La noche más oscura

"In the end, bro, everybody breaks. It's biology" Por Arantxa Acosta

"¿Cuál es la mejor forma de desconectar esos aparatos?
La forma en la que no mueres, Señor."En Tierra Hostil (The Hurt Locker, Kathryn Bigelow, 2008)

Como ya decía al escribir sobre Días Extraños (Strange Days, 1995), a Kathryn Bigelow no le hace falta demostrar que el género de acción no está reñido con una dirección femenina. Todos recordaremos las escenas de los robos a bancos de Le llaman Bodhi (Point Break, 1991), o los grandes momentos de la citada Días extraños, con su particular e innovadora mirada subjetiva que ningún otro director ha sabido reproducir con tanto acierto, convirtiendo al espectador en protagonista directo de los asesinatos y persecuciones.

Con En tierra hostil (The Hurt Locker, 2008), la directora se posicionó, y de qué manera, en el género bélico. El día a día de los artificieros durante la guerra de Irak cautivó a medio mundo, principalmente por el formato narrativo por el que optó la directora, además de contar con un guión estable que hacía evolucionar a sus protagonistas. Largas escenas que asimilan tiempo diegético y real para mantener la tensión del espectador; rótulos blancos sobre las imágenes que nos desvelan información a medida que avanza el film; la posición de la cámara, alejada de los protagonistas, desde una barrera imaginaria que en las escenas más violentas nos aísla del realista horror que Bigelow quiere mostrarnos; el a veces casi imperceptible movimiento de la cámara en mano, para hacer movimientos rápidos, bruscos, en los momentos adecuados…

La noche más oscura

Todos estos recursos los encontramos utilizados con la misma finalidad en La noche más oscura. De hecho, parece que Bigelow se haya obligado a sí misma a realizar esta película como complemento a la anterior. Pero con nuevos matices, claro. Porque ahora nos llevará al otro lado de un mismo bando: si bien en En tierra hostil nos mantiene en el campo de batalla para mostrar el heroico y duro trabajo de personas normales, ahora se adentra en los despachos de Washington, en la CIA, para mostrarnos que el espionaje y papeleo también forma parte de la guerra. Eso sí, a veces, para lograr el objetivo, hay que meter los pies en el barro. O, lo que es lo mismo, en una cárcel ilegal.

Pantalla en negro, y superposición de sonidos ininteligibles. Sólo poco a poco éstos se irán clarificando: se trata de las voces de las personas que viajaban en los aviones secuestrados del 11-S, o de los oficinistas del World Trade Center que avisaban a sus familias, o de las personas que respondían al teléfono de emergencias… un impactante inicio que nos perturba pero nos advierte, también, del patriotismo que va a rezumar el film. Aunque esto, al menos a estas alturas del film, no es reprochable. Los sucesos del 2001 fueron suficientemente serios, trágicos, como para entender que sus directores patrios quieran tenerlos presente (quien no recuerda la sombra del trágico día y la influencia en la historia de Monty Brogan en La última noche25th hour, Spike Lee, 2002), y más si se trata de desvelar los sucesos que acabaron con el líder de Al Qaeda. Justo después, una cárcel secreta de la CIA, con un prisionero atado por las muñecas, las cuerdas tensas colgadas en las dos paredes laterales. Aquí empieza la particular cruzada de Maya, la protagonista indiscutible de La noche más oscura. Y aquí empiezan también nuestras dudas sobre el film.

La noches más oscura 2

Sin engañar a nadie: la puesta en escena es tan realista como lo que hemos podido vivir en todas y cada una de las películas de la directora. Un realismo que nos inquieta, que nos mantiene atentos a la pantalla, mientras vemos con casi todo detalle cómo se tortura al prisionero. Desde un punto de vista objetivo, sí. Como avanzábamos antes, la directora es capaz de saber levantar ese muro invisible que nos relega a ser  simples observadores. Nuestra implicación emocional se mantiene bajo mínimos, por el simple hecho de que no queremos vernos arrastrados hacia ese horror. Es decir, que Bigelow consigue, intencionadamente, equilibrar la atención del observador “expectante”, pero observador a fin de cuentas. De hecho, desde esta primera escena tras el prólogo y hasta el final del film, podríamos casi afirmar que el estilo es el de un documental. Muy pocos primeros planos, “marginados” exclusivamente a cuando parece necesario que empaticemos mínimamente con una (estupenda en su papel) Jessica Chastain/Maya que revela su verdadera personalidad a medida que avanza el metraje, pasando de frágil espectadora a convencida, implacable y decisiva agente de la CIA, que incluso nos llega a caer mal (aunque esto puede que sólo nos pase a los no norteamericanos). Sólo en el plano final, cuando el objetivo tantos años perseguido ha caído, Bigelow concede un acercamiento emocional, un vínculo con Maya. La pregunta es, sin entrar en spoilers… ¿qué es lo que en realidad está pensando ella entonces? ¿Qué es lo que siente?¿Qué hay, después de dedicar toda una vida a perseguir a alguien al que por fin has abatido?

