Oblivion

La identidad del héroe Por Arantxa Acosta

"We are not programmed, we are people... understand?"Sam Ben en Moon (Duncan Jones, 2009)

En Dark City (Alex Proyas, 1998), el director nos hacía una interesante proposición: la identidad del hombre, el quien soy, viene determinado por nuestros recuerdos. Sin ellos, nuestra vida está vacía o, como mínimo, debemos empezarla a construir de nuevo. Lo que se traduce, por supuesto, en ser, sin quererlo, otra persona. Intentar recordar es aferrarse al “yo” conocido, a la seguridad, al conocimiento de la realidad que me rodea. A la verdad. En Cypher (Vicenzo Natali, 2002), otra película a reivindicar, el protagonista decide suplantar su identidad con nuevos recuerdos para salvar al amor de su vida. Otros recuerdos, otra persona. Así de simple.

Oblivion, olvido.

2077. La invasión extraterrestre y la consecuente guerra nuclear que ha destruido la mayor parte de la superficie de la Tierra, obligó décadas atrás a los humanos a refugiarse en Titán. Para mantener en control territorial, equipos como el de Jack Harper, mecánico de drones programados para luchar contra los “carroñeros”, la especie extraterrestre, viven en plataformas a metros de altura. Una vida monótona, pero estable. Y sin recuerdos de un pasado mejor, debido al borrado obligatorio de cinco años atrás. Pero Jack recuerda, recuerda una  Nueva York imposible, de antes de haber nacido él mismo, y una mujer que le quiere, a la que quiere… ¿Cómo es posible?

Oblivion

Joseph Kosinski, que destacó como prometedor director – aunque el guión del film dejase mucho que desear – con Tron: Legacy (2010), especialmente por su concepción visual del mundo virtual, se presenta ahora como guionista de esta Oblivion, una historia con una idea de base muy potente, que no original, revestida de hype de ciencia ficción: el héroe anónimo, el hombre sin pasado. El hombre que se reinventa para construir el esperanzador futuro, y encontrar un lugar en él. Extraterrestres, insurgentes, drones, clones… cortinas de humo comercial para un mensaje de alarma, pero esperanzador.

Distopía apocalíptica que bebe de clásicos como El último hombre…vivo (The omega man, Boris Sagal, 1971) cuando vemos a Jack paseando entre los pocos escombros reconocibles de una Nueva York abatida, o de Star Wars (George Lucas, 1977),  mientras es perseguido por los “carroñeros”, que nos recuerdan por supuesto y con razón, a los ewoks, y también presente en el resolutivo desenlace que sin duda nos emplaza en La Estrella de la Muerte. Además, el recurrente “homenaje” al HAL de 2001: una odisea en el espacio (2001: a space odissey, Standley Kubrik, 1968), o la historia casi calcada de Moon (Duncan Jones, 2009), hacen que el evidente reproche a Oblivion radique en su falta de originalidad. El mismo que en su momento, por estar compuesta por una inusual mezcla de ideas ya llevadas a la gran pantalla, le hacíamos a Looper (Rian Johnson, 2012).

Oblivion 2

Aquí, sin embargo, la palabra poderosa es inusual. La frescura de un resurgido Tom Cruise (que nos sorprendía gratamente con un radical cambio de registro – y sin embargo no le funcionó en taquilla – su poco simpático papel de Jack Reacher) es base suficiente para hacer creíble y emocionante una historia que ya hemos visto más de una vez. Cruise toma el control del film, se hace con cada plano, y nos obliga a acompañarle en su odisea particular, cual Ulises que aun conociendo su destino se embarca en la aventura. Y es que el actor hace evolucionar como él sabe bien al personaje, entregándonos al pícaro pero responsable rebelde al inicio, dotando a Jack poco a poco de esa identidad que busca y que no sabía había perdido y llegando finalmente, y como no, a ser el único motivo por el que la historia tiene sentido. Y es que Tom Cruise se adapta como un guante a este tipo de relatos. Cruise “es” Oblivion, sin él la película hubiese sido muy distinta… aunque sólo sea porque seguramente su presencia eleva tanto el presupuesto a invertir que se han conseguido unos efectos especiales que rozan la perfección.

