Luces Rojas

Un truco de magia... en sólo dos actos. Por Arantxa Acosta

"Tu futuro depende de que no acabes esa frase"Parque Jurásico 2: El mundo Perdido (Steven Spielberg, 1997)

Quizá es por mi amor incondicional a Christopher Nolan, quizá por haber visto una entrevista a Rodrigo Cortés hace unos días en televisión en referencia a su Luces Rojas, pero no puedo evitar iniciar este texto con una cita que ya he utilizado en otras ocasiones. No obstante, y lo explicaremos, tiene razón de ser, por supuesto:

“Todo gran truco de magia consiste en tres actos. El primer acto es La Presentación: el mago muestra algo normal, pero probablemente no lo es. El segundo acto es La actuación. El mago transforma lo que aparentemente era normal en algo extraordinario. Intentas averiguar el secreto, pero no puedes. Por eso, aún queda un tercer acto: El Prestigio. Lo imposible se convierte en posible, y tus ojos ven algo que no habían visto jamás”. Esta era la explicación que nos daba Cutter, interpretado por Michael Caine, en El Truco Final (The Prestige, Christopher Nolan, 2006).

Y es que Cortés habla de su último film, literalmente, como si de los tres actos de un truco de magia se tratase. Quedémonos con esta idea, la recupero en un momento.

El punto de partida es muy interesante: se nos presenta a dos profesores de universidad, la doctora Matherson y su ayudante Tom Buckley, investigadores de cierto renombre que han volcado su vida por diversas razones (que a priori no conocemos) a desenmascarar a farsantes del “circo” parapsicólogo (léase “psíquicos” con poderes paranormales). Les seguimos en sus investigaciones, nos compenetramos con ellos tras cada caso resuelto de la forma más lógica posible (al fin y al cabo, a los espectadores ya nos gusta lo de encontrar refugio tras la tensión a la que estamos sometidos). Eso sí, mientras tanto, se nos presenta a pequeñas dosis a Simon Silver, famoso psíquico retirado tras un terrible incidente con uno de sus detractores. Mientras la doctora Matherson rehuye el querer enfrentarse a Silver, será la misión de su ayudante conseguir la prueba que acuse de farsa a la temida celebridad.

Tras la aclamada Enterrado (Buried, 2010), el director vuelve a querer compartir una historia claustrofóbica, como ya quiso hacer en Concursante (2007). Si en el caso de Enterrado esta claustrofobia era también literal, no se trababa del mensaje principal. Más bien el film que estaba poniendo el dedo en una llaga llamada sociedad corrupta que ha perdido su oremus por querer establecer reglas burocráticas y quiere evitar a toda costa enfrentarse a las verdades.

La claustrofobia ahora en la que nos sumerge el director con Luces Rojas la consigue al querernos hacer dudar durante todo el metraje de si lo que estamos viendo es real o no lo es.

No en el sentido fantasioso, ni moviéndose en terreno onírico (como en Origen), sino por hacernos reflexionar sobre uno de los misterios que tiene tantos seguidores como detractores. Ciencia vs. creencia, en el film se nos deja claro nunca existe ni existirá uno sin el otro.

Y Cortés no sólo consigue no mezclar su propia opinión con la historia que explica, sino que no deja lugar para poder decantar la balanza, jugando con el espectador y manteniéndole atento al cien por cien.

Esa facilidad por generar atmósferas de impecable thriller ya nos lo había demostrado anteriormente, así que no dudábamos que iba a conseguirlo. No obstante, el director juega   con otros dos elementos que le hacen salir exitoso de su propio reto, al menos, en lo que se refiere al terreno más técnico: el montaje y, sobre todo, la música. El montaje se lo ha delegado el director a en quien confía más: en él mismo, como en todos sus largometrajes.