Pero decíamos que teníamos dudas del film. Y es que encontramos a faltar varios componentes que fueron clave en En tierra hostil y que en esta La noche más oscura echamos de menos.

La noches más oscura 3

Empezaremos por el retrato de la lucha contra Al Qaeda. Si algo nos gusta de su anterior film es que muestra la realidad, aunque sesgada, claro, de los dos bandos. Si bien es cierto que no se reprime en mostrar en casi todas las escenas del film en las que se está intentando desactivar una bomba a iraquíes deseosos de que sus planes no lleguen a buen puerto, también combina las escenas con la presentación de lugareños pacíficos, como pueden ser el niño con el que juega el protagonista, el porfesor de la casa en la que éste se cuela o el pobre padre de familia que pide desesperadamente le quiten el chaleco lleno de explosivos que le han impuesto. Aquí, sin embargo, Bigelow se radicaliza. Algunos pueden decir que es necesario este punto de vista, si tenemos en cuenta que se narran los hechos de la investigación exclusivamente desde la posición norteamericana. Y es cierto, pero quizá se deja de lado información, o pasajes, en los que las dudas, información contradictoria, o cualquier elemento distorsionador pudiese haber influenciado en el desarrollo de los acontecimientos.

El segundo componente, relacionado con el primero, es el distanciamiento con los personajes. Si bien es verdad que es una virtud del film, también es su mayor flaqueza: porque cuando el avance de lo que podría denominarse perfecta representación de una investigación pierde fuelle, la falta de implicación acusa cansancio (es imposible mantener la tensión durante más de dos horas y media… y en el caso de La noche más oscura tenemos una primera media hora memorable y una hora final atrayente, pero algo más de una hora intermedia de pura información). El sargento William James de En tierra hostil se ganaba nuestra simpatía por apreciar (que no compartir) su sufrimiento, sobre todo a partir de la escena del cadáver-bomba que le hace “explotar”. Ahora, en cambio, no logramos conectar con los agentes de la CIA. En cualquier caso, y aunque cualquiera coincidirá en que un mínimo de media hora podría haberse quedado sin remordimientos en la sala de montaje (y en concreto en las escenas del asalto a la fortaleza de Bin Laden, cuyo exagerado metraje consigue quitarnos la emoción del qué pasará, aunque todos lo sepamos), la directora consigue quizá no elevar el nivel en el género, pero sí perfeccionar el trabajo que consiguió con su anterior película con aspectos y técnicas (aunque sólo sea por la distinta puesta en escena) que allí no pudo desvelar. Lamentablemente para su director, demuestra a Ben Affleck que le queda un largo recorrido para poder arrebatarle el podio con un thriller bélico (nos referimos, por supuesto, a Argo – 2012).

La noches más oscura 4

Por último, no podría terminar sin hacer una reflexión que, aunque sea errónea, puede dejar boquiabierto a más de uno: la falsa impresión de que Bigelow está a favor de la tortura. Nada más lejos de lo que busca con su película. Si bien es cierto que en ningún momento se condena, incluso hay una escena en la que el presidente Obama declara en la televisión su intención de investigar y erradicar su uso por parte de los servicios americanos (mientras los agentes de la CIA le miran de reojo y siguen con sus planes, eso sí, diciendo en varios momentos que “hay que tener cuidado con lo de las correas de perro”), hay que recordar que esa visión de falso documental es precisamente eso, falso documental, ficción. Incluso la propia directora ha tenido que salir en defensa de lo que se muestran no son hechos. Pero tiene que explicarlos, como ya hemos repetido, como mejor sabe: de la forma más realista posible. Eso sí, que nadie se sorprenda si dentro de un tiempo se acaba sabiendo que esas torturas fueron tan reales como las filmó ella.

Una película para la historia que, sin embargo, y a nuestro pesar, nos deja un amargor final en el paladar, básicamente por eso de “la parálisis por el análisis”. La solidez de historia que representa La noche más oscura es, también, sinónimo de lentitud. Una pena porque en términos generales nos estaba gustando mucho… al igual que mucha de su filmografía. Como recomendación, claro está no hay que perdérsela, aunque sólo sea por las magníficas interpretaciones (de protagonistas y secundarios de lujo… algunos, como James Gandolfini aparecen escasos dos minutos) y, cómo no, como evolución de una directora que supo alejarse a tiempo de la influencia de su ahora ex-marido James Cameron. Y si gustan este tipo de películas, imposible no recomendar también Invasor (Daniel Calparsoro, 2012), la sorpresa española de este 2012.



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Comentarios sobre este artículo

  1. […] asombrosa fotografía a cargo de Roger Deakins, sobrevuela con soltura las deudas contraídas con La noche más oscura (Zero Dark Thirty, Kathryn Bigelow, 2012). Atención al combate de boxeo entre los fantásticos […]

  2. […] fotografía a cargo de Roger Deakins hace que sobrevuele con soltura las deudas contraídas con La noche más oscura (Zero Dark Thirty, Kathryn Bigelow, 2012). Atención al combate de boxeo entre los fantásticos […]

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