La vida de Adèle

El efecto "Adèle" Por Pablo S. Blasco

Acepto que hay algo de sospechoso en la reacción unánime de euforia que se produjo en el Festival de Cannes con La vida de Adèle (La vie d’Adèle, Abdellatif Kechiche, 2013). Crítica, público, industria y jurado parecieron converger en un extraordinario instante de felicidad –un “seísmo”, en palabras de Carlos F. Heredero– que enseguida fue consagrado con premios y títulos oficiales. Y de repente, como atendiendo a la resaca del día después, llegaron los remordimientos, las discrepancias y las acusaciones lanzadas desde el interior y el exterior de la película. No pocos medios se han volcado desde entonces en matizar los elogios del estreno cuestionando, e incluso rechazando, los valores artísticos de la obra, mientras se alimentaban en paralelo los debates sobre el tratamiento de la mujer o del sexo en pantalla. Estelas de pudor, podría decirse, o exámenes de conciencia para maquillar lo que yo llamaría el verdadero efecto “Adèle”: esa reacción vírica e instintiva que logró destensar toda red de análisis preparada de antemano entre aquel público selecto. Ya que si ahora se demanda con insistencia tanto examen reposado es, precisamente, porque aquella euforia fue más emocional que intelectual, más espontánea que fruto de una reflexión profunda. Y fue unánime, como conviene repetir.

Porque a pesar de todas las críticas efectuadas a posteriori, lo cierto es que La vida de Adèle construye una experiencia cinematográfica donde resulta fácil perder la distancia, debido en primer lugar a la puesta en escena de Abdellatif Kechiche.

La vida de Adèle 1

En este punto, yo distinguiría dos películas simultáneas tras las imágenes del film. La primera, muy escrita, narra el proceso de madurez de una adolescente a través de una historia de amor, y en ella tienen cabida los contrastes sociales, las críticas al pretencioso mundo del arte o las conversaciones sobre el orgasmo femenino y la pintura de Klimt. Pero luego está la segunda película, que es la que han visto sus defensores, en la que dichos discursos son, literalmente, barridos por la energía y la vitalidad que generan las imágenes de La vida de Adèle –creo que ‘atrapar’ sería el antónimo de su triunfo–, reproduciendo con una intensidad desconocida instantes plenos de significado, de esa “verdad escurridiza” que menciona en su artículo 1 el crítico Ángel Quintana.

La relación establecida entre ambas líneas dentro de La vida de Adèle no es tanto la de fábula y narración, a imagen de la teoría literaria, como aquella entre narración y sensación de vida.

Supone un triunfo de método, de punto de vista y observación implicada, el de Abdellatif Kechiche. Su puesta en escena decide fijar como medida el primerísimo plano mientras, en paralelo, extiende el tiempo de la película, que podría fluir indefinidamente, así como el tiempo de la escena, siempre más allá del concepto académico de “escena”. La película se convierte, de esta manera, en una afirmación de la materia, del movimiento de lo físico, como principal elemento comunicativo de la imagen.

Las implicaciones de su perspectiva son numerosas. Mediante la concentración del cineasta en las tensiones naturales del cuerpo, la película abole prácticamente la influencia del medio ambiente. Adèle construye, o mejor dicho encuentra, su identidad desde la asunción de un empirismo sistemático. El ego del personaje no se desarrolla mediante una comprensión racional del mundo que la rodea, sino desde la experiencia sensorial de sus roces con ese mundo. Por ello parece accesorio cualquier discurso en defensa de la homosexualidad –aunque muy significativo por culpa del contexto–, ya que Adèle acepta su vivencia de la realidad como verdad de la naturaleza. La ausencia de justificación para sus impulsos es la mejor justificación que los normaliza. En los movimientos de la chica –primero erráticos, luego voluntarios y anhelantes– prima un motor que responde al deseo sexual, pero a la vez comprendido dentro del gasto de energía innato a la juventud. Durante las sucesivas escenas de baile, que marcan a cada instante su evolución personal, resulta evidente cómo su cuerpo se insubordina de forma intuitiva contra las restricciones de una moralidad impuesta desde el exterior. Y es que la razón puede ser, en muchos contextos, de lo menos razonable.

