Las dos caras de Enero

El poder de unos buenos personajes Por Arantxa Acosta

Ruina. (Del lat. ruīna, de ruĕre, caer).
1. f. Acción de caer o destruirse algo.
2. f. Pérdida grande de los bienes de fortuna.
3. f. Destrozo, perdición, decadencia y caimiento de una persona, familia, comunidad o Estado.
4. f. Causa de esta caída, decadencia o perdición, así en lo físico como en lo moral.
5. f. pl. Restos de uno o más edificios arruinados.Definiciones recogidas en el Diccionario de la lengua española (Real Academia Española)

Para muchos, sobre todo para los que somos más profanos del trabajo de la escritora, Patricia Highsmith es sinónimo de “El talento de Mr Ripley”, al igual que Anthony Minghella (con permiso de El paciente inglésThe English Patient, 1996 – por supuesto). Pero la notable adaptación que éste llevó a la gran pantalla en 1999 parece no haber servido de guía a un Hossein Amini que tiene muy claros los conceptos a destacar de la novela y, aunque podríamos pensar que la estética escogida sí  tiene reminiscencias de la anterior (la iluminación de una Grecia tan bella como decadente como sus ruinas), la verdad es que está mucho más cerca del estilo que Anton Corbijn seleccionó, con gran acierto – aunque sorprendentemente criticado – para su El americano (The American, 2010).  

Y es que nos encontramos ante un thriller de corte clásico, tan disfrutable como otros recientes “de culto” para el género (pensando en El sastre de PanamáThe Tailor of Panama, John Boorman, 2001 – o, película cuya historia puede tener más similitudes con la de referencia, El americano impasibleThe Quiet American, Phillip Noyce, 2002 -, adaptaciones de John le Carré y Graham Greene respectivamente, otros dos maestros del género), en el que el éxito es únicamente alcanzable si se lleva a la gran pantalla cuidando un guión que no debe desvelar nada antes de lo esperado, pero que necesariamente debe ser lo suficientemente tenso como para mantener la atención del espectador.

Y, en este sentido, Las dos caras de Enero acierta plenamente: definiendo excelentemente a sus protagonistas, pero sobre todo consiguiendo la empatía del pasivo y atento observador que se ve atrapado por la personalidad de unos personajes con tantas aristas que le imposibilitan posicionarse y discernir entre bien y mal, buenos y malos o, simplemente, moral y justicia. 

Así que no aburriremos al lector situándole en la trama y adaptación de la novela a través del significado de su título, porque esto es algo fácil de encontrar si no se conoce la mitología romana y, una vez hecho, simplemente le verificará que cada uno de los personajes tiene, como decíamos antes, tantos ángulos en su personalidad que resulta difícil identificarlos siguiendo unos cánones preestablecidos. Pero sí avisaremos de que la presentación de Rydal (interpretado por un excelente Oscar Isaac, que da réplica estoicamente a un Vigo Mortensen en estado de gracia), haciendo de guía para las enamoradizas turistas, es crucial para comprender el interior de los personajes. En definitiva, un thriller en el que nadie ni nada es lo que parece. Ni los protagonistas, ni su supuesto triángulo amoroso.

Porque si de algo habla Las dos caras de Enero es de la ruina de las personas en su definición de decadencia, tanto física como, por encima de todo, moral.

El ruinoso entorno se presenta como un escenario perfecto para emplazar el ajado carácter de cada uno de los tres personajes. Todos ellos rotos por un pasado que no se nos desvelará nunca completamente, y que no podremos más que adivinar. Intentando reconstruir sus vidas, adivinando el por qué actúan así en el presente para un futuro que se preludia tan lejano como idílico. Al menos, en su imaginación. 

1. Colette, la fiel y atrapada esposa

¿Qué lleva a una mujer a casarse con un hombre que podría tener la edad de su padre? ¿Amor?¿Protección?¿La única forma de escapar de un turbio pasado?

Las dos caras de enero

El personaje de Dunst, Colette, es el que desata la trama principal de Las dos caras de Enero y, sin embargo, el menos interesante de todos. Derogada a convertirse en la mujer que enfrenta a los dos hombres, siendo la más débil de los tres, intuimos que el personaje es en realidad mucho más manipulador que el de Chester, su marido. Sin embargo, el film no llega a mostrarlo, utilizando a Colette casi más como un papel exclusivamente necesario en la trama para que se conozcan Chester y Rydal que como centro neurálgico que equidista a los dos hombres. Así que si bien no era sencillo aguantar el elevado nivel de complejidad para tres protagonistas principales en la historia global, nos parece que seguramente en el libro la ambigüedad del personaje tiene un peso importante en el desarrollo del comportamiento de los dos hombres, quedando aquí apagado, intencionadamente o no, por dos factores.

El primero, la poca destreza de una actriz que parece no encontrar su sitio entre los dos pesos pesados que la acompañan. Sinceramente Dunst no parece haber sido la mejor elección para un personaje que debería ser mucho más pasional, incluso posiblemente más desequilibrado, de lo que demuestra. Por el contrario, tampoco se trata de querer potenciar una temerosa personalidad consecuencia del posible maltrato por parte de un marido celoso porque, si se trataba de eso, tampoco lo consigue transmitir. 

