Prometheus

El (¿involuntario?) auto-homenaje de Scott Por Arantxa Acosta

"I think you are another of these desert-loving English. No Arab loves the desert. We love water and green trees. There is nothing in the desert and no man needs nothing. Or is it that you think we are something you can play with because we are a little people? A silly people, greedy, barbarous, and cruel? What do you know, lieutenant? In the Arab city of Cordova, there were two miles of public lighting in the streets when London was a village."Lawrence de Arabia (David Lean, 1962)

Temerosos de Dios, pero ávidos de demostrar la lógica que acompaña a nuestros verdaderos orígenes. Humildes siervos de la ciencia, por tanto, pero también de nuestra propia religión. Pero, por encima de todo, orgullosos. Orgullosos de poder demostrar de lo que somos capaz… cueste lo que cueste. La arrogancia del incauto, podría decirse.

Por fin, con Prometheus, Scott volvía a dirigir un film de ciencia ficción, arrojando luz hacia sus personales y filosóficas inquietudes y retomando la que, viéndola ahora, seguramente había sido la película que le hubiese gustado filmar en 1979 si hubiesen existido los medios, y el interés. El problema es que la arrogancia se ha apoderado no sólo de sus personajes, sino del propio Scott y, aunque la base conceptual del film es brillante, no podemos sino estar decepcionados ante el palomitero, y hueco, resultado final. Pero vayamos por partes.

El prólogo secuencia con el que el director abre es una clara invitación a abrir la mente. Tras  la consecución de impactantes y hermosas imágenes de una Tierra virginal (inevitable no pensar en este momento en El árbol de la vida), aparece un ser con forma humanoide, dejado en la tierra por sus compañeros para acometer su misión: crear vida, a costa de la suya propia. Y claro, ya en este punto vislumbramos el por qué del título de la película:

“Es curioso señalar que algunos de los principales escritores cristianos vieron en Prometeo una imagen semejante a la de Cristo… El dios filántropo se sacrifica o se expone al sacrificio —no de la cruz, pero sí de una tortura parecida en la soledad del Cáucaso”¹.

Y es que Prometeo, en griego antiguo, significa ‘previsión’, o ‘pre-vidente’. ¡Ah! Qué gran punto de partida: ciencia ficción entremezclada con las creencias más irracionales: mitología pura, transformada con el avance de los siglos en el culto religioso actual. Cristo es Prometeo. Y Prometeo es una forma de vida extraterrestre. La búsqueda de una explicación acerca de nuestra existencia balanceada entre ciencia y religión, sin querer mostrar en ningún momento una predilección hacia uno u otro.

Tras este fabuloso inicio, Scott nos confirma la sospecha: en el 2089 los humanos serán capaces no sólo de descifrar el misterio de nuestros orígenes (o como mínimo de encontrar una pista para lograrlo), sino de disponer de la tecnología suficiente para ir a buscarlos. Así, de las cavernas prehistóricas pasamos al espacio, cual Standley Kubrick en su maravillosa 2001: Una odisea del espacio (1968).  Y se nos muestra la segunda (y, por desgracia, última) gran sorpresa de Prometheus:

Descubrimos al David 8 que ya se nos había presentado en la estupenda publicidad viral del film, y con la que ya habíamos intuido que el director quería volver a hablar, en cierta forma, de sus replicantes:

Un robot que se autodefine como “emocional”, al que le saltan las lágrimas al hablar de la guerra, de la pobreza, aunque, contrariamente a sus actos, diga que “entiende las emociones de los humanos, aunque no sea capaz de sentirlas”. ¿Alguien puede negar que  indudablemente estamos ante otro Roy Batty, demostrando de una forma más que sutil que su inteligencia puede considerarse equiparable a la del ser humano? Roy pronunciaba aquellas inolvidables palabras (que, por cierto, no estaban en el guión de Blade Runner): “All those moments will be lost in time, like tears in rain”… mientras que David está obsesionado con Lawence de Arabia (también se hablará de ella en otro viral, en el discurso de Peter Weyland de 2023, en el que también habla del mito de Prometeo y proclama “nosotros somos los dioses ahora”) y la frase “There is nothing in the desert, and no man needs nothing”. Una frase con un claro significado en la película:

