La mejor oferta

La dulzura de lo previsible Por Arantxa Acosta

“Si a plazos o al contado

la vida pasa factura,

rebaña y apura

hasta las migajas.

Que si en cada alegría

hay una amargura,

todo infortunio esconde

alguna ventaja”Fragmento de la canción Bienaventurados (Joan Manel Serrat)

Lenta y previsible, o una pequeña joya. Aquí vamos a estar a favor de lo segundo ya que, si bien es verdad que La mejor oferta no explica absolutamente nada nuevo, la personal mirada de Giuseppe Tornatore nos regala una bello thriller donde el despertar a la vida (sea cual sea el mejor momento para hacerlo) y el inevitable paso del tiempo y lo que éste nos tiene deparado son temas que aparecen en diversas capas para acabar entretejiéndose formando una frágil tela de araña.

La premisa del film es simple: un famoso y excéntrico tasador de obras de arte, obsesionado con las mujeres pero incapaz de enfrentarse a ellas, encontrará la forma de acercarse a su particular fruta prohibida al conocer a una joven que sufre de agorafobia.

La mejor oferta

La mejor oferta: Del engaño

La represión sexual y el miedo a ser rechazado son los elementos clave en los que se fomenta Tornatore para idear a su personaje, Virgil. El director y guionista ha querido presentar a su protagonista de forma que rápidamente nos hagamos una composición de lo que es su vida: solitario y engreído, se esconde a su manera del mundo exterior. Así, le vemos vestirse, comer y, por poco relevante que parezca en un primer momento, esconder sus canas tras tinte marrón. Este será el más claro símbolo de la cara oculta que poco a poco querrá desvelarnos el director, dejándonos descubrir que no es un hombre tan angelical como muestra al público. En realidad estamos ante una persona que ha sufrido en su juventud, en sus años en un orfanato, y que ha crecido con ansias de (auto)protección.

Virgil Oldman (un apellido que no es casual) es un hombre respetado por su trabajo. Ante el público, en las subastas, se muestra como un hombre afable, que incluso es capaz de hacer alguna broma. Pero en su vida privada, nuestro protagonista vive cautivo de sus propias manías: siempre con guantes, ejecutando sus tareas siguiendo el mismo orden para dejar atrás posibles consecuencias de sus más absurdas supersticiones, y evitando a toda costa el contacto visual con mujeres. Y es que Virgil esconde un gran secreto: se enamora fácilmente. Tiene fantasías con todo tipo de mujer. Fantasías que únicamente puede canalizar, debido a sus profundas inseguridades, a través de su imaginación, sentado en el cuarto repleto de retratos femeninos pertenecientes a varias épocas. Un cuarto en el que se esconde tras la pesada puerta blindada para sentirse seguro, al igual que hace su misteriosa clienta. Y obras de arte que ha conseguido estafando a sus clientes, amparándose en la confianza que le tienen en el mundillo. Virgil, aunque no nos encaje, roba, pero no para enriquecerse sino para saciar sus más oscuros deseos… o represiones.

Un hombre que quiere silenciar a su verdadero yo, aún no sabemos si malvado o dadivoso, empezando por esas canas que se tiñe periódicamente y que son descubiertas por la gente que le rodea, y por el espectador, al igual que sus manías: poco a poco, sutil y sigilosamente. Pero una vez delatadas, cuando se le revelen también al personaje y seamos conscientes de que él mismo se está descubriendo, aparecerán tras el engañoso tinte para no volver a ser ocultadas, a la vez que el propio Virgil dejará de esconderse y empezará a dar pequeños pasos para abrirse al mundo, y así mismo. Un hombre, en definitiva, que se esconde y que confiesa sus intenciones y deseos exclusivamente a dos personas, su amigo y compinche a la hora que simular las subastas que le hacen proclamarse ganador de los retratos (interpretado por un siempre convincente Donald Shuderland) y un joven ingeniero que hará para Virgil tanto de confesor como de acompañante hacia el moderno entorno que le rodea y del que hasta el momento no ha querido ser partícipe (un Jim Sturgess que aporta más bien poco en sus apariciones). Geofrey Rush encarna perfectamente la dualidad de Virgil que, paradójicamente, estará siempre sometida a su propio beneficio. Tirano y altruista, cruel y bondadoso. Una interpretación que nos traslada tan sutilmente como el gradual avance de la película, sin duda pieza clave del film, de la impertérrita pose del anticuario al juvenil hombre de mediana edad volcado en el bienestar de su clienta.

