Looper

Los viajes en el tiempo: un campo de sueños Por Arantxa Acosta

"I think my body's getting used to these 36-hour days"Aaron en Primer (Shane Carruth,2004)

Loop: Bucle, circuito cerrado. Lazo. Pero también rizo, curva. Y no, no es lo mismo. Porque una definición da por hecho que se vuelve al lugar de partida, que se cierra lo que se ha empezado. Y, sin embargo, la otra nos emplaza en un lugar diferente, nos lleva a pensar que, por muchas vueltas que hayamos dado, acabamos en otro lugar, habiendo avanzado a lo largo de un arduo camino. Tiempo y espacio. Parábola del abuelo y teoría de la relatividad de Einstein 1. Paradojas sobre nuestra propia existencia. Decisiones y acciones, en definitiva.

Un simple y efectivo flashback es lo único que le hace falta a Rian Johnson para demostrarnos cuál es su concepción acerca del tiempo… y de la vida. Un simple flashback que a más de uno descoloca en la butaca de la sala de proyección, dejándole en este estado hasta el final de la película. Y, aun así, muy al contrario de lo que se ha querido vender en la promoción del film, los viajes en el tiempo son simplemente una excusa para poner de manifiesto preocupaciones mucho más filosóficas que sin duda rondan al director. Una excusa muy interesante.

Muchas son las teorías sobre los viajes en el tiempo, y muchas también las que se han llevado ya a la gran pantalla. La base de todas ellas es la misma: si se pudiese viajar en el tiempo, a través de agujeros negros (como “el supuesto” de Donnie Darko – Richard Kelly, 2001, o el de la reciente Star Trek – J.J. Abrams, 2009), o utilizando una máquina creada por el hombre (El tiempo en sus manosThe time machine, George Pal, 1960), o incluso con la propia mente (En algún lugar del tiempo, Jeannot Szwarc, 1980, o El efecto mariposa, Eric Bess-J. Mackye Gruber, 2004)… ¿podríamos cambiar el pasado?

Nos encontramos entonces ante suposiciones que implican que no es posible, como la de la edulcorada pero cautivadora Más allá del tiempo (The time traveler’s wife, Robert Schwentke, 2009), en la que el involuntario viajero en el tiempo simplemente puede observar pero no interferir; o la más extendida, la que explica Doc a Marty en Regreso al futuro (Robert Zemeckis, 1985): si se cambian los acontecimientos en un punto de la línea temporal, generamos una evolución totalmente distinta. Looper explora este último caso, pero, al igual que el director ya consiguió con el género de cine negro en Brick (2005), nos proporciona un loop adicional, una vuelta de tuerca más.

En Looper está claro que se ha conseguido el poder viajar al pasado gracias a una máquina – que, por cierto, se nos antoja muy similar a la que podríamos haber visto en la 12 monos de Terry Gilliam (1995), con el propio Bruce Willis- que lleva a un espacio tiempo distinto del que se ha partido.

Entonces, Joe se encuentra con su yo pasado. Hasta aquí, perfecto y, de hecho, nos alegra que al verse el uno al otro no se desestabilice el universo, según las predicciones más catastrofistas del Dr. Brown. Genial.

En una línea temporal, el yo presente de Joe elimina al Joe futuro. Si le mata, desaparece su yo futuro de una línea temporal concreta, la suya propia, la de este momento.  Así que el Joe presente tiene aún treinta años para seguir viviendo, evolucionando, hasta que le devuelvan al pasado otra vez. Pero entonces, primera pregunta clave: ¿podrá matar a su yo futuro sin que haya consecuencias en su propia línea temporal? Es más, ¿actuará de igual forma en los próximos treinta años sabiendo que va a matarse? La respuesta es que si se trata de un loop inevitable y de una única línea temporal, sí. Podríamos pensar que, aunque intente evitarlo (como lo hace Joe/Bruce Willis, por eso llega un poco más tarde a su cita), su destino es sí o sí volver al pasado.

