Pleasantville

Menos información, ¿más felices? Por Arantxa Acosta

"- I wouldn’t ask too much of her," I ventured. "You can’t repeat the past."
"- Can’t repeat the past?" he cried incredulously. "Why of course you can!"
- He looked around him wildly, as if the past were lurking here in the shadow of his house, just out of reach of his hand.
"- I’m going to fix everything just the way it was before," he said, nodding determinedly. "She’ll see." Extracto de la novela El Gran Gatsby (The Great Gatsby, F. Scott Fitzgerald, 1925)

¿Cualquier tiempo pasado fue mejor? ¿Podemos recuperar esos momentos, sea como sea, para cambiar el presente, para que éste sea mejor que lo que nos está tocando vivir? ¿Qué hicimos bien entonces para echarlo tanto de menos? O, mejor aún… ¿realmente lo hicimos bien? Estableciendo normas, códigos de conducta, formas de hacer, de actuar, de coexistir. Y, ¿en el momento que no nos sirvieron? Volvimos a plantear nuevas normas, formas de hacer, de actuar, de coexistir… con el fin, siempre, de mantener el control.

Sociedades ‘programadas’ que no hacen preguntas.

Bajo una fina capa de inocente comedia con ligeros toques de ciencia ficción, se esconde una de las peliculas más sutilmente reivindicativas que pueden encontrarse en el cine reciente.

Pleasantville no es únicamente una llamada a levantarse y luchar por nuestros sueños.

Pleasantville 1

Es una lección de historia, una abrumadora radiografía de la sociedad actual (incluso quince años después de su estreno) y una punzante e hiriente crítica, por un lado, a todos aquellos que creen que tener el poder les convierte en invencibles, en titiriteros del pueblo y, por otro, a una sociedad tan oprimida que no es capaz de levantarse unida y luchar por sus propios valores.

Danny y Jennifer son dos hermanos, hijos de divorciados, que han superado su desestabilidad familiar de forma muy distinta: él, listo y retraído, se escuda, fan empedernido, en conocer todos los detalles de una serie televisiva de los años 50, Pleasantville, en la que una sociedad americana idealizada le hace sentir lo que no encuentra en su propia en casa. Ella, una despendolada adolescente que ha dejado los estudios a un lado para conseguir su gran meta: ser la chica más popular del instituto. Una noche en la que Danny espera ansioso el inicio de la maratón de su serie favorita, aparece en su casa un extraño reparador de televisores que les entrega un mando a distancia especial. Gracias a él, se verán ‘abducidos’  por la televisión, convirtiéndose en dos personajes de Pleasantville.

Pleasantville 2 cd

La película se inicia con dos escenas que son una verdadera bofetada disfrazada de comedia: la primera es el anuncio de ‘TV Time’ que presenta la maratón televisiva de la serie de los años 50, al final del cuál, claramente se deja caer, como quien no quiere la cosa, “Diversión para toda la famila. TV Time. Recuerden: se están empapando de esto”. ¡Ah! Qué gran frase, justo después de las imágenes televisivas que han servido de fondo, a cuál con menos sentido, mientras se presentaba anteriormente el título del film. Poco después, el guionista y director se escuda tras un perverso blanco sobre negro “Érase una vez…” Como si la bomba que ha soltado segundo antes pudiese esconderse tras un cuento de hadas, y el espectador pudiese borrar de su mente tan rápidamente esa clara alusión a que tanta televisión nos está lobotomizando.

La posterior escena clave muestra a varios profesores hablando a los alumnos de instituto sobre lo difícil que lo tendrán para encontrar trabajo cuatro años después, cuando finalicen la universidad; sobre el calentamiento global; sobre el hambre en el mundo; sobre el sida….  Un futuro desesperanzador para una juventud ya de por sí desanimada que busca la diversión inmediata para olvidarse de sus problemas. ¿Nos suena?

Por eso, cuando los dos hermanos se ven atrapados en la serie (el diseño del mando a distancia es un claro homenaje a las películas de serie B de la época, y qué decir del operario, un Don Knotts que algunos de nosotros no olvidaremos cuando, como Danny, veíamos series como Apartamento para tresThree’s company, Brian Cook, 1976-1984), su reacción es muy distinta:  Danny, aunque inicialmente suplicará salir de este pueblo de cartón piedra (“nosotros no pertenecemos aquí”), querrá mantener el espíritu incorruptible de los habitantes del pueblo para no desestabilizar el universo (clara referencia a Regreso al FuturoBack to the Future, Robert Zemekis, 1985) y ya de paso, el mundo por el que se siente tan atraído. Jennifer, en cambio, aunque de forma no premeditada, introducirá en los habitantes de Pleasantville las dudas de que debe existir algo más allá de las dos calles principales del pueblo.

Pleasantville 3

Y será entonces cuando los colores empiecen a aparecer.

Porque a partir de aquí, el director utiliza varios simbolismos y recursos para hacer reflexionar al espectador en tres distintas capas: la del pasado, la del presente y la del futuro de lo que queremos ser, y hacer.

Empecemos por el presente: el primer color que aparece (en una flor, en los faros de un coche, incluso en la lengua de una chica) es el rojo, por supuesto la representación del peligro. Es curioso como Ross sabe hacer avanzar bien el film en este punto: la gente no se escandaliza, simplemente siente curiosidad. No es tanto una amenaza como algo nuevo, algo a investigar. La novedad, esas pequeñas alteraciones de color, harán que varios de los habitantes se cuestionen su propia vida. Un claro ejemplo es el dueño del restaurante, que se da cuenta de que siempre hace las cosas siguiendo un mismo patrón, y que no ha pasado nada cuando ha tenido que alterarlo…. incluso le ha parecido excitante.

