Pasolini

Esencia Por María Caballero

Todos adoramos lo que hizo este señor. No solo Willem Dafoe, quién sentenció esta primera frase. Todos sabemos que no solo fue poeta, cineasta, escritor, intelectual. Pasolini fue ante todo un moderno, y lo que más odiaban algunos, ser el profeta de la modernidad. Sí, Pasolini y no Godard.

Cierto es que Abel Ferrara se centra en su vida, su trabajo y su pasión, que nos muestra a un Pasolini atemporal, seducido por la marginalidad y sobre todo un gran defensor de la identidad propia.

Paradójicamente, es de identidad propia de lo que carece absolutamente la película de Ferrara porque Ferrara no se percata, o cree que el espectador no se percatará, de que él pretende ser el Doppelgänger del italiano.

El filme de Ferrara no pretende hablar de la vida de Pasolini, simplemente muestra la esencia del cineasta, lo que fue y a día de hoy sigue siendo. La idea de ser una película fundamentalmente “esencial” es muy atractiva si no fuera porque Ferrara se pierde en su propio embelesamiento. Pides más, la película se hace corta, pese al vacío no produce sopor en absoluto, simplemente quieres ver una película o algo similar, y no ves nada. Ves retazos, pero ni siquiera son retazos de un filme post o pseudo moderno, lo que ves son un montón de detalles que pueden estar pero también pueden no estar. Es una futilidad cinematográfica que pretende ser reflexiva. Y eso es lo que mata la esencia. En las películas de Tarkovski o Bresson apreciamos retazos, aparentemente podemos encontrar fotogramas que pueden resultar insignificantes, pero no lo son, fundamentalmente porque cuidan la esencia. La esencia de un cineasta es una condición sine qua non. Y la esencia del filme de Ferrara se evapora porque se impone un lenguaje baladí.

Aun así, Ferrara es inteligente y sabe cómo alejarse del biopic al uso. También es justo afirmar la valentía del director neoyorkino de Teniente Corrupto (Bad Lieutenant, 1992) al elegir un filme dedicado al último día del glorificado Pasolini.

 Pasolini Ferrara

Pasolini habla de “la situación”, Pasolini se pregunta “¿Qué es la cultura?” en un contexto absolutamente modernizado que empezaba a darlo todo por válido. Y él, moderno, pero también romántico, constituye una gran hazaña en el diálogo intercultural, la gran hazaña de dar voz a la individualidad, a la identidad.

Pasolini era el más moderno de los modernos porque nunca perteneció a ningún grupo de artistas o gremio de la europa del siglo XX. Era el más moderno de los modernos porque su pedagogía crítica jamás temió a la moral pública. Pero Pasolini sobre todo era poeta, y por eso jamás puso desarraigarse de su alma trágica, de ahí su soberbia atemporalidad.

A diferencia de otras voces y pensamientos críticos como el de otros cineastas modernos de la segunda mitad del siglo XX, Pasolini vivió dentro de las barracas y sufrió elegantemente el martirio del rechazo. Pasolini miraba donde no debía y sobre todo, su logro consistía en mirarlo desde dentro.

Pasolini 3

En la era de los 140 caracteres, de Twitter, de la parodia del conocimiento, del vestido azul/ negro o blanco/dorado, es raro y casi un presagio cómo una persona hace sólo unas décadas se lamentaba por la muerte del arte narrativo. Estamos en la era de la devoción al producto, adoramos consumir pero no nos apasiona el contenido, Pasolini afirmaba: “Uno puede leer miles de veces un libro de poemas y no consumirlo. La consumición la sufre el libro y la edición, pero no la poesía”.

En la inevitable y violenta muerte del poeta, Ferrara se muestra explícito, melodramático y plúmbeo, abandona todo onirismo para provocar empatía, pero mi rechazo ya era demasiado puro. Para ser tan polémico, Ferrara no indaga en la muerte del poeta, sino que se queda con la versión oficial según la cual fue apaleado por un grupo de jóvenes homófobos sin recurrir a la teoría del asesinato del Estado. No me acordé de Pasolini a la media hora de salir del cine, pero siempre nos quedará La ricotta (1962).

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