Mayo de 1940

El otro mayo que cambió la Historia de Francia Por Yago Paris

La Segunda Guerra Mundial es un tema infinito. El acontecimiento histórico sobre el que más películas se han hecho, y quizás también la temática más veces abordada en la Historia del cine, para año tras año nuevas obras que abordan los asuntos nazis. La inmersión puede ser total en su vertiente bélica, intermedia en su enfoque de drama social, o tangencial cuando sirve como mero contexto-excusa sobre el que desarrollar, en gran cantidad de casos, dramas románticos. En lo que va de año se han estrenado en España Secretos de guerra (Oorlogsgeheimen, Dennis Bots, 2014), El hijo de Saúl (Saul fia, László Nemes, 2015), Remember (Atom Egoyan, 2015), 13 minutos para matar a Hitler (Elser: Er hätte die Welt verändert, Oliver Hirschbiegel, 2015) , Lobos sucios (Simón Casal, 2015), El héroe de Berlín (Race, Stephen Hopkins, 2015) y El caso Fritz Bauer (Der Staat gegen Fritz Bauer, Lars Kraume, 2015), siete historias directamente relacionadas con la IIGM o con la temática nazi, y nada hace pensar que esta tendencia se vaya a detener.

Dentro de toda esta tralla acerca del pasado más oscuro del occidente del siglo XX, la calidad de los productos presenta un espectro que abarca desde el lugar común a la reinvención total de los estándares de la narración del género. El mayor problema está en que, siendo un tema tantas veces abarcado, lo más común es que el film pase a engrosar la lista de refritos prescindibles. Una auténtica rara avis llegó a principios de año. El hijo de Saúl revolucionaba las mecánicas más habituales de la narración de los dramas de campos de concentración. Encuadres minúsculos, persecución del personaje con una cámara colocada justo detrás de su hombro, ínfima profundidad de campo, inmensa y excelente presencia del fuera de campo y del sonido, todos estos factores confluían para construir un ejercicio de forma que hacía saltar por los aires los cánones de este tipo de películas, en las que abunda el plano general, a la quietud de la cámara y a la plasmación dentro de campo de todas las barbaridades acontecidas.

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Fotograma de El hijo de Saúl

Nada de esto se puede decir de Mayo de 1940 (Christian Carion, 2015). Esta obra francesa quizás explora senderos menos veces recorridos, al tratar las consecuencias de la IIGM en la población francesa, cuando lo más habitual es hacerlo desde la visión nazi o judía, o incluso estadounidense. Sin embargo, una vez reconocido un terreno algo menos pisoteado, pocas diferencias se encuentran entre esta y tantas otras obras que se apoyan en el conflicto bélico para abordar dramas humanos. Carion, quien ya dirigió en 2005 Feliz Navidad (Joyeux Noël), otro film bélico pero esta vez sobre la primera de las Guerras Mundiales, esta vez se aleja de las trincheras para narrar la vida de un apacible pueblo campesino del norte de Francia, y cómo su población debe huir ante la invasión germana. En este aspecto, el director francés encuentra un claro referente previo en otro compatriota, André Téchiné, quien en 2003 había dirigido Fugitivos (Les égares), drama social homólogo en causas y consecuencias, pero que en este caso, sin tampoco brillar, le sacaba partido a lo insólito de las situaciones que se iban manifestando a lo largo del relato.

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Fotograma de Fugitivos

Y es que Mayo de 1940 es un lugar común en su totalidad. No hay nada fresco en su metraje, no una idea visual impactante ni un resquicio de vitalidad con el que afloren virtudes cinematográficas. La cinta recorre todos los requisitos de este tipo de cine. La disidencia alemana se refleja en su dupla protagonista, un padre y un hijo que huyen de la letal represión nazi ante quien opine diferente, sin importar la raza ni el credo. Carion, que también escribe el guion, junto a Andrew Bampfield y Laure Irrmann, reduce los conflictos a la escala personal para rascar en la empatía del público; todo duele más cuando se personifica. De esta manera, la inevitable separación del padre y su hijo se convierte en el viaje del héroe, que irá superando una serie de obstáculos y encontrándose con diferentes personajes, siempre en la escala reducida, con los que interaccionará en busca del reencuentro final con su descendiente.

En este punto entra en juego el bando aliado, en la figura de un soldado británico –nuevamente, sólo uno– junto al que recorrerá los horrores de la Alemania nazi. Esta relación sirve de carburador para hacer avanzar la trama y desarrollarla a lo largo de escenas de tensión y dramáticas, en las que tiene cabida una concesión a la duda del soldado alemán que no cree en lo que hace, o que no entiende por qué lo tiene que hacer. Resquicios de una impostada profundidad que trata de alcanzar cierto matiz, pero que lo único que logra es aplicar un nuevo brochazo sobre el anteriormente dado. Todo en esta obra alude al sentimentalismo, a la intensidad de las acciones tomadas, al dolor de la pérdida y al drama del día a día cuando se vive en un país en guerra. La cinta se vale de la manipulación lacrimógena, cual Spielberg desatado, e intenta trascender con un material pobre, que recorre lo antes posible el camino más fácil entre el punto A y el B, sin complicaciones.

 Mayo de 1940

Mayo de 1940

Es entendible que Carion se haya dejado influenciar por el hecho de que lo que narra esté basado en historias de que propia familia vivió, pero tal colapso sentimental torpedea toda posibilidad de éxito. La historia no pone en ningún aprieto a la audiencia, que en todo momento sabe qué pensar acerca de lo que se le muestra. Esta situación alcanza máximos en la figura del director de cine y su pelotón nazi, que recorre los campos franceses capturando a soldados franceses para posteriormente rodar escenas de supuesta batalla, en las que a los galos les entregan armas sin munición, lo que los condenados a una inevitable muerte. Esta situación, totalmente verídica, es la que más chirría, pues siendo lo más interesante de esta obra, finalmente se corona como lo más grueso del metraje. Personajes de una única dimensión que destilan maldad y sobre los que está claro desde el segundo uno qué sentencia debe dictarse.

 Mayo de 1940 Christian Carion

Christian Carion, director de Mayo de 1940.

La resolución de esta subtrama, con el soldado británico como detonador de la misma, es lo más interesante de esta pobre propuesta. Sin maravillar, hay cierto interés en la puesta en escena de la última escena, pero cuando este momento es lo más reseñable de todo el film, se hace patente que hay un problema. Aparte de esta escena, resulta indispensable mencionar una serie de insertos que descolocan por bizarros. A lo largo de las secuencias de éxodo, el director francés intercala una serie de planos de una oca metida en un saco, que asoma la cabeza y reacciona de diferentes maneras en función de lo que esté aconteciendo a cada momento, lo que supone una inaudita ruptura del tono del relato, que lo acerca a ese mal tan extendido en el cine galo que es el de la comedia amable. Ocas aparte, Mayo de 1940 es un lugar común que no avanza, una obra que, a pesar de la infinidad de kilómetros que cada uno de sus personajes ha recorrido, no se despega de la casilla de salida.

Mayo de 1940 2015

Mayo de 1940

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