Lost River

Ingredientes para una obra de culto Por Ignasi Ferrer

"Now those memories come back to haunt me
they haunt me like a curse
Is a dream a lie if it don't come true?
Or is it something worse?
that sends me down to the river
though I know the river is dry"Bruce Springsteen. The river (The River,1980, Columbia Records).

El hombre sin rostro (The man without a face, Mel Gibson, 1993) supuso el debut en la dirección del protagonista de Mad Max - Salvajes de autopista (Mad Max, George Miller, 1979). Hasta entonces, Gibson había destacado como actor en franquicias tan conocidas como la distopía australiana o la buddy movie Arma letal. Como es lógico, Gibson estaba preocupado por si estaría a la altura del nuevo cargo. Entonces, recordó un consejo que le dio Clint Eastwood. Cuentan que Harry el sucio le dijo que no se preocupara, que todo lo que debía saber estaba ahí. Lo había absorbido tras tantos años rodando como actor y si tenía el material necesario para dirigir, desempeñaría bien sus funciones de la misma manera que un excelente futbolista puede convertirse en un gran entrenador que opte incluso a ganar 6 títulos en una misma temporada. Este salto de actuar a dirigir cada vez es más frecuente y en algunos casos, como los ya mencionados, nos dejan grandes obras.

Lo que no es tan frecuente es que la curiosidad del actor pase por escribir y dirigir su propia película. Es el caso de Ryan Gosling que debuta en la dirección con Lost River. Un Gosling que últimamente se está prodigando con trabajos tras las cámaras tras producir la insoportable White Shadow (Noaz Deshe, 2013) o la última película de Nicholas Winding-Refn, Sólo Dios perdona (Only God Forgives, 2013) que también protagonizó. Con Lost River, Gosling ejemplifica cuanta razón tenía Eastwood.

El principal obstáculo con el que nos encontramos en Lost River, sin embargo, es que al joven actor canadiense le ha faltado perspectiva.

El resultado final parece una prolongación estética y narrativa de la obra de Nicholas Winding-Refn, concretamente Sólo Dios perdona, en la que la barrera entre el homenaje y la copia se ha difuminado excesivamente resultando un producto impersonal y en algunos momentos hasta caricaturesco. Ryan Gosling ha aprovechado el realismo mágico que aplicaba Winding-Refn en la citada para armar una narración que si bien es evidente que bebe del estilo del director danés, encuentra también otros paralelismos en la obra de David Lynch, Terrence Malick, Gaspar Noé e, incluso, Terry Gilliam.

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Este cóctel de referencias le ha jugado una mala pasada y parece que ha fiado sus opciones en el aspecto más sensorial de la película. El tratamiento del color, imágenes oníricas, la elección de la banda sonora o los acertadísimos minutos musicales que bordan Ben Mendelsohn y la hipnótica Saoirse Ronan pretenden enmascarar las carencias de un guión vacuo que funciona con referencias bastante burdas a la sexualidad, la crisis o una crítica al capital, personalizado en el sádico personaje del banquero interpretado por Mendelsohn, que bordea el ridículo en varios momentos. Tampoco queda claro qué nos quiere transmitir con una narración que empieza como un drama y a medida que avanza va cambiando el tono pasando por varios estadios tan diferentes como el terror, el gore, el surrealismo o el musical. El resultado final se resiente, quedando la narración dividida en secuencias inconexas que convierten Lost River en una colección fría de referencias.

Sin embargo, es justo reconocer los riesgos que toma el joven actor escribiendo y dirigiendo una fábula sobre la crisis tan compleja sobre una familia tipo americana formada por la madre coraje Billy (Christina Hendricks) y sus dos hijos: Bones (Ian Caestecker) y el jovencísimo Franky (Landyn Stewart), una de tantas víctimas colaterales que por su corta edad no alcanzan a entender qué sucede. Junto a su vecina Rat (Saoirse Ronan), todos forman una particular madriguera acechada por insaciables lobos. Billy se ve obligada a aceptar un trabajo en un extraño club de variedades por recomendación de Dave (Ben Mendelsohn), su agente bancario, pues debe tres meses de hipoteca y está a punto de perder su casa. Bones se dedica a robar cobre de casas abandonadas hasta que se cruza en su camino Bully (Matt Smith), que se adueña de la zona y pretende imponer sus condiciones. Y por último, Rat vive por y para su abuela (Barbara Steele), una anciana senil que vive refugiada viendo una y otra vez (como Arantxa con Interstellar – Christopher Nolan, 2014) la cinta del día de su boda. Un pasado que para ella fue mejor y del cual se niega a salir para no enfrentarse con la realidad.

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Y es que los cambios dan vértigo, sobre todo los forzados. La situación actual nos ha llevado a ver limitada nuestra zona de confort e incluso ha puesto en riesgo nuestro bienestar simbolizado en esa casa misteriosa que arde en silencio en medio de la noche. Imagen que se repite a lo largo de la película. Una situación que nos obliga a buscar refugio o, a diferencia del personaje de Barbara Steele, salir ahí fuera y luchar por recuperar nuestra dignidad. El sueño americano se ha desmoronado tras varios golpes y se ha tendido a abandonar a la clase proletaria en una ciudad fantasma que parece una mezcla entre un Detroit arruinado por la presión de los bancos y el declive de su industria y una Nueva Orleans post-Katrina inundada. Una situación que ha capturado con acierto Gosling, pero que se ha quedado en una mera anécdota por torpes elecciones que han trastabillado varias veces el filme.

Aunque Lost River tiene los ingredientes para convertirse en una obra de culto, ha desaprovechado la oportunidad ahogándose en la orilla tras nadar a contracorriente de demasiadas referencias y homenajes.

TRAILER:

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