La invención de Hugo

Que el cine se convierta en la ilusión de un niño Por Arantxa Acosta

"Hagas lo que hagas ámalo, como amabas la cabina del Paradiso"Cinema Paradiso (Giuseppe Tornatore, 1988)

Una estación de tren. Un reloj enorme. Un niño huérfano. Un gran secreto. Un tren que se acerca a toda velocidad. Un autómata roto. París. Un hombre sin ilusión. Un acuario. Un pistolero. Un sonámbulo. Un cohete espacial. Un perro. Una biblioteca llena de sabiduría dormida. Una bondadosa floristera. Una llave y… la luna. ¡Ah! La luna…

Todo esto vemos es La invención de Hugo. Todo esto es cine. En mayúsculas.

Que Scorsese es un maestro del cine es innegable. Que ya hace mucho que demostró que no sólo se le daba bien relatar historias sobre gángsters neyorquinos, también. Pero que iba a ser capaz de adentrarse en el género infantil de la forma como lo ha hecho… nos ha emocionado. Como a niños.

La invención de Hugo

Y es que La invención de Hugo bebe de las reglas básicas del género, pero no se olvida de aplicar los elementos clave que la convierten en una historia a disfrutar, casi en mayor medida, los adultos.

Así, encontramos un relato que podríamos enmarcar claramente dentro del universo Dickens, en el que situamos a Hugo Cabret, un niño que ha perdido de forma trágica a su padre y que sobrevive en la estación de Montparnasse a base de robar comida y de que nadie se dé cuenta de que su tío, el encargado de mantener los mecanismos de la estación (entre ellos los de los relojes) ha desaparecido. Un niño que lucha contra el apabullante sentimiento de soledad al que se ha visto sometido, aferrándose al autómata que descubrió su padre antes de morir y que es incapaz de arreglar porque le falta una pieza clave… en forma de corazón. Un corazón que nos llevará a descubrir, sorprendentemente, la gran historia de los inicios del séptimo arte.

Es aquí donde paramos a reflexionar, de nuevo, sobre la maestría del director: Scorsese construye todo su discurso, toda la aventura, alrededor de piezas clave del cine, creando un círculo temporal que se inicia en 1895 y que llega a 2012, pero que se explica desde 1925, creando un patrón que se repite y que interconecta varios conceptos.

La invención de Hugo

El primero es, cómo no, el mostrar que una ilusión es capaz de movilizar a masas. Se dice en algún momento del film que si estamos en este mundo es para cumplir con un cometido concreto, simplemente tienes que encontrarlo. Y seguramente es verdad. A través del homenaje a George Méliès como pionero no del séptimo arte, pero de descubrir al mundo entero que el cine puede ser pura magia (como la magia creada por un niño que busca encontrarse de nuevo con su padre), Scorsese nos convence de ello y, por ende, Sir Ben Kingsley, que conmueve con una interpretación que nos arranca lágrimas de emoción. Y es que revivir escenas de Viaje a luna (Le voyage dans la lune, George Méliès, 1902) es un regalo para cualquiera… ¿cómo no va a serlo para su creador?

El segundo es que el paso del tiempo es inevitable, pero puede revivirse y ser testigo mudo de nuestra evolución. Al igual que vemos evolucionar a Hugo, nos demuestra que el cine reproduce los mejores momentos de nuestras vidas, ya sea por recordarnos una época agradable (Méliès reencontrándose consigo mismo, o Hugo emocionándose al vivir de primera mano el sentimiento que su padre le había explicado tantas veces que sintió al ver por primera vez la escena del cohete cayendo sobre el ojo de la luna), o por ser una prueba palpable de cómo sabemos aplicar nuestros conocimientos y seguimos investigando para mejorar nuestra condición.