El sonido creado por Víctor Reyes (que ya nos impresionó con su anterior trabajo para el director) ensalza un guión que sería de lo más mundano en cualquier otro film. Nos envuelve y nos atrapa, nos sumerge en una historia que en realidad, por mal que nos pese, no se explota como intuimos podría haberse hecho. La música es, en realidad, el mejor personaje. Y esto lo afirmamos porque es casi inaudito no conseguir mejores interpretaciones del trío protagonista: Cillian Murphy está a años luz de creerse lo que está interpretando, así que…  ¿cómo nos lo vamos a creer nosotros? No hemos visto ni la sombra del compromiso adquirido en otros múltiplos papeles que le han situado en el punto de mira para considerarle uno de los más prometedores actores de su generación (impresionante en Desayuno en Plutón – Neil Jordan, 2005- o la ya mencionada Origen). Lo de Robert de Niro parecen unas vacaciones pagadas en Barcelona, ciudad donde se rodó Luces Rojas… aunque, si no se le pide más, ¿para qué obsesionarse? Sólo hay una escena en la que observamos un fugaz resplandor de la estrella que es: la escena en la que está a solas con Tom, casi a oscuras, y le confiesa (o se confiesa a sí mismo) eso de “No puedes negarte para siempre”. Weaver es la única que vemos tan profesional y metida en su papel como siempre… aunque es posible sea exclusivamente porque su guión sí que está bien definido, dentro de la ambigüedad a la que se juega en todo momento.

Así, el problema está en que Cortés se ha dejado llevar tanto por no querer revelarnos su “Prestigio”, el truco final del que nos habla Nolan con la cita inicial, que no se ha dado cuenta de que lo ha declarado a los cuatro vientos desde el inicio, sólo por querer cuidar más el continente que el contenido. Que sí, que se quita las gafas y se las vuelve a poner mil veces. Que sí, que los aparatos electrónicos se estropean cuando el psíquico está cerca. Que sí, que las luces rojas, los elementos discordantes, están situados en los momentos clave del film. El problema, insistimos, radica en que no, no se despista suficiente al espectador. No, la escena cumbre no es tal, se queda en una mera acción que no engancha, y mucho menos sorprende. El precipitado cierre final y la voz en off se nos antojan un despropósito insulto, un recurso más que manido para dejar caer la patata caliente y salir corriendo, por miedo al qué dirán. Pues decimos que no, no es el cierre que necesitaba el film. Y esto no significa  que no sea una buena historia. Simplemente, que no se ha sabido exprimir.

Cortés se sobrevalora, queriendo mostrarse mejor incluso que el elenco de actores al que ha conseguido reunir. Y estos actores, consciente o inconscientemente, no le han seguido el truco. Por tanto, el primer acto, La Presentación, es correcto e incluso notable. El segundo, la Actuación, no convence, se desinfla a medida que avanzamos en el metraje. Y, por último, el tercer acto, el Truco Final…. Buenas ideas, buenas intenciones. Falta práctica, sobra soberbia. Si Cortés aprende de sus errores, será, sin duda, uno de los grandes directores españoles contemporáneos.

TRAILER:

 

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Comentarios sobre este artículo

  1. Ana dice:

    Concuerdo bastante con la critica, el minuto final voz en off y flashbacks es horrible aparte de innecesario, y me sorprendio no por inexperado sino por haber leido esa misma mañana una entrevista de Rodrigo diciendo que al publico no hay que darle la suma de 1+1=2 que bastaba con darle el 1+1 pues ha hecho un dos con exclamaciones y subrayado….

  2. Pues no he visto esa entrevista, pero el “=2″ es un secreto a voces, entonces ;)

    1. Ana dice:

      Explicarlo con voz en off en un minutejo al final debería estar penado por ley y doblemente castigado con torturas chinescas alardear en entrevistas de lo contrario, una suma fácil puede ser insultantemente evidente, pero aun así dar el resultado de esa manera es meter la pata mas allá del fondo. Me gusta que Cortés transite por este género pero tiene mucho que depurar…

  3. Iakobus dice:

    Gran post, coincido contigo:
    Menuda decepción. Tramposa y efectista.
    http://twiycine.blogspot.com/2012/03/luces-rojas-y.html

  4. David dice:

    creo que también coincido, se va diluyendo. Y sobre todo el final se podía mejorar un poco más. Por lo menos que fueran un pelín más ambiguo, así quedaría un poso algo mejor. De otra manera creo que la estética es bastante buena.

  5. […] racional. La directora decide no marcar una visión como la única válida. Al contrario que en Luces Rojas (Red Lights, 2012), esta vez se ofrece la opción de creer o […]

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