Lean on Pete

Intimidad Por Manu Argüelles

Soy como el junco que se dobla
Pero siempre sigue en pie
Resistiré, para seguir viviendo
Soportaré los golpes y jamás me rendiré
Y aunque los sueños se me rompan en pedazos

Resistiré, resistiréResistiré, Dúo Dinámico, 1988

I

Tengo la terrible sensación de que me vida se resume en una continuada colección de fracasos. Si me ciño a la sociedad del éxito y a sus prerrogativas no cumplo con ninguno de sus ideales. Ni he alcanzado ni me he fijado ninguno de sus objetivos. Tampoco me parece que sea poseedor de ninguna habilidad especial. Nada destacable. Solo una cosa, tengo cierta mano para reconocer el talento en los demás. Creo que esta publicación es una buena muestra. Por eso me muevo en la escritura cinematográfica y no tengo ningún impulso por participar en el acto creativo del cine, algo que me preguntan con frecuencia. Cuesta encajar que esto sea un fin en sí mismo. Cuesta asimilar que no busque escribir en grandes publicaciones. No paran de decirme que merecería estar en otro sitio. El éxito, ya saben.

Pero, sin embargo, todos mis activos, todos mis esfuerzos y toda mi energía la vuelco en la gestión de lo emocional. Por ejemplo, pasar una noche entera con uno mis mejores amigos hasta que nos amanece. Sé que no es fácil entenderlo. Pero para mí es lo valioso. Todo lo demás me parece accesorio, superfluo, no me interesa. En ese marco, pese a que no me gusta hacer aseveraciones o aferrarme a sentencias, en la actualidad, no sé mañana, la ficción de Andrew Haigh es la que me llega más dentro, con la que más conecto, la que mejor me habla de cómo me veo y que se centra en lo que de verdad me importa. La que más reviso como un espejo, la que me da mis palabras, mis gestos y mis sentimientos.

Weekend 2011 Lean on Pete

Weekend (2011)

Es esa soledad, ese desamparo, ese sentimiento de alienación en una sociedad (heterosexual) que en muchos casos la percibo totalmente ajena y distante; cuando todos duermen y tú despierto te has pasado de rosca. Aquello que al día siguiente queda embargado en una nebulosa rara y amorfa y te atrapa una sensación terrible de vergüenza…la de cosas y estupideces que dije…esa especie de horror vacui inevitable que te invade al recordar que te quitaste de encima todos los filtros y capas con las que te vistes…y te proyectaste tal cual eres, en tu mísera mediocridad, en tu ridícula condición humana. Hay muchas versiones de uno mismo que se manejan depende de dónde estés y con quién estés. Sí, pero ¿dónde está realmente tu lugar? Lo más cercano en términos cinematográficos lo encuentro en el personaje de Russell (Tom Cullen) en Weekend (2011). Los mejores años de nuestra vida los revivo en Looking (2014-2015, Michael Lannan), tú lo sabes bien que lo hemos hablado y hemos compartido juntos su apasionante final con Looking: The Movie (Andrew Haigh, 2016). Respecto a Looking solo me bastó tu recomendación y ver en los créditos a Haigh. Y, por supuesto, no te equivocaste. Momentos como los de ver a Patrick (Jonathan Groff) bailando A Little Respect de Erasure, dando saltos y desatando su entusiasmo, su cúmulo de errores tan parecidos a los míos, sus pánicos infantiles y su notable desorientación tan aterradora de lo reconocible que me resulta. Pero ya habrá tiempo de escribir sobre la serie. Quise hacerlo el año pasado, pero no pude, para ti, claro, todo estaba muy reciente y en carne viva; necesitaba distancia, no sabía qué hacer con ese inmenso dolor. Porque quizás nuestros años dorados pasaron -y es lo que Looking parece decirnos- pero necesitamos seguir agarrados a nuestros momentos del presente y seguir insistiendo en que el futuro nos devuelva algún esplendor que parece que hemos perdido. I believe in you.

Looking

 Looking

 II

Porque Haigh no solo es el mejor cronista posible del sentir marica, tanto en lo colectivo, como en lo íntimo y personal, en tu propia identidad y con los tuyos, tanto en su propio radio de acción (Looking) como en las tensiones y amargura frente a lo heteronormativo (Weekend). Su ficción se expande hacia otros territorios -Lean on Pete es un buen ejemplo de ello- que es lo que le permite salir del guetto y donde alcanza reconocimiento gracias al circuito de festivales. Y entonces reparan en el talento del realizador con 45 años (45 Years, 2015), como primera salida al exterior. Ahora parece que interesa a la prensa especializada. Porque todavía me acuerdo del tremendo enfado e indignación cuando leía textos sobre Weekend que evidenciaban el despiste que la crítica cinematográfica suele reflejar cuando tiene que encarar ficciones profundamente queer. Y precisamente Lean on Pete nos descubre que su universo en realidad está fundado en un aspecto mucho más amplio que lo que a mí me otorga carta de adhesión personal con la intensidad que he tratado de mostrar sin disimulo alguno. Porque su última producción completa las edades de lo humano en nuestro tránsito existencial. En Haigh lo que de verdad importa es el tiempo y su transcurrir, al margen de identidades sexuales y clases sociales. El tiempo y cómo este determina nuestras relaciones humanas y sentimentales. Y ahí confluyen plenamente todos sus personajes principales y en ellos se percibe la misma firma. Así pues, lo de 45 años Lean on Pete no se trata de algo exótico, que le permita diversificarse y cambiar de tercio o bien que sea una estrategia para alcanzar mayor reconocimiento. Son nuevos jalones que completan su principal foco de interés y como tal tienen pleno sentido. Lean on Pete me llega cuando trato de lidiar con una nueva década, los 40, que no llevo muy bien, para qué esconderlo. Ya no puedo hacer otra cosa que rubricar el certificado de defunción de mi juventud y aceptarlo, en el momento de la reciente pérdida de mi gato, que me llegó al independizarme, igual de pequeño y pipiolo que yo era a mis 25 años. 4 casas diferentes y 17 años después, el adiós definitivo como símbolo también me dice que soy una jodida pollavieja triste y melancólica que en mi patetismo ridículo se aferra a la ficción de Looking para recordar los años de gloria y felicidad que ahora parecen haberse evaporado. Antes vivía, ahora sobrevivo. Esa es la diferencia. Lean on Pete, que así se llama el caballo que acompaña a Charlie (Charlie Plummer) en su itinerario de Portland, Oregon a Laramie, Wyoming (1130 millas, 375 horas a pie según Google Maps), lleva consigo la misma significación dentro de la ficción respecto al chico protagonista. Es la misma metáfora que yo apliqué en mi dolor egocéntrico al pensar en mi gato, él que siempre fue mi punto débil. Charlie pierde su infancia, servidor pierde su juventud. Y Haigh vuelve a estar a presente para abrirme en canal otra vez más.