Pero cuando la novedad individual se convierte en generalizada… los temores de los que ahora pueden ser minoría aparecen.

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Es aquí cuando resolvemos todos los elementos que hacen referencia al pasado, a la historia reciente (sobre todo americana): carteles en las puertas de las tiendas que anuncian “coloreados no” nos hacen imposible obviar las alusiones racistas. Que los maridos esperen la cena cuando llegan a casa y se sorprendan en el momento que eso no ocurre, el machismo de la época (aún vigente en nuestros días) también se deja entrever. El uso del poder para erradicar a los ‘insumisos’, reclutando a los más jóvenes con el fin de que se pongan en contra de sus compañeros… el nazismo es otro referente clave a nuestro pasado en Pleasantville. Con todo esto, Ross nos deja claro que debemos estar atentos: por favor, no volvamos a los mismos errores. No nos dejemos dominar. Y claro, a medida que avanza el film, cuando somos conscientes de estos referentes y sus consecuencias, no es de extrañar que rápidamente pensemos en Un mundo feliz (Aldous Huxley, 1932)…

Por último, qué hacer en el futuro: es evidente que Pleasantville es una clara llamada a la rebelión de la sociedad.

Pero, como en el resto del film, Ross lo disfraza, haciendo que nuestra pasión por cambiar, por no conformarnos, nos llegue, cómo no, a través del arte. Pinturas de Picasso, Van Gogh o Monet son clave para hacernos despertar. Y cada uno lo haremos siguiendo nuestros propios instintos y miedos: en la película, Danny no lo hará (es decir, no pasará del banco y negro al color) hasta que no tenga que defender a su madre de un ataque de jóvenes “fascistas”; Jennifer, cuando abra su mente a la cultura y deje de ser una buscona sin ambiciones; los chicos del pueblo cuando descubran el sexo, palabra totalmente ignorada hasta el momento; y los hombres más mayores, los “poderosos”, cuando admitan tener sentimientos, positivos o negativos,  ante la revolución que se está apoderando de la ciudad.

Pleasantville 5 cd

Por tanto, Pleasantville es un viaje a lo desconocido que demuestra lo apasionante que puede ser cuestionarse a uno mismo y a los demás. Pero claro, cualquier viaje está lleno de peligros, de decisiones, y de dudas. Antes de tomar cualquier determinación, nuestra naturaleza, nuestros temores, nos hacen actuar de forma muy distinta. Así que sabiendo esto, Ross nos plantea el viaje iniciático al cambio, a seguir nuestros ideales, a través de tres personajes clave, aparte de los dos adolescentes protagonistas.

El primero es la madre en la ficción de la serie televisiva: en cuanto descubra que hay algo más importante que tener limpia la casa y preparar abundantes comidas para los suyos, también querrá ocultar las consecuencias de su revelación. Las capas de maquillaje (que el propio Danny, tan metido en su papel, le ayudará aplicarse) son el símbolo del miedo a ser descubierto, a no encajar en la sociedad. A sentirse mal por ser diferente. Sólo cuando encuentre a alguien que alabe su nueva condición, se dará cuenta de lo tonto que es esconderse.

El segundo es el padre. Un hombre tan acostumbrado a su acomodaba vida que en cuanto no la tiene es incapaz de darse cuenta de que lo que encuentra a faltar no es la superficialidad de su vida, sino el amor verdadero. Y, por último, el dueño del restaurante es quizá el que mejor nos representa a todos por igual: primero se dará cuenta de que puede hacer las cosas de forma distinta. Después, dejará salir su nueva condición, hablando (pintando) claramente sobre su liberación e inquietudes. Pero en cuento sea juzgado, se retractará de sus propios actos, cual Pedro niega a su señor, con la única finalidad de poder conservar un poco de esa libertad ahora probada (“puedo pintar con menos colores”, dice al juez, al poder que le somete).

Por supuesto, una historia tan compleja tenía que estar arropada por  un excelente guión, del propio Ross, y unos difíciles y costosos efectos especiales (para finales del siglo pasado, además) que son una verdadera delicia por lo simples que se muestran en pantalla. Partir del blanco y negro para colorear inicialmente pequeños objetos, luego personas al completo y finalmente dar cabida a una tonalidad espectacular que llena la pantalla, llena de vivos rojos, amarillos y verdes. Personalmente Tobey Maguire encontró en Pleasantville uno de sus mejores papeles (¿es que este chico no envejece, por cierto?), al igual que una exagerada pero convincente Reese Witherspoon. Qué decir, por supuesto, de una espectacular Joan Allen en su travesía a la desinhibición, un papel difícil que la actriz supo encauzar de forma excelente y nos roba el corazón en sus mejores escenas. La banda sonora, firmada por Randy Newman y por la que estuvo nominado al Oscar, es también un regalo para los oídos, sabiendo captar la esencia de la época y transportarnos al otro lado de la pantalla con temas como “Waking up” o “The Pleasantville theme”.

En definitiva, una película que puede pasar desapercibida, pero que se trata sin duda de una pequeña joya disfrutable por todo tipo de público y que, paradójicamente, ahora mismo es de rabiosa actualidad si queremos darle la lectura que se merece. Imprescindible.

TRAILER:

 

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Comentarios sobre este artículo

  1. […] fácil: el entorno. Los años cincuenta, icono de la felicidad. La referencia a Pleasantville (Gary Ross, 1998) es necesaria, y más habiendo sido producida en el mismo año: consideramos los […]

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