La gran apuesta

Naranjas Por Matias Colantti

"-¿Pido 200.000 dólares?
-¿200.000 dólares? ¿Eres narcotraficante o banquero? Porque si eres banquero, vete a la mierda."Diálogo en un bar de Londres de La gran apuesta (The Big Short, Adam McKay, 2015)

La gran apuesta es el primer gran estreno del año, y se posiciona firmemente en la carrera por conseguir la estatuilla dorada en los próximos Oscar. Adam McKay compone una obra visceral que narra, con una velocidad voraz, los sucesos previos al derrumbe financiero que protagoniza el mundo de los negocios en 2008. El director pone en tela de juicio y desenmascara a los arquitectos de la última crisis mundial, y que desencadenaron una escalada de crímenes económicos que se encuadraron en lo que se llamó “la explosión de la burbuja hipotecaria”. El film recorre la adaptación del libro de Michael Lewis que plantea la experiencia de un grupo de inversores outsider que descubre años antes el posible quiebre del mercado de vivienda y decide apostar en contra, esperando a que los bancos se derrumben.

Ya se han realizado unos cuantos films que se centran en ofrecer una perspectiva sobre los acontecimientos previos y posteriores a la última crisis global: El precio de la codicia (Margin Call, J.C Chandor, 2011), Malas noticias (Too Big to Fail, Curtis Hanson, 2011) y el aclamado documental Trabajo Confidencial (Inside Job, Charles Ferguson, 2010), entre otras que han generado distintas posturas sobre lo acontecido en las profundidades del oscuro mundo de Wall Street.

Sin embargo, La gran apuesta sobresale por su imperiosa forma narrativa de presentar el conflicto a través de los recursos de la comicidad, el humor negro y una puntillosa pedagogía.

Estos tres elementos son fundamentales a la hora de condensar una historia que puede aburrir por sus complejidades varias, pero que sobrevive gracias a la brillantez aplicada del director en colocar actrices como Margot Robbie (guiño a El lobo de Wall StreetThe Wolf of Wall Street, Martin Scorsese, 2013) y Selena Gomez que hacen uso de la ruptura de la cuarta pared e interpelan al espectador, brindándoles explicaciones claras de la semántica y la enredada terminología financiera, que puede resultar inentendible para aquellos analfabetos económicos como yo.

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Por supuesto que esta plataforma cómica y de acidez critica esta sostenida por dos columnas vertebrales: Un reparto de lujo, en donde se destacan Ryan Gosling, Steve Carrel y Chrisitian Bale, y en segundo lugar un arriesgado plano visual que juega a enfoque/desenfoque, ruptura de la cuarta pared, convulsivos movimientos de cámara y una estética de videoclip que ejemplifica un momento particular del uso de la imagen en la posmodernidad (ya llegaré a ese punto).

La trama inicia con una breve explicación de que ser banquero en los 70 era absolutamente aburrido, hasta que el mundo de la bolsa de valores descubre a Lewis Ranieri, el ideólogo de la exponencial fiesta financiera que haría estragos años más tarde con la mentira del éxito del mercado de vivienda. A partir de ahí, Adam McKay hace uso del lenguaje narrativo de Scorsese (voz en off e interpelación al público) para describir como un grupo de pequeños inversores descubren la estafa sideral que se estaba cocinando en los grandes bancos mundiales. En esa adopción instrumental de la técnica scorsiana el film permite visibilizar, con gran crudeza, cuales son los engranajes y pasadizos secretos del neoliberalismo y la especulación financiera.

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Por momentos, la película se concentra en analizar la atmosfera cotidiana de los bussines-men y corredores de bolsas cuando de repente aparecen ciertas trasgresiones visuales esporádicas que exhiben los más populares momentos televisivos y los videos de YouTube más famosos de la última década. En esta magistral instalación del videoclip se devela un concepto fundamental del relato: La convergencia entre la industria mediática y el sector financiero, como los máximos exponentes de lo que yo llamo EL PODER REAL: Aquellos que son los verdaderos dueños de los gobiernos y utilizan el poder político como una marioneta para reemplazar al Estado por el Mercado. En esta simple intervención visual, se logra comprender como los medios hegemónicos, desde el último siglo, funcionaron como un constante blindaje de los intereses de algunos pocos y son cómplices de los desastres económicos, buscando siempre reproducir la ideología capitalista. Marx, en su teoría critica, anticipaba que el modo de producción capitalista necesita de ciertas estructuras superiores que lo justifiquen y lo sostengan, haciendo así posible el proceso de reproducción social (el plano de lo material y el plano de lo simbólico – ideológico). Las épocas históricas fueron configurando diferentes estructuras como El Estado Democratico-Burgues, la Iglesia Catolica, las Fuerzas Armadas (grupos de coaccion) y el aparato de comunicación, que desde la revolución digital se ha levantado como el eje fundamental del capitalismo.

En este contexto, donde se vislumbran los centros de poder real, La gran apuesta elige un particular punto de vista para contar la crisis…

… Adam McKay coloca la cámara en la cotidianeidad de vida bancaria, sus trampas y su corrupción (corredores, vendedores de bienes raíces, accionistas e inversores precoces), subordinando la aparición sufrida de aquellos que pagaron los platos rotos del frenesí financiero. La progresiva hemorragia interna de los bancos y la inevitable eclosión de la burbuja hipotecaria apunta a una sola imagen general: Pasillos llenos de trabajadores con sus pertenencias y los responsables del crimen salvaje huyen del país, protegidos por el dinero que ganaron a costa de miles. La crisis es evidente y el crimen colectivo tiene culpables que parecen ser inmunes a fallos de una Justicia servicial a los intereses bancarios y que permite dilucidar una triste conclusión: Las condenas son sociales, y las sufre el pueblo. Los de traje sobreviven al purgatorio.

Hay esporádicas apariciones del golpe social donde la comunidad sufre la perdida de sus casas y parece no entender la gran estafa a la que fueron sometidos. Sin embargo, esta táctica de orientar el punto de vista e invisibilización a un sector refuerza aún más el protagonismo de las víctimas directas. Mark (el personaje de Steve Carrel) sintetiza este aspecto reflexivo en un dialogo particular: “Las personas normales son las que pagan por lo que hacemos nosotros. Siempre lo hacen”.

Por último, en esta red de complicidades se suma la subliminal presencia del poder político representado en un gobierno norteamericano, que fiel a su ideología de proteger el patrimonio financiero, realiza el salvataje más grandioso de la historia restituyendo el tesoro bancario que parece ser el bastión de una nación más preocupada por rescatar a los referentes del poder real, que atender las necesidades de su pueblo.

La gran apuesta es una orden moral y cívica que es necesario ver para descubrir los rostros oscuros del capitalismo y como se reivindica más que nunca esa idea que profesa el dialogo con el que empieza este artículo: Llegamos a un punto en donde la tolerancia social adopta la convivencia de ciertos crímenes y el narcotráfico parece ser más aceptado que la actividad bancaria. Sobre todo porque el mundo financiero siempre ha funcionado como una maquinaria perversa y nosotros, el pueblo, no perdonamos ser las naranjas que son exprimidas hasta la última gota.

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