Y, posiblemente, ahí radica el encanto, si no gran trabajo, de la Colette de Kristen Dunst. ¿Acaso nos engaña a todos, aportando el equívoco que sí necesita el personaje hasta tal consecuencia que nos parece no ha sabido medir el pulso a su interpretación? Quizá, pero lo que sí es cierto, y aquí el segundo factor, es que no tiene espacio suficiente para demostrarlo, en lo que parece ser la clara evidencia de lo complicado que es adaptar una novela para la gran pantalla. 

2. Rydal, el entrometido y arrepentido truhán  

La aparición de Rydal en las vidas de Colette y Chester podría ser más que intencionada, y estudiada. Al igual que antes, desconoceremos si existe un pasado que no se nos llega a desvelar sobre el joven. ¿Se trata de un espía que persigue a Chester, o realmente su cruce de caminos ha sido puro azar?

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Si algo consigue Amini es desdibujar la relación entre Chester y Rydal, tanto que el espectador no podrá dejar de preguntarse si el vínculo que sienten entre ellos es puramente el de padre/hijo, o hay algo más (¿o es que no se nos presenta demasiado obvio, por lo masticado que aparece durante todo el metraje, que sea posible una explicación más retorcida?). Si nos quedamos con la primera opción, varias menciones al pasado del joven Rydal demuestran que está falto de una figura paternal y que la encontrará en un Chester necesitado de dejar un buen legado, o como mínimo de expiar sus pecados. Así, líneas del tipo “siento haberte decepcionado” refuerzan la falta de compañía y profunda soledad interior del mayor, al igual que cuando Rydal hace todo lo posible por enmendar con Chester la falta de atención que prestó a su propio padre. Pero el espectador puede ver más allá, incluso con la inocente y emotiva frase transcrita. ¿A quién se refiere Chester al pronunciarla, a Rydal o a él mismo? 

Así que tiene cabida pensar que Rydal esconde o turbias intenciones, o un pasado demasiado doloroso al que se obliga a hacer frente al conocer a Chester. De hecho, podríamos decir que se deja la puerta abierta a pensar que el verdadero padre de Rydal abusó de él sexualmente (la carta del familiar que le recuerda que les hizo a todos daño, no únicamente a él, es imposible de obviar), lo que explicaría la bizarra tensión sexual que existe entre ellos dos, palpable desde la primera escena en la que los tres interactúan, en la terraza de un café. Eso sí, Amini, conocedor de las famosas líneas de Highsmith, la adornará mostrando a Rydal como el galán que se queda prendado de la bella y joven dama que misteriosamente acompaña a un hombre que le dobla la edad. 

Por otro lado, se puede interpretar el nexo entre ellos dos de forma totalmente distinta: ¿no sería posible que Rydal compitiese por el amor de su madre, o contra un padre tan perfecto que ensombrecía a toda la familia? Buscando ahora una forma de vengarse de esa omnipresencia, de ese rigor que tuvo que sufrir en su infancia…

Preguntas y más preguntas se ciernen sobre un personaje interpretado por el que ya puede asegurarse se trata de un camaleónico Oscar Isaac, que sorprende con la sobria lectura que otorga de un joven que podría haber encarado mucho más histriónico, entre gamberro y petulante, sin que el resultado hubiese sido mejor.

3. Chester, el astuto y honorable ladrón 

Por supuesto, el personaje con más fuerza de la película, y el que se lleva mayor peso.

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Mortensen construye de forma excelente uno de los personajes más complejos de la película. Sus miradas, sus gestos van incluso más allá de un guión que, quizá por el material de partida, no acaba de aportar al espectador una gran intriga. Los silencios del actor son básicos para comprender la lucha interior de un hombre que se arrepiente de ser el estafador que le ha hecho llegar hasta ahí, pero que no puede evitar seguir adelante para sobrevivir al caos que ha dejado atrás y que, por supuesto, no quiere volver a encontrarse. Egoísmo y duda luchan en Chester, que verá cómo su mujer, valor que consideraba seguro hasta la llegada de Rydal, también le da la espalda. Porque el control basado en la fuerza y el miedo no debería ser nunca motivo suficiente para quedarse con alguien.

El actor se ha basado completamente en el lenguaje no verbal para construir su Chester, profundo como ningún otro, teniendo en cuenta las pocas líneas que pueden permitirle conseguirlo y transmitirlo al espectador. Así, se muestra inicialmente encantador pero con una sombra de maldad que sobrevuela su acción, para pasar por un estado de duda y finalmente permitirnos descubrir al sencillo hombre, hijo de camioneros, que simplemente quiere lo mejor para él mismo y una mujer de la que está profundamente enamorado. 

Las dos caras de Enero es, básicamente, Chester/Vigo Mortensen. Porque consigue que queramos conocerle, ayudarle a salir de su mala racha y que las cosas le salgan bien. Porque por muy malvado que sea, acaba siendo el personaje con el que todos podemos identificarnos, mucho más que con el del supuestamente perdido Rydal.

Como decíamos, la historia de traición es compleja no tanto por los hechos que se acontecen sino por la manera como los enfrentan los que los viven en su propia piel, y eso, exclusivamente eso, es lo que convierte a Las dos caras de Enero en fascinante, y más aún cuando acaba por centrarse en los dos hombres protagonistas. Quién iba a decirnos que sería uno de los estrenos de verano más inusualmente refrescantes.

TRAILER:

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