Hacía tiempo que no veíamos alta tecnología tan bien integrada con la estética global de la película. Sólo por esto, Oblivion es un regalo para amantes de la ciencia ficción.

Porque la historia, aunque buena, ya la conocemos.

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Pero Oblivion tiene más aciertos, no únicamente económicos, para deslumbrar con tanto efecto especial. La puesta en escena está tan bien cuidada que es imposible no tenerla en cuenta conscientemente incluso en un primer visionado. Tomemos el refugio de Jack, por ejemplo. La cabaña entre las verdes montañas, lugar idílico en una Tierra ya no amparada por su inestimable Luna. El refugio puede asimilarse a la propia mente de Jack: pedazos de una vida pasada de la que no se acuerda, pero está ahí. Curiosa elección la de mostrar un tocadiscos, quizá ya atemporal incluso en nuestro 2013, y seguro en el 2017 que recuerda el protagonista; vinilos entre los que sin duda destaca uno que se pasa casi sin reparar en él, pero que es un claro mensaje de lo que va a pasar en el film: The Wall, de Pink Floyd es uno de los discos que conserva Jack. The Wall, cuyo film dirigido por Alan Parker en 1982 mostraba la vida, entre inconformista y desesperada por la evolución de los sucesos, de un Pink que bien bien podría ser Jack Harper. Y un ropaje también cuidado: Jack, de cintura para arriba con camiseta y camisa a cuadros típica de leñador, de cintura para abajo, pantalones estrechos, metalizados, a prueba de disparos. El ying y el yang, la dualidad que reside en la mente de Jack: algo no cuadra, pero convive.

Oblivion, una película entretenida, más profunda de lo que inicialmente pueda parecer (y más con tanta simpleza típica americana: explicar más de dos veces las cosas, para que se entienda todo muy muy mucho, por ejemplo), aunque podemos reconocer que sus ansias de trascendentalismo le juegan una mala pasada al producto final. Porque no llega a serlo. En cualquier caso, la música de M83, grandilocuente, omnipresente y poderosa, dota a Oblivion de un perfecto envoltorio que levanta el ánimo al espectador y que obliga a estar atento en todas las escenas. Quienes la tachen de lenta, que vuelvan a plantearse qué se nos está mostrando: la vida, nuestra vida, está en nuestras manos. Despertar para actuar. Actuar para ser feliz. Ser feliz para tomar conciencia de uno mismo, y sus actos. Interesante reflexión. Interesante hype que no defrauda… y ya hacía tiempo que no pasaba.

 

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Comentarios sobre este artículo

  1. […] en cada película que participa. Bajo ese marco no considero descabellado contemplar que Oblivion contenía dentro de su armazón temático un exorcismo en clave de ficción de su turbulento […]

  2. Alberto Raiser dice:

    99% de acuerdo estimada Arantxa , por esas cosas del destino y la tecnología ( estar en un taxi jugando con mi smartphone ) anoche después de haber visto Oblivion en bluray en la quietud de mi sala terminé haciéndome algunas preguntas sobre Jack Harper y necesitaba leer una crítica , fue así que hoy y al azar escogí la suya entre cientos , la leí y quedé fascinado de su manera de escribir, ahora los sigo en twitter, gracias por estar ahí;
    ahora espero por el estreno de Elysium acá en Lima , la veo y luego leo tu post al respecto , ambas cosas se vislumbran emocionantes…Alberto

    1. Hola Alberto,
      nos alegramos de que el azar le haya hecho llegar a Cine Divergente y nos pueda conocer… ¡cada vez más!. Respecto a Elysium, no desvelaré aquí nada, espero que la pueda ver y nos comente sus impresiones. ¡Muchas gracias por sus palabras!
      Arantxa

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