Pero, claro… el loop puede romperse, dando lugar a otra evolución, a otra línea temporal. De ahí el recurso del flashback del director: es necesario mostrar la línea temporal del Joe del presente, la línea en la que sigue con su vida treinta años más, para que sea posible el mostrarnos una alternativa.  ¿Qué pasa si el Joe del futuro que vuelve a su pasado no muere en sus propias manos, el Joe que él mismo ha sido? En ese momento, estoy generando una línea temporal completamente distinta, que sin embargo coexiste con la que ya he vivido. Es por esto que el director opta por utilizar el recurso que ya vemos en El efecto mariposa: al protagonista se le acumulan los nuevos recuerdos de su yo pasado, de sus nuevas aunque pasadas vivencias… porque ya no es el mismo “yo” que él fue. Se le empiezan a borrar sus propios recuerdos, para ser sustituidos poco a poco con las acciones que está realizando instantáneamente su yo pasado, que está sustituyendo a las que él mismo realizó en su propia línea temporal. Y esta es la razón principal por la que Joe/Bruce Willis no puede eliminar a su yo pasado. Si le elimina, él muere, dado que se trata del mismo cuerpo, ya que se parte de la misma línea temporal. Pero si no cambia los acontecimientos, nunca podrá llegar a conocer al verdadero amor de su vida tal y como él pudo hacerlo… por lo que él mismo irá perdiendo su memoria, siendo borrado, de todos modos, de la existencia. Así que Joe/Bruce Willis tendrá, de un modo u otro, todas las de perder.

Tras todo este análisis, y en definitiva, el director y guionista genera un loop, por supuesto, utilizando el viaje en el tiempo, acerca de lo que en realidad es una reflexión sobre la necesidad de saber tomar las decisiones correctas en nuestra vida, ya que no podremos vivir las alternativas que cualquier otra decisión podría habernos proporcionado. Una línea temporal para cada individuo, sin posibilidad de vivir otras opciones. Es el resumen de lo que la magnífica Las vidas posibles de Mr Nobody (Jaco Van Dormael, 2009) nos muestra con el dilema del niño de ocho años que debe decidir si quedarse con su padre o irse con su madre.

En la vida, no hay vuelta atrás. Así de simple… y de complejo.

Looper

Pero, como decíamos inicialmente, el viaje en el tiempo es sólo una excusa para tocar muchísimos otros temas. Hemos avanzado ya que Johnson quiere hablarnos de la importancia de las decisiones en nuestra vida. Por otro lado, también quiere hacerlo sobre la importancia de no perder el tiempo. De hecho, está claro que, al igual que In time (Andrew Niccol, 2011), Johnson quiere profundizar en el hecho de que el tiempo sea una moneda de cambio, ya que el asesino se mata a sí mismo a cambio de dinero, y, paradójicamente, a cambio de asegurar su propio futuro. Ellos son los que manejan el dinero, jóvenes sin escrúpulos, eficientes máquinas de matar, terminators capaces de matar a cualquiera que sea su objetivo, frente a una sociedad con escalas sociales mucho más marcadas que las actuales (y que, sin duda, es otra de las reflexiones del director), en las que nos sentimos superiores a los pobres que se arrastran literalmente por las calles, o a los extraños humanos que han mutado y son ahora telequinéticos que lo único que saben hacer con sus poderes es hacer levitar monedas. Personas cuya evolución es tan rechazada como la de los X-Men (Bryan Singer, 2000).

Y aquí otro loop, en este caso rizo, o meandro. Porque el director se aleja de lo que parecía su historia principal, con una mezcla de análisis de teorías más profundas y trepidante acción que lógicamente nos hace pensar en el mejor Christopher Nolan, el de Origen (Inception, 2010), y da una vuelta completa al argumento principal, hablándonos ahora de Mesías anunciados (gracias a la gente que viene del futuro, en este caso) que deben ser eliminados por lo que supondrá su existencia, cual niño de La Profecía (Richard Donner, 1976). Mesías que, seguramente por acontecimientos de su pasado en los que Joe (del presente y del futuro) estará involucrado, decide cerrar los loops lo antes posible. ¡Ah! Qué gran giro de 180º, que sin embargo es más que necesario para cerrar el bucle con el que realmente se ha iniciado la película: es posible cambiar los acontecimientos. Curiosa conclusión, si acabamos de decir que no podemos volver atrás una vez hemos tomado una decisión….

La discriminación sin tregua es, sin duda, el segundo gran mensaje del film. Inicialmente se nos introduce el elemento de la transformación genética como algo sin importancia, para ser luego el centro de la segunda parte del film: una parte mucho más reflexiva, mas calmada, en la que incluso hay cabida para analizar cómo evoluciona la psique de un niño que, aunque no sea verdad, se siente abandonado por su madre, por su familia (y que tangencialmente también nos hizo pensar en Spider – David Cronenberg, 2002). ¿Las personas son malas por naturaleza, o es la sociedad la que hace que se conviertan en ello y sean peligrosas para la sociedad? El director demuestra que es posible romper un loop que parecía inevitable… pero sólo lo consigue rompiendo, a su vez, otro. El suyo propio. Brillante quid pro quo.