Por un lado, los tripulantes de Prometheus (la Nostromo de este film, la nave “pre-vidente” de lo que inevitablemente va a ocurrirle a la tripulación) llegan a un planeta en el que parece no hay nada, pero en realidad hay demasiado a descubrir. Como en el desierto. Pero por otro, la frase esconde tanto una advertencia, como una revelación: ningún hombre necesita nada, así que mejor no abrir la caja de Pandora. Y, aún así, que un robot pronuncie repetidamente estas palabras… ¿no revela claramente que su mayor deseo es, en realidad, ser uno de ellos? De hecho, el comportamiento de David cambiara radicalmente al verse continuamente ofendido por uno de los doctores de la nave, cuando se le recuerda que él existe simplemente porque el hombre quiso demostrar que era capaz de hacerlo, nada más. “¿Qué pensarías si tu creador te dijese esas mismas palabras?”, contesta David. Sublime réplica que pone el dedo en la llaga: ¿quienes somos los humanos para menospreciar la forma de vida que hemos creado a nuestra imagen y semejanza, cuando, en realidad, lleva indudablemente en su adn, en su código de programación, lo mejor y peor de nosotros?. En Blade Runner queríamos demostrar nuestra superioridad al ponerles fecha de caducidad.

En Prometheus, David es hecho a imagen de Peter Weyland, como el hijo que nunca llegó a tener.

Por lo que la caducidad queda fuera de discusión. Un robot que cuida de la nave, que pasa el rato jugando a baloncesto o tiñéndose el pelo (¿para parecerse a Lawerence de Arabia o a Peter Weyland?) mientras llegan a su lugar de destino. Un “hombre” que mata las horas al no poder dormir, básicamente.

Un “hombre” cuyo comportamiento y desarrollo durante el metraje (por su curiosidad, por sus actos) no puede compararse con Ash, el que sí era un verdadero robot en Alien, sino con Sam Bell, el/los clones de Moon (Duncan Jones, 2009). Porque David es un clon, ni más ni menos. Sólo que no hecho a partir de una célula humana.

Así que la dicotomía entre el comportamiento de David y de Meredith Vickers, la sobrecargo enviada por Weyland Industries, es otro regalo que nos ofrece Scott: físicamente muy similares, pero formas de pensar, y actuar, muy distintas. ¿Quién es el verdadero robot, entonces? Incluso se le llega a preguntar a Meredith directamente si ella lo es, al no demostrar ningún sentimiento ni emoción, al no creer en la base de la misión de Prometheus. Entonces, la reflexión que nos asalta de la mano de Scott es, básicamente: ¿es posible que nuestra falta de fe nos acabe convirtiendo en meros autómatas, e incluso podemos llegar a vernos superados por ellos? ¿Cuál es, en definitiva, la especie que acabará sobreviviendo? Las claves de películas como Terminator (James Cameron, 1984) también se nos antojan asimilables a los pensamientos del director. Pero éste ahora nos lo deja claro: tener fe es nuestra verdadera salvación (“¿dónde está mi crucifijo?”). En fin… las alusiones religiosas se verán salpicadas durante todo el metraje, desde la supuesta esterilidad de la protagonista (una sustituta a Ripley que no le llega a la suela de los zapatos) y su manera de “afrontarla”, hasta la forma de los objetos orgánicos dispuestos alrededor de la cabeza/tributo, cual urnas mortuorias del antiguo Egipto. Adicionalmente, las claras alusiones a la sexualidad y la procreación que ya rezumaban en Alien serán ampliamente reconocibles. Básicamente porque están dispuestas en todo su esplendor. Tanto, que incluso algunas secuencias se nos podrían antojar de pura serie B: vaginas gigantes que tras el apareamiento dan a luz penes gigantes. Si fuésemos buenas personas, podríamos decir que Scott cierra así, con la explicación de la creación, el por qué de que los extraterrestres tengan estas peculiares formas… Organismos vivos que han basado toda su tecnología en la biología, en la vida. No obstante, y para ser sinceros, se le ha ido un poco la mano. Si Scott quería que el guión nos atrapase, ésta no era la forma. Más bien consigue el efecto contrario, que lo mejor de la película sean estos momentos trash, para no pensar que hemos tirado el dinero.

Porque, desgraciadamente, tras la presentación de David y el despertar del letargo de la tripulación, todas nuestras esperanzas se diluyen. Primero poco a poco, luego exponencialmente. Nos encontramos ante Alien, ni más ni menos. Otros nombres, pero las mismas personalidades (el listo, el robot, la heroína, el macarra…) y las mismas situaciones. Sin variación, excepto por pequeños cambios que simplemente sirven para dejar claro que una segunda parte está de camino. Decepcionante, a más no poder. Y lo que no aceptamos como explicación es eso de que, al igual que el ciclo de la vida, todo lo que ocurre ya ha ocurrido con anterioridad.

