Men in Black 3

De cuando un vaso de leche con Cola-Cao ayuda a superar un desequilibrio espacio-temporal... Por Arantxa Acosta

“Ted: Bill?
Bill: What?
Ted: I believe our adventure through time has taken a most serious turn.”Las alucinantes aventuras de Bill y Ted (Stephen Herek, 1989)

¿Alguien tenía ganas de ver nuevas aventuras de los agentes K y J? Personalmente sí. A finales de los noventa Men in Black (1997) sorprendió por su por su tremenda frescura. La cómica y eficaz pareja formada por Tommy Lee Jones y Will Smith, consagrado uno y en pleno despegue de su carrera en la gran pantalla el otro, sumada a la idea que vivamos entre extraterrestres y exista una organización secreta que se dedique a controlarlos, convirtió al film en uno de los más taquilleros de la década.

La calidad de Men in Black II (2002) bajó estrepitósamente, demostrando que hay que dar algo más al espectador que repetir la fórmula mágica. Aún así, algunos gags seguían enganchando al espectador, siendo un gran acierto la recuperación/reclutamiento de Frank dentro de la organización. La trama no era de lo mejor, pero entretenida lo fue.

En 2012 nos llega una nueva entrega, firmada por el mismo director, un Barry Sonnenfeld en horas bajas, y que promete un aliciente diferencial: los viajes en el tiempo, emplazando a Will Smith en 1969 para salvar a su querido compañero. Promete… a ver.

Lo que encontramos en Men in Black III, sin embargo, es más de lo mismo. Eso sí, en un 3D que no aporta absolutamente nada. Ahora ya se trata de algo frustrante, la verdad. La revisión de una fórmula mágica que sin lugar a dudas ha dejado de serlo por la ineficiencia de sus guionistas, no puede limitarse a rememorar de forma nostálgica los mejores momentos que nos dieron propuestas anteriores (o, mejor dicho, exclusivamente la primera propuesta). No se ha sabido explotar la relación entre los dos agentes, y mucho menos hacerles evolucionar. Han pasado catorce años pero igualmente J haciendo las caras y bromas de siempre. Un Will Smith que, indudablemente, y seguramente hastiado por los problemas del rodaje (empezaron si tener el guión finalizado… esto dice mucho ya), ha decidido interpretar a su personaje haciendo una parodia del propio agente. Quizá porque se da cuenta de que es la única forma de conseguir la complicidad del incrédulo espectador que ve pasar los minutos sin que el metraje le esté aportando nada de nada, Smith asume su parte de culpa y sigue el juego adolescente. Pero el espectador ha crecido, así que necesita que el personaje también. Eso sí, Tommy Lee Jones demuestra que puede mejorar siempre el peor guión que le pongan entre las manos. Se nota que no se ha esforzado demasiado, pero aún así cumple con creces.

El guión es, por tanto, todo un despropósito. Insulso y sin gracia, intenta recuperar el descaro de años anteriores, sin conseguirlo. No se ha sabido encontrar, igual que en la segunda entrega, un malo malísimo a la altura de las circunstancias. El trabajo de Jemaine Clement demuestra que no por mucho maquillaje nos metemos más en el papel. La excusa de querer viajar en el tiempo para matar al hombre que le voló el brazo ni tan siquiera ha sido suficientemente deliberada. ¿Por qué no hacerlo en el presente, si aún K está vivo? En cualquier caso, uno de los pocos aciertos de la película es, precisamente, dejarnos conocer al joven K.

K, interpretado por un brillante Broslin que nos hace pensar que realmente se trata de Tommy Lee Jones de joven. Ha sabido captar el personaje tal y como lo concibe el veterano actor: prudente y taciturno, inteligente y perspicaz. Pero también ha sabido encontrar el punto canalla, más juvenil del agente. Al fin y al cabo, nos tenía que demostrar que es un joven treintañero bajo esa apariencia de cuarenta y muchos.

Cuando llega el momento del viaje al pasado, nos devuelve la esperanza, aunque demasiado tiempo ha pasado ya en la película sin haber visto nada motivador (varias escenas en las que se le borran los recuerdos a personas que han presenciado alguna escena protagonizada por extraterrestres, o el encontrar informadores y bichos de lo más estrafalarios que no aportan absolutamente nada a la trama… esto ya lo hemos vivido dos veces, una tercera no era necesaria). Aceptamos el artilugio que permite realizar el viaje, nos carga un poco más el hecho de que para viajar haya que saltar de lo más alto de un edificio (concepto que pudimos ver en Kate&Leopold – James Mangold, 2001 – pero allí se hablaba de que había que atravesar la brecha temporal), y nos descoloca el hecho de que el vendedor del cachivache también sea capaz de recordar la línea temporal supuestamente borrada para todo el mundo (menos J, por haber estado presente en el momento del cambio…. bueno, aceptamos pulpo como animal de compañía…).

En fin.

El final de la década de los sesenta da suficiente juego como para hacer un guiño a que Andy Warhol fuese en realidad un agente de los hombres de negro que suplica que finjan su muerte porque está harto de mezclarse con artistas, aludiendo a que ya no tiene  suficiente imaginación para continuar y que incluso ha empezado a pintar plátanos. O a que la tecnología haya avanzado de forma espectacular en las últimas décadas, siendo antes  los aparatejos de la compañía muchos más grandes. Pero claro, esto se da de bruces con la aparición de las motos supersónicas escondidas bajo el coche de K. En fin (bis). Quizá una de las pocas cosas destacables es el personaje de Griffin, extraterrestre capaz de visualizar todas las líneas temporales alternativas que pueden suceder. Y, en cambio, no se le saca el suficiente jugo.

Así que, cuando ya estábamos desesperados, literalmente los cinco últimos minutos de Men in Black 3 nos devuelven la sonrisa a la cara, nos enternecen y nos hacen salir del cine con la falsa ilusión de que ha valido la pena.

Porque se encuentra la verdadera finalidad del film: cuándo se inició la relación ente J y K. Porque está muy bien urdida. Porque nos hace pensar que tras cien minutos de tonterías tras las que sólo recordaremos las claras alusiones a Frank al fondo de dos encuadres correspondientes a escenas más que olvidables, sí existía una idea.

Pero no por cinco minutos se aprueba un film, así que, recomendación final: si se echan de menos a los hombres de negro, lo mejor es ponerse el vídeo de la primera entrega. Será claramente lo más reconfortante.
Os dejamos con el trailer, que por cierto incluye escenas que no aparecen en la película.


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Comentarios sobre este artículo

  1. […] este punto, y sin entrar en spoilers, la película ya nos está recordando a Men in Black 3 (Barry Sonnenfeld, 2012) y Looper (Rian Jphnson, […]

  2. Dulce dice:

    Estoy de acuerdo con que la segunda película no estuvo nada buena, pero la tercera está muy buena, es genial, el villano, Jemaine Clement ha sido mi favorito de todos, tiene una parte que da miedo y asco y otra que da risa, y los efectos son geniales igual.

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