Pride (Orgullo)

We want you Por Jose Cabello

Margaret Thatcher, junto con Ronald Reagan, pasaron a la Historia como los grandes precursores de una doctrina económica venenosa vendida a los ciudadanos como piedra filosofal. El neoliberalismo traería parte de la ruina global en la que despertamos cada mañana. La señora Thatcher, siempre en deuda con Meryl Streep por casi conseguir que creamos en la humanidad de La dama de hierro (The Iron Lady, Phyllida Lloyd, 2011), no le bastó con la imposición de una teoría económica indomable, también sostuvo un férreo enfrentamiento, entre otras hazañas, con el sector minero de Reino Unido. Pero no solo vamos a mirar la paja en el ojo ajeno, pues este país también hizo lo propio y copió lo deplorable de la actitud de Margaret Thatcher cuando en 2012 el Gobierno decidió incumplir unilateralmente el acuerdo establecido con la minería asturiana encarando, incluso, la huelga organizada por los trabajadores de las minas que exigían el cumplimiento de lo ya pactado.

ReMine, el último movimiento obrero (Marcos M. Merino, 2014) comparte la misma problemática que Pride (Orgullo), dentro del mismo sector laboral y, además, basándose en hechos que ocurrieron en realidad. Aunque abordados desde perspectivas muy distintas, ambos proyectos hablan de la lucha por mantener o conseguir libertades y derechos civiles. Si comparamos Pride con ReMine, el último movimiento obrero, observamos que el espacio temporal entre los hechos reales de una y de otra película comprende más de treinta años, pero a pesar del paso del tiempo nada parece mejorar. O al menos no de una forma sustancial. El título del documental asturiano podría utilizarse como paradigma explicativo de la crisis de valores que parece instalada de forma permanente entre nosotros. Por ello, cada vez es más escaso el surgimiento de movimientos u organizaciones de carácter reivindicativo donde la unión entre ciudadanos constituya la esencia del mismo. La lucha por la consecución de derechos parece condenada a los libros de Historia, o a películas como Mi nombre es Harvey Milk (Milk, Gus Van Sant, 2008), donde todo queda en el pasado, y el presente se expone como algo totalmente halagüeño. Y aunque en parte podría ser así, no podemos permitirnos caer en una fase de adormecimiento.

Pride parte de una idea que de no haber sido real casi podría parecer suicida: en un desesperado intento por ganar visibilidad y luchar por la aplicación de sus derechos, una asociación de gays de Londres decide apoyar la huelga del Sindicato Nacional de Mineros. De este modo, la película narra la unión del sector minero y el colectivo homosexual, dos mundos que a priori no serían antagónicos pero tampoco poseen vínculos en común. Sin embargo, Pride expone esta unión como consecuencia de cerrar filas en torno a un enemigo común, haciendo referencia a aquella manida frase de ‘la unión hace la fuerza’. Partiendo de la anterior premisa, la película contrapone dos idiosincrasias muy distintas y evidencia los prejuicios de unos hacia los otros. En este terreno, Pride peca de una tímida parcialidad al dejar más expuestos los convencionalismos de los habitantes del pequeño pueblo de Gales que los tabúes del colectivo de gays y lesbianas.

Pride

Uno de los valores intrínsecos más honestos de Pride radica en una idea, que a su vez se fundamenta en la esencia de la vida en comunidad, pues aboga por el intercambio de valores entre colectivos y la consiguiente ruptura de la zona de confort, con el fin de transgredir esa línea a favor de un nuevo espacio común. Los liberales homosexuales en un pueblo tradicional de Gales y los tradicionales mineros en el ambiente gay de Londres.

Durante el film, la palabra ‘pride’, en español ‘orgullo’, no queda vinculada de manera exclusiva a la sexualidad de los protagonistas sino que va más allá y establece una ligazón férrea con la conciencia social, hablando así del activismo como forma de vida. No como la única forma de vida, pero sí como uno de los pilares que deberían quedar dentro del desarrollo personal de cada uno de nosotros.

Y es aquí cuando Pride crea los distintos senderos como vías de activismo.

Para ello, la película consigue crear una trama donde ninguno de los miembros de la organización LGSM adquiere mayor protagonismo que otro. Al mantener este nivel, huye de la típica trama de marcados personajes principales y secundarios y puede así mostrar lo que para ‘Pride’ es un orgullo, el orgullo de ser activista. La figura de Sian, por ejemplo, una mujer recién llegada al pueblo, representa a la mujer adelantada a su tiempo, harta de permanecer en casa para criar a sus hijos y asumir el rol de mujer florero. Joe, por su parte, trabaja el activismo desde casa; sus padres, anclados en el convencionalismo, no toleran la sexualidad de su hijo. Jonathan, es un artista que a través de su novio entra en contacto con LGSM e, indirectamente, contextualiza el marco en el que opera Pride, pues no podemos olvidar que los años ochenta y el boom del SIDA estigmatizaron aún más el colectivo homosexual. Independientemente del caso individual de cada personaje, el compromiso político inmerso en Pride responde con los mismos argumentos para paliar la intolerancia a las minorías: no disculparse, no huir, no minimizar su presencia con el fin de no hacer sentir incómoda a la comunidad.

Pride 2014

La banda sonora, junto con los tonos brillantes de la escenografía de Pride, podrían conducir a calificar de buen rollista una película con un fondo bastante dramático, pero lejos del género, Pride evita los lugares comunes y donde bien podría colocar una historia de amor al uso, coloca una historia de amor pero a la amistad. Un amor sustituido por la solidaridad y el respeto de vivir en colectividad.

Completando el círculo, Pride abre con la celebración del Orgullo Gay en Londres en 1984 y cierra con la misma celebración en 1985, año en el que la marcha por la ciudad estuvo liderada por los mineros de Welsh en agradecimiento al dinero recaudado por el colectivo LGSM (Lesbian and Gays Support the Miners). Pride subraya las diferencias entre estos dos años de una manera notoria, pero sutil, ya que en el año 84 el Orgullo Gay se refleja como una manifestación pro-derechos dónde existe un claro carácter reivindicativo y, un año después, justo cuando la marcha es más multitudinaria y va a ser capitaneada por los mineros, la organización que dirige el evento veta determinados tipo de pancartas y eslóganes y decide que el Orgullo Gay prescinda de connotaciones políticas para centrarse en ser algo puramente festivo. Y de aquellos polvos, estos lodos.

Pride (Orgullo)

TRAILER:

Share on FacebookTweet about this on TwitterGoogle+Email to someone

Comenta este artículo

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.

Puedes usar las siguientes etiquetas y atributos HTML: <a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <cite> <code> <del datetime=""> <em> <i> <q cite=""> <strike> <strong>