Mátalos suavemente

Inteligente cinta de humor negro, y, sin embargo, thriller aterrador Por Arantxa Acosta

"- ...y en París puedes pedir cerveza en el McDonald's.
- Hmmm...
- ¿Y sabes cómo llaman al cuarto de libra con queso en París?
- ¿No lo llaman cuarto de libra con queso?
- Utilizan el Sistema Métrico, no sabrían qué coño es un cuarto de libra.
- ¿Pues cómo lo llaman?
- Lo llaman una "Royale con queso".
- Royale con queso."Pulp Fiction (Quentin Tarantino, 1994)

Sin duda, la última película de Andrew Dominik volverá a dividir las opiniones de crítica y público. Porque muchos tildarán a Mátalos suavemente de aburrida, lenta, repleta de diálogos absurdos y sin un mensaje claro. Y, no obstante, nada está más lejos de la realidad. Andrew Dominik construye un film reflexivo que, de hecho, es, de nuevo, también un bioptic… esta vez de los últimos años vividos por la sociedad americana.

Si con Chopper (2000) el director supo adentrarnos en la mente del peor asesino de Australia, a través de unas imágenes asépticas, distantes y desordenadas, que nos situaban como mero espectador de lo que sucede ante ante nuestros ojos (estilo que nos hace sufrir sobremanera), y con El asesinato de Jesse James por el cobarde Robert Ford (2007) nos demostraba que era capaz de mostrarnos las diferencias que pueden existir entre dos asesinos desde un punto de vista totalmente diferente a su primer film, acercándose cordialmente a sus personajes, honrándoles, comprendiendo sus intereses y su forma de pasar por una vida al margen de la ley, con Mátalos suavemente Dominik experimenta con  poder transmitir la realidad de nuestra sociedad de hoy en día, distante como en su primer film pero con comprensivas concesiones como en el segundo, tomándose nuestros días con la sorna que seamos capaces de descubrir entre líneas y, sin embargo, construyendo un serio mensaje para ayudar a despertarnos.

Mátalos suavemente brad pitt

Mátalos suavemente se inicia con unos títulos de crédito que nos sitúan en el estado mental que requiere el film: desconcierto. Y lo consigue combinando tres elementos clave, divergentes entre sí.

Veamos: avanzamos por un desolador pasillo entre edificios, claramente abandonados, mientras oímos la voz de uno de los candidatos a la presidencia (estamos en 2007) hablar sobre las oportunidades del sueño americano. La imagen es interrumpida tres veces, con las palabras que componen el título de la película (Killing – Them – Softly), blanco sobre negro, acompañadas esta vez con un estridente sonido, muy diferente a las entusiastas palabras del gobernador. Mucho nos dicen ya estos dos primeros minutos de film: la sociedad está apartando, matando, a los que no comulgan con el supuesto bien común. A los que no consiguen, cualquiera que sea la forma, el sueño americano.

A partir de aquí, esa divergencia, ese desconcierto, se irá desarrollando y explicando, hasta llegar al mensaje cumbre: “América es un negocio”. Convergemos, entonces, hasta esta “revelación” a través de una historia muy simple: tres ladrones de poca monta deciden robar a la mafia en su casino clandestino, aprovechando que previamente el responsable de éste les había hecho lo mismo y había confesado años después haber planeado el robo en sus propias narices. La mafia no dejará que el suceso quede impune, así que dará la orden de buscar y matar no sólo a los verdaderos ladrones, sino también al inicial, por ser responsable de que haya sido posible basarse en lo que él mismo hizo.

Y es entonces cuando Dominik construye un universo brutalmente realista, como ya nos tiene acostumbrados. Porque qué mejor forma de narrar los hechos sino mostrándolos tal cual se sucederían en la vida real: diálogos completos, sin cortes, a veces absurdos (como los de Pulp Fiction, o Reservoir Dogs), a veces  maduros y sensatos, pero siempre siguiendo una línea innegable: los matones son seres humanos. Los matones son producto de los intereses de los magnates de nuestra sociedad.  El personaje de Pitt, Jackie, muy parecido al Jesse James que interpretó para Dominik: amable y racional, atrapado en un mundo violento seguramente por las circunstancias, en el que se siente seguro de sí mismo precisamente por seguir su instinto y su filosofía de la vida. Un personaje brillantemente personificado por un Brad Pitt que centra su interpretación en la postura de su cuerpo y por encima de todo en sus manos, cuyos movimientos acompañan las confortantes a veces, reveladoras las muchas, frases que pronuncia a lo largo de todo el metraje en el que aparece.

Mátalos suavemente

Un personaje que tiene que lidiar con el poder de América y sus mentiras, representados con el conductor, un sublime Richard Jenkins cuya réplica a Pitt es sin duda lo mejor del film. Una lucha entre titanes de la que, personalmente, sale victorioso Jenkins, arrebatándole el protagonismo de forma continuada a Pitt y que, sin embargo, parece que es precisamente lo que tanto él como Dominik han querido. Porque Jackie/Pitt no es en absoluto el protagonista de Mátalos suavemente, es, simplemente, el delicado hilo conductor que nos ayuda a atar cabos. Jenkins representa el poder a la sombra, el que mueve los hilos desde su despacho, y que muy de vez en cuando tiene, a su pesar, que lidiar con los asesinos. Un poder que muestra ante los otros su benevolencia (un claro ejemplo es el resistirse a matar al dueño del casino, porque “a todo el mundo le cae bien Markie”), pero que se retrata a la hora de la verdad (no sólo dan el ok al asesinato, sino que finalmente intentan regatear con el salario a pagar a Jackie).

