Los juegos del hambre

Superficialidad adolescente Por Arantxa Acosta

"No importa hacia dónde, corre por todo lo que merezca la pena...¡CORRE! " Battle Royale (Kinji Fukasaku, 2000)

Dice Suzanne Collins que se le ocurrió la idea de su trilogía de Los Juegos del Hambre (con el primer libro publicado en 2008) encontrando un punto en común entre el mito de Teseo (recordemos: los jóvenes y mujeres de Atenas son enviados al minotauro) y el zapping en el que aparecían imágenes de reality shows y guerras en distintos puntos del planeta. Si esto es cierto, que es posible, ya tenemos la primera afirmación, supuestamente objetiva, de esta humilde crítica: la escritora no va, ni ve, cine. Porque si algo es Los Juegos del Hambre, es una mezcla, sí, y como mínimo, de Perseguido (The running man, Paul Michael Glaser, 1987) y Battle Royale (Kinji Fukasaku, 2000, también basada en una novela, a todo esto).

No obstante, copiar (o como diría alguien, homenajear) no tiene por qué ser malo, ni discutible. Si por algo hay que ensalzar a la escritora – y guionista en la versión cinematográfica – es por haber conseguido llegar a los más jóvenes en unos tiempos en los que acercar a la juventud a la literatura es cada vez más difícil. Y este hecho no es baladí.

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Por tanto, nos era curioso ver cómo una novela cuyo mensaje podría ser potenciado en su versión cinematográfica, conseguía atraer y hacer pensar más allá de las imágenes, tanto a adolescentes como a adultos. Al fin y al cabo, nos encontramos ante una distopía con un interesante punto de partida: cada año se celebra en el Capitolio la competición Los Juegos del Hambre, un espectáculo retransmitido a toda la nación de Panem (evolución de Norte-América), en el que veinticuatro adolescentes, seleccionados por sorteo por parejas chico/chica en cada uno de los doce distritos, deben luchar hasta que sólo quede uno. Los juegos se celebran para recordar la rebelión de los distritos ante la autoridad 70 años atrás, y lo benévolo de ella para con su pueblo al dotar de riquezas, ahora, al ganador.

Claramente el argumento nos suena, ya que se trata de una visión de un futuro alternativo que encontramos en diversos libros, entre los que quizá 1984 (novela de George Orwell, última versión cinematográfica de la mano de Michael Radford en el mismo año) sea el máximo exponente, con un “Gran Hermano” que controla a la plebe y les hace trabajar en base a unas premisas y siempre con un pretexto, una ideología que una a todos. En 1984 (y también, por ejemplo, en THX 1138 – George Lucas, 1971) se trata de la religión; en Los Juegos del Hambre, del culto a la diversión y a los patrocinadores que la hacen posible. Fahrenheit 451 sería otro buen ejemplo, al vernos sometidos a los dictámenes de una jerarquía casi autoimpuesta (escrita por el genial Ray Bradbury y llevada a la gran pantalla por un acertado François Truffaut. Por cierto, no podemos dejar pasarlo:  ¿alguien más opina que los trajes de los guardias mantienen una clara similitud con los de los bomberos de Truffaut?). Y qué decir de Carré Blanc (Jean-Baptiste Léonnetti, 2011), que pudimos disfrutar en el Festival de Sitges 2011 y con una visión de un futuro desalentador, donde el “Gran Hermano” incita a las jóvenes de doce años a quedarse embarazadas para hacer sobrevivir a una especie, la nuestra, algunos años más…

En cuanto a la vertiente de sentirnos observados, a nadie se le puede escapar la identificación con la brillante El show de Truman (Peter Weir, 1998), sobre todo en los momentos en los que vemos cómo se acelera el día y la noche, o cómo se incluyen elementos “extra” para hacer cambiar las decisiones de la protagonista.

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En definitiva, nos encontramos ante una sociedad dominada, donde existen claramente dos únicas clases sociales, la rica y la más pobre, y en la que una niña, Katniss, pondrá a prueba años de sumisión con su coraje y, por supuesto, ganas de sobrevivir. Curiosamente, e independientemente de que hace pensar en un futuro no tan lejano – podemos aplicar a nuestra sociedad de hoy en día muchas de las alusiones del libro/film, tales como que podemos salir de nuestra monotonía, podemos rebelarnos ante una sociedad hermética y burocratizada (se dice con gran acierto que “si dejásemos de mirar el show, ya no sería necesario hacerlo”, por lo que podrían salvar sus vidas sólo con dar la espalda, de forma pacífica, a la autoridad. Pero, ¡ah! Somos débiles, además de mirones y de disfrutar con las desgracias de los demás), etc., otro de los mensajes clave del libro es mostrarnos que Katniss, finalmente, se ve atrapada en la vorágine que la rodea, subyugando sus actos al del gran público, al de los lectores/espectadores, incluso, que estamos ejerciendo también de “Gran Hermano” al seguir atentos sus hazañas, animándola a que sea ella la superviviente.

Pero, desgraciadamente, Los juegos del hambre se olvida, o destaca de forma demasiado superficial, estos aspectos clave (y ya no entraremos en lo desubicada que queda la escena de la sublevación, en un distrito, además, ¿poblada casi exclusivamente por gente de color? En el libro no se incluye este “matiz”).