El engaño y su relación con el personaje principal aparecerá más veces en la trama de la película, apoyada por la puesta en escena y la música de La mejor ofertavolcada en acompañar la farsa y transformación de la vida y carácter del personaje. Los escenarios seleccionados representan perfectamente la dualidad de Virgil: desde su propia casa, impoluta y milimetrada (ese armario de guantes separados entre ellos a una misma distancia no dejan lugar a dudas que estamos ante un hombre calculador) que ya empieza a mostrar, sin embargo, una mezcla de estilos (el reflejo de las dudas y sufrimiento interno del propio Virgil), hasta la iluminación de la caótica villa perteneciente a la clienta (que se nos antoja, inicialmente, como la perfecta casa encantada del cuento de hadas que estamos viviendo junto a Virgil), avanzamos visualmente hasta el temido desenlace. Y es que los tonos pastel, la calurosa iluminación que le valió la nominación al Globo de Oro a Fabio Zamarion dan paso paulatinamente a sombras y oscuridad con el avance del metraje, la misma que se apodera del corazón de todos, sin excepción, los personajes de la historia.

Las risas de la música compuesta por el genial Ennio Morricone, especialmente en “Volti e fantasmi” , tampoco son casuales. Claro augurio de la verdadera situación que está viviendo el protagonista, se mezclan con el conjunto de la película con un extraño efecto en el espectador, haciéndole sentir dulzura y afabilidad a la vez que le sume en un profundo e inconsciente terror y malestar. Los solos de violín no hacen más que  enfatizar esa sensación de peligro ante lo que está presenciando.

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La mejor oferta: Del tiempo, y el destino

El concepto del tiempo como perfecto engranaje que sólo puede llevarnos a un sitio, a  nuestro propio destino, y su encaje con el tempo narrativo escogido por Tornatore es también intencionado: el desarrollo del film no es en absoluto lento, sino que es un claro reflejo de la necesidad del personaje en darse cuenta que lo que está pasando a su alrededor y conseguir despertar de su personal letargo para con la vida. Un espectador se aburrirá con La mejor oferta únicamente si no ha conseguido un vínculo emocional con su protagonista. Sólo en este caso, la bajada a los infiernos (más que predecible, lo admitimos) es tan sentida que sus más de dos horas se nos antojan insuficientes para conocer el sincero final del protagonista, principalmente debido a que el desenlace del film es igual de supuestamente engañoso que la historia en sí gracias a su “confuso” montaje. Y es que algunos lo tomarán esperanzador, y otros todo lo contrario. Porque inevitablemente, y por las circunstancias que le rodean, nuestro protagonista es consciente de su situación, sí, y nos alegramos por él, pero el problema radicará en que no sabremos (o no querremos confirmar) si este despertar es el de su redención final, abriéndose a la vida y a su devenir, permitiéndose por fin dejarse llevar y conocer a más gente, a más mujeres, o si, por el contrario, acaba sucumbiendo a la desesperación que este mismo despertar le ha provocado, sumiéndose en sus propios pensamientos y encerrándose más aún en sí mismo. Estamos ante un genial desenlace digno de un film de Tornatore, aunque con un punto de partida tan sencillo como poco original (de robos y engaños se nos pueden venir cientos de films a la cabeza el último de ellos TranceDanny Boyle, 2013, sin ir más lejos).