¿Dónde queda, entonces, esa visión mitológica de la creación de la humanidad, esa explicación fantástica sobre la verdad de nuestra existencia, y el por qué de la vergüenza que sienten nuestros creadores? Pues se queda, lo menos, en el bolsillo de Scott. La visión palomitera y de recreación de sus mejores años le han empujado a copiarse a sí mismo, de una forma más o menos consciente (queremos pensar). Pero copiado con todas las letras. Y así, inevitablemente, se nos quitan las ganas. A medida que las desventuras de los personajes se vuelven más inverosímiles (la aparición del pulpo es lo peor, sin duda), nuestro grado de diversión y de descalificación ante el producto que tenemos delante aumenta. Y aunque es cierto que Alien también era esto, una película de ciencia ficción en la que no se explica nada, al menos en su momento no lo prometió.

Unas interpretaciones más que justitas, exceptuando al siempre convincente Michael Fassbender como David (que borda el papel de robot con sentimientos encontrados), unidas a un flojo guión y a la música creada por un Marc Streitenfeld en horas bajas, cuya pieza clave (los compases de “Life”) se repite en los momentos en los que no debería tener cabida (haciendo que las escenas que deberían ser más tensas se conviertan en una película de Disney. Sin exagerar), hacen de Prometheus uno de los mayores fiascos de los estrenos del verano. Una oda a la vida que se ha quedado en la sala de montaje, seguramente a la espera de ser utilizada en la segunda parte. Por ahora, más bien se trata de una oda a la serie B, y un auto-homenaje del propio director. Miedo le tenemos a la anunciada secuela de Blade Runner. Destrozos así no, Sr. Scott. Busque su ahora perdida gloria de otra forma, y deje que sus películas de culto sigan siendo eso. De culto.

TRAILER:

Fuentes:

¹ GARCÍA GUAL, Carlos; “Introducción a la literatura griega”, 1992

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Comentarios sobre este artículo

  1. […] han creado un universo de imitaciones, spin offs, reboots, etc. cuyas más recientes entregas son Prometeus (Prometheus, 2012) de Ridley Scott y Mad Max 4 (Mad Max: Fury Road, 2015) de George Miller, […]

  2. […] resulta, entonces, esta fe antropocéntrica que parece reírse de los desvaríos trascendentes de Prometheus […]

  3. […] conatos de motín y llamadas de Ridley Scott para que contaran con él de nuevo si le dejaban hacer Prometheus  (2012) en vez de esa vaina de prisiones espaciales que hubiera cabreado hasta la convulsión a la […]

  4. […] de los exploradores, no podemos dejar de pensar en Von Daniken, en Arthur C. Clarke, incluso en Prometheus (2012, Ridley Scott), en las criaturas luminosas de Spielberg que salvan a David en I.A. (2001), […]

  5. […] de “algo” sobrenatural, llámese extraterrestre, como plantea Ridley Scott en su fallida Prometheus (2012), o Dios, pero todas ellas en Interstellar acaban teniendo una explicación mucho más […]

  6. […] de Dios, como en el film de Aronofsky, o mejor, siendo algo más profanos, la de los seres de Prometheus (Riddley Scott, 2012). Pero, por encima de todo, simplemente desea, a través del […]

  7. […] Scott nos dejaba entrever que la creación humana podría haber sido obra extraterrestre en su Prometheus (2012), no es imposible pensar que la caída de un meteorito, o un diluvio universal como […]

  8. […] veraniega de esta temporada que merece el laurel frente a otras producciones rimbombantes como Prometheus (2012) o El caballero oscuro: La leyenda renace (The Dark Knight Rises, 2012). Un mes más y Sitges […]

  9. […] el ciclo. Por tanto, naturaleza y espiritualidad nos serán imposibles de separar, igual que el Prometheus de Ridlley Scott (2012) fue incapaz de separar el “cristianismo” de la evolución humana, y, […]

  10. […] el ciclo. Por tanto, naturaleza y espiritualidad nos serán imposibles de separar, igual que el Prometheus de Ridlley Scott (2012) fue incapaz de separar el “cristianismo” de la evolución humana, y, […]

  11. Viky dice:

    Realmente me esperaba mas. La película me dejó, cuanto menos, indiferente. Un despropósito sin pies ni cabeza en donde se suceden las escenas como sihubieran sido fruto de la tijera implacable de un censurador que se hubiera llevado por delante medio metraje (y, para mas inri, el que hacía que el film tuviera algún sentido).

  12. [...] veraniega de esta temporada que merece el laurel frente a otras producciones rimbombantes como Prometheus (2012) o El caballero oscuro: La leyenda renace (The Dark Knight Rises, 2012). Un mes más y Sitges [...]