Este acercamiento concienzudo al físico –a lo físico– es, por lo tanto, la expresión de una mayor introspección en la película, tal y como ha reconocido su director. El objetivo de su cámara es profundizar en la visión subjetiva del personaje interceptando los estímulos que la afectan y modifican. Kechiche nos coloca tan cerca de la chica que la imagen resultante transmite al espectador las mismas sensaciones, maduradas luego en sentimientos, que Adèle recibe y procesa en su interior. Pero sucede a la vez que el personaje parece idóneo para el concepto material de las imágenes o, en todo caso, que ese concepto sería el más adecuado para el retrato fiel de su protagonista. La adolescente Adèle se nos presenta como un modelo de mujer equidistante de la dama bovariana trágica e idealista y del tipo de mujer independiente y práctica. Desde el discurrir de sus años de instituto, su búsqueda personal parece enfocada hacia el hallazgo de una plenitud de nuevo empirista y escurridiza, quizás también heredada de los planteamientos propios de su clase social. Adèle rechaza las discusiones teóricas, desdeña las expresiones artificiales de tipo artístico. Cuando Emma le propone realizarse a través de su talento, la chica reclama su derecho a ser feliz en la vivencia amorosa, de transitoria manifestación. En su reencuentro del restaurante con Emma, no recurrirá ni al sentimentalismo ni a la nostalgia para recuperarla, sino al magnetismo físico y a la atracción expresada por sus cuerpos. Adèle desea vivir en ese instante justo de la totalidad satisfecha, que puede ser sexual o gastronómica o tan primitiva como el lazo que la une a los niños de su clase: vivir como establecimiento de un contacto íntimo y directo con las cosas, del que, sin embargo, hay que desprenderse con la madurez y la llegada de la resignación.

Si la experiencia sensorial se alza en imperativo para la vida de Adèle, La vida de Adèle, en definitiva, propone un modelo de cine que permite al espectador vivir una experiencia fundamentalmente sensorial. Sin ser por ello única en su estilo, muy pocas películas han trasladado esta idea con la intensidad estética y emocional –el “estado de gracia”– lograda por Kechiche junto a sus dos actrices. Solo por ello uno se hace cargo de la magnitud que alcanzó aquel “seísmo”, y que hoy continúa provocando temblores.

la vida de Adèle 2
  1. “Porque ella es una mujer”, Caimán Cuadernos de Cine. Nº 20, octubre 2013.
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Comentarios sobre este artículo

  1. Delatte dice:

    Pues sinceramente, para que se hagan películas lésbicas como ésta prefiero que no se haga ninguna… Mucho decir que visibilizan y normalizan pero parece que nadie ve que en realidad estamos en lo de siempre: las relaciones entre mujeres se convierten en objetos de morbo masculino y en escenitas degradantes de tetas y coños antes que en cualquier otra cosa, y eso es más un retroceso que un avance. Las propias lesbianas somos tan críticas con esta película precisamente porque nos vemos reducidas a una fantasía absurda de un hombre heterosexual, posturas ridículas y una actitud como de “vosotras tocaos hasta la extenuación que yo filmo”. Teniendo una historia tan maravillosa como la que tenía, con un temazo a desarrollar, un punto de partida estupendo en la obra original para trabajarlo y unas actrices entregadas y convincentes para darle vida, Kechiche ha malgastado sus 180 minutos de película en tijeras cunnilingus. A “La Vida de Adèle” le falta verdad y le sobran erecciones. En su cómic, Julie Maroh quiere dar visibilidad a las dificultades con las que se encuentra un adolescente durante el proceso de aceptación de su diversidad sexual, además de presentar una historia de amor excelente, bien cuidada, respetuosa, estética. Pero la prioridad de Abdellatif Kechiche ha sido ejercer de dictador. Él quería sostener la lupa como un voyeur dándose el lujo de exigir todas sus fantasías desde el lugar más privilegiado. No nos extrañe pues que Maroh haya denominado a esta película “pornografía para mentes masculinas”.