Flaco favor le hace al guión que sea tan reciente el misterioso autómata de La invención de Hugo (Hugo, Marti Scorsese, 2011), utilizado como hilo conductor hacia la gran verdad que se nos revelaba sorprendente y mágica. Aquí el desenlace no será mágico ni sorprendente, sino más bien turbador y emocionalmente agotador, pero la selección de este mecanismo para el avance de La mejor oferta, soportándose en la idea de que se trata de una pieza perdida del famoso ingeniero (y también relojero) del siglo XVIII  Jacques de Vaucanson, encaja perfectamente con el anclaje de Virgil en un pasado que, sin embargo, nunca ha vivido. Desde la reconstrucción desde cero a partir de las desperdigadas piezas hasta su aparición final, el autómata es el símbolo que representa la evolución en el tiempo del carácter y sentimientos de Virgil.

Esta representación puede tomarse desde dos puntos de vista: el primero es que Virgil está inicialmente roto, sustentado y malviviendo gracias a la coraza que ha creado a su alrededor a través de sus estrambóticas supersticiones. Pero poco a poco, con la ayuda de sus amigos se encontrará a sí mismo, y se mostrará completo hacía él y su entorno, la actualidad automatizada, la actualidad de la información. Otra cosa será si lo que verá reflejado en ese autómata le gusta (y aquí la segunda interpretación): él no es un hombre de nuevas tecnologías, y se ha “creado así mismo” en base a unos parámetros, absolutamente estudiados y milimetrados para preservar su intimidad. En realidad, hasta el momento ha respondido como un autómata a los estímulos externos, contrariándose cuando no tiene controlada la acción (un claro ejemplo lo encontramos en la escena inicial en el restaurante, el día de su cumpleaños).

Volviendo al recurso de las canas del personaje principal, también son el símbolo del paso del tiempo y la aceptación de nosotros mismos. Dejándose de teñir, Virgil acepta su destino, su enamoramiento y descontrol en la vida. El paso del tiempo como aliado para redimirse también estará implícito en este sencillo acto. Y la aparición del ingeniero/relojero puede interpretarse también como el alter ego del protagonista: joven y con éxito con las mujeres, sus consejos sobre cómo actuar en cada momento de la incipiente relación con la clienta no son más que los pasos que él mismo sabe tiene que realizar.

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La mejor oferta: Del despertar

La gradual metamorfosis de Virgil vendrá representada por sus propios actos y por los sabios consejos o información de desconocidos a los que no prestará atención hasta que no esté al borde del colapso.

Físicamente ya hemos hablado del tema de las canas varias veces. También veremos cómo poco a poco se siente más integrado con su entorno, con lo que le rodea cuando va dejando inconscientemente a un lado la necesidad de ponerse guantes, de no dejarse tocar… También le veremos doblegarse hacia la compra de un teléfono móvil, dándose cuenta el espectador de que la presión social, pero también el descubrimiento de sus nuevas necesidades, harán que vea necesario salir de su particular burbuja. Finalmente, la presencia de la inteligente enana y la información que le dará a Virgil (una mujer que conecta doblemente con el autómata, no sólo por pensar que que tras el invento se escondía una persona que hablaba sino también por su peculiar don, digno de un controlador tan autista como nuestro protagonista) también serán claves para que Virgil abra los ojos a una verdad que, aunque no lo crea, le beneficia.

Con todo esto, si bien el guión tiene algunas frases metidas con calzador para poder continuar bien con el relato y que a veces se nos antojan fuera de lugar por su vacía solemnidad, Tornatore ha querido con La mejor oferta hablar, sin duda, de la evolución humana, dejándonos a nuestra voluntad el extrapolar la toma de conciencia de un individuo con la de toda una sociedad. Ser consciente de las maldades realizadas en vida. Saber que lo que nos está pasando es necesario para mirar adelante y no repetir errores catastróficos. El problema, como decíamos antes, es que no sabemos a ciencia cierta si el cierre de la película es positivo o no, por lo que quizá Tornatore no tiene esperanzas en que la humanidad deje a un lado los intereses individuales, o, por el contrario, sí desea que aprendamos de nuestros agravios. Seguramente, eso sí, todo está en manos del destino.

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TRAILER:

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Comentarios sobre este artículo

  1. […] resultar interesante, para finalizar, citar unos breves pasajes de la película La mejor oferta, dirigida por Giuseppe Tornatore, la cual se centra en la vida de un afamado y prestigioso marchand […]

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