La verdad es que con Gary Ross como director, que recordamos entrañablemente por el mensaje social que quiso transmitir sutil pero profundamente en la joya que es Pleasantville (1998), esperábamos otra cosa. Debe ser que el director, como el personaje, se ha visto engullido por el “Gran Hermano” de las productoras, centrándose exclusivamente en destacar a una Jennifer Lawrence que corre de de un lado a otro, arco en mano, y poco más. Si bien la actuación de esta pequeña gran actriz es de lo más destacable (junto a la de Woody Harrelson, que llena la pantalla cada vez que aparece, quitando el protagonismo a quien sea que se le ponga delante), la mirada del espectador, por mucho que casi todas las escenas sean ella en primer plano o desde su punto de vista, no consigue conectar con ella, con lo que piensa.

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Un uso abusivo de la cámara en mano es el peor enemigo de Ross, en este caso. Es totalmente innecesario en la escena del sorteo de nombres, por ejemplo, ya que en lugar de transmitir la congoja de Katniss, lo que consigue, básicamente, es marearnos. Y cuando hubiese tenido mucho más sentido, como en alguna persecución, prescinde de esta técnica. Por tanto, cabe señalar, como decíamos hace un rato, que el efecto del film es el contrario al deseado: en lugar de identificarnos con la protagonista, nos identificamos con el público “mirón” y, consecuentemente, en realidad no estamos sufriendo por ella, ni temiendo por el devenir del resto de adolescentes. Miramos, sin más. Y en alguna ocasión, hasta nos aburrimos. Echamos de menos que, al menos, los comentaristas del juego entren más en acción, se les dé más protagonismo (Standley Tucci, el anfitrión… otro de los que salvan alguna escena). Porque, como decimos, somos espectadores nos gustaría que nos guiasen más.

Si a todo esto le sumamos, por un lado, unos efectos incomprensiblemente pobres (lo de las llamas no tiene perdón), y por otro, un desequilibrio de actuaciones demasiado evidente (¿qué hace Lenny Kravitz haciendo de asesor de moda? ¿Wes Bentley, además de parecerse  cada vez más a Jared Leto, ha perdido también capacidad interpretativa? ¿Podemos asegurar cien por cien sin equivocarnos que el papel de Donald Shutherland es el más insulso de toda su carrera?), nos encontramos ante un producto para adolescentes que ni se plantea cuestionar ciertos temas que le harían despertar el interés por el análisis (diferencias jerárquicas, las formas de someter a los más débiles, la transformación de las personas cuando nos vemos en situaciones límite, la hipocresía de nuestra sociedad, que nosotros mismos alimentamos…) o, como mínimo, de su imaginación. Muy al contrario, se queda satisfecho con plasmar una historia entretenida pero sin ideología, sin ningún mensaje claro aparte de lo bonito que es el amor.

Una oportunidad verdaderamente desaprovechada. Una pena.

TRAILER:

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Comentarios sobre este artículo

  1. […] filme se aleja, y mucho, de modas a lo Divergente (Divergent, Neil Burger, 2014), Los juegos del hambre (The Hunger Games, Gary Ross, 2012) o El corredor del laberinto (The Maze Runner, 2014). Es más […]

  2. […] (a tropezones) la saga de Los juegos del hambre y a dos entregas de finalizar la serie, fallida desde el principio, Divergente, La quinta ola aspira […]

  3. […] también, es el ejemplo de Los juegos del hambre (The Hunger Games, Gary Ross, 2012) en donde el futuro social está sujeto a un pasado […]

  4. […] se ha dividido en tres entregas, una por cada volumen publicado. Hasta la fecha hemos podido ver Los juegos del Hambre (The Hunger Games, Gary Ross, 2012), Los juegos del hambre: En llamas (The Hunger Games: Catching […]

  5. […] Perseguido (The Running Man, Paul Michael Glaser, 1987), Battle Royale (Kinji Fukasaku, 2000) o Los juegos del hambre (The Hunger Games, Gary Ross, 2012) o de manera indirecta por influencia, como en el caso de […]

  6. cinthia dice:

    Simplemente veo que la autora o quien le haya dado vida, hizo una mezcla ininterrumpida para poder dibujar lo que tenía en la mente. Desde el vestuario “segunda guerra mundial” de la primera película (cuando los eligen),la forma de comer y vestir (tipo rococó) de los espectadores…hasta la trenza de la protagonista es tipo lara croft . Esto es uno de los ejemplos ya que se dijo lo de otras películas “recordadas” en los juegos del miedo, digo!! del hambre.
    Sinceramente me dan ganas de escribir a mí, porque si esto tiene tanto éxito no era tan complicado si es sólo copiar y pegar con estilo!

  7. […] que demuestra no es sólo capaz de hacer de villano en superproducciones tan cuestionables como Los juegos del hambre (The hunger games, Gary Ross, 2012), elabora a un complejo Bill lleno de matices […]

  8. Sofia Martínez dice:

    No hay duda que gracias a la imaginación de Suzanne Collins y el talento del director se logró una adaptación de Los Juegos del Hambre estupenda, en conjunto es una buena película, con una gran promoción y un magnífico casting de estupendos actores. Y que tiene todas las papeletas de convertirse en el próximo Harry Potterde las carteleras. Lástima que sólo sea una trilogía. Aunque a lo mejor la última la dividen en dos.

  9. Paula dice:

    Para entender la película en su totalidad hay que leer el libro , un ejemplo claro es que en el libro te das cuenta de que la protagonista en realidad no esta enamorada de el chico solo es un rol que para el capitolio (cosa que aclara al final del libro por si alguien dudaba el pobre chico se decepciona y se aleja de ella y punto)quitan muchas cosas y no se explica muy bien la desigualdad y las causas de toda esa situación que están viviendo , quiero destacar que en el libro se nota que la protagonista es una superviviente y aquí parece que gana por suerte .

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