Pero, adicionalmente a la compleja historia, hay que destacar también cómo nos la nuestra. A agradecer ese alejamiento (apostamos que consciente) de la estética Blade Runner (Ridley Scott, 1982), siendo el único elemento visual referido al futuro la casi inapreciable indumentaria futurista de Abe, el hombre que viene del futuro enviado para crear el ejército de asesinos. Es de agradecer que esta distopía quiera romper con esa tendencia a copiar atmósferas, que se resumen a una única, y que el último caso en la cartelera lo hemos encontrado en  Desafío Total. Así que adicionalmente a elementos como la moto voladora, o la droga que se aplica a través de un cuenta gotas en los ojos… nos podemos identificar, casi en demasía, con el universo creado por Johnson.

Looper 2

Más cosas que nos gustan: el campo de maíz. Tan misterioso como fascinante, se trata de un emplazamiento que representa perfectamente los límites entre la realidad y la ficción, entre lo tangible de la armoniosa vida familiar y el horror de la muerte anunciada… entre, aquí, el presente y el futuro. No es de extrañar que Willis aparezca en ese campo, o que la mayor parte de las escenas más importantes tengan lugar entre el maíz crecido. Juegos de luz y sombras, de los mejores duelos – que se nos antojan más bien de western – que, a su vez, invitan a pensar que todo es una simple ilusión. Nada de lo que está pasando es real… como no lo son los viajes en el tiempo. Un símbolo, a su vez, que ya pudimos ver en la exitosa Campo de sueños (Phil Alden Robinson, 1989), en la que en lugar de aparecerse los hombres del futuro aparecían las estrellas muertas de la mejor historia del baseball americano. Fantasía y realidad se dan la mano, y preferimos, por supuesto, seguir con la fantasía.

Y más que destacable es también el trabajo de Joseph Gordon-Levitt, que logra convencernos de que es el joven Bruce Willis. Desde la voz en off inicial con la que explica en lo que el mundo se ha convertido (versión original, por supuesto) ya podemos notar ese deje característico del veterano actor, que parece que todo lo que dice es irrelevante, hasta que le vemos en acción. Sus poses, sus muecas, sus silencios. Todo él es Willis. Bravo. De Willis poco más se puede decir que ya no se haya dicho de su carrera. Es un personaje que le va como anillo al dedo. Y la escena con montaje paralelo en la que Joe/Gordon-Levitt está en el campo con la madre y el niño y Joe/Willis a punto de asesinar, deteniéndose sólo porque se le viene a la mente que no debería estar ahí (gracias a la repentina memoria de su yo presente), es simplemente excelente. El Joe del presente haciendo el bien, el Joe del futuro haciendo el mal, y arrepintiéndose.

Sin embargo, tras este extenso análisis y halagos, Looper no es, lamentablemente, una película original. Si bien el director ha sabido combinar varios y muy buenos elementos del cine de acción, ciencia ficción e incluso cine negro para, como hemos dicho repetidamente, dar una vuelta de tuerca, la verdad es que se nos antoja una combinación de películas tan abundante como incluso decepcionante. Decepcionante no por ser una mala película, sino por no haber introducido nada propio. Porque cuando al ver una escena de Bruce Willis alguien grita en la sala “Yippie Kay Yei!”, es que algo se ha hecho mal. En cualquier caso, pasará a la historia del cine sin duda como una de las mejores cintas de ciencia ficción distópica de la década, no hay duda.

Looper 3

TRAILER:

  1. La paradoja del viaje en el tiempo, o paradoja del abuelo se utiliza para explicar la imposibilidad de viajar en el tiempo. Una persona viaja al pasado para matar a su propio abuelo antes de que éste conozca a la abuela del viajero. Entonces, el viajero nunca habría sido concebido, por lo que no podría viajar a través del tiempo y matar a su abuelo y, por tanto, sí conocería a su futura mujer y abuela del viajero, por lo que sí nacería el viajero del tiempo y podría matar a su abuelo… y así loop tras loop. Esta teoría supone, claro, la existencia de una única línea temporal. Por otro lado, la teoría de la relatividad de Einstein indica que podría ser posible que un astronauta volviese de su viaje antes incluso de haber despegado, considerando que el tiempo puede verse afectado por la fuerza gravitacional, siendo doblado y creando un loop que permita el viaje en el tiempo.
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