La invención de Hugo 2

No hay más que fijarse cómo Scorsese nos presenta las piezas clave del cine y su relación con el paso de los años, a través de su particular retrospectiva (con los dos niños protagonistas leyendo el fantástico libro sobre la historia del cine) o por hacer que ellos mismos vivan las escenas de estas pequeñas joyas: la reveladora La llegada del tren a la estación (L’arrivé d’un train en gare de la Ciotat, Lumière, 1895); la invención del montaje y primer plano con el famoso pistolero de Asalto y robo de un tren (The great train robbery, Edwin S. Porter, 1903); Harold Lloyd inspirando a Hugo a la hora de escaparse del malvado inspector de la estación (colgándose del famoso reloj), tal y como el actor hacía en El hombre mosca (Safety last!, Fred C. Newmeyer/Sam Taylor, 1923); las narraciones más surrealistas con la incursión del expresionismo alemán y su estandarte El gabinete del Dr. Caligari (Das Kabinet des Dr. Caligari, Robert Wiene, 1920); Buster Keaton, melancólico, sin darse cuenta del movimiento del tren (y volvemos a ver un paralelismo con la experiencia de Hugo y los inicios del cine mudo)… y la luna, omnipresente, tan lejos de nosotros y tan cerca de nuestra imaginación, que tan bien supo desarrollar Méliès en sus películas.

El tercer gran concepto, relacionado con el anterior, es la convivencia de hombres y máquinas para sacar lo mejor de nosotros mismos. Sólo la evolución técnica nos ha permitido pasar del simple movimiento de las fotografías que veíamos con el film de los hermanos Lumière a poder potenciar las ilusiones con el uso del 3D (un uso que, por cierto, el director nos hace redescubrir como nuevo en este montaje) y, sin embargo, Scorsese nos recuerda el nexo de unión que existe entre los dos momentos tan distanciados temporalmente pero que buscan lo mismo: crear nuevas sensaciones. En el metraje este vínculo viene en gran forma representado por el robot que, una vez arreglado, será capaz de mostrar cómo, moviendo sus piezas, es capaz de reproducir la ilusión, ilusión que comparten del más pequeño al más anciano. Ese vínculo de Hugo con su autómata es, en definitiva, el vínculo del ser humano con el cine.

La invención de Hugo 3

En cuanto a la técnica del director, poco puede decirse, a parte de que es tan magistral como la concepción del propio film. El uso del 3D como nunca antes lo hemos visto (sólo la presentación inicial, de unos diez minutos de duración, de los personajes principales – entre ellos un idílico París, nos demuestra que Scorsese es consciente de que su relato va más allá de la vida y aventuras del intrépido niño, y que es necesario utilizar la famosa técnica de una forma absolutamente revolucionaria, muy alejada a su uso habitual), pero que pierde protagonismo ante unos movimientos de cámara que dejan boquiabiertos y una puesta en escena que crea una atmósfera impecable, como adelantábamos, muy “Dickens”, que nos explicita que la historia se narra desde el punto de vista de un niño, acostumbrado a exagerar la realidad, tanto para bien como para mal.

Pero no todo en La invención de Hugo es ideal. La historia no justifica su largo metraje, en el que sobra no únicamente más de una escena evocadora de las bondades de París o los entresijos de la estación (seguramente una forma de aprovechar esas secuencias rodadas en 3D), sino también las injustificadas escenas de un Sacha Baron Cohen que sobreactúa sobremanera y que no aportan (ni él ni su supuesta historia de amor) nada a la trama. Claro está que, si quitamos esto, nos quedaríamos exclusivamente con la historia de Méliès y eliminaríamos gran parte de lo que convierte a La invención de Hugo en un film dirigido al público infantil… ¿y?

Scorsese pone al alcance de los más pequeños su propio sueño: el volver a descubrir la magia del cine. Ojalá muchos pudiéramos volver a vivir ese sentimiento. Y, para ello, el director ha sido fiel a la verdadera historia de Méliès, un hombre que llegó a ser el más importante creador de películas de ficción de todos los tiempos, que cayó en el olvido y se vio apartado a regentar una humilde tienda de juguetes hasta que fue rescatado y homenajeado por sus compañeros de la industria años después.

La invención de Hugo es un regalo para cualquier niño, pero, por encima de todo, es un regalo para cualquier cinéfilo.