  2. Milk dice:

    Soy mujer y soy heterosexual. No conozco nada acerca de las relaciones sexuales entre dos mujeres y tampoco puedo valorar la falta de realidad en las imágenes que este film nos brinda, por eso tu opinión me resulta muy interesante. Leí el cómic antes de ver la película llamada por la aceptación positiva general que había tenido. Me gustó mucho, me pareció conmovedor, emotivo, cercano y un buen drama. La película es distinta pero hay muchas cosas valiosas que destacar en ella. Todo el proceso de desarrollo del personaje, ligado a las citas literarias o los debates, sus experiencias sensoriales, lo evocador que resulta el mero hecho de comer, las miradas, el tacto, el color… Me sentí identificada todo el tiempo (también he estudiado Bellas Artes) con el amor, el miedo, el dolor, el placer y la felicidad mientras dura. Las escenas sexuales se hacen un poco largas y creo que la intensidad se palpaba ya con el resto de gestos y detalles de una manera más potente incluso que en la cama. Aún así todo es tan afectivo que creo que cualquier persona medianamente inteligente puede asumir ese acto explícito como irremediablemente derivado de una pasión amorosa desbordante. Sí visibiliza, y creo que plantea que el amor no es una cuestión de sexo. A mí me sirvió al menos para ahondar en mis propios sentimientos y empatizar desde mi perspectiva heterosexual con el desgarro y la alegría. De verdad que creo y deseo que llegue el día en que nadie tenga que reivindicar su condición sexual, que películas así no llamen la atención, que ni siquiera el género importe, que todo el mundo pueda amarse en libertad plena, en cualquier lugar del mundo. Tal vez no represente la realidad pero, en mi opinión, naturaliza y retrata el amor como lo sentimos todos.

  3. […] la front line de la autoría más inmediata. Los ejemplos recientes se nos agolpan y se acumulan: La vida de Adèle (La vie d’Adèle – Chapitre 1 & 2, Abdellatif Kechiche, 2013) , Nymphomaniac parte […]

  4. Carmen dice:

    Esta película sobre la vida de adele es muy escandalosa ya que esta película solo promueve y fomenta el Lesbianismo haciendo apología de ello descaradamente a mi no me gusto para nada esta película…

  5. Arena Sk8er dice:

    Yo creo sinceramente que Kechiche no quiso desarrollar con la misma extensión y profundidad ningún otro tema más que el sexual, disfrazando tal cantidad exagerada de escenas pornográficas bajo tres horas de “cine” y “arte”. El director parece que sólo se dirige a un público específico para que alabe su obra. Podía haber hecho una verdadera maravilla, pero se dejó cegar por el sexo y resulta descarada y ofensiva la intención comercial de esta película. Precisamente creo que el director se vio obligado a incluir esos 10 minutos de sexo lésbico explícito porque si no nadie iría a ver una película de 3 horas, tan lenta, tan densa y tan poco comercial en todos los demás sentidos. De ahí tanta indignación justificada con ella, porque el director se ha aprovechado de algo que sabe que crea morbo como el sexo lésbico y lo ha pervertido hasta niveles pornográficos para luego venderlo como “arte” y hacerse el tonto diciendo que no, que lo importante no es que la relación sea entre dos mujeres cuando precisamente si no estuviera protagonizada por dos chicas la historia habría pasado completamente desapercibida para el público y la crítica…

    Es fácil hacer la prueba: si Kechiche hubiera dirigido “Brokeback Mountain” o una historia de amor con dos hombres como protagonistas, ni de coña se habría recreado tanto. Es por este cúmulo de circunstancias por el que las lesbianas nos sentimos tan ofendidas: se nos reduce siempre a lo mismo, al mismo papel de objetos destinados a dar placer o morbo a la audiencia… Es curioso que las mayores alabanzas procedan, justamente, de hombres heterosexuales; las mujeres, heteros o lesbianas, la ponen bastante peor y son mucho más críticas. Será quizá porque la cosificación sexual de la mujer es algo tan enquistado en nuestra sociedad, en todos los ámbitos, lo tenemos tan admitido, que ni se permite darle la vuelta cuando alguien lo cuestiona (y entonces, de hacerlo, se nos tacha de histéricas, mojigatas o estrechas de mente, como si confundiéramos “abiertos de mente” con “necesidad de mostrar sexo explícito”) y, como siempre, se visibiliza a las lesbianas sólo para la consecución del placer masculino; se las muestra como objetos sexuales en la pantalla con la hipócrita excusa de que es necesario ver esas escenas pornográficas para entender la vida de la protagonista. Y así, la vida de Adèle se queda reducida a “La vida sexual de Adèle”. Una película fácil, vulgar, pornográfica, con todo lo que podía haber dado de sí (no se dedica apenas atención a la lucha interior de la protagonista, a los conflictos con sus padres y amigas ni la solución a los mismos, no se incide en la necesidad de una mayor visibilización y normalización, etc.)… Es verdaderamente una lástima.