Lean on Pete

Lean on Pete

III

“A medida que envejecemos dejamos de tomar grandes decisiones. Quizás se nos conceden solo unas cuantas mientras vivimos y cuando las gastamos ya no hay más. (…) Está claro que las decisiones que tomamos de jóvenes son realmente importantes.” Con esta parte del discurso final que Geoff Mercer (Tom Courtenay) entona en la fiesta de celebración del aniversario de su matrimonio en 45 años nos encontramos, en síntesis, con el núcleo central de Lean on Pete, la cual, no por casualidad, arranca en Portland, la ciudad a la que se marchaba Glen (Chris New) en Weekend

El tiempo en su irreversible finitud y la necesidad de plenificarlo intensamente con lo que realmente importa -Weekend-, la forja de la identidad como adultos en el tiempo con los nuestros -Looking-, los fantasmas que contaminan nuestro tiempo vivido -45 años-, y, cerrando el círculo, el tiempo de las grandes decisiones de nuestra juventud: Lean on Pete. De esta manera, así se entiende que este relato de formación (no confundir con el trazado arquetípico de las coming of age) termine de forma similar a como empieza: con Charlie corriendo en las inmediaciones de su hogar. Charlie, al final, tiene un diferente corte de pelo, su ropa y zapatillas de deporte son más adecuadas que las que usaba al principio -el calzado, también las botas que le presta Del (Steve Buscemi) para trabajar con los caballos, como signo de los diferentes estadios por los que el joven pasa- porque Lean on Pete figura el tiempo como desplazamiento, el de la edad de transición, el tiempo físico que da forma al tiempo mental.

La coincidencia con la maravillosa de cabo a rabo American Honey (Andrea Arnold, 2016) nos conduce a una penetración en suelo norteamericano, por parte de dos realizadores británicos que ambos convergen en retratar una adolescencia en extrema precariedad, como figuras de la gran desazón de la cultura norteamericana, en paralelo a Sean Baker y su The Florida Project (2017). Para ello rescatan el gran espíritu de las magníficas películas contraculturales de los años 70, que se centraban en personajes marginales. Porque Charlie en su gesta imposible, en su constante impulso de fuga compartido con Star (Sasha Lane) del filme de Arnold, se centra en el sentimiento de pertenencia, cuando no hay nada a lo que agarrarse frente a la sangrante disonancia con el mundo adulto, cuando ya no nos queda nada, salvo el amor. Mientras que American Honey es una road movie perfectamente fluida, compacta y plenamente musical 1, llena de luz y fulgor, Haigh, quizás todavía no del todo despegado de lo que fue su paso por Looking, la dibuja mucho más taciturna y menos expansiva, con un desmedido carácter episódico que desnivela el conjunto final y que es mucho más rescatable en destellos (cífrese Charlie compartiendo con Lean on Pete sus sentimientos; su travesía por el duro paisaje natural) y en breves apariciones como la de Bonnie (la siempre magnética Chlöe Sevingy y que aquí con muy poco construye un personaje de gran entidad y que deja huella). Son momentos en los que glosa lo que mejor saber hacer: la escritura de la intimidad.

Mientras escribo estas torpes líneas suena en mi reproductor Mistery of love de Sufjan Stevens, noto la piel que se me eriza y recuerdo la expresión de Charlie cuando por fin localiza a su tía, en el final de la travesía. No puedo evitar acordarme de la similar reacción de James Graham (Christian Bale) en El imperio del sol (Empire of the Sun, Steven Spielberg, 1987), en aquel encuentro con sus padres y le cuesta reconocerlos, después de todo lo que ha pasado. Charlie, a su manera, también es el prototípico héroe de Spielberg. Pero el tiempo de la épica se nos agotó, solo nos queda como única tabla de salvación recobrar a nuestros seres queridos, mantener el tesoro de nuestra infancia, de nuestra juventud, nuestra fuerza, mientras avanzamos en el día a día de nuestra existencia. Porque el horizonte del western, pese a todas las caídas de telón y cambios de escenario, sigue allí, a lo lejos.

Lean on Pete Haigh

Lean on Pete

TRAILER

  1. Haigh prefiere utilizar las canciones como catalizadores emocionales y reservadas para el final, como hacía en Weekend con Marz de John Grant, todos los cierres de los capítulos de Looking, el encandenado de Smoke get in your eyes de The Platters con Go Now de Moody Blues (pasado y presente) en 45 años y The World’s Greatest de Bonnie “Prince” Billy en Lean on Pete. Sus canciones se entienden así como una lectura sintética de todo lo que hemos visto.
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