El otro duelo interpretativo, esta vez mucho más igualado, lo encontramos ante un personaje tan entrañable como repugnante: el Mickey de James Gandolfini. Indudablemente un psicópata enrolado en el crimen organizado para apaciguar sus necesidades más básicas. Un asesino, también, atrapado en la realidad de su trabajo, asqueado por él pero del que no puede escapar. Al fin y al cabo, es a lo que la sociedad le ha empujado. La conversación sobre prostitutas, mezclada con sus dudas sobre si concederle ya el divorcio a su mujer y la explicación del por qué le han arrestado, no es tan absurda como significativa. Significativa, sí. Porque pone el acento en varios aspectos en los que Dominik quiere que nos fijemos: el primero, que, como avanzábamos antes, aunque asesinos se trata de seres humanos, con problemas tan reales como un divorcio. El segundo, hablar sobre el concepto del uso de las armas en América. Y el tercero, claro, el hacer el símil de la decadencia de estos personajes con la decadencia de la sociedad.

Porque, veamos: decíamos que el mensaje se inicia contradictorio: imágenes de pobreza frente a palabras sobre el sueño americano. Poco después, Dominik hace coincidir el robo en el casino con un discurso político sobre la negación de la crisis, gracias al rescate económico. Durante la búsqueda de Pitt de los ladrones, en el coche, se oye en la radio que la economía ha fallado, no hay vuelta atrás. El encuentro y aniquilación de los “malos” de la película, incluyendo la de Markie (un Ray Liotta que sabe adecuar perfectamente su actuación al papel, será por la experiencia que ya tiene), culmina con la elección de Barak Obama como presidente de los Estados Unidos de América. ¡Ah! Qué sutil ironía, la que plasma Dominik. Autoengañarse para ser felices. Ya sea a modo individual, viviendo una vida que no se quiere, como a nivel colectivo, difuminándonos entre “el gran pueblo”. Ser aceptados. Vivir sin problemas. Vivir, engañados.

Visto lo visto, está claro que Dominik construye unos personajes que, contrariamente a lo que puede parecer, son redondos en su descripción y acciones. Diálogos tan absurdos como la vida misma. Escenas que se nos antojan más cómicas que de cine negro, pero que quedan retenidas en nuestra mente, para darnos cuenta, finalmente, de lo terrorífico de su mensaje. Porque el pueblo, la masa, no es una suma. Es una aglomeración de intereses individuales. Todos estamos solos, pero fingimos que nos adaptamos.

Una vez tenemos clara la comicidad enmascarada del relato, sólo podemos vanagloriar, una vez más, la técnica del director para adentrarnos en la acción, y en la mente de sus protagonistas. Hay tres formatos clave que nos maravillan: el primero, el travelling lateral, utilizado varias veces en el inicio del film, y que cuando sigue a uno de los dos ladronzuelos, con éste en el centro de la imagen, nos es imposible no recordar a el maravilloso plano secuencia de Shame (Steve McQueen, 2011), con Brandon corriendo en un lado del encuadre, sin moverse siquiera. Personas que se desplazan por el mundo, atrapados en su agonía personal, y sin saber cómo salir de ella. El segundo, la implacable cámara en mano, que potencia el realismo de la escena de la paliza a Markie. Brutal choque de realidad, en el que es más que comprensible que alguien, por muy culpable que sea, no pueda evitar vomitar al ser consciente de que su muerte está a la vuelta de la esquina. Y tercero, el mejor de todos, las idas y venidas de la mente del yonki. Sublime representación, ya no por la expresión y forma de hablar del actor, sino por el  rodaje de estas escenas, intercaladas con explosiones luminosas, como las que siente el personaje al alejarse del espacio físico en el que se encuentra. Simplemente, de diez.

Y, por otro lado, más que destacable la fotografía y, por encima de todo, el sonido, desde dos perspectivas: una banda sonora con felices canciones de los años cincuenta, setenta cuyo contraste con la crudeza de las imágenes es más que evidente, y un uso de los efectos de sonido que, también sutilmente, como todo en este film, nos adentran sin saberlo a los acontecimientos siguientes (que los discursos electorales se oigan de fondo, para poco a poco ir subiendo el volumen y su claridad, y sean totalmente escuchados con claridad es uno de los mejores ejemplos: la política, la sociedad y su miedo al fracaso está ahí, perenne, aunque muchas veces en la sombra).

Si algo hay que lamentarse del film, aunque con el presupuesto del que se habla está más que justificado, es de los efectos especiales. Muy poco creíble ese cerebro estallando de Markie… pero, insistimos, es lo de menos. Dominik se alza con este sólo su tercer film como uno de los directores más interesantes del incipiente siglo XXI. Recomendable es poco.

TRAILER:

 

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Comentarios sobre este artículo

  1. [...] de la pericia de un Andrew Dominik que sabe pulsar el noir con el presente más inmediato en Mátalos suavemente (Killing Them Softly, 2012), espero, como aficionado entregado al cine negro, que Gangster Squad [...]

  2. […] Mátalos suavemente destacada por Arantxa Acosta […]

  3. […] austeridad es la nota predominante –recordando, en cierto modo, al escenario postcapitalista de Mátalos suavemente (Killing them softly, Andrew Domink, 2012)–. Tanto Cristo y su amigo el Chispa como el padre de […]

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