comunidad,  que despierta compasión por su vida solitaria aunque nunca llega a meterse en ningún problema y que un día, de repente, se convierte en el objeto de persecución de todo el pueblo. El protagonista deja entonces de ser un miembro más para convertirse en el otro.

La caza

El papel del otro en una sociedad globalizada como la nuestra puede parecer superfluo. Considerar a una persona diferente y apartarle del grupo solamente con el fin de canalizar los odios y frustraciones de cada uno de los miembros suena a algo de tiempos pasados, sin embargo, lo terrorífico es que existe a diario y cada vez de una forma más virulenta: xenofobia, homofobia, racismo, machismo, abusos de poder y tantas otras formas de agresión forman parte de la violencia estructural del sistema. Y en La caza, la última película de Vinterberg, quedan bien a las claras: el protagonista es acusado falsamente por una niña de haber abusado de ella y a partir de ese momento no importa lo que realmente haya ocurrido, lo importante es que lo más trágico, lo más oscuro, lo más atroz, se convertirá en lo verdadero y sin opción a que nadie pueda contradecir lo que ya se ha convertido en un hecho cierto. De esta manera, el director coloca al espectador en una situación incómoda similar a la que sucedía en En un mundo mejor (Hævnen, 2010) de Susanne Bier. En aquella, las situaciones que enfrentaban a dos niños de diez años frente a la violencia y la justificación de la misma, ponían a los padres y por extensión a los espectadores en un crudo dilema ético.

En La caza, la acusación que se cierne sobre el protagonista es tan grave que, aún a pesar de ser incierta, revuelve las entrañas de la audiencia.

Además, la ubicación de la La caza en un idílico pueblo del interior de Dinamarca causa aún más extrañeza en el espectador: en aquel lugar alejado de cualquier crisis, en el que ciudadanos no necesitan ninguna institución para autorregularse y donde la solidaridad entre los miembros de la comunidad está muy apreciada, estalla un conflicto bárbaro y cruel, como si, a pesar de todo, se cumpliera la máxima de Thomas Hobbes cuando afirmaba que el estado natural del ser humano es la guerra, la violencia. Y tal vez tuviera razón y lo que nosotros consideramos como evolución sea solamente un fino recubrimiento de nuestra condición de bestias salvajes. Diariamente, en las redes sociales se producen decenas de linchamientos amparados en el anonimato de la masa mientras una gran parte de los medios de comunicación dedican su tiempo a hurgar en la vida íntima de las personas con el fin de ensañarse con ellas. Lo más lógico es que repitamos estas conductas en la vida real, por ello no es extraño lo que sucede en La caza, lo raro es que no suceda más a menudo.

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En Capturing the Friedmans (ídem, 2003) de Andrew Jarecki, el otro gran antecedente de La caza, nos sumergimos en una historia de linchamiento colectivo hacia una familia de clase media judía americana, un perfecto matrimonio con tres hijos, que se desmorona cuando el padre es acusado de pederastia y distribución de pornografía infantil. Las fronteras entre lo cierto y lo incierto, la verdad y lo inventado, se diluyen a través de los recuerdos de las personas que son entrevistadas y que, en lugar de esclarecer lo sucedido, lo enturbian aún más. Al final de La caza, llegamos a la conclusión de que todo forma parte de un largo ciclo en el que los acontecimientos se olvidan y luego retornan a la memoria colectiva pero, desde luego, lo que siempre existirá de forma latente o manifiesta, es la violencia humana.

TRAILER:

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Comentarios sobre este artículo

  1. Excelente comentario. Completamente de acuerdo.
    Excelentes también las referencias a películas que tratan temas coincidentes.

  2. [...] nada más peligroso que la masa enfurecida, una reflexión que recientemente pudimos disfutar con La caza (Thomas Vinterberg, [...]

  3. […] y de cómo este tiene el acceso vedado a quienes no pertenecen a las clases poderosas. Al igual que La caza (Jagten, 2012) de Thomas Vinterberg nos mostraba los puntos negros del paraíso a través de la […]

  4. […] nada más peligroso que la masa enfurecida, una reflexión que recientemente pudimos disfutar con La caza (Thomas Vinterberg, […]

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