  13. Mónica dice:

    En realidad “Prometheus” es la respuesta de Scott a la película que le hubiese gustado hacer, solo que De Palma se le adelantó con “Misión a Marte” y decidió revestirla de precuela de “Alien” para justificarse.

  14. Ana Menéndez dice:

    Es la sensación que me dejó la historia de Alien como una profecía pero creo que de algún modo los seres corpulentos los que parece buscaban crearlo, de algún se dieron cuenta que lo que estaban anhelando crear no era un salvador sino un verdugo de las especies, quizá de ahí que los humanos no sean bienvenidos, ya que posibilita la creación de Alien en esa combinación de adns que fué posible a la mano de David, el cual parece busca su libertad como parece en una conversación con Shawn, y quiza en esa búsqueda piensa que le conviene la extinción de la humanidad, creo que lo lógico sería ver a Weyland como dices para ser justos con él, aunque creo que David sabía mucho más que él lo que estaba buscando, todo esto son suposiciones pero me espero que todo esto se vaya completando con la segunda parte.

    1. Viky dice:

      Sinceramente, por lo que yo entresaque, me dió la impresión de que nuestra creación no fué sino un mero accidente. Si te fijas bien, la sustancia exudada por la anforas guarda semejanza con la que bebe el ingeniero del inicio. Esta sustancia, claramente, lo que comienza a hacer no es sino desintegrar el ADN del alien, pero de alguna manera, al caer al agua, partículas de ese ADN quedan sin disolver, provocando una reacción con materia latente y dando lugar a una mutacion, en sistemas mas complejos, de los organismos unicelulares que flotan alrededor. No deja de ser curioso que las criaturas que hacen las veces de inoculador, en sus primeros contactos con los humanos, realmente no inoculen, sino que muten.
      Somos, por tanto, un experimento salido de madre o, de hecho, un error a solventar.

  15. Ana Menéndez dice:

    Quería corregir que la primera de Alien está ambientada en el 2122, 28 años después de Prometheus, que bailé las cifras.

    1. (spoilers): me gusta la idea de la profecía, es una buena explicación/suposición dado que si hasta el final no se engendra el Alien no debería ser posible. Curiosa la figura tallada, que parece un Cristo, también. En definitiva, personalmente creo que Scott tiene una gran idea en mente, pero no ha sabido aprovecharla. ¿Miedo a que no le entendieran, a no volver a ser un blockbuster? No lo sé, pero para los que esperábamos que esa idea saliese a la luz (ahora o en una segunda parte, como bien dices) ha sido muy desilusionante, la verdad. Teología y ciencia ficción podía dar un filón extraordinario, que se ha traducido en un film con un guión poco convincente (porque a muchos ese mismo guión ya nos había convencido años atrás) lleno de diálogos poco profundos (salvo excepciones) en una película en la que deberían abundar. Y sí, como tú, espero que a Weyland le recuperen y no se haya quedado en un mero clip viral que justifica la explicación del título y de la escena de Lawrence de Arabia…

  16. Ana Menéndez dice:

    *Spoilers de Prometheus* No puedo tachar la película por completo porque creo la intención de Ridley es contarnos desde el inicio causas y origen de Alien por lo tanto nos encontramos con dos horas de prealien y sin mas referencias ello que un Alien tallado en un techo de la nave encontrada por la expedición de Prometheus y la parte que justifica este inicio lo que parece la ceeación de Alien al final del film en una extraña combinación de seres, adns compatibles que intentan explicar porqué Alien puede engendrar a un humano en lo que era la saga Alien. Esta película está claramente enfocada a una segunda parte por lo tanto se nos expone muchas cosas pero no se nos explican.El hecho de que nos aparezca un envejecido Guy Pearce me hace pensar que quizá veamos en la próxima parte un flashback que explique que sabía este personaje y porque estaba tan seguro de encontrar la fórmula que le alargara la vida. Creo que de algún modo la especie corpulenta buscaba la creación de Alien de ahí los tallajes, algo quizá buscaban como un dios o salvador pero que torna en lo contrario, un verdugo, o lo que sería un anticristo, aquí ya me estoy metiendo en imaginar una posible continuación a lo que vemos en Prometheus,por lo tanto no tiene ningún valor. Esta pelicula está ambientada en el 2094 y si no tengo mal entendido 2112 la primera de la saga Alien, personalmente si creo que estamos ante el origen de Alien nos guste mas o nos guste la explicación y se completara imagino en su segunda parte.

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