    En relación con esto, mi principal motivo de queja y frustración con esta película (que por muchos motivos me resulta un compendio de tópicos facilones sobre la homosexualidad con un guión naïf e inocentón en exceso que camufla sus carencias bajo toneladas de sexo explícito absolutamente injustificado y que denota una visión masculina obvia) es la escena suprimida en el montaje final de los padres de Adèle echándola de casa cuando la pillan en la cama con Emma, que en el cómic marca un punto de inflexión importantísimo en la vida de la protagonista y así debería haber sido igualmente en la película para entender mejor su desamparo y su soledad. Esta escena sí que es vital para la trama y no la de las tijeras, por ejemplo, a la que se dedica una atención que roza el ridículo. ¿Por qué se suprimió entonces? ¿Para darle más minutos al sexo? ¿Es que no eran suficientes? Resulta incomprensible. Si alguien sabe darme una explicación a esto se lo agradecería, porque yo no la encuentro y me da mucha rabia que se haya eliminado una escena tan importante.

  6. Talía666 dice:

    Una habitación con vistas. La cámara gira hacia el interior y se ve a un tío en la cama.

    Es Abdellatif Kechiche tocándose la polla y hablando por teléfono con su mejor amigo y consejero espiritual.

    - Tío, no paro de pensar en tías en bolas, en plan rollo bollo.

    - Pues nada, móntatelo a lo Medem: haz una peli que vaya de bollos, y que estén bien buenas. Y de paso que te pajilleas tú se pajillea media humanidad, que el rollo bollo tiene mucho público.

    - Ya, pero si hago lo que estoy pensando va a parecer que hago porno. Y yo tengo un nivel, tío.

    - No hay problema. Haz que hablen de vez en cuando y que digan cosas poéticas. Tú eres Kechiche, no haces porno, haces poesía.

    - Ya, pero sólo con eso no va a colar. Pienso tenerlas un montón de rato en bolas, necesito algo más.

    - Bueno, puedes alargar la película indefinidamente con muchos primeros planos, así por mucho tiempo que las tengas en pelotas siempre podrás decir que también les sacas la cara de vez en cuando. Un primer plano de los mocos mientras la protagonista llora puede ser la hostia.

    - Y eso para qué?

    - Para nada; eres Kechiche, un poeta, un artista de la imagen, un creador. No tienes que dar explicaciones. La gente se preguntará el porqué de cada plano y harán sesudos análisis y se olvidarán de lo de las tías en bolas.

    - Jo, tío, eres un crack. Me has salvado la vida. Mira que estaba como el pico una plancha con el tema éste.

    - Pos nada, haz la peli. Oye, y de paso me haces un favor. Conozco a una nena que está buenísima, la jodida se llama Exarchopoulos, toma ya, Adèle de nombre. He intentado tirármela de todas las maneras posibles, pero nada, no consiente la hijaputa. Como tiene ínfulas de actriz, si la contratas por lo menos la podré ver en pelotas y pegarme un meneíllo. Qué me dices, chaval?

    - Hostia, tío, eres el puto amo. Y ahora que lo pienso, me gusta el nombre de tu nena. Voy a titular la peli en su honor “La vida de “Adèle”.

    - Ah, pues de puta madre. Un gran detallazo por tu parte. Oye, no estarás intentando tirártela, no? No te lo perdonaría en la vida. Pero bueno, si te la tiras luego me la pasas… y pelillos a la mar. Qué dices, hace el apaño?

    Y así fue como el bueno de Abdellatif, con el fin único y exclusivo de echarse unas pajillas, nos la metió doblada y ganó la Palma de Oro en Cannes, además de un montón de aclamaciones de críticos que han sabido muy bien justificarle.

  7. […] así exponencialmente la realidad hacia la que camina la sociedad. El éxito de Weekend, La vida de Adèle, Behind The Candelabra, Keep the Lights On, Los chicos están bien, Beginners, Un hombre soltero, […]

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