TRAILER:


 

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Comentarios sobre este artículo

  1. […] allá de esto, La historia de un oso, se sostiene por sí sola: con ecos de La invención de Hugo (Hugo, Martin Scorsese, 2011) en sus primeros segundos, con el uso de cuatro técnicas distintas de […]

  2. […] de Gladiator (Ridely Scott, 2000), El último samurái (The last samurai, Edward Zwick, 2003) o La invención de Hugo (Hugo, Martin Scorsese, 2011), estando nominado en 3 ocasiones a los Oscars. El director Sam Mendes […]

  3. […] Fuente: http://cinedivergente.com/criticas/largometrajes/la-invencion-de-hugo […]

  4. […] presentación la vehiculamos a través de nuestra fascinación por Drive, Código fuente, Shame o La invención de Hugo, entre otras. El D’A, al que siempre le guardamos mucho cariño, nos permitió darle más forma a […]

  5. […] favor le hace al guión que sea tan reciente el misterioso autómata de La invención de Hugo (Hugo, Marti Scorsese, 2011), utilizado como hilo conductor hacia la gran verdad que se nos […]

  6. […] en el que Scorsese no únicamente hará un homenaje al cine, igual que ya hizo por todo lo alto en La invención de Hugo (Hugo, 2010), sino que pondrá en el punto de mira una historia poco conocida por los Estados […]

  7. […] Muchas de sus películas, desde las que abordan las carreras mafiosas de sus protagonistas hasta La invención de Hugo (Hugo, 2011), evocan siempre un mundo pasado con añoranza, los buenos tiempos que ya nunca más […]

  8. […] trayectoria más dilatada y exitosa, que se prolonga hasta nuestros días con algún paso en falso (La invención de Hugo) compensado por cegadores destellos de lucidez, honestidad y belleza (Shutter […]

  9. […] última película de Martin Scorsese, La invención de Hugo (Hugo, 2011), comienza con un plano-secuencia que recorre la ciudad de París hasta culminar en el […]

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  11. […] diferencia de La invención de Hugo (Hugo, 2011), mucho más sincera y realmente pedagógica, en The Artist, para seguir con la línea […]

  12. […] fecha histórica está recreada en La invención de Hugo, el maravilloso y deslumbrante último trabajo de Martin Scorsese. No solo está integrada en la […]

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  15. Estoy de acuerdo con Manu, el personaje de la floristera es un claro homenaje al cine mudo, y puede observarse básicamente en los gestos y poses de la protagonista. No obstante, sigo pensando que el personaje de Sacha Baron Cohen desvirtúa una historia que podría ser realmente perfecta.

  16. ANA dice:

    Coincido en que el film sería mas perfecto eliminando minutos al vigilante de la estación, y su pseudo historia de amor con la chica de las flores, que como se dice en la crítica quizá le quitaría un poco ese toque de cine para público infantil pero que realmente creo que un/a niñ@ de todas formas la disfrutaría, y ese recorte la haría mas redonda por lo menos bajo mi punto de vista, que como homenaje a George Melies y a los inicios del cine me parece una buena pelicula.

    1. Yo no estoy muy de acuerdo con ninguna de las dos porque, quizás, siento especial simpatía por aquello que se homenajea a través de este personaje, incluido ese guiño a Chaplin con el personaje de la vendedora de flores. Tampoco creo que sobreactúa, al contrario, creo que, muy sabiamente, sabe darle fisicidad y profundidad emotiva a una voluntaria caricatura. Y eso es trabajo del actor. Recordad la inspiración dickensiana, hay que ubicarlo en ese ámbito. Es el Dr. Scrooge de la historia.

      1. David dice:

        Pues yo estoy de acuerdo con los tres en parte y a la vez no.

        Creo como Arancha que le sobraba metraje, para lo que resultó al final.
        Creo como Ana que ha quedado excesivamente infantil, aunque quizá esa era la intención.
        Y estoy de acuerdo con Manu que el personaje del vigilante tenía que ser así, otra cosa es que no te guste el personaje o no te caiga bien. Y también pienso que la propuesta de la película era sublime.
        Pero quizá esto último es lo que más me fastidia que una idea tan buena ha quedado sin rematar, y lo digo desde la posición de un espectador que no entiende nada de cine, pero que tengo que decir que Scorsese no me ha llegado a emocionar, no se por que pero no lo ha logrado. En otro orden la estética me parece impecable.

        1. ANA dice:

          Opiniones para todos los gustos, yo cuando la ví no asimilé al personaje de Sacha Baron Coen como un homenaje sino como un personaje típico del cine infantil, aunque está bien saber que forma parte de el homenaje al cine clásico, lo que mas me gustó es ese homenaje a George Mélies al cual no me hubiera importado darle más minutos y restarle a otras partes, pero no deja de ser una apreciación personal mía.

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